sábado, 16 de agosto de 2008

Los detectives nos explican el mundo


La novela negra de hoy día es la hija ilegítima de la novela policíaca; tienen la misma estructura, sólo que en la novela negra se intenta reflejar todo el bajo mundo y la corruptela de los últimos años

La novela policíaca
Era la mitad del siglo XIX, y la humanidad era relativamente buena, comparándola con los tiempos modernos. Aún se preservaba ese código de ética que obligaba hasta a los delincuentes a tener escrúpulos.
Sin embargo, los indicios de que la maldad estaba empezando a apoderarse del mundo. Es cierto, desde que Caín mató a Abel, los delitos existen, pero éstos se hacían, incluso, ante los ojos de Dios, y los motivos eran por simples envidias.
En cambio, avanzado el mundo, Edgar Allan Poe, el genial escritor estadounidense, acaparó la atención con su libro de cuentos “Los crímenes de la Rue Morgue”, el texto fundante de la novela policíaca, en donde se presenta al detective Auguste Dupin, quien se convirtiera en el paradigma de los protagonistas de la novela policíaca.
Dupin era inteligente, y a pesar de ello muy astuto. Tenía una especie de sentidos súper adiestrados, lo que lo convertía en una especie de Superman del siglo XIX, ya que era una habilidad sobrenatural.
Además, Dupin era capaz de idear toda la hipótesis del crimen, con sólo ver una pista, ordenando mentalmente todas las evidencias anteriores. Los crímenes se cometían en salones de lujo o en mansiones.
De acuerdo con Thomas Narcejan, en su libro “Una máquina de leer: la novela policíaca”, este subgénero narrativo, se compone, esencialmente, por la intervención de un delincuente, en específico un asesino, que tiene todo previsto. No hay coincidencia ni azar; tampoco deliberación ni arrepentimiento. Lo que hay es una compleja álgebra mental, que lo conduce a crear un crímen, que está motivado por razones muy elevadas, que rozan en la filosofía y la poesía, y que pretende, además, inscribir su nombre como el artífice del crimen perfecto.
En contraposición, el detective, llámese Dupin o Holmes o cualquier otro, es un tipo frío, cerebral y que sabe que el crimen es una fuerza en movimiento que no se detiene. Por experiencia, pero sobre todo por mucha intuición, sabe dónde interceptar esa “fuerza en movimiento”, para lograr capturar al criminal, que usualmente es el mayordomo.
Según Narcejan, el encanto de la policíaca es que se conjugan las dos labores fundamentales del cerebro. El hemisferio izquierdo, el lógico, capaz de leer y realizar operaciones matemáticas, es quien resuelve el crimen. Pero el hemisferio derecho, el creativo y soñador, que se da aires de poeta, es quien comete el crimen y que, en cierta parte, da la pista para resolverlo, porque el detective debe, si quiere ganar el caso, ponerse en los zapatos del “sicópata”.
¡Qué lindo sería tener detectives y delincuentes así! Unos astutos y otros poetas. Pero, como sabemos, nuestros delincuentes de hoy día no matan para obtener una millonaria herencia. No. Sino que roban 82 millones del Estado; elaboran una complicada ruta de migración de Irak a Estados Unidos, pasando por Guatemala; roban niños para darlos en adopción, o masacran a grupos de narcos en Zacapa. Y no hay fiscal del Ministerio Público capaz de resolverlo.

