sábado, 28 de junio de 2008

Un bonito mapa


Cuando miraba las primeras veces el mapa, me imaginaba que el punto grande sobre Guatemala, era yo mismo, ingresando decenas de veces al día al diarioparanoico. Cuando vi uno en El Salvador, lo consideré normal.

Poco a poco, me fui asustando de que la hilera de puntos se fuera desperdigando por América, como si fuera una columna vertebral, y luego por sus ramificaciones. Los comentarios en portugués, provenientes de Brasil, me llenaron de temor, de verdad.

Me imagino quiénes son esos chilenos, o venezolanos, o mexicanos, o canadienses; incluso los estadounidenses. Me ilusiono con ese pequeño punto de Cuba. De España, podríamos considerarlo, si se quiere, normal. ¿Pero de Canarias? Después, Europa, no sería mucha sorpresa; ¿pero quién en los Balcanes? ¿Y en Ucrania (creo)? ¿China, India, Japón, Australia?

Bueno, todo cabe en lo posible, incluso un teclazo mal dado en el Pacífico Sur.

Pero de eso a pensar que es posible en Galápagos y en esos islotes frente a Madagascar. Y el que realmente me intriga es ese punto en medio del Pacífico; ¿Gilligan?

Disculpen la pedantería. (deberían ver éste)

Sin casaca

Un poco tarde, pero llega...


Sin casaca es el reciente libro que fuera publicado por el Centro Cultural de España en Guatemala, cuya organización y edición se debe al poeta guatemalteco Alan Mills. Este texto está compuesto por 29 relatos más o menos breves, de diferentes autores guatemaltecos.

El procedimiento de selección incluyó a, por lo menos, 70 escritores que mantienen cierta vigencia y producción textual en el medio nacional; de ellos, 28 aceptaron la convocatoria. Pese a la amplitud de la convocatoria, Mills aceptaría que el rango de posibles participantes era, en realidad, mayor, pero por la prisa no se pudo convocar a más.

La compilación, realizada a manera de experimento, consistía en relatos cortos, para rendir homenaje a este género que ejerció con maestría Augusto Monterroso. El título de la compilación, Sin casaca, pretendía capturar historias escuchadas (o leídas) en alguna parte por los participantes, para lo cual como condición se debía identificar al emisor de la historia. No importaba cómo, quién, cuándo o de qué forma el escritor la haya conocido, sólo bastaba referirlo.

Ello restringía un poco la creación; pero al leer estos relatos, no lo fue tanto. La literatura casi siempre refleja la vida, y los escritores usualmente se inspiran en la vida real o en las historias escuchadas para crear sus textos.

La historia referida debía ser real, pero la técnica y los detalles podían ser libres. El hecho de ser Sin casaca, refería a una frase común entre los guatemaltecos y guatemaltecas, que, cuando cuentan alguna historia difícil de creer, dicen "sin casaca, mano; a lo mero macho", para que el oyente crea.

Obviamente, la historia transcrita podía ser una gran mentira; la única condición: identificar al emisor, condición que se dio en la mayoría de estos relatos. Sí, sólo en la mayoría, porque hay dos o tres relatos que no cumplen esta condición y fantasearon con la historia y no ofrecieron un emisor real.

El libro está dividido en siete secciones, con sendas alusiones a bebidas espirituosas, debido a que "con los tragos la casaca fluye que es gusto...", según refiere en las palabras explicativas al texto de Alan Mills.

Y es que cada sección, con su respectiva bebida, agrupa según el estilo o la tendencia a los autores. En la primera sección, "Boj", se encuentran cuatro relatos que aluden a estructuras narrativas tradicionales. En el segundo, "Caldo de frutas, mi amor", refiere sólo un cuento de Lucía Escobar, "Gitanos en el cementerio", que refiere a una historia de Quetzaltenango, por lo que la referencia a la bebida fermentada es ideal.

La tercera, "Pasame un octavo de indita, vos, cerote", por la misma alusión revela nueve relatos, los más innovadores y agresivos, en cuanto al léxico utilizado, la historia (la mayoría con referencias sexuales) y la misma estructura del cuento.

La cuarta, "Un ron a su salud, compañeros", comparativamente, es opuesta a la sección anterior, porque vuelve a las estructuras más o menos tradicionales; los siete relatos de esta sección están unidos porque la mayoría cuenta con emisores de la tercera edad, por lo que el tono se vuelve más melancólico y hasta moralista.

La quinta sección, "Unas frías para el camino", refiere sólo un cuento, el de Julio Serrano, titulado "Chófer, chófer, más velocidad", que fue escuchado en el transcurso de un viaje de Quetzaltenango a la capital (de ahí el título de la sección y del cuento).La sexta sección, "Un traguito de cusha y hasta ver a Cristo...", refiere relatos vertiginosos, con técnicas e historias cercanas a un "neosurrealismo", pues buscan el efecto sensorial superior. La última sección, "...Y rompope", revelan a los últimos dos escritores.

