miércoles, 28 de mayo de 2008

“Lecturas menores” de Javier Payeras

Lecturas menores es el nuevo libro del escritor guatemalteco Javier Payeras, el cual fue publicado por la Editorial Cultura. Mañana será la presentación oficial de este nuevo texto.

Anteriormente, Javier Payeras había destacado como poeta y narrador; con Lecturas menores se adentra en un ejercicio literario, que va entre la reflexión poética y la crítica literaria, pasando por el ensayo.

El libro, básicamente, son reflexiones o reacciones ante lecturas de libros de otros autores. En sus páginas, desfilan obras de Alejandra Pizarnik, Federico García Lorca, Jaime Gil de Biedma y Leopoldo María Panero, poetas hispanohablantes. También, los “extranjeros” John Kennedy Toole, Bret Easton Ellis y John Fante. También reflexiona sobre literatos guatemaltecos, como Enrique Gómez Carrillo, Luis Cardoza y Aragón y Ronald Flores.
Ante esta configuración de autores, se responde a la pregunta del porqué del título del libro. Lecturas menores no es más que un intento por leer y explicar (o simplemente maravillarse) de las obras no hegemónicas. Es decir, deja a un lado los “cien años de soledad”, o los Quijotes, o los señores presidentes, libros conocidos y reseñados hasta en los libros de secundaria.
En cambio, Payeras se mueve hacia la marginalidad literaria, para dar a conocer a nuevos autores, necesarios para comprender la posmodernidad actual.
Probablemente, el ensayo central, que da nombre al libro, es “La política Kafka: literatura menor e imposibilidad de escribir de otra manera”, que son anotaciones, basadas en las propuestas estéticas de Gilles Deleuze y Felix Guattari, sobre la manera de escribir. Es decir, no sólo son reflexiones en torno a lecturas, sino a la necesidad de salirse del canon para quienes están involucrados en el oficio de escribir.
El libro puede servir, en primera instancia, como un “mapa literario”, que motive al lector a buscar nuevos autores, ya que Payeras escribe con entusiasmo para instar e interesar a la lectura de los libros que incluye en el libro.
En segunda instancia, sirve para aprender nuevos modelos de reseña literaria, que se aleje de los recursos “intelectualoides” y que se acerque a la experiencia íntima de cada persona dentro de la lectura.

La presentación oficial de Lecturas menores será mañana (29 de mayo de 2008), a las 19:00 horas, en Casa Ibargüen (7a. avenida y 12 calle esquina zona 1). Con la participación de su autor, Javier Payeras, y los comentarios de los escritores Francisco Alejandro Méndez, Ronald Flores y Juan Pablo Dardón. Entrada libre.


Más sobre Lecturas menores:
Entrevista con Payeras, realizada por Juan Pablo Dardón, a propósito del libro.
Reseña realizada por Ronald Flores.

Nosotros, los caníbales


El amor no da de comer; es una de las primeras enseñanzas que los suegros ofrecen, como consejo / amenaza para el futuro de su hija. Y, ahora, en tiempos de crisis, es bueno que los gobernantes lo recuerden, para que no “osen” siquiera insinuarlo.

Y es que no sólo de pan vive el hombre, sino también de tortillas, leche, carne (aunque sea las partes oscuras del pollo), etc. Pero a como van las cosas, habría que cambiar, como decía Charly García, no sólo del hombre vive el pan.

Mientras los “analistas políticos” se debaten en las soluciones, yo creo tener una. Ante el encarecimiento de alimentos y el aumento de personas hambrientas (y no sólo en Guatemala, sino que en todo el mundo), deberíamos volvernos caníbales; de una vez por todas, que el Congreso lo apruebe, según su costumbre, como urgencia nacional.


No sería un cambio muy profundo; se trata simplemente de quitarnos las máscaras. Ya basta que sólo los altos empresarios se estén aprovechando de la carne blanda y morena del pueblo. Al igual que el marrano, el cuerpo del hombre y de la mujer pueden servir para infinitos motivos.

Por ejemplo, ante el encarecimiento del diésel, se podrían llenar los tanques de sangre humana, así los asesinos y los dueños de las camionetas, ya no tendrían qué exprimirles a los pilotos.

Poco a poco, los guatemaltecos podríamos ir disponiendo de nuestro cuerpo para comer diariamente. Un día, unas buenas patitas a la vinagreta para chuparse los dedos, como diría Piñera. Otro día, los muslitos en amarillo. Y cuando ya se vaya terminando la provisión, culminar con un buen revolcado. Eso sí, dejar las partes más generosas, como las nalgas, para días de fiesta, como la Navidad, en que celebramos la alegría de vivir. El cabello haría una buena sopa de ángel; todo serviría: los sesos, como relleno de empanadas; las entrañas, para mollejas ahogadas en margarina; el hígado, para crear buenas defensas y protegerse de la gripe.

En un país con un alto grado de asesinatos diarios (somos el quinto país más violento del continente, recuerden), las provisiones serían altísimas. Así, los quince cadáveres diarios no servirían únicamente para transplante de órganos.

Y si a alguien le molesta este canibalismo mercantilista, pues que lo tome de algún modo más religioso. Hay que recordar que los cristianos creen que Jesús dio su carne y su sangre para la vida de los demás. Claro que, en un sentido metafórico, esto significaría que dar de uno mismo, en lo que pueda aportar, desde su trabajo, pueda mejorar el nivel de vida de los demás, y no sólo pensar en uno mismo.