El género negro
Éste es una extensión de la policíaca. El género negro nació en Estados Unidos, tal como el primero, pero con enormes y muy gratas diferencias.
En primer lugar, el criminal es un desalmado, que no roba por estatus ni mata por una herencias. No es un aristócrata inteligentes que, de tanto estudiar, se desvió su mentalidad hacia el mal. No. El delincuente es un ser de áreas marginales, que comete delitos porque la vida lo ha conducido a ello. Las estructuras de pobreza de todos los países no permiten que los subordinados se superen, pero ofrecen la posibilidad y anuncian en la televisión diciendo que ¡Sí se puede! ¡Sí se puede! Resultado: un tipo pobre que le han vendido la idea de que vive en democracia, lo cual provoca una terrible desestabilización de su psique.
También el detective no es el Sherlock Holmes que tiene espacio para investigar todo lo que quiera en la escena del crimen. En primer lugar, ésta ya está contaminada cuando llegan los investigadores. Tampoco es un tipo refinado, sobrenatural, que olfatea más que los demás. Ni siquiera sabe jugar ajedrez ni tampoco disfruta de brandy.
El detective de la novela negra seguramente recibirá la llamada de un crimen y él estará borracho, de un día anterior que bebió cerveza y se metió algún tipo de droga.
Como ya ha estado en el sistema por muchos años, sabrá que por mucho que capturen al delincuente, sus abogados podrán ser capaces de sacarlo de la cárcel, por lo que ya no creen en la justicia. En consecuencia, si pueden, harán justicia por su propia mano. Es decir, el código de ética se desvaneció. Ese catálogo de buenas costumbres, casi romántico, de Edgar Allan Poe, ya no sirve para nada para los detectives (mucho menos para los delincuentes).

La novela negra actual
La novela negra surge en Estados Unidos tras el período de la gran recesión, momento en que los gángsters gobernaban y las justicia no tenía los recursos para combatirlos.
Hoy día, la novela negra ha saltado las barreras estadounidenses y se ha mezclado con otros géneros en otras latitudes, tanto en Europa como en Latinoamérica.
La razón es que la novela negra es una de las formas narrativas favoritas de los escritores de hoy día, ya que les permite tener una buena historia (marcada por la estructura policíaca) y mezclarla con los problemas sociales de hoy día.
Según Giancarlo De Cataldo, un ex juez italiano que renunció a su carrera judicial y retomó sus archivos para escribir novelas negras, el auge actual de este género se debe a que el periodismo investigativo ya no existe.
El periodismo investigativo de hoy día ya no cuestiona problemas fundamentales que afectan a la sociedad, sino que se basan en descubrir que un congresista compró una casa millonaria o que un funcionario recibió, en una gestión pasada, una fuerte cantidad en efectivo, investigaciones que parecen más fruto de un “soplón” interesado en que se descubra esto, más que de una labor dedicada a la investigación.
Mientras que los graves problemas: el narcotráfico, la coyotería, el sicarismo, los crímenes contra pilotos de buses, el trasiego de armas y munciones y las conseciones del Estadio Mateo Flores, se quedan en el tintero.
De tal cuenta, han surgido buenos ejemplos de novelas negras que, más que un buen libro para leer cómodamente los fines de semana en la playa, también sirven para despertar conciencias.
De acuerdo con Santiago Gamboa, escritor colombiano de novelas negras, este género ha servido en Italia para descubrir los negocios de la mafia, tan así que los mismos escritores necesitan guardespaldas.
En los países nórdicos, los escritores revelan crímenes horribles, como pedofilia o esos casos en que los padres secuestran a las hijas. En Estambul, el tráfico de personas.
En Latinoamérica, en donde el escritor se siente comprometido a las causas sociales, también es usual que se denuncien los juegos de poder del gobierno y el narcotráfico, en México. El mercado negro de Cuba. El sicarismo de Colombia.

