miércoles, 8 de julio de 2009

Sobre Premios Literarios


El reciente anuncio del Premio Nacional de Literatura “Miguel Ángel Asturias” 2009 para Gerardo Guinea Diez, me ha traído a la mente el eterno tema de los premios literarios, que siempre crearán controversia, sobre todo entre los mismos concursantes.


En primer lugar, creo que la percepción casi generalizada sobre los premios literarios (cualquiera que sea) es que alguien dará un golpe de suerte, pero lo más chilero, es que lo dará de zopetón.


¡¿Quién no quisiera ganarse el Premio Alfaguara, sobre todo por el monto en efectivo!?


Pero alejándonos un poco del contexto que se da en algunos (o más bien muchos) premios literarios, hay que reflexionar sobre ellos un poco.


Sí, es cierto, un premio literario te puede dar mucho dinero en efectivo, casi instantáneamente. Pero cuando vemos que la obra ganadora -de un concurso prestigioso, por supuesto- llevó como proceso cinco o hasta diez años de escritura, uno empieza a hacer cuentas, y a veces el monto es justo, y pocas veces más que justo.


Ganarse un premio de 2 mil dólares, por ejemplo, para un novela o poemario que tardó en salir al menos un año, las cuentas ya no salen mensualmente.


Pocos premios resultan ser súper remunerados, como el Premio Alfaguara, que da 175 mil dólares, pero las novelas concursantes a veces son procesos de más de cinco años, lo cual desestima a cualquier aficionado.


A la larga, los premios literarios es una especie de compensación entre el monto, el jurado calificador y las obras ganadoras. Todo ello debe conjugarse para que, de a poco, empiece a ser -o mantenga su status de- prestigioso.


Por eso, muchos premios hoy son y mañana serán pasto que se queman en un horno, y lo peor, que quienes ganan premios desprestigiados -o descontinuados- ya no pueden utilizarlo en su palmarés.


EL MONTO


Pero, vamos de a poco. Por ejemplo, analicemos el monto de los premios. Si un premio ofrece un áccesit de 50 mil al ganador, y se indica que, además, sirve como adelanto a los derechos de autor, entonces, en realidad, no están premiando una obra, sino que están pagando estos derechos, e intentarán potenciar las ventas del libro ganador con un cintillo en la portada que indique que fue “Ganador del Premio (Nacional, Centroamericano, Mesoamericano, Latinoamericano, etc.) de tal y tal”.


Claro, que esto es mucho mejor que llevar el manuscrito a una editorial, que a la larga no va a dar las regalías de las impresiones (y las invisibles reimpresiones).


Creo, pues, que el premio debe ser otorgado sin la condición de obligatoriedad de ceder los derechos de autor, los cuales deberían ser negociados, sobre todo en torno a temas de regalías y reediciones. Esto exceptúa los casos cuando son editoriales quienes convocan al premio (como Alfaguara, Seix Barral, Anagrama). Pero en el caso de Guatemala, ninguna editorial ha mantenido una convocatoria anual, pero muchos premios sí ofrecen la impresión como parte de la dotación.


EL JURADO


En torno al jurado, es una de las variables que más desprestigia a un premio. En primer lugar, como casi siempre se sientan en las bases, los jurados deben ser de reconocido prestigio, y eso es un aspecto muy difícil, porque este “prestigio” muchas veces es una variable demasiado subjetiva; así que la obligación del Comité Organizador del premio debe ser siempre escoger un jurado idóneo.


Si es premiación de poesía, entonces convocar a poetas. Si es novela, novelistas. Además de que cada quien en su rama, se deben escoger criterios dispares, para que haya una discusión para otorgar al premio.


Asimismo, considero que las premiaciones deberían dar a conocer los criterios de los jurados, y en los casos en que la unanimidad no sea una condición, se debería dar a conocer qué jurado estuvo a favor, y quién en contra.


El Premio Mesoamericano de Poesía Luis Cardoza y Aragón establece, entre sus normativas, que no necesariamente debe haber consenso entre el jurado; sin embargo, de poco sirve eso, si no dan a conocer el resultado de la votación.


Todo ello con la finalidad de la transparencia. Yo me imagino que todo esto debe ser igual a la tan mentada, hoy día, Ley de Comisiones Postuladoras, iniciativa que obliga a ser totalmente transparentes, ya que son puestos públicos.


Asimismo, sobre todo cuando el premio es convocado por una o varias instituciones estatales, es obligatorio que todo sea transparente, porque al fin de cuentas es dinero público, y es fácil que pueda ser regalado a cualquiera sin más ni más.


