
a creación. Antes el maniquí era rústico, sin cabeza, sin expresión; se amoldaba a nuestra fisionomía. Ahora, nosotros estamos condenados a parecernos al maniquí".

a creación. Antes el maniquí era rústico, sin cabeza, sin expresión; se amoldaba a nuestra fisionomía. Ahora, nosotros estamos condenados a parecernos al maniquí".
liría cien años de nacido. Él es el más importante músico argentino, quien inició la huella para que otros latinoamericanos continuaran su legado: Mercedes Sosa, Los Chalchaleros, Horacio Guarany, Jorge Cafrune, Alfredo Zitarrosa, José Larralde, Víctor Jara, Ángel Parra y Marie Laforêt, entre muchos otros."mientras a lo largo de los campos se extendía la sombra del crepúsculo, las guitarras de la pampa comenzaban su antigua brujería, tejiendo una red de emociones y recuerdos con asuntos inolvidables. Eran estilos de serenos compases, de un claro y nostálgico discurso, en el que cabían todas las palabras que inspirara la llanura infinita, su trebolar, su monte, el solitario ombú, el galope de los potros, las cosas del amor ausente. Eran milongas pausadas, en el tono de do mayor o mi menor, modos utilizados por los paisanos para decir las cosas objetivas, para narrar con tono lírico los sucesos de la pampa. El canto era la única voz en la penumbra. Así, en infinitas tardes, fui penetrando en el canto de la llanura, gracias a esos paisanos. Ellos fueron mis maestros. Ellos, y luego multitud de paisanos que la vida me fue arrimando con el tiempo. Cada cual tenía 'su' estilo. Cada cual expresaba, tocando o cantando, los asuntos que la pampa le dictaba".
Desde joven empezó a firmar sus poemas como Atahualpa Yupanqui. Su conocimiento de la cultura quechua le hizo componer este nombre, que significa, etimológicamente, "el que viene de lejanas tierras para contar algo"."Muchas mañanas, la guitarra de Bautista Almirón llenaba la casa y los rosales del patio con los preludios de Fernando Sor, de Costes, con las acuarelas prodigiosas de Albeniz, Granados, con Tárrega, maestro de maestros, con las transcripciones de Pujol, con Schubert, Liszt, Beethoven, Bach, Schumann. Toda la literatura guitarrística pasaba por la oscura guitarra del maestro Almirón, como derramando bendiciones sobre el mundo nuevo de un muchacho del campo, que penetraba en un continente encantado, sintiendo que esa música, en su corazón, se tornaba tan sagrada que igualaba en virtud al cantar solitario de los gauchos."

Les incluyo un texto que escribió el columnista de Siglo XXI Jaime Barrios Carrillo, donde toca un importante tema. Él, como indica, pretende abrir la discusión sobre las reseñas de libros literarios de Guatemala. Por favor, opinen.
En su intenso y lúcido ensayo “Good bya to all that”, Steve Wasserman informa y analiza críticamente la situación de las reseñas de libros en los periódicos norteamericanos. Wasserman recalca el crudo economisismo ( todo cuesta y las prioridades no están ahora en la cobertura ediotrial) que embarga muchas de las desiciones y políticas en los medios gringos; así como los desafíos que la expansión del Internet ha implicado para la lectura en papel. Las reseñas van en retirada, ocupando cada vez menos espacios en los Estados Unidos.
Si esto es verdad para el país “más podersoso” del mundo, que no podría decirse de la situación de las reseñas de libros en Guatemala, donde la lectura es todavía a estas alturas una ausencia estructural y la industria editorial, a pesar de sus indudables avances, sigue siendo incipiente.
Resulta necesario recordar ahora una experiencia de años recientes. Desde el año 2001 hasta mediados del 2004 el suplemento dominical Magazine 21 del diario Siglo XXI, mantuvo una sección de reseñas al cargo y cuidado de José Mejía y Jaime Barrios Carrillo, dos plumas guatemaltecas pomposamente activas en Europa. El concepto que utilizamos fue el siguiente: una reseña es un subgénero cuya función primordial es brindar una guía crítica para el lector. Decir mucho en poco espacio, para aportarle elementos de juicio al que no haya leído la obra reseñada y también para el que ya lo hubiera hecho. Por lo tanto no es crítica literaria propiamente dicha. Tampoco comentarios impresionistas y condescendientes ( o lo contrario mordaces y destructivos) sobre un libro. La reseña debe ser un texto breve que presente a la obra en su conjunto (contenido y forma), de información sobre el autor, la obra y los créditos editoriales, situando el libro reseñado y abriendo la espectativa de lectura. En ciertos casos la reseña puede discutir y analizar el valor literario y/o científico del libro reseñado. Nuestra sección de reseñas tenía como objetos a reseñar sólo los libros nacionales (exclusivamente) y de reciente publicación.