En Guatemala
En nuestro país, se han tenido pocos ejemplos de la novela negra, aunque esta tendencia va en ascenso. El último ejemplo, publicado en abril de este año, fue la novela “El perro en llamas” de Byron Quiñónez.
En el prólogo de esta obra, Francisco Alejandro Méndez, escritor guatemalteco y uno de los críticos más conocedores de las letras centroamericanas, refiere algunos ejemplos, si no es que todos, de la novela policíaca / negra en Guatemala.
Éstas son: “Miculax” de Jorge Godínez, “El hombre de Montserrat” de Dante Liano, “El cojo bueno” de Rodrigo Rey Rosa, “La muerte en Si menor” de José Mejía, “Cascabel” de Arturo Arias, “The señores of Xiblablá” de Ronald Flores, entre otras.
Tal vez, habría que agregar otras novelas de Rey Rosa, como “Caballeriza”, la misma “El perro en llamas” y, aunque no es cien por ciento negra, “The Art of Political Murder: Who killed the Bishop?” de Francisco Goldman.
En este último caso, Goldman investigó por muchos años el crimen de Juan José Gerardi, y cuyos resultados plasma en esa obra. No hay ficción, pero sí hay investigación, una de las características mencionadas más arriba.
En el caso de “Miculax” de Godínez, refiere la historia del famoso pedófilo guatemalteco, con el cual inaugura el género en nuestro país.
El caso de Rey Rosa es fundamental, ya que sus novelas han sobrepasado las fronteras guatemaltecas.
¿Por qué es fundamental? Hay una razón que no se ha mencionado, y es que la novela negra sirve, hoy día, para explicar el mundo. Edgar Allan Poe regía a sus personajes a un complicado códico ético, el cual no existe ahora. Nuestro comportamiento es otro.
A través de la novela negra, exponemos cuál es nuestro mundo, nuestros problemas; se describen los barrios bajos, es decir, los barrios donde vive la gente, y se deja a un lado las mansiones de la carretera a El Salvador, en donde nada ocurre y pocos viven.
Rey Rosa, por ejemplo, ha logrado explicar la sociedad guatemalteca de posguerra. En “Caballeriza”, explica el funcionamiento de los reinados feudales de las fincas, todo gracias a la resolución de la muerte de un caballo. El machismo, el caudillismo, la violencia, la corrupción y la pobreza rural, se describen por un autor que tiene una buena capacidad de observación.
En el caso de “El perro en llamas”, de Byron Quiñónez, es una novela que, más que policíaca, es negra, ya que sus detectives forman parte de la Policía Nacional Civil, sin que esto sea tomado peyorativamente.
Los detectives son personas que sienten, frágiles ante el crimen organizado y que no entienden lo que sucede. Se sumergen en un mundo de drogas, rocanrrol malo, graffitis, esoterismo, barrio El Gallito, asesinatos, corrupción, impunidad, etc., es decir, en el verdadero mundo policial de Guatemala, y, por qué no decirlo, en nuestro verdadero mundo.
Las motivaciones de Miculax no son las mismas de ahora. Hoy día, vivimos en mundo, sobre todo en Guatemala, difícil de desenmarañar, con delincuentes que salen libres bajo fianza, testaferros que no son capaces de decir dónde están los verdaderos responsables, y cárceles llenas de personas que quieren estar ahí, porque es más productivo que estar afuera.
¿Qué mundo nos tocó? Le toca a la novela negra describírnoslo. Es nuestra única esperanza.

