viernes, 28 de agosto de 2009

Pequeños adioses

“Estoy de vuelta”, dijo un tipo que nunca fue a ninguna parte.

Joaquín Sabina



Ya regresé. No estaba muerto, sólo distraído, porque sólo cuando se está distraído, la vida pasa sin que te enteres. A veces es gracioso que, por buscarte, te pierdes más, como ese poema que escribiste, y que -¡la mala hora!- quisiste mejorar, y en realidad lo empeoraste.


Algunos, a la distracción, le llaman depresión. Sí, porque sólo deprimido te olvidas de lo bueno de los alrededores.


Y haces de todo para que todo aquello que fue siga siendo como era. “Todo tiempo pasado era mejor”, dirían las viejitas. “Por eso aún estoy en el lugar de siempre, en la misma ciudad y con la misma gente, para que tú al volver no encuentres nada extraño”, diría Juan Gabriel.


Dicen las malas lenguas que Ulises, cuando se reinstaló en Itaca, constantemente salía de viaje, porque necesitaba hallarse. Y lo creo, porque, no sé por qué maldita razón, siempre necesitamos estar en movimiento para ir detrás de algo que consideramos nuestro, pero que jamás hemos tenido.


Es de corazones aventureros largarse lejos, a buscarse; pero es de sabios retornar. Sin embargo, el retorno es traumático, porque todo aquello que añorábamos, seguramente ya no está ahí. La felicidad, según Homero, era un perro viejo tirado sobre excrementos.


Por eso creo que, más que salir en búsqueda de algo, en realidad estamos renunciando a todo. Decimos adiós constantemente, sin saber a qué, pero, más doloroso, sin saber a quién.


Es decir que somos lo que renunciamos. Nuestros adioses nos forman nuestro ánimo.


Como dije, estaba deprimido (distraído). Recuerdo cuando era más joven (porque todo tiempo pasado), para salir de un mal estado de ánimo, pegaba sobre las paredes de mi habitación las cosas que me hacían sentir bien: cartas de amor, sobre todo. Cada día, quitaba uno de estos detalles, que me hacían sentir bien, como para hacerme sentir bien cada día; al terminar la terapia, ya no necesitaría de nada de ello para sentirme bien.


¡Qué fácil era sentirse bien antes! Pero ahora, por más que lo intento, no podía recuperarme. Sólo, hasta que nos hartamos de buscar por otro lado, nos recordamos el punto en que todo se descompuso, como en El ángel exterminador, y regresamos; pero sólo para darnos cuenta de que muchas cosas ya no están, que se han ido.


Vivimos diciendo adioses, y no nos damos cuenta.


Y, por si ya no nos vemos (o leemos), adiós a vos también ;D




FOTO: antondiego.blogspot.es

4 comentarios:

ixmucane dijo...

Para leer en forma interrogativa
(Poema de Cortazar)
Has visto,
verdaderamente has visto
la nieve, los astros, los pasos afelpados de la brisa...
Has tocado,
de verdad has tocado
el plato, el pan, la cara de esa mujer que tanto amás...
Has vivido
como un golpe en la frente,
el instante, el jadeo, la caída, la fuga...
Has sabido
con cada poro de la piel, sabido
que tus ojos, tus manos, tu sexo, tu blando corazón,
había que tirarlos
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez.

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Una buena época para reencontrarse y reinventarse. Se lo digo yo que soy experta en las idas y venidas entre las utopías y los desencantos. ;-) Un saludo y qué bueno que está de vuelta.

MarianoCantoral dijo...

El adiós es terriblemente unilateral, y casi siempre no tiene sentido, pensamos que con el gesto de agitar nuestra mano o de guturar un "adiós", alguién aguarda nuestra despedida. Lo mejor es ensartar nuestra mirada en un dique de esperanza y avanzar, utilizar nuestro cuerpo, como el artefacto dialéctico que es.

saludos.

PD. Ya me pusiste a filosofar.

PROSÓDICA dijo...

Bellísimo post, como siempre. Y como siempre también, excelentes los comentarios de ixmucané, re pilas!.

Yo para variar estoy muy de acuerdo contigo, pero realmente tal vez el punto no debiera ser, como dice Marianao, el hecho de decir adiós o no, sino el motivo de la despedida... ese es el punto medular, el secreto. Por ejemplo si decis adiós a alguien que hace un viaje, el adiós también va como un regreso certero. O si decís adiós con un beso, ese seguro va con un te quiero. Por otro lado, hay adioses que se hacen con rencor, enojo, orgullo... de esos son de los que hay que cuidarse, por que esos nos vuelven esclavos de la otra persona para siempre... entonces en mi opinión, más que decir adiós, se debe saber por qué motivo (externo e interno)se dice adiós y así sabrás el final.

Me gustó también tu franqueza en cuanto a decir por qué te ausentaste, en reconocer tu "distracción" como vos la llamas. Requiere mucha humildad hacer públicamente y todos, pero todos nos hemos apartado por lo mismo alguna vez. Sino, mirame a mi que hasta cierro las casas por un tiempo. Me alegra saber que estás mucho mejor. Tal vez las cosas no sean igual cuando uno regrese... sería imposible, por que como viajeros traemos tanto nuevo del viaje :)

Hay tanta esperanza en estas letras y cariño del bueno, que dudo que sea un adiós, más pinto a un "dentro de poquito nos vemos".

Siempre has sido un excelente amigo, por eso me pone contenta que andes de vuelta.

Gracias por toda la ayuda que ofreciste. Me di cuenta de lo mucho que vales como ser humano.

Abrazote y a bailar que estás de vuelta!!!.

;D

Antonio Sánchez dijo...

felicidades por el blog, aqui os dejo la dirección de otro dedicado también a la poesía
en el que por infidelidad de los autores se filtran algunas prosas.

http://sextodia-asr.blogspot.com/