Estos tiempos voraces nos obligan a ser fieros, y a pelearnos por las cosas, como si estuviéramos en la New York Stock Exchange. En lugar de asumir posturas solidarias, queremos ver nuestro propio bien. Comer nuestra carne sólo para nosotros mismos, sin darnos cuenta que esta desunión sólo permite que chacales consuman nuestro cuerpo mientras dormimos.

Pareciera que estamos atados al mercado. Que la ley de la oferta y la demanda, es que la domina, y que los empresarios no pueden hacer nada por cambiarlo. El que paga, al final de todo, es el consumidor final. No es el importador de diésel el que pierde, ni el transportista: es el piloto que paga el combustible. No es el importador de trigo el que pierde, ni el panificador, ni el vendedor de pan: es la gente que sólo le alcanza para desayunar una taza de café y un quetzal de pan de manteca.

La falta de amor y de solidaridad nos está matando, tal como ocurría en el Míster Taylor de Augusto Monterroso. Claro, que el amor no da de comer, pero sí ayuda a aguantar el hambre.

FOTO TOMADA DE: http://www.dudimundo.com/BROMAS/

viernes, 23 de mayo de 2008

Zompopos de mayo

Estaba yo pensando en cualquier cosa en mi apartamento; de repente, escuché un ruido en las escaleras del edificio. Alguien se había caído. Había sido un bebé. Yo salí corriendo para ver qué había pasado; antes que yo, una mujer había llegado; era la madre, y trataba de consolar a su niño. Me recordé de mi madre, y un déjà vu forzoso me hizo desear un abrazo suyo.

***

¡Qué rico es ser bebé! No tenés que hacer nada para que te den un abrazo, un beso y te carguen; podés cagarte en todo, y aún así te quieren y te cambian.

***

Mi mamá me mima... Mi mamá me ama... Yo amo a mi mamá... Me recordé aquel lejano día de mayo en que nací, ya hace %&·$ años. Hay muchas cosas que vienen en mayo: la lluvia, la diarrea, los zompopos, la desesperanza.

***

Cuando era pequeño, recuerdo que en mi cumpleaños siempre llovía. Por eso, a mis piñatas nadie llegaba. Pero recuerdo que me la pasaba bien. Mi familia siempre me quiso agradar con pastel, helado y regalos. Incluso, aquel año en que mis padres no tenían empleo, encontraron la forma en regalarme algo sencillo, prometiéndome que después me compensarían (algo que nunca sucedió).

***

He pasado toda mi vida esperando mayo; mi cumpleaños, pues. Pero siempre, después de eso, terminaba decepcionado. Entonces, la segunda mitad del año quería huirle a mayo. Crecí creciendo que el cumpleaños es sólo un día más. Prefiero, como Alicia, los no cumpleaños. En mi cumpleaños siempre llueve, y eso me ha marcado la personalidad.

***

Ya de grande, no he tenido que preocuparme por mi cumpleaños. Esto me ha hace mejor que celebrarlos.

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Con mayo vienen las lluvias; también los zompopos. Eso sucede casi al inicio del mes. O sucedía. Ahora ya no. Ahora todo se retrasa. Pero, tarde en mayo, como mi cumpleaños, siempre vienen. Hoy se extrañan los zompopos, pero creo que ayer vi a un niño intentando cazar uno. Terminó cogiendo un ronrón.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Reflexiones sobre la Rabia


La Iliada” de Homero, más que contar sobre la guerra de Troya, narra la cólera de Aquiles, quien, insultado por Agamenón, se retira de la batalla, dejando en una posición difícil a los griegos frente a los troyanos.

Aquiles reacciona cuando Héctor mata en combate a su amigo Patroclo, su sirviente y amigo. Más enfurecido aún, Aquiles regresa para matar a Héctor. Pero esto no le apacigua la rabia, y se queda con su cadáver. Tanta es la cólera, que ata el cuerpo a su carroza, y lo arrastra por todo el campamento griego. Conocedores de la literatura griega suponen que “La Iliada” debió de llamarse “La cólera de Aquiles”, porque es ésta el verdadero centro de la narración.

La semana pasada vi a Aquiles, de nuevo sacando su rabia, cuando ató a un ladrón a un camión en Chimaltenango; y lo arrastró hasta matarlo. Un día después, en Sololá, vapuleó a dos extorsionadores, matando a uno en las llamas.

Por mucho que se diga en contra de los linchamientos, éstos despiertan, incluso, simpatías, porque de alguna forma u otra implementan la justicia tan anhelada, que el Estado no es capaz de proporcionarla.

De otra obra literaria, recuerdo “Fuenteovejuna” de Lope de Vega, donde el pueblo lincha al regidor por violar a sus mujeres, entre otros delitos. Cuando el Rey de España llega a preguntar quién lo mató, todos, al unísono, respondieron: “Fuenteovejuna lo hizo”.