Ni Pepe Mejía ni yo, pretendíamos descubrir la rueda ni el agua caliente, pero nos comprometimos en este proyecto de reseñar, convencidos del auge de la industria editorial guatemalteca y del poco y casi nulo seguimiento crítico y la bajísima cobertura en los medios. Existían algunas publicaciones o revistas que presentaban “reseñas” pero en gran medida sin ningún concepto y eran más bien una especie de “contratapas” para dar publicidad a las obras (es el caso de las que publicada la desaparecida revista Magnaterra). Lo que es válido, desde luego, ya que toda editorial debería tener sus catálogos con presentaciones de los libros ( en España y otros países literariamente desarrollados, se suelen incluír en esos catálogos reseñas tomadas de los medios y revistas).
Nosotros tuvimos que comenzar visitando (coincidimos con Pepe en Guatemala en el 2001), también llamando y enviando mensajes a las editoriales nacionales, para que nos dieran sus libros recién publicados. No fue fácil, pues si bien es cierto que hubo respuestas positivas directas, como las de la editorial F y G, otras editoriales no comprendían que para reseñar un libro hay que donarlo y pretendían que nosotros los “reseñadores” les compraramos los libros. Escuche alguna vez decir: “no podemos regalar nuestro trabajo” y excentricidades nacionales por el estilo. Pero poco a poco se fueron convenciendo. Y gracias a una labor bien coordinada por la entonces directora de Magazine 21, los libros que “pasaban a dejar” las editoriales al diario nos eran enviados por correo a Pepe y a mi. También hubo que explicarles a muchas editoriales que el hecho de entregar un libro no implicaba la obligación de reseñarlo. Y repetíamos una y otra vez que en los países con desarrollo literario, las editoriales contemplan un número de ejemplares para ser distribuidos gratuitamente a los medios y a los criticos, con miras a que sean reseñados y/o comentados.
Todo el tiempo hicimos recalcar nuestro propósito de objetividad, distanciamiento y ausencia absoluta de compromisos previos con autores o editoriales. Por supuesto que la responsabilidad de lo expresado en las reseñas siempre la asumimos. Mejía y Barrios Carrillo trabajaron tenazmente en Europa con los libros chapines, para semana a semana entregar las reseñas.
Pronto nos dimos cuenta que nunca alcanzaría con dos personas porque la cantidad de libros publicados nos superaba con creces. Propusimos algunos nombres que fueron aceptados y pudimos de esta manera cubrir más ediciones. Debo recalcar que este trabajo de reseñista era remunerado por el diario, un pago pequeño si se quiere, pero remunerado. Esto para favorecer el profesionalismo y asegurar que no se trataba de “colaboraciones”espontáneas ni textos de “amigos”. La meta era reseñar la mayor cantidad posible de libros de todos los géneros y temas. También reseñamos publicaciones periódicas como revistas y algunos catálogos de arte y fotografía. Hay que mencionar que a nuestro esfuerzo se sumo el aporte de Jorge Carro con la interesante sección “Biblioteca para armar”, que incluía comentarios sistemáticos sobre libros (sobre todo de autores extranjeros) . Por un momento breve Magazine 21 llegó a ser un suplemento dominical de orientación literaria y cultural único en el país.
