
El Mundial de Futbol es un evento mediático a nivel planetario. No hay otro evento que acapare tanto la atención, por lo que evadirlo es casi imposible. Los críticos del Mundial aducen que se trata de la reinvención del opio social, una nueva religión que acapara la atención, y que embrutece a la población. Sin más ni más, se le cataloga como un evento que estupidifica a la Humanidad, y que, en el mejor de los casos, los críticos lo clasifican como una reedición de las Guerras Mundiales, en donde el orgullo nacionalista es lo importante... ¡ah!, y correr detrás de un balón.
¿Me pregunto si algo bueno no saldrá de esto? Me parece que hasta entre los mismos amantes del futbol encuentran motivos de indignación durante el Mundial. Por ejemplo, el que quizá sea el más sonado. Es el partido entre Inglaterra y Alemania. Los teutones logran aventajar rápidamente en el marcador con dos goles, lo que les permitió refugiarse en su defensa.
Con dos goles en contra, casi desde el inicio del partido, los ingleses presionan y a fuerza de coraje logran descontar. Pocos, poquísimos, minutos después, un disparo desde fuera del área de Frank Lampard, volante inglés, pega en el travesaño, rebota atravesando la línea de gol, pero caprichosamente la pelota se sale.