Los linchamientos sólo son un indicio del grado de rabia que tenemos dentro, por la injusticias y por la ineptitud del Estado para resolverla. La espuma no nos sale de la boca sólo por pudor. Vivimos con un alto grado de cólera. Sólo hay que oír hablar a las personas en las camionetas (“Fijate vos que vino ese pizado, y yo le dije que se metiera el dedo en el culo, mano”); o a las señoras al regresar del mercado (“vendedor hijo de la gran puta, ya le subió a esas sus mierdas”). O leer los comentarios ofensivos contra Marcela Gereda en el blog de elPeriódico (“Lo que esta Marcela Gereda necesita es simple y muy sencillo de lograr: Tres plomazos en la cabeza y con eso se acaba todo. Muerto el chucho, se acaba la rabia.”)

Mientras tanto, el Gobierno sólo se le ocurre declarar Estados de Prevención, para que no se nos desborde la cólera y no afectemos los negocios de la clase alta. Algunos no se pudieron aguantar la rabia por quince días, y por eso les enviaron a los antimotines para que hacerlos tragar la insatisfacción.

De igual forma, otros siguiendo las enseñanzas de la no violencia, exponen inteligentemente su rabia, y hacen huelga de hambre frente a Casa Presidencial; es decir, que igual que toda la población, no comen, pero ellos lo declaran para que los escuchen. Pero el Gobierno sólo ha de verlos como chuchos jiotosos y rabiosos, y ni siquiera les presta atención.

Dicen que el Ministerio de Salud está implementando actualmente una campaña de vacunación contra la rabia para perros y gatos, pero debieron haber empezado vacunando contra la rabia a la población; una vacuna antirrábica, pero no en el ombligo, sino directo al hígado de la gente. Una vacuna llena de seguridad alimentaria, de lucha contra la violencia y de justicia.

Pero si un día me demoro, no te impacientes ya volveré más tarde. Será que a la más profunda alegría, me habrá seguido la rabia ese día; la rabia simple del hombre silvestre; la rabia bomba, la rabia de muerte; la rabia imperio asesino de niños; la rabia se me ha podrido el cariño; la rabia madre, por Dios, tengo frío; la rabia es mío, eso es mío, sólo mío; la rabia bebo pero no me mojo; la rabia miedo a perder el manojo; la rabia hijo zapato de tierra; la rabia dame o te hago la guerra; la rabia todo tiene su momento; la rabia el grito se lo lleva el viento; la rabia el oro sobre la conciencia; la rabia, coño, paciencia, paciencia. La rabia es mi vocación.” (Silvio Rodríguez)

viernes, 16 de mayo de 2008

Los caminos del arte


¿Hace cuánto terminó de leer un libro? ¿Y qué le pareció? O, ¿hace cuánto que fue a una galería de arte? ¿Qué opinó de los cuadros? Dentro de nuestros criterios de clasificación del arte, casi siempre se escuchan comentarios como: es bueno, malo, pésimo, terrible, no te lo recomiendo, no me gustó, me gustó pero no tanto como el otro, etc.
El crítico literario español Alberto Manguel, en un reciente artículo, ridiculizaba estos criterios relatando una historia de dos lectoras que comentaban los libros de turno: “Es bueno, pero no bueno para mí, ¿me entiendes?”, decía una de ellas.
Para entender estos criterios, hay que considerar distintas posturas. ¿Qué hace ahora un libro bueno? Si le preguntamos a las listas de popularidad, lo bueno se mide por ventas.
Si le preguntamos a las editoriales, pues tendría que ser su producto nuevo, el líder.
Pero, para un lector, un buen libro será aquel que entrañablemente le dijo algo en el momento de la lectura. Incluso, este lector pudo haber sugerido el libro a algún conocido, y éste pudo haber pensado que el libro es pésimo.
Así, tendríamos listas del arte que es bueno para vender, un arte que es bueno para nosotros mismos, y un arte que es bueno para (casi) todos.
En otras palabras, nos encontramos ante la eterna discusión de las clasificaciones del arte, y que, a la larga, estarían catalogadas en cuatro criterios: el arte comercial, el arte comprometido, el panfleto y el nunca bien ponderado arte por el arte. ¿Cuál es, entonces, la diferencia?


Arte comercial

Es, obviamente, el más fácil de inferir. Usualmente, en los periódicos encontramos la “lista de lo más vendido”, o “la recomendación del fin de semana”, que no es más que el producto (entiéndase libro, película, disco) que está siendo promocionado, por el momento.
A veces se extiende a más, según la época, así como la canción de moda del verano, o la lectura para esta navidad. Usualmente, los que se dicen amantes del arte, desprecian esto; pero, para quienes lo conciben o quienes gustan de él, no ven nada de malo en seguir tendencias.
Es fácil advertir que un paisaje de La Antigua Guatemala, con buganvillas, volcán de fondo y todo, no compite con una pintura negra de Francisco Goya, ¡jamás!
Pero es más difícil advertir que, poco a poco, las distancias entre arte comercial y un arte con estándares más universales, se están acortando.
El arte comercial se entiende, desde un punto de vista, en consumo. Quien lo adquiere será una persona con un buen poder adquisitivo. Desde la perspectiva de la plástica, se entiende que hace algunos años, quienes “consumían” arte, les bastaba con el paisaje del Lago de Atitlán. Pero, lo que se ve ahora en las subastas de arte, por ejemplo, en Nueva York o Londres, o lo que se verá en breve en la exposición de Juannio, no es precisamente un arte simple.
En el caso de los primeros, las grandes subastas de arte, los clásicos, como Picasso, Matisse o Klimt, cada vez más son más cotizados. Los “consumidores” de arte son, cada vez, más sensibles y conocedores.
Aunque es difícil hacer la analogía, en el campo de la literatura o la música, por ejemplo, está sucediendo un fenómeno parecido.