La catarsis de escuchar


“En la Mirilla del Jaguar” de Margarita Carrera es una novela que trata sobre la vida y muerte del monseñor Juan José Gerardi, quien fuera asesinado hace diez años en Guatemala. La publicación de esta novela, en la primera edición, fue en el 2002, y la segunda en el 2005. Sin embargo, la casa editorial, el Fondo de Cultura Económica, ha dado un nuevo empuje a esta novela, con motivo del décimo aniversario de este crimen.
La novela trata, como es de suponerse, de este crimen. Muchos sabemos lo ocurrido el 26 de abril de 1998, pero pocos sabemos las motivaciones, la historia detrás del hecho. La labor de Carrera fue reconstruir el hecho, con base en documentos escritos por Gerardi y por los testimonios e investigaciones que han surgido tras el caso.
A través de 16 capítulos y un epílogo, la autora logra explicar el entorno vivido por Gerardi durante la guerra en Guatemala, hasta llegar el día de la muerte. El título, “En la Mirilla del Jaguar”, se refiere a que el sacerdote siempre estuvo como objetivo de muerte.
Como se señaló, la obra está obteniendo un nuevo empuje a diez años de la muerte de Gerardi, especialmente porque aún sigue sin establecerse todos los responsables del asesinato. Hasta ahora, en el sistema de justicia sólo se sabe lo que está escrito en este libro, aunque haya habido más investigaciones que han expandido el conocimiento.
El libro, además, busca establecer la verdad vista desde los ojos de Gerardi, que, sin duda alguna fue víctima; pese a ello, su memoria ha querido ser manchada, incluso diez años después. Pero este libro precisa sobre sus motivaciones, sus luchas, sus miedos y su verdad.
Pero, ¿por qué revitalizar esta novela?
Pese a que hoy día, a casi doce años de la firma de la paz, nuestra sociedad sigue igual; aunque hay más apertura y más libertad, se sigue sin conocerse la verdad durante la guerra. El esfuerzo para recuperar la memoria histórica casi sólo se ha reducido a “Guatemala: nunca más”, investigación coordinada por Gerardi, lo cual revela que el asesinato ha tenido éxito, porque se ha logrado callar las voces que intentan decir qué es lo que en realidad ocurrió. Seguimos sin memoria histórica.
Esto se revela en el libro, en la voz ficcionalizada, pero probable, de Gerardi: “-Nada, nada, es que no puedo olvidar la situación de la gente y tanta persecusión. ¿Por qué en el Quiché? Quisiera estar aquí y allá, al mismo tiempo. Los periódicos nada dicen de las masacres, tampoco la radio y televisión. Todo el mundo calla, pero lo que se está dando es espantoso.” (p. 68)
Ese diálogo pareciera haberse dicho ayer, pero, dentro de esta biografía novelada, fue dicho en la década de los 80.
Y es que hoy día sigue sin saberse la verdad; todo el mundo sigue callando y no se dice nada.
Es por ello que rescatar este libro es recordar la necesidad que tenemos de hablar. “Mirá vos, este asunto es mucho más serio; la gente necesita hablar, aquí si no hacemos una catarsis, a saber en qué va a parar todo, la gente o se vuelve loca o el trauma va a provocar más violencia.” (p. 139)
Ese diálogo fue dicho por el Gerardi ficcionalizado, en el momento en que proponía el proyecto de “Guatemala: nunca más”. El problema es que las víctimas aún no han terminado de hablar y de realizar esa catarsis, y mientras consideremos que sólo con dinero se logra el resarcimiento, no podremos alcanzar una paz verdadera.
Y es que en nuestra sociedad, aún no tenemos el don de escuchar, tal como se revela en la siguiente cita: “Uno de los aprendizajes más valiosos en la elaboración del REMHI fue saber escuchar. Algo que Gerardi les había enseñado con el ejemplo.” (p. 141)
La vida de Gerardi, sobre todo el final, estuvo dedicado a denunciar la verdad. Pero, ¿cuál verdad? ¿Será que no conocemos la verdad? Nuestra aparente desmoralización se basa en que no tenemos raíces. No sabemos que ha ocurrido con nuestros pueblo, y los que saben, no hablan. Se siguen cometiendo injusticias en contra de nosotros, pero estamos obligados a callar, no por convicción sino por miedo.
“Si no escribimos nuestros testimonios, no vamos a tener historia, no vamos a tener raíces; entonces vamos a volver a lo mismo, nos va a pasar lo mismo otra vez” (p. 141), es la advertencia apocalípitica dicha en boca de Gerardi en este libro.
Recomendable leerlo o releerlo, ya que aún no hemos sanado nuestras heridas de guerra.

