jueves, 27 de diciembre de 2007

"Señores bajo los árboles" de Mario Roberto Morales


Con motivo de la entrega del Premio Nacional de Literatura "Miguel Ángel Asturias" 2007, otorgado al escritor guatemalteco Mario Roberto Morales, la Editorial Cultura publicó la "testinovela" "Señores bajo los árboles", como parte de la cuota del premio. "Señores bajo los árboles" fue definida por su mismo autor como "testinovela", un híbrido entre literatura testimonial y novela.
Esta clasificación, por sí misma, ha creado controversia. Sin embargo, en el prólogo del libro, Morales explica bien el sentido de este nombre.
Según comenta, esta testinovela recoge los testimonios reales de víctimas del conflicto armado interno; algunos relatos fueron recogidos personalmente por el autor, y otros fueron tomados de documentos de testimonios reales. Si Mario Roberto Morales hubiese transcrito literalmente los testimonios, hubiese resultado una literatura testimonial, como "Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia", relato de la Premio Nobel transcrito por Elízabeth Burgos.
Sin embargo, en la testinovela, el autor pone al servicio de la humanidad su capacidad de "hilar" los relatos; la construcción está ficcionalizada, pero el testimonio no.
Esto, aunque no parezca, es un mecanismo usual en los escritores. Es decir, de una historica verídica, se sigue una trama real, pero la construcción es ficticia. Por ejemplo, Stendhal, en "Rojo y negro", se inspiró en un juicio de un hombre que le disparó a su amante, y ficcionalizó todo el proceso que lo condujo hasta ese punto.
Hispanoamérica está llena de ejemplos de "testimonios", que se ficcionalizan tanto, que no parecen verídicos, empezando con las maravillosas cartas que Cristóbal Colón envió a los Reyes de España, describiendo las tierras y las aguas americanas.
Dentro de la literatura testimonial, por ejemplo, Miguel Barnet creó su novela "La canción de Rachel", el testimonio real de una vedette cubana a principios de siglo XX. Barnet inventó una fórmula: "He aquí lo que me contó y cómo después se lo conté a ella"; es decir, que utilizó su capacidad de escribir para ofrecer un texto más estético que el mismo relato.
Lo de Mario Roberto Morales, en "Señores bajo los árboles", es ejemplar. Los testimonios son impactantes. A través de ellos, se entiende el verdadero dolor de la gente durante la guerra. Además, mezcla parte de la cosmovisión maya-k'iche' para darle unidad a los relatos.
Como buen artesano de la palabra, utiliza varias estilizaciones de texto. Por ejemplo, algunas veces ofrece el testimonio como si fuera transcrito literalmente; hay una especie de guión de cine; hay manuales de kaibiles; hay relatos en primera persona; en tercera persona; hay un relato de un fantasma (al estilo de "Pedro Páramo" de Juan Rulfo), en fin, la capacidad creadora de Mario Roberto Morales no tuvo límites.
Pero, además de todo esto, lo realmente resaltante de "Señores bajo los árboles" es que en ella los personajes, que carecen de nombre y apellido porque pueden ser cualquiera de nosotros, no son completamente buenos ni completamente malos, tal como eran los personajes del "Pop Wuj".
De hecho, la imagen de los señores bajo los árboles es muy sugerente, pues a veces estos señores representan a los "brujos y chamanes" del pueblo. Otras veces son los soldados que custodiaban a las aldeas modelo; otras, los guerrilleros; otras las comunidades de pueblos en resistencia, que buscaron la protección de los árboles de las montañas para huir del Ejército; y otras veces eran los indígenas ahorcados de una rama por parte de los soldados.
Todos pueden representar a los señores bajo los árboles; de hecho, la novela presenta con mucha imparcialidad la visión de los diferentes grupos. Incluso, existe un personaje kaibil, Toribio de León, que fue reclutado a la fuerza, y cuyo testimonio también sirve para humanizar al Ejército, probablemente el grupo más difícil de presentar en una testinovela de esta naturaleza. La guerrilla también adquiere sus matices positivos y negativos.
Por esta razón, de equilibrar los matices de los diferentes grupos (menos de las víctimas, que siempre son presentadas como víctimas, sin menospreciar su heroísmo y su resistencia), "Señores bajo los árboles" mereció la censura, tanto de los grupos gubernamentales como de la izquierda guatemalteca del momento de la publicación, y en consecuencia el libro no tuvo tanta difusión, por lo que fue un verdadero acierto de la Editorial Cultura el reeditarlo.
Ahora que ya está cerca un nuevo aniversario de la Firma de la Paz, obras como éstas construyen realmente la paz. Existen otros testimonios del conflicto armado guatemalteco, tal vez más crudos o más veraces, pero "Señores bajo los árboles" es indispensable, además de ser un buen ejercicio estético. Sólo para no inundar de elogios esta testinovela, he de decir que algunos pasajes (dos o tres), por su complejidad textual, son un poco cansados para el lector, pero por la variedad de los relatos, rápidamente se recupera la amenidad.

1 comentario:

Filistea dijo...

Él era mi como ídolo, cuando yo coleccionaba la revista Tinamit, que cada vez que me acuerdo me enojo porque mi mamá me las tiró todas a la basura, porque según yo tenía un montón de basura bajo el colchón.

NO he leído ni un solo libro de él, y aquí dificilmente los podría conseguir pero con esta sinopsis, voy a pedirlo.

Eso de humanizar al ejercito me parece en 'cierta forma' bueno, creo que no todos entraron por su gusto, historias hasta risibles se cuentan.

Yo me sé una!.

Abrazos.