Arte comprometido / panfleto

¿Qué los diferencia, si prácticamente son lo mismo? Aparentemente, el llamado “arte comprometido” se refiere a un tipo de arte vinculado con la “resistencia”, con la lucha política; por supuesto, de lo que se entiende ética y políticamente correcto; el arte comprometido, hasta donde recuerdo, nunca ha sido hegemónico.
Si es hegemónico, más bien se le ha clasificado como “panfleto”, que también va vinculado a ideas sociopolíticas y económicas, destinado a expresar opinión, más que favorecer el proceso estético.
En común, el arte comprometido y el panfleto, tienen una intención más clara de favorecer la idea y no tanto la estética.
En otra definición, distinta a la primera, arte comprometido favorece a la idea, pero no se olvida de la estética. En cambio, el panfleto se olvida de la estética, y con el paso del tiempo no se vislumbra más que una idea, que usualmente pasa de moda.
Tomando en cuenta estos criterios, panfleto, en el idioma español, ha sido utilizado más bien para desmerecer a cierto tipo de arte, por considerarlo que sólo es un vehículo político, y no artístico. Sin embargo, este criterio usualmente es utilizado para clasificar la tendencia opuesta.
El panfleto, como dije, puede ser hegemónico o marginal. En el caso del primero, habrá que recordar cómo la Generación del 98 catalogó como “panfleto” las obras de José Echegaray, por considerarlas afines a la hegemonía gubernamental; Echegaray, por cierto, ganó el premio Nobel.
En el segundo caso, panfleto fue llamado el “arte comprometido” en Guatemala, al arte, sobre todo música, de la izquierda militante durante la guerra interna. Para una postura, la marginal, era arte comprometido; para la hegemonía, era panfleto.
Pero, hay que reconocer que lo panfletario / comprometido tiene su función. Claro está, que no se favorece tanto la forma, pero existen documentos que pudieron haber sido catalogados como panfletos, pero el paso del tiempo les dio carácter de obras universales.
“La comedia” de Dante, por ejemplo, está llena de referencias a personajes políticos de su época, que hoy día se desconoce quiénes son. Se supone que el poeta intentó evidenciar a ciertos personajes corruptos contemporáneos suyos, pero la belleza de la obra, sobre todo de “El infierno” (donde obviamente ubicó a sus enemigos políticos), trascendió más que lo panfletario.
Según han argumentado los seguidores del “arte comprometido”, hay ciertas épocas en la historia de un país que no se puede cerrar los ojos ante la realidad, por lo que no sería éticamente correcto entregarse al “arte por el arte”.
Sin embargo, hay otros que consideran que el favorecer la política por encima del arte, es simplemente utilizar el arte como un vehículo, por lo que no es correcto, tampoco.
Recuerdo ahora a Augusto Monterroso, que valoraba, con mucha ironía, que José Martí, al querer escribir literatura, tomó una pluma y escribió “Versos sencillos” y “Versos libres”; en cambio, cuando se volvió a la política, tomó un fusil; claro, lo mataron en la primera guerra.
Quevedo, también, consideraba inútil el panfleto, ya que el plomo que se usaba en la imprenta para reproducirlo, era mejor usarse en los cañones.


Y… el arte por el arte

Casi cualquier crítico o profesor de arte, duda, o al menos lo piensa largo rato, al referir a un solo artista que se haya entregado al arte por el arte.
En casi toda obra se pueden encontrar detalles de crítica social, por muy ajeno a ello. Probablemente, esto es inherente a toda obra. Si se le busca por donde, un político podría encontrar crítica social hasta a la escultura más dadaísta del mundo.
Y, al igual que es criticable una postura ultracomprometida, lo es también alguien que desdeña el mundo.
En Guatemala, la pugna se dio en la discusión: Otto René Castillo versus Miguel Ángel Asturias. En el año en que éste recibió el Nobel, aquél murió fusilado en un cuartel militar. Sus contemporáneos levantaron la discusión sobre qué postura era la adecuada: si la comprometida de Castillo, o la estética de Asturias.
Al final, al parecer, no se declaró un ganador. Por suerte, los lectores han concebido que la poesía de Otto René tiene tanta belleza, que es deleite para el alma aunque no se comprenda el mensaje político. Y, de parte de Asturias, se ha encontrado que detrás de esa rica retórica, hay detalles de denuncia social.