miércoles, 13 de agosto de 2008

Medalla de oro en mediocridad


Para muchas personas, el hecho de ver nuestra bandera ondear en la inauguración de los Juegos Olímpicos es suficiente motivo de orgullo. Para mí, es sólo un compromiso de esto que es la nueva pax romana globalizada, que incluye participar en justas deportivas, ofrecer un discurso aburrido cada año ante la ONU y enviar “voluntarios” a las misiones de paz (aunque haya inseguridad en nuestro país).
Las Olimpiadas no me emocionan. Me emocionan algunos eventos; pero, en sí, veo en los Juegos que siempre han sido motivo de trasladar tensiones políticas a un estadio y de ser distractor de los graves conflictos mundiales (léase, en el 2008, la lucha por la ruta petrolera del Cáucaso, entre Georgia y Rusia).
En el caso de Guatemala, sirve para evaluar nuestras estructuras sociales y mentales en un laboratorio mundial. Y sí, nuestra idiosincrasia fue la misma que llevó nuestra bandera en la inauguración.
Las Olimpiadas son, ante todo, una excusa de los países desarrollados para demostrar su hegemonía. No son justas que motivan a conmoverse ante el esfuerzo de alguien, sino que demuestran el grado tecnológico que se tiene en un país, que influye a nivel humano. Es por ello, que Estados Unidos, China, Rusia y los países de la Unión Europea se disputan los mejores puestos en el medallero.
En el caso del Tercer Mundo, no. En esta ocasión, México no aspira a medallas; Cuba, talvez; Panamá, muy probable; otros, como Guatemala, aspiran a llegar a pasear a Pekín, quedar eliminados tempraneramente para pasear por China. Eso, y demostrar que seguimos tan pobres, desnutridos y mentalmente inferiores, como casi siempre.
Es de resaltar los casos que, hasta el momento, le han tocado a los deportistas chapines. Kevin Cordón, en bádminton, Eddy Valenzuela, en boxeo, y Guisela Morales, en natación, que han caído eliminados en el primer intento. Era de esperarse. Pero de eso que se intenten justificar que perdieron porque “no les favoreció el sorteo”, o compitieron contra “el favorito al oro”, no es válido ni ético.
Creemos que ganar una medalla debe ser suerte y un favor de los dioses del Olimpo, de que nos emparejen contra débiles, hasta, así, llegar a la medalla, al menos de bronce. Si un deportista desea ganar, debe vencer a cualquiera que se le ponga en frente.
Es el caso, por ejemplo, de la selección de futbol sala que construyó su propio destino al ganar el Premundial en Guatemala, y eso le ofreció mejores posibilidades en el sorteo.
Los guatemaltecos ya estamos acostumbrados a estos panoramas. Cuando se clasifica a un atleta, no se espera más que su mera participación, tal como ocurrió con los deportistas chapines que ya participaron por Pekín.
Es cierto, ganaron su derecho al establecer las marcas mínimas. Sin embargo, nuestra idiosincrasia nos ha marcado que siempre hagamos el “mínimo”. Si para acudir a Pekín hay que obtener un 7, nos esforzamos para obtener un 6.9 y esperar que la piedad nos jale y nos haga pasar “raspados”; por cierto, eso me recuerda cuando el Ministerio de Educación intentó, el año pasado, aumentar la calificación de promoción a 70 puntos, y los mismos estudiantes, padres de familias y profesores, protestaron, y la nota quedó en 60, justificando nuestra mediocridad.
El problema es que, a nivel local, el tuerto es rey, y mientras Guisela Morales alcanzó un récord nacional en Pekín, no sirvió ni siquiera para acceder a semifinales. Eso porque nuestro nivel (no sólo deportivo sino académico y laboral, entre otros), es muy bajo, a la hora de ir a competir a otras latitudes. Por ejemplo, las licenciaturas, las maestrías y los doctorados alcanzados en nuestras universidades, no son nada si buscamos trabajo en el exterior.
Mientras no cambiemos nuestra mentalidad, en eventos como los Juegos Olímpicos, sólo llegaremos a pasear, hacer el ridículo y ofrecer viajes gratis a lugares exóticos, como China, a directivos del olimpismo nacional (incluido los inmerecidos invitados).
Si participáramos en una competencia de mediocridad, para intentar ganar una de las tres medallas, seguramente quedaríamos en cuarto lugar.

Foto: Kevin Cordón se lamenta tras su derrota en Pekín.