De la colección, sobresalen los cuentos de la sección "Pasame un octavo...", por la trasgresión y por la historia que cuentan. Ésas sí, después de relatarlas, es necesario decir: "sin casaca, mano, te lo digo a lo macho", porque son asombrosas, pero sin duda creíbles, sobre todo en esta Guatemala.

Merece mención especial el cuento "Perros violadores siembran el terror en barrios del Centro Histórico", de Javier Payeras, ya que retoma una noticia leída en el semanario La Extra, y que el participante de Sin casaca lo transforma hasta crear una historia jocosa y estilizada sobre el estilo periodístico tradicional en Guatemala.

Otro cuento resaltante es el ya aludido "Chófer, chófer...", de Julio Serrano, por incluir nuevas técnicas narrativas. Refiere el autor que la historia fue relatada en dos momentos: una oral, durante el viaje en camioneta, y la segunda parte, en un chat de Internet; ambas partes se unieron, pero el escritor fue lo suficientemente hábil para ensamblar dos técnicas dentro del cuento.

El texto fue distribuido gratuitamente por el Centro Cultural de España; no sé si aún tengan en existencia.

viernes, 27 de junio de 2008

¡¡¡Ya queremos pastel...!!!

Después de un corto período de vacaciones laborales, en el que no me pude liberar de algunas responsabilidades, pero sí del estrés, lamento que én ese descanso también me haya olvidado de este blog, que de vez en cuando miraba sólo para ver que seguía ahí, como el dinosaurio.





El último post lo ingresé antes de iniciar las vacaciones. Y gracias a ellas, ni siquiera me percaté (lo cual considero positivo), que este blogsito, feo, mal emplasticado y sin que logre darle (¡mierda!) un verdadero objetivo, ya cumplió un año.





Agradezco realmente las visitas, porque si no quisiera que me leyeras me bastaría con escribir en un cuaderno de librería.





Pienso, pues, en el valor de los blogs y de la persistencia de centenares de escritores en Guatemala, que a través de estas ventanas sabemos que están echando punta a diario, y que no se siente satisfechos con dormirse en sus laureles y reeditar por tercera o cuarta vez su novelita.





Hace algunos meses, Mario Roberto Morales ingresó a la Academia Guatemalteca de la Lengua, criticando la pérdida de una cultura letrada... y en general, tiene razón. Sin embargo, a través de los blogs sabemos que hay muchos escritores que se esfuerzan, tal vez sin alardear tanto, en escribir casi cada día. Considero, de verdad, valioso, que alguien tome su tiempo para escribir y publicar en blogs, actividad que, en Guatemala, aún no genera dinero, pero si mantiene despierto el interés.





Considero que mucha de la literatura y del pensamiento está sucediendo a través de Internet, especialmente de los blogs; hemos repetido hasta el cansancio que la red de blogs alcanza para difundir, entre quienes se muestran interesados, el fluir de la escritura: más inmediato, más cercano y, también, más valiente, porque nos exponemos a los comentarios ofensivos, a veces sin razón.





Estoy escribiendo desordenado, sólo doy gracias a quienes leen y felicito a quienes tienen y alimentan constantemente su blog.





En la imagen, primer artículo publicado el 11 de junio del año pasado; no tenía esa apariencia, porque al menos la he cambiado unas tres veces.

sábado, 7 de junio de 2008

Oda al futbol

Todo empezó en un lejano siglo, cuyo número no deseo acordarme, en que los ingleses, en una de tantas invasiones, observaron a dos nativos jugar con una especie de pelota de hule, intentando encajarla en un pequeño marco de piedra. Los jugadores, a lo Hunahpu e Ixbalanque, eran muy hábiles, y podían jugar con las manos, la cabeza, la rodilla, la cadera...
Los ingleses, más listos, dijeron que ellos habían inventado el futbol cuando vieron que éste tuvo éxito, sobre todo en los Mundiales. Sin embargo, los ingleses le hicieron la variante de que, como todo lo hacen a patadas, establecieron que no podía jugarse con las manos.
Y así, a lo largo de la historia, los equipos han encontrado diferentes formas de jugar, según la parte del cuerpo con que lo hacían.
De esa forma, los riñones se convirtieron en los primeros ganadores de los Mundiales, es decir, lo jugadores que jugaban con entrega, como la “Garra Charrúa” o la “Forza Azurra”. Pero todo acabó cuando los médicos de Uruguay e Italia diagnosticaron que era imposible ofrecer tantas diálisis a los jugadores, por lo que recomendaron ya no hacerlo así. El “Maracanazo” se convirtió en el último triunfo del riñón.
De esa cuenta, Pelé enseñó que la mejor forma de jugar es con el corazón. Tres mundiales no le fueron suficientes para demostrarlo. De esa cuenta, los canarinha le imprimieron alegría al futbol. Pero, el problema residía en que, una simple desilusión amorosa dejaba lesionado al corazón, y los jugadores, como Ronaldinho, veían bajar seriamente sus fichajes cuando se encontraban con el corazón hecho trizas.
Los alemanes, más fríos y lejanos a todo sentimentalismo, encargaron a Franz Beckenbauer una nueva forma de juego. Él explicó, en alemán, por supuesto, que la mejor forma era hacerlo con la cabeza. ¡Y vieran el éxito que tuvo! Entonces, el campo de juegos se convirtió, en realidad, en un tablero de ajedrez, o en una mesa de billar, al menos, y los jardineros de los estadios empezaron a esforzarse en la gramilla, hasta hacerles algunos diseños llamativos.
Pero la cabeza de la frialdad alemana fallaba en ciertos momentos. Por ejemplo, a la hora de los penales. ¡Cómo se dificultaba ejecutarlos con la cabeza! Normalmente, como Rudi Völler, tomaban envió desde medio campo, y dos metros antes del punto penal, se lanzaban de cabeza a fin de que dispararan con fuerza el balón; pero fallaban muchas veces. Por eso, a los equipos les dio por cerrarse en sus defensas y esperar el alargue a los tiros desde los once metros.
Otros jugadores han mostrado una mejor forma de jugar, como con el hígado, según Hristo Stoichkov, o con la mano, como Maradona. Lamentablemente, los ingleses sufrieron un gol con la ídem de Dios, y se esforzaron por llevar el caso ante la ONU, ya que las reglas del imperio, impuestas por ellos hace siglos, no podían ser quebrantadas por un mestizo latinoamericano.
Hoy día, se sabe que los mejores jugadores de futbol, no son los que juegan con los riñones, ni con el corazón, ni con los genitales; no, sino los que juegan con los pies, como Cristiano Ronaldo (después de la Eurocopa, introdúzcase, en el lugar de este último, al que fuera nombrado como el mejor jugador del torneo).