Y ahora…

Ante los diferentes caminos del arte, sobre todo tres: comercial, compromiso o arte por el arte, ¿qué prevalece?
En tiempos posmodernos, y ante las tensiones que se provocaron en el siglo XX, especialmente durante la Guerra Fría, el artista actual ha comprendido en realizar síntesis; ni tan olvidado de la crítica, ni tan olvidado de la estética; y si se puede vender, ¿qué mejor?
El arte posmoderno ha buscado la síntesis, más que trasgredir como lo que pretendían los vanguardistas de inicios del siglo XX. Hoy día, una buena dosis de humor (mejor si es negro), con ambientación en lugares conocidos, críticos sociales, pero favoreciendo la estética, pareciera ser el buen camino.
Pero, eso sólo es una percepción. Habrá muchos que estén en desacuerdo, y tal vez pocos que quieran seguir en eso.
Lo que sí es cierto, es que estos variados criterios para clasificar el arte, están siendo bien sorteados por los lectores / espectadores actuales. El público contemporáneo es más complejo.
Si es lector, tiene acceso a más libro, más baratos. Conoce otros idiomas e incluso se anima a leer obras en su idioma original, lo que lo hace un público más selectivo.
Si es amante de la música, tiene más acceso a ella, descarga gratuitamente canciones por Internet, y en el iPod puede acumular enormes cantidades. Si utiliza un orden aleatorio, los juegos electrónicos bien le podrían dar la sorpresa de presentarle un menú así: Amy Winehouse; después un narcocorrido de los Tigres del Norte; una sonatina olvidada de Chopin; Ojalá de Silvio Rodríguez, y “Noche de luna entre ruinas”.
Si le gusta la plástica, ha visitado las decenas de galerías que hay en el país. De hecho, trabaja en un banco cuyo lobby contiene obras de un pintor de San Juan Comalapa. Por Internet, busca “El grito” de Munch, y ha visitado virtualmente el Museo de Arte Moderno de Nueva York, o El Prado.
Así, poco a poco, los gustos se van refinando, y se hace más difícil esa clasificación de quien dice simplemente: “A mí me gustó”.


La imagen me la robé de no sé qué blog, pero como es de Goya (Neptuno devorando a su hijo), no me importó.

Álgebra de la vida moderna

Hace más de 40 años, se publicó por primera vez "Cien años de soledad" de Gabriel García Márquez, la cual fue la cumbre de la nueva novela latinoamericana; y cumbre en todo sentido, porque después de ella, un nuevo estilo de narrar se sobrevino. Esta novela representó el darse cuenta de que los latinoamericanos somos insolidarios, y preferimos morir en soledad que unirnos.
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Las novelas posteriores, por ejemplo, las testimoniales, buscaron acercarse a las márgenes sociales, a fin de solidarizarse. Cuarenta años después, vemos que el lema del Gobierno de Guatemala es "Tiempos de solidaridad". La solidaridad es exactamente lo contrario a la soledad, por lo que es de aplaudir que, en estos tiempos, se tenga ese eslogan.
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¿Tiempos de solidaridad? Esa es la mera fórmula para que el mensaje llegue a aquellos que votaron por el gobierno, sobre todo las márgenes sociales, porque la hegemonía económica no votó por Álvaro Colom. Pero, ¿cuál solidaridad? Si en lugar de resolver un problema de transporte pesado, que demandaban respuesta a su problema, se limitaron a producir un Estado de Prevención que les limitó su derecho a propuesta y a quejarse. Y, peor aún, a esos vecinos de Fraijanes, que fueron aporreados, sin solidarizarse con sus demandas de que el pasaje estaba muy caro.
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La generación anterior, es decir, quienes tienen alrededor de 50 años, se gozaban y se han estado masturbando la mente al recordar los 40 años del Mayo de 1968 en París, en donde jóvenes salieron a las calles cansados de la pasividad de sus gobernantes. "Prohibido prohibir" fue su lema, y en las paredes escribían con aerosol poemas de Rimbaud. ¿Por qué no nos solidarizamos con las protestas de hoy día? Si un manifestante pinta en una pared "Justicia por genocidio", ¿por qué éste es un delincuente, y no un poeta como el parisino de hace 40 años?
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Ante la crisis económica, y bajo el lema de "Tiempos de solidaridad", se busca darle una solución al alza de productos. Sin embargo, unos insolidarios han buscado su interés personal o empresarial, queriendo derogar los impuestos de los productos que representan, una vieja cantaleta neoliberal que no hay modo que cese, tan añeja como la maña de dormir con calcetines. ¿Pan para tu matate? Y, ¿por qué si el dólar está bajando, los precios en Guatemala están subiendo? Desde el principio del año, el quetzal ha ganado casi 30 centavos frente al dólar, y podría ganar más sin los artificios del Banco de Guatemala, que buscan proteger a los grandes exportadores para que sus ventas en dólares no se disminuyan, olvidándose que la gran mayoría de los guatemaltecos somos simples importadores, a quienes nos favorecen políticas "solidarias".
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¿A quién favorece las medidas económicas a favor de la carne oscura del pollo, el azúcar y la harina? ¿A quién? "Filosofías de arrabal, mártires del rock and roll discutiendo entre las piernas del dolor el álgebra de la vida moderna. Y al final nunca sé cómo empezar a decirte a gritos que necesito más que respirar, que necesito escapar, del purgatorio de sobrevivir hasta el año 2, hasta el año 3, hasta el año 10, hasta el año cien mil. La soledad es la ecuación de la vida moderna." (F. Páez / J. Sabina).

miércoles, 7 de mayo de 2008

Aldeanos globales

“La torre del Reformador es un bibelot –lo dijo Manuel José Arce–. Es una torre Eiffel chaparra, hecha a la medida de nuestro provincialismo; es un esqueleto negro, a caballo de nuestra miseria, ¡a dos cuadras de la Terminal, precisamente! A dos cuadras del putrílago, sin arco del triunfo, sin plaza de la estrella, sin tener ni siquiera un su napoleoncito criollo.”