miércoles, 6 de agosto de 2008

De anticristos, políticos y economistas


El viernes pasado José Luis de Jesús Miranda, más conocido como el Anticristo o Jesucristo en la Tierra, según sus simpatizantes o sus detractores, respectivamente, no logró entrar a nuestro país debido a que desde hace varios meses fue declarado non grato. Es sorprendente ver cómo funcionan nuestras autoridades migratorias, cuyos sistemas de alarma se despertaron para impedirle el ingreso, pero no funcionan para reconocer cuando algún funcionario nuestro huye con 82 millones de quetzales, o algo así. Ahora me explico por qué Migración no hace nada por nuestros migrantes en Estados Unidos, ya que están muy ocupados deteniendo cristos y dejando fugarse a los judas.
De acuerdo con las versiones oficiales las razones por las que se le denegaron la entrada al Anticristo fue porque éste despierta gran euforia entre sus seguidores, y los pobres policías ya tienen tantos problemas con masacres, con diputados salvadoreños o narcos mexicanos, que ya no podrían mantener el descontrol que provoca un mesías. Pese a esto, la justificación para la prohibición fue de carácter preventivo, para conservar el orden de común de las cosas, y no religioso, como muchos fanáticos creen.
Sin embargo, este es un nuevo ejemplo en que el discurso religioso vuelve a convertirse en una justificación del poder dominante, para conservar el status quo con relación a la política y la economía, lo cual no es la primera vez que se da, ni aquí en Guatemala ni en otra parte del mundo.
La simbiosis entre religión y poder es más añeja que la maña de remojar la champurrada en el café. Sin embargo, no deja de sorprender cómo se siguen juntando, para justificarse su hegemonía.
Desde tiempos medievales, los reyes necesitaban de la Iglesia para legitimar su poder, y la Iglesia necesitaba a los reyes para acrecentar su poderío económico.
Y, hasta hoy día, muchos ejemplos de religiosos que son extremadamente ricos, tal como un bien llamado “Cash” o un pastor ex aspirante a candidato presidencial; los lujos en templos, llámese Ciudad de Dios, Megafrater, La Merced o ese edificio de los testigos de Jehová de la zona 15, o las costosas misiones de mormones a tierras lejanas, para evadir la realidad nacional, son ejemplos de esa relación.
Hasta donde sé, el Anticristo no fue expulsado de El Salvador y Honduras por su ideología religiosa, sino porque había logrado supuestas estafas en propiedades inmuebles, tan así que de pronto se convirtió en uno de los hombres más ricos de San Salvador y Tegucigalpa, gracias a engaños basados en paraísos futuros, y tierras que emanan pisto y miel.
En Guatemala, el Anticristo y su impedimento para ingresar está marcado más por razones $$económicas$$ (es decir, que diputados, banqueros y cacifes dijeron “cabales”, cuando De Jesús Miranda preguntó ¿para dónde pateo? Al ver la chamusca neoliberal en Guatemala).
Es fácil imaginarse qué le habrá pasado a esa canasta que rebozaba panes y peces con la que se hizo el milagro de alimentar a 50 mil personas: alguien o varias personas, que se creían más listos, se la han de haber robado, y nos hemos quedado sin la posibilidad de dar de comer a desnutridos niños de La Unión, Zacapa, por mencionar a los más necesitados. Tal canasta fue atesorada al igual que la Gallina de los Huevos de Oro, y poco a poco nos hemos quedado sin recursos; ahora, cuando les mencionamos que debe haber reforma fiscal para que paguen impuestos por esos recursos, nos califican de obstaculizadores del desarrollo.
Religión y política, incluida la economía, siempre han sido lo mismo, salvo gustosas excepciones, amparadas a la luz de Concilios Vaticanos Segundos y dos que tres protestantes evangélicos.
¡Amén!

Fotografía tomada de www.megachapines.com

martes, 5 de agosto de 2008

Poesía sideral de Cristina Camacho Fahsen


Poesía sideral es una antología poética de Cristina Camacho Fahsen, que fue publicada en 1996 por la Editorial Artemis Edinter, en su colección “Ayer y hoy”.
Posee una selección de cuatro poemarios de Camacho Fahsen: Siderales (1963), Espacio (1979), Cosmoalma (1985) y Dimensión futura (1990), así como poemas que, hasta entonces, eran inéditos.

Clave cósmica
Esta poesía posee una clave especial, quizá única, en las letras guatemaltecas, y es que utiliza metáforas propias del mundo astronómico, al cual la autora es aficionada.
Lugares comunes en la poesía son las flores, los sentimientos, los besos, el cabello de la mujer, las manos de los hombres, Helena de Troya y Romeo y Julieta. Es por ello, como se señala en la contraportada de este libro, que la poesía de Camacho Fahsen es original.
Iniciando con puntos claves de la poesía personal, la autora ofrece su visión de sí misma a través de imágenes astronómicas:
Soy una galaxia nueva
(...)
y mi alma es éter que vibra
(...) en un alejarse del eje principal,
queriendo ir a las orillas del Universo (página 21)
Esta definición recuerda la idea de que el ser humano posee la complejidad psicológica suficiente para asegurar que puede ser considerado una verdadera galaxia de sentimientos.
En otra imagen, no tan grandiosa como una galaxia, la poeta nos refiere otra idea:
Soy el átomo que gira solitario
en el centro del cosmos (p. 45)
Una galaxia que se aleja del centro, y un átomo que se considera el centro, son dos imágenes, tan opuestas, pero que merecen ser consideradas como buenas definiciones poéticas del ser humano.

