
sábado, 28 de junio de 2008
Un bonito mapa

Sin casaca
viernes, 27 de junio de 2008
¡¡¡Ya queremos pastel...!!!
El último post lo ingresé antes de iniciar las vacaciones. Y gracias a ellas, ni siquiera me percaté (lo cual considero positivo), que este blogsito, feo, mal emplasticado y sin que logre darle (¡mierda!) un verdadero objetivo, ya cumplió un año.
Agradezco realmente las visitas, porque si no quisiera que me leyeras me bastaría con escribir en un cuaderno de librería.
Pienso, pues, en el valor de los blogs y de la persistencia de centenares de escritores en Guatemala, que a través de estas ventanas sabemos que están echando punta a diario, y que no se siente satisfechos con dormirse en sus laureles y reeditar por tercera o cuarta vez su novelita.
Hace algunos meses, Mario Roberto Morales ingresó a la Academia Guatemalteca de la Lengua, criticando la pérdida de una cultura letrada... y en general, tiene razón. Sin embargo, a través de los blogs sabemos que hay muchos escritores que se esfuerzan, tal vez sin alardear tanto, en escribir casi cada día. Considero, de verdad, valioso, que alguien tome su tiempo para escribir y publicar en blogs, actividad que, en Guatemala, aún no genera dinero, pero si mantiene despierto el interés.
Considero que mucha de la literatura y del pensamiento está sucediendo a través de Internet, especialmente de los blogs; hemos repetido hasta el cansancio que la red de blogs alcanza para difundir, entre quienes se muestran interesados, el fluir de la escritura: más inmediato, más cercano y, también, más valiente, porque nos exponemos a los comentarios ofensivos, a veces sin razón.
Estoy escribiendo desordenado, sólo doy gracias a quienes leen y felicito a quienes tienen y alimentan constantemente su blog.
En la imagen, primer artículo publicado el 11 de junio del año pasado; no tenía esa apariencia, porque al menos la he cambiado unas tres veces.
sábado, 7 de junio de 2008
Oda al futbol
Todo empezó en un lejano siglo, cuyo número no deseo acordarme, en que los ingleses, en una de tantas invasiones, observaron a dos nativos jugar con una especie de pelota de hule, intentando encajarla en un pequeño marco de piedra. Los jugadores, a lo Hunahpu e Ixbalanque, eran muy hábiles, y podían jugar con las manos, la cabeza, la rodilla, la cadera...Y así, a lo largo de la historia, los equipos han encontrado diferentes formas de jugar, según la parte del cuerpo con que lo hacían.
De esa forma, los riñones se convirtieron en los primeros ganadores de los Mundiales, es decir, lo jugadores que jugaban con entrega, como la “Garra Charrúa” o la “Forza Azurra”. Pero todo acabó cuando los médicos de Uruguay e Italia diagnosticaron que era imposible ofrecer tantas diálisis a los jugadores, por lo que recomendaron ya no hacerlo así. El “Maracanazo” se convirtió en el último triunfo del riñón.
De esa cuenta, Pelé enseñó que la mejor forma de jugar es con el corazón. Tres mundiales no le fueron suficientes para demostrarlo. De esa cuenta, los canarinha le imprimieron alegría al futbol. Pero, el problema residía en que, una simple desilusión amorosa dejaba lesionado al corazón, y los jugadores, como Ronaldinho, veían bajar seriamente sus fichajes cuando se encontraban con el corazón hecho trizas.
Los alemanes, más fríos y lejanos a todo sentimentalismo, encargaron a Franz Beckenbauer una nueva forma de juego. Él explicó, en alemán, por supuesto, que la mejor forma era hacerlo con la cabeza. ¡Y vieran el éxito que tuvo! Entonces, el campo de juegos se convirtió, en realidad, en un tablero de ajedrez, o en una mesa de billar, al menos, y los jardineros de los estadios empezaron a esforzarse en la gramilla, hasta hacerles algunos diseños llamativos.
Pero la cabeza de la frialdad alemana fallaba en ciertos momentos. Por ejemplo, a la hora de los penales. ¡Cómo se dificultaba ejecutarlos con la cabeza! Normalmente, como Rudi Völler, tomaban envió desde medio campo, y dos metros antes del punto penal, se lanzaban de cabeza a fin de que dispararan con fuerza el balón; pero fallaban muchas veces. Por eso, a los equipos les dio por cerrarse en sus defensas y esperar el alargue a los tiros desde los once metros.