La anterior frase la extraje de la novela Después del tango vienen los moros de Luis Alfredo Arango, novela de los ochenta, que aborda el choque entre el ayer y el hoy de Guatemala, especialmente de la ciudad capital.
Lo cito porque me llamó la atención la frase sobre la torre del Reformador, un verdadero signo de provincianismo nuestro, en donde toda la vida nos hemos quedado con la boca abierta ante el esplendor extranjero, pero poco hacia lo nuestro.
Y es que, hace algunos días, pude observar (desde la tele, por supuesto) la primera “alfombra roja” realizada en Guatemala, debido a que se lanzó oficialmente (porque ya tenía tiempo de circular) la revista “TvyNovelas–Centroamérica”, una emulación del tabloide mexicano.
Me pareció risible, incluso al punto del enojo, que nuestras estrellas faranduleras sean los presentadores de los noticieros, de los programas para señoras de la mañana (que las señoras no miran porque están haciendo el oficio), los gorditos locutores de los partidos de futbol, y chefs de cocina internacional especializados en rellenitos y café de olla.
El querer emular la cultura de otros países, tal como la torre Eiffel o la farándula, nos hace lucir ridículos. Siempre detrás del glamour internacional, oliendo la retaguardia, sin voltear a ver a lo nuestro.
Tampoco hablo del Himno Nacional cantado en versión gospel gringo, que buscaba emular al himno estadounidense, para provocar que en los estadios la gente aplaudiera de orgullo; ni siquiera –quiero decir– del Himno entonado en marcha chafarotesca, moda traída de Europa en los tiempos que se compuso la música... Siempre detrás.
En la alfombra roja de TvyNovelas, Carlos Peña (o nuestro Carlitos Peña, como dicen algunos) se presentó luciendo pasado de kilos, con la cara demacrada (¿por mucho trabajo? ¿por muchas alfombras rojas con cocteles?) después de vender un disco que buscaba rematar el engaño de mercadeo que un canal de televisión nos quiso hacer creer. Con poco jugo aún por sacarse, se paseaba como la estrella mayor, creyéndose un Jon Secada en potencia, sobre nuestra alfombra roja centroamericana.
Por cierto, la revista TvyNovelas–Centroamérica fue lanzada para Centroamérica, ¿sabía? Porque a la hora de unir fuerzas políticas, artísticas, deportivas, etc., el istmo se dividió desde que España nos soltó la mano, separación propiciada por los caudillos regionales. Pero a la hora de vendernos al mercado, ahí sí, estamos integrados centroamericanamente; para TLC y para Acuerdos de Asociación, para esos menesteres agachamos la cabeza y nos tomamos de la mano como cinco hermanitos (siete, si se suman Panamá y República Dominicana; cuatro, si Costa Rica se hace para atrás).
El mercado nos ha pegado duro; nos ha obligado a consumir farandulería extranjera, mezclada con la vida y obra de una presentadora de televisión nacional, y la casa de un futbolista que tiene tres meses de no recibir pago alguno por jugar en un equipo guatemalteco.
Nos siguen imponiendo las construcciones de torres Eiffel enanas, y no sobre una avenida llena de tráfico, sino sobre nuestra identidad. Seguimos creyendo que Guatemala debería integrarse globalmente dejando nuestra identidad, y adoptando valores de mercado universal. Nuestras estructuras mentales lucen aldeanas (y lucrativas) en el mercado global.

martes, 6 de mayo de 2008

Festival de Poesía en Quetzaltenango


A partir de este sábado, en Quetzaltenango, la poesía inundará la ciudad con poetas guatemaltecos y de otros países, en el IV Festival Internacional de Poesía, dedicado al poeta totonicapense Luis Alfredo Arango, razón por la cual el nombre de este evento es “Animal de monte”, en honor de uno de los más famosos poemarios de este autor.
Con la participación de 21 poetas nacionales, y decenas más de doce países latinoamericanos, desde el sábado 10 de mayo, hasta el viernes 16, se desarrollarán actividades en torno a la poesía, entre las que se incluyen lecturas, conciertos, presentaciones de libros y conferencias.
El Festival Internacional de Poesía inició en el 2003, a través del grupo de jóvenes Ritual, los cuales llevaban a cabo actividades como lecturas y talleres de literatura con el deseo de poder llevar a Quetzaltenango una actividad grande que captara la atención de distintas partes de la sociedad; de esta forma en agosto se llevó a cabo la primera edición con poetas extranjeros y nacionales, llevando lecturas a colegios y espacios públicos.
Cinco años después, el festival adquiere su forma de “Animal del Monte”, con la cuarta edición del festival, en donde ya se ha convertido en uno de los eventos poéticos más importantes de la región centroamericana y del continente hispanohablante.
Durante una semana, 30 personas trabajando constantemente en la organización y desarrollo del festival y 40 poetas latinoamericanos y guatemaltecos; esto convierte al Festival Internacional de Poesía, en un evento nacional, gran parte del occidente del país escuchando poesía convierte la realización de este festival en parte de la historia.
“Ante otros países la realización de este festival ha sido novedosa y se ha calificado entre los tres festivales más grandes de la región, la aceptación e interés de este acontecimiento ha sido mayor fuera de Quetzaltenango, sin embargo esto no ha truncado la realización, sino al contrario se ha extendido y ha cobrado fuerza. Con miras de continuar llevando a cabo este festival, Metáfora tiene la intención de crear una conexión más sensible y diferente al alcance de todas las personas arte y literatura”, refiere la información de este evento proporcionada de parte de los organizadores.
Los poetas guatemaltecos participantes son: Alan Mills, Alejandro Marré, Carlos Cabrera, Carolina Escobar Sarti, Claudia Navas, Elisa Ángel, Esteban Sabino, Francisco Morales, Gabriel Woltke, Gerardo Guinea, Javier Payeras, Juan Pablo Dardon, Julio Serrano, Luis Alberto Méndez, Maya Cú, Otoniel Martínez, Paolo Guinea, Pedro Chavajay, Regina Galindo, Rosa Chávez y Samuel Maldonado. Además, de la participación de poetas de México, El Salvador, Ecuador, Nicaragua, Perú, Chile, Panamá, Estados Unidos, Argentina, Puerto Rico, Costa Rica y Honduras.
La actividad se inaugura el sábado 10 de mayo, en el Teatro Municipal de Quetzaltenango, a las 18:00 horas, se clausura el viernes 16 de mayo, a las 19:00 horas, en el Distrito Cultural Jesús Castillo. En los días intermedios, se desarrollarán actividades en diversos puntos de la ciudad altense.