Reacciones? Fue interesante ( y a veces alucinante!) como bastantes autores se comunicaban con nosotros. Incluso para pedirnos que “por favor no los reseñáramos” o lo contrario “que por qué no lo habíamos hecho?”. Algunos llegaron a pedir aclaraciones y defendieron públicamente su obra de las reseñas que consideraron negativas. Y escriubieron artículos en tono de “derecho de respuesta” y/o columnas de opinión donde defendieron, no pocas veces coléricamente, sus obras que había sido “mal reseñadas”. La señora de Alfaguara se quejó porque consideró desfavorable alguna reseña. La gente de Magnaterra le dió por atacar a Pepe por un par de reseñas. Incluso en un editorial de la revista defendieron ardorosamente sus libros ante lo que que consideraron injustas y erróneas reseñas de Don Pepe Mejía. El país no estaba acostumbrado a una cobertura de este tipo. Recalco que es rarísimo en otras partes que un autor que se respete, entre a polemizar con un reseñista. Menos una editorial. También reaccionaron algunos “elefantes blancos” del medio literario, criticando en sus columnas de opinión y por otros medios, la labor de cobertura de reseñas que el dúo dinámico Mejía/Barrios Carrillo se había atrevido a iniciar. Estos elefantitos blancos cuando se sienten tocados a causa señalarles alguna “chaturra literaria” que no los deja volar, la emprenden con un ímpeto desproprocionado ( escribiendo columnas autoapologéticas y agresivas), que mejor harían en aplicar esa energía para corregir sus propios textos. Y como siempre hubo fuertes dosis de liquidacionismo que resumimos en las siguientes frases: “nos quieren imponer sus criterios”, ”favorecen a sus cuates”, “pretenden dictar líneas” y otras hierbas malas por el estilo. De todas maneras “se movió el cotarro” y “pasó algo”. Ahora no pasa nada. La cobertura está reducidísima.
Insisto en señalar que nuestra genuina espectativa, era que el trabajo de cobertura editorial y reseñas se multiplicara. Que incluso los diarios de la competencia hicieran lo suyo.Y hubo algunos intentos en otros medios y se comenzó a hacer algún tipo de reseña. Digo algún tipo pues ni Prensa Libre ni elPeriódico tuvieron nunca una sección fija de reseñas y menos un concepto propio para las mismas.
Surgieron como siempre las voces que criticaban el hecho de que reseñaramos sólo obras nacionales (sin haber comprendido nuestro concepto). Y pedían reseñas de best sellers y de autores extranjeros. Por supuesto que nunca hemos estado en contra de que se reseñen autores extranjeros pero en aquel momento esto no entraba en nuestro concepto ni había recursos (comenzando por la adquisición de los libros). Después de la renuncia de la directora de Magazine, así como a causa de la reorganización que siguió, la sección se fué reduciendo. Hasta que finalemente despareció junto a la misma Magazine 21. Y la cobertura se acabó y me atrevo a afirmar que con la excepción de las reseñas que ahora hacen en el suplemento de La Hora ( Blandon y Cordero y sobre todo el primero), hay un enorme vacío en la cobertura. Por ejemplo elPeriodico y su Acordeón se niegan a desarrollar una sección de reseñas y prefieren bajar textos del internet y/o publicar refritos de El País ,etc. Prensa Libre se dispara a veces un “cabalgalibros” o un imperativo “lea esto o aquello y no pierda el tiempo” pero nunca puede equiparse esto a una cobertura sistemática, orientada a lo nacional y con algún concepto reseñal. Más bien son “recomendaciones” acorde al gusto del poeta que las escribe; concedo que “peor es nada”. Quedarían las reseñas que se incluyen en la revista de la Universidad de San Carlos, mas son académicamete orientadas ( por el carácter de la revista) y por razones de cronología y espacio no pueden cubrir la producción editorial del pais, además de que no se especializan en la misma. Es preciso también señalar que han reseñado a veces inútiles best sellers como “El código da Vinci “.
Las críticas de Steve Wasserman, no dejan de resonarme al pergeñar estas líneas. Porque es lamentable que haya tanto autor nacional que sabe pergeñar bien y nadie le pueda reseñar sus textos. Aplicadas las apreciaciones de Wasserman a nuestro medio, me confirman que hay un enorme vacío. Que sin reseñas que acompañen a la producción editorial, el desarrollo de la misma se hará más lento y el aliciente a la lectura menor. También estoy convencido que el gremio editorialista, los escritores individualmente o por medio de sus organizaciones (están organizados realmente los escritores en Guatemala?) deberían alzar sus voces, pedir que se reseñe y que haya secciones profesionales de cobertura editorial en los medios.
