“Estoy de vuelta”, dijo un tipo que nunca fue a ninguna parte.
Joaquín Sabina
Ya regresé. No estaba muerto, sólo distraído, porque sólo cuando se está distraído, la vida pasa sin que te enteres. A veces es gracioso que, por buscarte, te pierdes más, como ese poema que escribiste, y que -¡la mala hora!- quisiste mejorar, y en realidad lo empeoraste.
Algunos, a la distracción, le llaman depresión. Sí, porque sólo deprimido te olvidas de lo bueno de los alrededores.
Y haces de todo para que todo aquello que fue siga siendo como era. “Todo tiempo pasado era mejor”, dirían las viejitas. “Por eso aún estoy en el lugar de siempre, en la misma ciudad y con la misma gente, para que tú al volver no encuentres nada extraño”, diría Juan Gabriel.
Dicen las malas lenguas que Ulises, cuando se reinstaló en Itaca, constantemente salía de viaje, porque necesitaba hallarse. Y lo creo, porque, no sé por qué maldita razón, siempre necesitamos estar en movimiento para ir detrás de algo que consideramos nuestro, pero que jamás hemos tenido.
Es de corazones aventureros largarse lejos, a buscarse; pero es de sabios retornar. Sin embargo, el retorno es traumático, porque todo aquello que añorábamos, seguramente ya no está ahí. La felicidad, según Homero, era un perro viejo tirado sobre excrementos.
Por eso creo que, más que salir en búsqueda de algo, en realidad estamos renunciando a todo. Decimos adiós constantemente, sin saber a qué, pero, más doloroso, sin saber a quién.
Es decir que somos lo que renunciamos. Nuestros adioses nos forman nuestro ánimo.
Como dije, estaba deprimido (distraído). Recuerdo cuando era más joven (porque todo tiempo pasado), para salir de un mal estado de ánimo, pegaba sobre las paredes de mi habitación las cosas que me hacían sentir bien: cartas de amor, sobre todo. Cada día, quitaba uno de estos detalles, que me hacían sentir bien, como para hacerme sentir bien cada día; al terminar la terapia, ya no necesitaría de nada de ello para sentirme bien.
¡Qué fácil era sentirse bien antes! Pero ahora, por más que lo intento, no podía recuperarme. Sólo, hasta que nos hartamos de buscar por otro lado, nos recordamos el punto en que todo se descompuso, como en El ángel exterminador, y regresamos; pero sólo para darnos cuenta de que muchas cosas ya no están, que se han ido.
Vivimos diciendo adioses, y no nos damos cuenta.
Y, por si ya no nos vemos (o leemos), adiós a vos también ;D