viernes, 2 de mayo de 2008

De la máquina de escribir, a la computadora






La máquina de escribir mecánica es cuestión del pasado, al menos para la mayoría de personas que de alguna forma están vinculadas al escribir. Sin embargo, cabe pensar que hay personas que aún no se han trasladado hacia la computadora, o que hay otras que, de vez en cuando, desempolvan su vieja Olivetti para escribir con añoranza. El pasado 1 de mayo, se cumplieron 125 años de que la compañía Remington comercializara la primera máquina de escribir, y a la luz de esa efemérides, revisamos hoy los cambios cualitativos que ha tenido la literatura en su emigración de la máquina a la computadora.
Esa máquina de escribir mecánica, la que se usaba al menos hace tres décadas (dos acá en Guatemala), es posible que hoy la veamos con añoranza, por esa persistente actitud romántica que mantenemos ante el arte y la literatura, olvidando esos insoportables atascos de teclas, y la dureza al teclear.
Hoy día, me parece, que aún persisten escritores de “a máquina”, que, podría ser, vean con recelo a la computadora, como una “ladrona” de la poesía, como una máquina inútil, voraz y sin sentimientos (aunque alguien más podría decir que no hay nada mejor que escribir a mano).
Sin embargo, mi intención no es de la añoranza, sino reflexionar sobre los cambios puntuales que en la literatura se dio con el paso de la máquina a la computadora.




QUE NADIE SE META CON MI “ADLER-ROYAL”...


Y es que algunos artículos de añoranza, sobre todo esos que hoy día se podrían vender como “art decó”, son clasificados como artículos de buen gusto. ¿Quién no quisiera tener aún una buena máquina de escribir? Sobre todo esas portátiles, de esas que acompañan en las fotos blanco y negro a Julio Cortázar.
Pero habría que recordar cómo dolía equivocarse, siquiera en un carácter; y no digamos esos incómodos cálculos para ubicar un titular en el centro de la página o aventurarse a escribir una sílaba más antes de llegar al final del margen.
En algunas máquinas, no se podía leer qué era lo que se escribía, porque así estaba diseñada. De todas maneras, una buena maestra de Mecanografía preferiría ese modelo porque así no se acostumbraba a ver.
¿Y las correcciones? Uf... casi imposibles, ¿verdad? El corrector líquido arruinaba más de lo que componía, y esas hojitas correctoras se desaparecían cuando uno más lo necesitaba.
Sin embargo, para la literatura esto parecía ser un ejercicio positivo, porque obligaba al escritor a darle a las teclas, sin pensar en nada más que su creación literaria, para luego obligarse a revisar y corregir. Escribir, revisar y corregir... Escribir, revisar y corregir... Éste parece ser el buen camino. “Nulla dies sine linea”, decía Eduardo Torres.
Pero luego el cambio fue casi forzado; pocos son los escritores (y las secretarias, y los vendedores, y las personas) que utilizan la máquina de escribir.




NO HA CAMBIADO MUCHO


Para quienes aún se tiran los cabellos por no entender la computadora, deben agradecer que algunas cosas no han cambiado. El ejemplo más simple, pero no el más obvio, es la distribución del teclado. Aunque aún se discuta el porqué los teclados tienen tal distribución de las letras, lo más probable es que tenga esta distribución basándose:
a) en un inicial orden alfabético (por eso es que la hilera central es “DFGHJKL”, casi ordenado con la excepción de las vocales);
b) probablemente se modifó un poco por la recurrencia de las letras en cierto idioma (tal vez francés) y para evitar los atascos de las teclas (hay que recordar que éstos se producían normalmente porque se pulsaban al mismo tiempo dos o más teclas, y era lógico que, para evitarlo un poco, se distribuyera el teclado para que no ocurriera esto tan seguido), y
c) para mayor velocidad, es decir, ubicar las letras más recurrentes en los dedos más rápidos (el índice, que normalmente debe pulsar dos teclas en una misma hilera); sin embargo, algunos aseguran que otra disposición del teclado daría mayor velocidad al escritor, aprovechando que con la computadora no hay que preocuparse por los atascos de teclas... Pero, imagínense: ¿quién estaría de acuerdo en cambiar su forma de escribir? Significaría volver a las academias de mecanografía.