Finalmente, cuando pensamos en la situación de la juventud guatemalteca y el problema de maras y muchos otros problemas que afrontan los jóvenes, no dejan de ser aleccionadoras las palabras finales del ensayo de Wasserman:
“I shall never forget overhearing some years ago, on the morning of the first day of the annual Los Angeles Times Festival of Books, a woman asking a UCLA police officer if he expected trouble. He looked at her with surprise and said, “Ma’am, books are like Kryptonite to gangs.” There was more wisdom in that cop’s remark than in a thousand academic monographs on reforming the criminal justice system. What he knew, of course, is what all societies since time immemorial have known: If you want to reduce crime, teach your children to read. Civilization is built on a foundation of books.” ( a los que no hablan la lengua del Imperio pido disculpas pero no alcanzo ahora a traducir este párrafo, que en esencia dice que los libros son como la kriptonita para las maras o pandillas, recordando el efecto letal de la kriptonita en las series de Superman. Yo parto de que no sabrán inglés pero conocerán las hazañas y por menores de Superman y sus amigos del alma.. En todo caso, la frase final del ensayo de Steve Wasserman, literalmente traducida dice: “La Civilización está construída ( o talvez sea mejor traducción “se levanta”) sobre una fundación de libros”. Para el que quiera y pueda leer todo el ensayo, está disponible en la siguiente dirección:
http://www.cjr.org/cover_story/goodbye_to_all_that_1.php?page=all
Si a las reseñas ! No a la indiferencia!
Reseñar o morir!
Usted dirá!!!
Jaime Barrios Carrillo Estocolmo 27 de enero 2008.
del Reino Mam. Al fondo una pared formada por grandes bloques de piedra blanca. Por la derecha del espectador, habrá una abertura que es la puerta al exterior del Palacio. Por la izquierda, otra abertura que será la entrada hacia el balcón; éste se encuentra al centro y arriba del muro. En el salón central del Palacio, habrá un trono, preferiblemente de piedra blanca, que estará revestido de una piel de jaguar. Habrá objetos que denoten un pueblo guerrero: lanzas, macanas, escudos... Todas las armas estarán hechas con roca, madera, piedras preciosas y obsidiana. 
Inevitablemente hará quienes, motivados por un patriotismo falso y mal intencionado, dirán que en este libro se atenta contra ciertos "valores nacionales" -así entre comillas?.No hallarán otro recurso cuando comprueben que el análisis científico remueve la máscara bajo la cual se oculta el verdadero rostro de nuestra realidad colonial. Sin embargo, el autor sabe que esa reacción sólo ha de darse entre minorías interesadas en mantener aquella ficción histórica. Un número creciente de guatemaltecos intuye, sin equivocarse, que nuestra afirmación como pueblo exige que aprendamos a renegar de nuestro pasado en tanto que es un pasado colonial; o lo que es lo mismo: la necesidad de reconocernos y afirmarnos más bien en nuestras posibilidades latentes proyectadas hacia el porvenir.Aunque este libro no se propone exaltar ni negar valores, sino explicar realidades, el lector abierto a la verdad encontrará en él, si tal cosa busca, sólidos puntos de apoyo para una enérgica afirmación de nuestro ser social. Es solamente la vieja idea de patria criollista la que en este estudio pone al desnudo sus limitaciones. Con ello se despeja el camino para la formación de un concepto cada vez más amplio de patria guatemalteca, más integrativo, a tono con las exigencias democráticas de la época que nos ha tocado vivir.Severo Martínez PeláezPrólogo a La patria del criollo (fragmento)
belleza y su encanto ante las cámaras, son inolvidables hoy día. Largamente imitada, sin que en se sepa, en este mundo globalizado, que ella es el arquetipo de mujer frívola, que logró arrebatarle, apenas, a Marylin Monroe."Desayuno con diamantes" (en inglés "Breakfast at Tiffany's") fue la consagración de Hepburn en 1961. Dirigida por Blake Edwards, basada en la novela homónima de Truman Capote y con una banda sonora de Henry Mancini y Johnny Mercer, de donde se extrae la famosa canción "Moon river".
La película trata de dos personajes, ambos de no muy buena reputación. Primero, la mujer llamada Holly (interpretado por Audrey Hepburn), quien es de clase mediera, pero que ama la buena vida, las fiestas, la champaña y, sobre todo, los diamantes, especialmente los de Tiffany's, la famosa joyería de la Fifth Aveneu de Nueva York.