Por ello, también es importante que los jurados sean ajenos a la comunidad literaria potencial que participe, para que no haya malintepretaciones con compadrazgos, clientilismos y amiguismos. Ayuda, en parte, la solicitud de los pseudónimos, aunque la mayoría de concursos ya están optando para que ya no haya esto, a fin de evitar “suertazos” increíbles. Es mejor, pues, que si un jurado, por casualidad, tiene conflictos de intereses, se abstenga de participar en la elección.


LAS OBRAS GANADORAS


¿Qué mayor prestigio para un premio escoger a una buena obra? No digo que la mejor, porque ello puede tener diferente criterio. Sin embargo, se da el caso que quien resulta ganador no tiene la suficiente calidad, y eso demerita a la larga al Premio.


OTRAS OPCIONES PARA LOS PREMIOS


Un premio literario puede servir para diferentes opciones. Puede ser para interesar a escritores inéditos, y así hacerlos entrar a un nivel más profesional.


También para descubrir -más que autores- obras literarias, que se agarren del empuje que tiene el prestigio del premio y así proyectar más a un autor, séase inédito o no.


Así como el Premio Nacional de Literatura, básicamente está galardonando a un escritor consumado, que aunque aún siga publicando, es de suponer que el grueso de su obra ya fue publicada anteriormente. Es decir, es el premio a una carrera (por lo cual, es muy poco dar 50 mil quetzales por toda su obra).


Pero de esa misma forma, un Estado debe propiciar otro tipo de galardones, y no sólo premios para escritores consumados. Por ejemplo, un premio anual a la mejor obra de un autor inédito; la mejor novela o poemario publicado a lo largo de un año (como el Premio Rómulo Gallegos, de Venezuela); también buscar premiar todas las disciplinas literarias (texto dramático, ensayo literario, crónica, aforismos, periodismo literario, etc.).


Por ejemplo, Léster Oliveros me comentaba que en Francia hay una especie de premio que le es otorgado a un escritor con cierta trayectoria, pero que ya se ha quedado desfinanciado; esas opciones también son válidas.


Además de premios, también es deseable otorgar becas para que alguien pueda dedicarse a un tiempo para escribir un texto, así como financiar proyectos, como investigaciones hemerográficas, estudios literarios, instituciones de crítica literaria y personas que se dediquen a la traducción a las más diversas lenguas.


Asimismo, convocar a escritores para enviar sus obras, las cuales puedan ser publicadas gratuitamente en editoriales estatales (o privadas con financiamiento estatal), con una apertura clara de cuántas plazas se otorgarán; es decir, como un premio, pero sin monto en metálico.


Ello también podría ser factible para grupos de teatro, que podrían presentar sus propuestas de puesta en escena, para que sean financiadas por el Estado, y que luego fueran presentadas con entrada libre durante una temporada (como ocurría con el teatro en la Grecia clásica).


En fin, creo que bien manejado el tema de los premios y concursos literarios, es ventajoso para la literatura de un país. Pero si los premios están amañados, en vez de ayudar, la calidad literaria se resiente.


Creo, también, en el ámbito personal, que un premio literario también sirve de motivación para un escritor y apretarse el cinturón para terminar una obra; a la larga, pudiera no ser premiada, pero podría estar lista para presentarse a editoriales y esperar a que publiquen el texto.


¿QUÉ OPCIONES HAY?


Si tomamos en cuenta las decenas de convocatorias que hay en municipios para participar en los Juegos Florales (de poesía, casi siempre), podríamos decir que hay muchas opciones para presentar en concursos literarios.


Sin embargo, a veces los montos monetarios no son atractivos, o bien el premio no goza del suficiente prestigio.


A riesgo de pecar de ignorante y dejar afuera un premio prestigioso (o incluir un premio no tan prestigioso), ofrezco una lista de opciones que los escritores inéditos, y otros que tengan alguna obra publicada, puedan participar y gozar los beneficios de los premios:


En Guatemala

  • * Premio Centroamericano Monteforte Toledo (aunque creo que es mejor esperar la modalidad de novela, que será hasta el 2010; este año convoca cuento).
  • * Premio Mesoamericano de Poesía Luis Cardoza y Aragón
  • * II Premio de Novela Corta Luis de Lión (que dejó de convocar hace mucho tiempo, pero que se retoma este año)
  • * Juegos Florales Hispanoamericanos de Quetzaltenango, en modalidades de cuento, poesía y texto dramático (aunque ha perdido un poco de calidad, aún goza de cierto prestigio, aunque sus resultados no son mediatizados)
  • * Premio Único 15 de Septiembre (a veces convoca a concursos literarios, aunque el año pasado fue para músicos)


En el extranjero

  • * En Editorial Alfaguara: premio de novela
  • * En Editorial Anagrama: premio de novela y de ensayo especulativo
  • * En Editorial Seix Barral: premio de novela de bolsillo
  • * En Radio Francia Internacional: para cuento y poesía, usualmente


Valga decir que estos últimos también requieren una inversión para el envío, que debe considerarse, además de que la calidad literaria de los jurados y los ganadores es mayor.