Otros jugadores han mostrado una mejor forma de jugar, como con el hígado, según Hristo Stoichkov, o con la mano, como Maradona. Lamentablemente, los ingleses sufrieron un gol con la ídem de Dios, y se esforzaron por llevar el caso ante la ONU, ya que las reglas del imperio, impuestas por ellos hace siglos, no podían ser quebrantadas por un mestizo latinoamericano.
Hoy día, se sabe que los mejores jugadores de futbol, no son los que juegan con los riñones, ni con el corazón, ni con los genitales; no, sino los que juegan con los pies, como Cristiano Ronaldo (después de la Eurocopa, introdúzcase, en el lugar de este último, al que fuera nombrado como el mejor jugador del torneo).
miércoles, 4 de junio de 2008
Llueve en el Infierno

Desde que el ser humano decidió trasladarse a las ciudades, dejando el lirismo del campo, poco o nada de belleza se puede encontrar en los paisajes urbanos, a pesar de lo mucho que se esfuercen los arquitectos. O, al menos, la belleza de la ciudad pasa inadvertida para el común de los mortales.
Por ejemplo, ¡oh maravilla!, ver la belleza en los ojos de las mujeres al salir de sus turnos de las maquilas; evocan la imagen de que es posible salir de los nueve círculos del Infierno, sorteando a los Kerberos coreanos que las explotaron durante horas. El sólo hecho de pensar en que pronto verán a sus familias, hace que la luz interna se les active y se les salga por la retina, sin importarles que todavía tienen que transitar por el Purgatorio de las dos o tres camionetas que deben tomar para llegar a casa.
Pero, otra forma de belleza que en los últimos días nos ha sorprendido, es la lluvia; la lluvia en la gran ciudad es un motivo para verla reflejada sobre el suelo. Los charcos impregnados sobre el asfalto son espejos que distorsionan los altos edificios, y los hacen ver lo lúgubres que son; son como ver la distorsión de la Tierrapaulita de Mulata de tal de Miguel Ángel Asturias.
Estos espejos de agua lucen tristes; lo gricáseo del día es sólo el marco para vernos reflejados con tristeza sobre los charcos. Y es que, precisamente, el invierno nos demuestra cómo somos. Nuestra ciudad de la Nueva Guatemala de la Asunción, refleja una imagen distinta a “Tú eres la ciudad”.
Gente con temor en los asentamientos, ya que en cualquier momento pueden rodar, con todo y casa, hasta el fondo de un río de desagüe que ha crecido por la lluvia.
La moda que lucíamos en la pasarela de la Primavera/Verano se quedó guardada en la casa, porque la lluvia, los charcos y los automovilistas sin escrúpulos que mojan a los transeúntes, hace casi imposible que nos enmascaremos con nuestras ropas de Yves Saint Laurent (qepd) o de Bullocks.
En el asfalto, los vehículos deben sortear los cráteres en constante erupción de lodo y agua empozada, para evitar que, en cualquier momento, el automotor se quede varado en plena ciudad, desconsolados, mientras el cielo llora por nosotros, al ver la poca solidaridad de la gente que, en lugar de ayudarte, te bocina porque es un pecado mortal que tu carro te falle.
La lluvia nos refleja como la ciudad esperpéntica que somos; el invierno es poético, pero muy triste, y cualquier persona, con un poco de sensibilidad, camina con la espalda curveada y la cabeza gacha, bajo la lluvia, recriminándose el olvido, ese día, del paraguas.
Y, mientras tanto, en el campo, que aún conserva toda su poesía en sus verdes paisajes, se ve cómo un pequeño chipi chipi se convierte en un alud, y obliga a trasladar a las personas a albergues, para que escuchen caer la lluvia en techo ajeno, lejos de toda esperanza de cambio, a pesar de que el Gobierno baje los aranceles, pensando en que de esa manera nuestro pueblo tendrá qué comer.
La lluvia nos encuentra así: desnudos, demoralizados, temerosos, hambrientos y con una ciudad construida con base en los barrancos que no son capaces de mirar para arriba e intentar salir de uno de los círculos del Infierno.