Por su parte, Paul (interpretado por George Peppard) es un escritor que no escribe, y que también anda en busca de buena vida. Al igual que Holly, su interés es encontrar quién los mantenga, a cambio de un poco de compañía. Al final, ambos se conocen cuando uno vive en el departamento del piso de arriba del otro. La película, al igual que la novela, parece con una trama insignificante, pero Capote supo reflejar bien la frivolidad y el interés de la burguesía neoyorquina.
Tanto Hepburn como Peppard llegaron como segunda opción a la película, pues los inicialmente escogidos fueron la también glamourosa Marylin Monroe y el galán Steve McQueen. Monroe no aceptó, pues todos los papeles realizados por ella hasta esa fecha eran sobre mujeres frívolas, y ella quería quitarse esa imagen. Por suerte, para Hepburn, quedó estereotipada con esa película, pues la figura de una mujer fumando con un largo filtro, vestido largo, diamantes, le ha pertenecido y ha sido largamente imitada.
Aparte, la novela homónima de Capote, escrita unos años antes, celebra este año sus bodas de oro, como uno de los libros fundamentales de la narrativa estadounidense, sobre todo la de posguerra. Capote ha sido uno de los escritores insignia de la Gran Manzana.Actualmente, la película ha sido inspiración para el cine actual, especialmente en los filmes del director español Pedro Almodóvar, quien parece moldear a sus protagonistas mujeres con el temple de Hepburn.
La política en Guatemala es como la selecció
n de fútbol de Brasil: los que "hacen el juego" son mestizos, entre más oscura la piel más talentosos, pero el entrenador necesariamente debe ser un "blanquito", como Lobo Zagallo, Parreira o Dunga; nunca Pelé o Romario, mestizos por donde quiera que se les vea.
Y otros ejemplos pueden surgir en nuestro país, en donde la etnia no ha sido factor determinante, pero sí termina de inclinar la balanza. Surge, por ejemplo, la extraña falta de apoyo en las últimas semanas de parte de la clase hegemónica a la campaña de Pérez Molina, que no precisamente podríamos decir que es un criollo. O el cierre de Bancafé: ¿no habrá influido la falta de alcurnia de los González? E, incluso, ¿no se le habrá erizado el pelo a más de algún criollo ante la fuerza de Guayo para la presidencia? Si un director de un periódico matutino o los críticos de literatura que en él trabajan, realizan una lista de los mejores libros del 2007, referirán sólo los libros de los criollos o de extranjeros, pero dejan en el olvido a los de los mestizos e indígenas, no digamos de los garífunas.
Y, para recalcar en el tema de moda, en el Caso Parlacen, ese "temible criminal" al que el Ministerio Público dio por llamar Montaña 3, y que hace algunas semanas había asegurado que era un empresario, el mestizo que ahora se conoce por ese mote, no pareciera ser la cabeza de la banda. No cabe duda que la alcurnia ahí implicada ya se lavó su carita, y dejó metido a un Manolito Castillo que, aunque se lo mereciera, hay una clara intención de involucrarlo, dejar fuera a los criollos guatemaltecos y salvadoreños (de quienes nada se han dicho si han estado implicados). O tal vez remontarnos a la furtiva y veloz decisión de la Corte de Constitucionalidad de rechazar que la justicia española caiga sobre generales de Guatemala; ¿no habrá metida una razón étnica (criolla) ahí metida? No lo sé; sólo divago.
Los mejores del géneroNovela: “El informante nativo” de Ronald Flores y “Legajo anudado” de Rogelio Salazar de León (ambas por F&G Editores)
Poesía: “Síncopes” de Alan Mills (Zignos) y “Rituales sobre la piel”, de Delia Quiñónez (Cultura)
Cuentos: “Serenatas al hastío” de Eduardo Juárez (Letra Negra) y “El club de los aburridos” de Jessica Masaya (Magna Terra).
Sociología: “Guatemala: linaje y racismo” de María Elena Cassaús (F&G Editores)
Testimonio: “Señores bajo los árboles” de Mario Roberto Morales (Cultura)
Ensayo: “Fusiles de octubre” de Mario Payeras (Pensativo)
Biografía: “El cronista errante” de Edelberto Torres Espinoza (F&G Editores)
Reedición: “De una ciudad y otros asuntos” de Manuel José Arce (Piedra Santa) y “Diez colores nuevos” de Otto Raúl González (Letra Negra)