Dolor y amor
Por supuesto, no todo en la poesía de Camacho Fahsen es autodefinición de sí mismo, sino que también hay dolor, tal como se expresa en el poema “In memoriam”, escrito por la muerte de su madre:
Nunca creí
que el Sol estallara
(...)
¡Pero has muerto, Madre,
y el Universo tiembla con mi pena! (p. 24)
También en esas imágenes, que pueden parecer frías, hay espacio para la calidez y la sensualidad:
Dame una solitaria estrella
y multiplicaré firmamentos,
multiplicaré tu vida
junto a mi cuerpo (p. 30);
en estos versos, la multiplicación hace referencia a la reproducción humana. Asimismo, sucede en:
Nadie como tú
para descubrir lo que se oculta,
lo que se altera
con tu suave parecer de bruma
y te adentras en mí
rompiendo la fuerza dinámica
de nuestros signos planetarios,
te adueñas de mi doble mundo
con fuerza total, apasionada,
con tu suave identidad de arena... (p. 49)
Sin embargo, estas imágenes de dolor y sensualidad no son las que predominan, sino que es la evasión y el escape de la realidad son los temas centrales de estos poemas, como es el caso de “Sin regreso”:
Quiero que me lleves
donde no se hayan medido litorales
donde los pulsares callen
su rutinario parpadeo, donde no existan
elipses ni edades, ni desiertos
y quede secreta nuestra simbiosis espacial. (p. 29)

O en “Teletransportación y amor”:
Teletransportación
para largas distancias
y plena necesidad de amar.

Un toque del discado, un número y el abrazo

para pasar al clímax
llegará. (p. 69),
que refiere una evasión para salir de la soledad.

Mística
Habrá que tenerse en cuenta la relación espacial del proceso poético. La autora, aficionada a la astronomía, como ya se señaló, es posible que haya buscado inspiración hurgando en las estrellas con su telescopio, en su soledad aquí en la Tierra, buscando compañía en los astros.
He allí la clave de esta antología poética, pues estas reflexiones que surgen en la contemplación de los astros, tienden ya a una experiencia mística, que siente la compañía de los astros.
Y tú seguirás presente en mi soledad. (p. 13),
o se reconoce trascendental:
mi alma seguirá bogando
alrededor de un infinito sin nombre (p. 14),
y se reconoce en armonía con el Universo, incluso en su muerte:
Moriré bajo techo
de estrellas fugaces,
de rayos cósmicos, de tempestad. (p. 17)

Un misticismo que tiende al panteísmo personal:
Sacudiré mi mente
sobre cada átomo,
y así, yo disgregada,
seré parte de un todo.” (p. 11)

Ecopoesía
Pero, ¿por qué escribir en clave cósmica? La observación, y más aún, el respeto por la armonía del Universo, es tener respeto por el mundo y la naturaleza misma. En su poema “Escribo para ellos”, reside la clave de la anterior pregunta:
Escribo poemas
para generaciones futuras,
para vidas de otras épocas
y mutantes biónicos eternos
que se reirán de nosotros
porque creíamos en la muerte.