Quizá más tarde tenga un tiempito para incluir algunos links permanentes para que conozcan las bases de estos concursos.


Si conocen otro que crean que deba estar, o si adversan a uno de éstos, coméntenlo.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Tenés razón con lo que comentás sobre los juegos florales. Muchos escritores 'consagrados' se refieren a los demás como "escritores de juegos florales" en tono despectivo.
Pero de verdad que sí hay que tener vocación para dedicarse o querer sobrevivir escribiendo. Mucha suerte para quien la tenga.

Saludos

Lester Oliveros dijo...

Mario, mientras leia tu texto, recordaba lo que dijo Maurice sobre los premios, lo que dijo Francisco alejandro Mendez (que por cierto era igual a lo que decias sobre el monto de una obra), lo que dijo Ak´abal, lo que me dijo alguna vez Julio Calvo (que por cierto, es mi amigo, y ese premio si lo sacó del anonimato), pero me gustaria irme con el rey de los premios: El Nobel, en unas notas de prensa, se dice que el jurado de la academis sueca juega a los dados una noche, echando suertes para saber el nombre del ganador; que el premio esta avalado por minas en Sudafrica donde, esta de más decirlo, la explotación es evidente, para estos tiempos los premios son un absurdo pago de la humanidad a un solo hombre que empujo con todo para que la masa avanzara un milimetro. saludos amigo.

Mario Cordero dijo...

ANÓNIMO: Pues, sí, para vivir escribiendo hay que tener vocación, aunque eso yo lo aceptaría para cualquier vocación. En realidad, creo que el mundo actual tiene una seria crisis vocacional, en donde la mayoría de personas deciden qué hacer con su vida, pensando -no con el corazón- sino con el estómago.

Quiero decir que, por ejemplo, acá en Guatemala, la mayoría de estudiantes eligen estudiar para Perito Contador, o Secretariado, o Magisterio, porque son profesiones que pronto le darán un cartón para hacerlo efectivo.

En la universidad, también se ve el fenómeno; las carreras más populosas son Ingeniería (sobre todo Civil e Industrial), Contador Público y Auditor, y Derecho; supongo que la elección es porque muchos piensan con el estómago, y creen que esas carreras les procurarán un porvenir económicamente holgado.

Sin embargo, cuando ven que no tienen vocación, se dan cuenta que ejercen con mediocridad y no logran obtener un salario acorde a sus necesidades.

Creo, en fin, que es mejor seguir uno con su vocación, aunque se considere que no es bien remunerado. Al final de cuentas, sólo haciendo lo que a uno le gusta se puede lograr el éxito; se ejerce el oficio de una forma aceptable, y ello conlleva a remuneraciones más acordes a lo justo.

Y, por supuesto, esto también es lo que rige a quien cree que tiene oficio para la literatura.

LESTER: el Comité del Premio Nobel creo que sí es un bastante subjetivo para conceder el galardón, aunque dudo mucho que sea jugando a los dados. El Nobel se consigue haciendo un fuerte lobby en Estocolmo, y es difícil ser tomado en cuenta. El Comité, además, ha demostrado ser bastante prejuicioso, y lo ha demostrado con comentarios que han hecho, sobre todo el vocero, sobre la literatura árabe, latinoamericana y estadounidense. No es sorprendente, pues, que los últimos premiados sean europeos, o marginales europeizados.

No comprendí bien lo que quisiste escribir más abajo, pero al final de cuentas, creo que el monto de los premios, a la larga, es muy bajo con respecto a lo que están premiando, salvo excepciones como el Nobel y el Alfaguara, que dan una cuota más que aceptable.

Pero me parece más absurdo lo que se paga por Cristiano Ronaldo, o lo que ganan en bonos los gerentes de los bancos que se declararon en bancarrota el año pasado. Si hablamos de injusticia y de explotación, creo que esos casos son alarmantes.

Anónimo dijo...

Mario Cordero,

Estoy de acuerdo con vos, pero en el caso de los escritores, con muchos artistas en general, es que optan por ser, por ejemplo, mediocres contadores, ingenieros, etc. porque la profesión sencillamente no da para comer. He conocido algunos patojos que pudieron haber sido buenos novelistas pero que renunciaron por falta de estímulo, no solo económico. Incluso, y disculpá la tonta comparación, conocí a un tipo que pudo ser un gran político pero que hoy vive paseando perros o lavando trastos en USA.

Siempre es un gusto leer tu blog.