miércoles, 4 de junio de 2008

Llueve en el Infierno


Desde que el ser humano decidió trasladarse a las ciudades, dejando el lirismo del campo, poco o nada de belleza se puede encontrar en los paisajes urbanos, a pesar de lo mucho que se esfuercen los arquitectos. O, al menos, la belleza de la ciudad pasa inadvertida para el común de los mortales.

Por ejemplo, ¡oh maravilla!, ver la belleza en los ojos de las mujeres al salir de sus turnos de las maquilas; evocan la imagen de que es posible salir de los nueve círculos del Infierno, sorteando a los Kerberos coreanos que las explotaron durante horas. El sólo hecho de pensar en que pronto verán a sus familias, hace que la luz interna se les active y se les salga por la retina, sin importarles que todavía tienen que transitar por el Purgatorio de las dos o tres camionetas que deben tomar para llegar a casa.

Pero, otra forma de belleza que en los últimos días nos ha sorprendido, es la lluvia; la lluvia en la gran ciudad es un motivo para verla reflejada sobre el suelo. Los charcos impregnados sobre el asfalto son espejos que distorsionan los altos edificios, y los hacen ver lo lúgubres que son; son como ver la distorsión de la Tierrapaulita de Mulata de tal de Miguel Ángel Asturias.

Estos espejos de agua lucen tristes; lo gricáseo del día es sólo el marco para vernos reflejados con tristeza sobre los charcos. Y es que, precisamente, el invierno nos demuestra cómo somos. Nuestra ciudad de la Nueva Guatemala de la Asunción, refleja una imagen distinta a “Tú eres la ciudad”.

Gente con temor en los asentamientos, ya que en cualquier momento pueden rodar, con todo y casa, hasta el fondo de un río de desagüe que ha crecido por la lluvia.

La moda que lucíamos en la pasarela de la Primavera/Verano se quedó guardada en la casa, porque la lluvia, los charcos y los automovilistas sin escrúpulos que mojan a los transeúntes, hace casi imposible que nos enmascaremos con nuestras ropas de Yves Saint Laurent (qepd) o de Bullocks.

En el asfalto, los vehículos deben sortear los cráteres en constante erupción de lodo y agua empozada, para evitar que, en cualquier momento, el automotor se quede varado en plena ciudad, desconsolados, mientras el cielo llora por nosotros, al ver la poca solidaridad de la gente que, en lugar de ayudarte, te bocina porque es un pecado mortal que tu carro te falle.

La lluvia nos refleja como la ciudad esperpéntica que somos; el invierno es poético, pero muy triste, y cualquier persona, con un poco de sensibilidad, camina con la espalda curveada y la cabeza gacha, bajo la lluvia, recriminándose el olvido, ese día, del paraguas.

Y, mientras tanto, en el campo, que aún conserva toda su poesía en sus verdes paisajes, se ve cómo un pequeño chipi chipi se convierte en un alud, y obliga a trasladar a las personas a albergues, para que escuchen caer la lluvia en techo ajeno, lejos de toda esperanza de cambio, a pesar de que el Gobierno baje los aranceles, pensando en que de esa manera nuestro pueblo tendrá qué comer.

La lluvia nos encuentra así: desnudos, demoralizados, temerosos, hambrientos y con una ciudad construida con base en los barrancos que no son capaces de mirar para arriba e intentar salir de uno de los círculos del Infierno.