miércoles 16 de noviembre de 2011

Gracias a los soldados y no a los poetas


FOTO: Sandra Sebastián para Plaza Pública. http://plazapublica.com.gt/content/la-marcha-de-los-veteranos
Sí, gracias a los soldados, porque es por ellos que tenemos a este país. El pasado 13 de noviembre, militares retirados realizaron una caminata por la Avenida Reforma, con mensajes autocomplacientes, recordándonos, porque ¡oh ingrata memoria! no nos recordábamos de su labor realizada durante los años de la guerra.

Y es que no se sabe qué hubiese ocurrido si el país hubiera quedado en manos de los intelectuales y poetas, que, para más señas, son sinónimos de comunistas terroristas. ¡Quién sabe!, por ejemplo, a dónde hubiéramos ido a parar si se hubiera dejado al país desarrollarse libremente, con elecciones libres, con democracia.

Sólo imagine, si Otto René Castillo hubiera seguido publicando. ¡Qué barbaridades hubiera escrito! O Irma Flaquer, o Roberto Obregón, o Alaíde Foppa, o José María López Valdizón, o Luis de Lión, si aún vivieran. ¡Cuántos secuestros no hubieran ejecutado!, ellos solitos, con sus delicadas manos, que por la noche escribían poemas, y por las mañanas secuestraban a hijos de ministros, quienes se encontraban resguardados por dos o más guardaespaldas.

Por ello, gracias a Dios, y, por supuesto, también a esos héroes de la Patria, que el país está como está. No tenemos que envidiarle nada a nadie, salvo a Haití, pero a los carbieños ya casi los superamos. Gracias a los soldados, y no a los poetas, es que tenemos libertad, alimentos, transparencia y salud. Gracias a los militares, y no a los periodistas, es que yo hoy puedo hablar de frente, sin ironías ni sarcasmos.

miércoles 9 de noviembre de 2011

Recursividad


Reptiles, de Escher
El Presidente Electo luce orgulloso su sonrisa. Ahora es tiempo de relajarse, de desatarse la corbata naranja que le apretó la respiración durante la segunda vuelta, y aparecer en la conferencia de celebración del triunfo sin tener que guardar las apariencias y dirigirse a sus simpatizantes que, eufóricos, creen que ganaron también, sólo por haber votado por él.

Fue todo lo contrario hace cuatro años, cuando se quedó con las bandejas llenas de comida y boquitas, y las botellas sin descorchar en la habitación del hotel que habían arrendado para “celebrar”, y los grupos musicales sin poder pisar la tarima instalada frente a la casa de campaña, para recibir a los simpatizantes.

Hace cuatro años, la historia fue distinta. El entonces Presidente Electo –es decir, el Presidente actual- lucía orgulloso su sonrisa. Era el tiempo de relajarse, de desatarse la corbata verde que le apretó la respiración durante la segunda vuelta, y aparecer en la conferencia de celebración del triunfo sin tener que guardar las apariencias y dirigirse a sus simpatizantes que, eufóricos, creían que ganaban también, sólo por haber votado por él.

sábado 5 de noviembre de 2011

Presidentes literarios y literarizados


Manuel Estrada Cabrera ha sido el presidente más novelizado de la historia guatemalteca.
Este domingo estaremos eligiendo al nuevo presidente; los candidatos se han encargado de ofrecer lo que mejor les pareció para convencer a la mayor cantidad de votantes. La seguridad y el empleo fueron las dos áreas en que más destinaron sus discursos, ya que la mayoría se ve preocupada por estos ámbitos dentro del acontecer nacional. Sin embargo, para ser justos, hubo otras áreas en las que ellos y sus asesores han pasado por alto, quizá por desconocimiento, o porque consideran que no les hacen ganar votos.

Por ejemplo, el ámbito cultural, área que está contenida dentro del plan ejecutivo del Gobierno, por tener un ministerio encargado específicamente de la materia. El de Cultura y Deportes es sólo uno de las trece carteras del Organismo Ejecutivo, pero, al parecer, es una de las más olvidadas, incluso asignándoles menor presupuesto, lo que evidencia qué es lo que más llama la atención para los gobernantes.

Pese a ello, la relación presidencial con el mundo de la cultura y las artes no siempre ha estado divorciado del mandatario. A veces, la relación ha sido muy directa. Hablemos, por ejemplo, de la literatura, arte que ha tenido más relación directa con los mandatarios, y podremos observar que en ciertos momentos, cultura y poder, no siempre han estado divorciados.

INICIOS NACIONALES

La relación más directa entre literatura y mandatarios puede observarse en los inicios de la República. Quizá esto se deba al impacto directo de la educación de aquel entonces, en que los bachilleres y otros profesionales eran instruidos en el arte de la retórica, con lo cual fácilmente se relacionaban con el buen escribir.

En los tiempos previos y posteriores a la Independencia de España, se puede observar a dos figuras intelectuales que se hicieron notar, sobre todo, por las letras. Se trata de Pedro Molina (1777-1854), y de José Cecilio del Valle (1780-1834).

Molina fue miembro del triunvirato que mantuvo el poder entre julio y septiembre de 1823, y Jefe de Estado de Guatemala en dos ocasiones, en 1823, y la segunda entre 1829 y 1830; en ninguno de los dos casos, logró gobernar más de ocho meses.

Del Valle no fue presidente, pero sí ganó las elecciones de 1825, pero los aliados de su rival, Manuel José Arce y Fagoaga, lograron que se repitieran, dándole el triunfo en segunda vuelta a este último.

Ambos fueron las plumas visibles del debate “intelectual” que se produjo alrededor de la Independencia, aunque para muchos historiadores no se trató de un verdadero diálogo culto, sino de defensa de intereses económicos.

Del Valle, de pluma más refinada, fue el protagonista del Amigo de la Patria, periódico de tendencia conservadora, que inicialmente se negaba a la independencia, pero posteriormente pujaba por elecciones libres y por oponerse a la anexión a México. Molina era todo lo contrario.

De pluma más rústica, fue más prolífico en la producción, ya que de la misma forma publicó en El Editor Constitucional, que tras la Independencia pasó a llamarse El Genio de la Libertad, y se le recuerda por su libro titulado El Loco.

UN PRESIDENTE NOVELISTA

Antonio José de Irisarri (1786-1868) fue un guatemalteco que muy temprano en su vida (1809) se casó con una chilena, por lo que se afincó en el país sudamericano. Tuvo una destacada participación en la independencia de ese país; de hecho, por espacio de una semana (del 7 al 14 de marzo de 1814), tuvo que asumir como Director Supremo de Chile (jefatura del Estado chileno), en forma interina, mientras esperaba la llegada de Francisco de la Lastra.

Posteriormente, Irisarri se desempeñaría como diplomático guatemalteco en Nueva York, al ser embajador ante Estados Unidos entre 1855 y 1868, año de su muerte. Este “presidente chileno por un día” es considerado como el precurso de la novela centroamericana, con sus dos obras El cristiano errante (1847) y La historia del perínclito Epaminondas del Cauca (1867).