PERSISTENCIA


Hay cosas que no cambian, y muestra de ello, como en aquellos tiempos en que se hacían copias al carbón; al final, para especificar que alguien tenía una copia al carbón, se indicaba al final del documento “cc”.
Estas siglas han permanecido, ahora sin el sentido de que es al carbón, pero sí para manifestar que un correo electrónico fue enviado, con copia, a otra dirección.




CAMBIOS


Lejos de las dificultades que presentaban las máquinas de escribir, el traslado hacia la computadora, pasando por la máquina eléctrica, presentó sustanciales cambios.
En primer lugar, los juegos tipográficos se convirtieron en parte fundamental de la escritura. El uso de negritas y cursivas es, ahora, un recurso más. También los tamaños de letra y, aún, los tipos de fuente, son tan diversos, que hasta es más fácil cometer la torpeza de seleccionar una inadecuada.
La computadora tiene sus problemas, como si fuese un cámara de rollo frente a la instantánea, y es que el ordenador (como dirían en España) no implica una copia inmediata en papel.
A veces, un texto puede permanecer guardado por tanto tiempo, que tal vez nunca llegue a conocer la luz del sol a través del papel.
Eso sí, se hace más fácil editar, corregir, guardar, borrar o simplemente eliminar un texto literario. Si el papel todo lo aguanta, el disco duro (o la USB) aguanta más.
Y, eso, sólo en cuanto a la edición, en donde un texto puede adquirir no sólo una forma más presentable, sino que puede representar con mayor fidelidad lo que el narrador o el poeta desea trasladar.
Tiene sus desventajas, claro, porque todos estos juegos tipográficos se facilitan con la computadora, pero están destinados a leerse visualmente, y no a ser leídos en público, es decir, que alguien los lea en voz alta.
Y es que con la computadora surgen nuevos modos textuales: los piés de página, los tipos de fuente, la alineación, etc.




NUEVOS “GÉNEROS”


Tomando en cuenta esto, hay dos recursos que han sido utilizados para la literatura por Internet. Uno de ellos es la tecnología de los “blogs”; esto se refiere a una página de Internet, en la cual una persona puede escribir un poema o un cuento, para que los lectores puedan comentarlo. Es decir, una creación literaria tiene rápidamente lectura y respuesta. Luego, otra persona puede escribir otro cuento o poema, para continuar con el proceso. Durante un día, esta dinámica puede registrar miles de estos movimientos.
Un ejemplo de literatura en un "blog" fue el que en Internet se llamó "Weblog de una mujer gorda", y que luego fue publicada en su forma impresa, con el título “Más respeto, que soy tu madre”, del argentino Hernan Casciari.
Otro tipo de tecnología que ha revolucionado el mundo de la literatura, es la tecnología de los "links". Una página de Internet tiene vínculos hacia otras páginas, con sólo pulsar en ciertos puntos con el "mouse". Esto es lo que ha sido llamado como "link", un enlace con otras páginas. Es, pues, una página inicial, que genera otras páginas más, lo cual ha sido llamado "hipertexto".
Esta tecnología ha sido utilizada en las narraciones, para que se pueda vincular con otras narraciones.
El ejemplo más famoso es la llamada Wikinovela, que tiene tres versiones: en inglés, en euskera y en español. Esta última consiste en un texto inicial, el cual fue escrito por el español Juan José Millás; pero luego, se puso a disposición de los lectores, quienes tienen acceso a modificar el texto, y crear historias enlazándolos a través de los "links". Un texto inicial conduce a otros textos, que pueden ser agregados por los usuarios.
Si a alguien no le parece el cambio que un usuario anterior ha hecho, puede modificarlo a su vez. Si quiere crear otra historia, puede hacerlo. Sin embargo, existe una serie de normativas, para que los cambios no sucedan en forma descontrolada.
La Wikinovela, que en su versión se llama “Vidas prodigiosas” (si es que alguien no lo ha cambiado aún), empezó siendo un texto de dos párrafos, y ahora es una novela de imposible lectura, escrita por un complejo autor colectivo y anónimo.




RETOS


Los nuevos retos son el integrar las técnicas de la Internet hacia la literatura, y la literatura hacia la Internet.
Y no sólo la red, sino que también otros recursos, como los mensajes de texto (así como Cortázar introdujo los telegramas), por ejemplo.
Los nuevos escritores han empezado a incorporar las representaciones de la Internet, como los chat, los blogs, los hipertextos, etc. a la literatura en papel. Muy atrás habrá quedado aquella vieja Remington que, pese a ser la primera en comercializarse, no fue, en realidad, un éxito de ventas.
La literatura, pues, ha buscado siempre nuevas formas de expresión y con las técnicas de la computadora parece que estamos frente a un terreno con bastante potencial... Incluso, no tardarán a introducirse técnicas de videos en Internet o los chats, para poner otros ejemplos de posibilidades.
Sin embargo, debo admitir que aún me gusta sacar la vieja máquina de escribir de su maletín, y teclar la ficha técnica del libro para que quede la bibliografía o, mucho mejor, escribir a mano...






¿Qué piensan de eso?