Escribo para ellos,
los del siglo veintiuno,
los testigos de días violentos,
seres con corazón de silicio
y lágrimas primitivas
al mismo tiempo. (p. 59)
En otras palabras, estos poemas de respeto por el cosmos es un mensaje ante el deterioro de nuestro entorno. De ahí, es que se ha señalado, según la contraportada del libro, que Camacho Fahsen es exponente de la llamada ecopoesía, es decir, poesía de la Tierra, actitud poética que va en favor de la conservación de nuestro planeta.
En su poema “Tierra 2059”, año que refiere como clave para nuestro planeta, según el poemario, se advierte que la actitud destructiva del ser humano se debe a una razón:
¡No quisieron los hombres
mirar hacia el firmamento! (p. 52)

O la advertencia en “Clonación”, que dice:
¡Qué curiosa misión urgente
tiene el hombre de crear
y destruir al mismo tiempo!” (p. 60)

FICHA TÉCNICA
Camacho Fahsen, Cristina. Poesía sideral. Antología. Guatemala: Artemis Edinter (Colección Ayer y Hoy), 1996. 93 páginas. ISBN: 84-89452-70-9. Precio aproximado: Q 13.45.

lunes, 4 de agosto de 2008

La vida rota de José María López Valdizón


La Editorial Cultura publicó y presentó en la Feria Internacional del Libro en Guatemala (Filgua) la reedición de "La vida rota", una compilación de cuentos del desaparecido forzosamente José María López Valdizón.

Con estos cuentos, López Valdizón ganó el Premio Casa de Las Américas, de La Habana, Cuba, en 1960. Pese a ello, el libro anteriormente era difícil de conseguir, ya que la primera edición había sido casi prohibida en Guatemala.

López Valdizón fue escritor en los años más crudos de la guerra interna en Guatemala. Debido a su actividad intelectual, fue forzosamente desaparecido en 1975, en la esquina de la parroquia La Recolección, en la zona 1 de la ciudad capital.

Como escritor, perteneció al a generación Saker-ti, es decir, esa agrupación de escritores, pintores e intelectuales que, a la luz de los gobiernos de la Revolución, se dedicaron a llevar el mensaje de modernización e igualdad a través de su arte.

Sin embargo, como ya se conoce la historia, la mayoría de los miembros de esta generación debió salir al exilio, ya que con la invasión de mercenarios de 1954, el terreno se volvió peligroso auspiciado por el fantasma anticomunista.

Pese a la peligrosidad, López Valdizón continuó por ciertos períodos en el país.
El grupo Saker-ti tenía por objetivo impulsar siete consignas, las cuales constan en su manifiesto inaugural. Las siete consignas, para resumir, era la aplicación de los ideales políticos y sociales del presidente Juan José Arévalo Bermejo.

Por la contrarrevolución, los intelectuales de Saker-ti encontraron en la poesía social y en el realismo crítico el campo de batalla; pese a la nobleza de estas posturas críticas, hay que señalar que en muchos casos, y no sólo en Guatemala, se reducían a panfletos políticos que ofrecían poca calidad estética.

En el caso de José María López Valdizón, y en especial en "La vida rota", que por mucho es su mejor libro, el libro no es un panfleto, sino que a través de una gran sensibilidad social, logra traducir el dolor de la pobreza, la muerte, el hambre, la locura, el alcoholismo, en fin, todos los problemas por los que pasaba el guatemalteco común y corriente durante los años sucios.

Es de resaltar que los cuentos de "La vida rota" gozan de un gran mérito, y es el factor sorpresa con el que López Valdizón golpea al lector en el final de cada relato.

Es, pues, la vida que gozan los personajes, pero de un momento a otro se rompe, para no volver. La vida es un aspecto positivo, como fórmula dentro de los cuentos, pero al final advierte el lector que no es así, que la vida se corta de tajo y sorprende.

Estas oposiciones, vida y muerte, son las constantes en los cuentos de este libro.

En el primer cuento, por ejemplo, "Mi niño nació difunto", tal vez el mejor del texto, se narra la historia de un padre que cuenta que su hijo se murió dentro del vientre de su esposa.

El oxímoron "nacer muerto" es un imposible, pero que adquiere sentido en este relato. No se puede nacer si se murió antes, por supuesto. Pero el dolor del no nacimiento de los hijos de unos padres que esperan con ansias por una vida nueva, es una de las mejores metáforas del libro.

"La vida rota", además, evoca las sensaciones y los sentimientos de la guerra interna. A lo largo de catorce relatos, López Valdizón logra describir una sociedad guatemalteca que se muere lentamente dentro de una guerra.