jueves, 11 de marzo de 2010

Un gigante dormido y homónimo


El sábado 27 de febrero, la Universidad de San Carlos (Usac) inauguró su ciclo de cursos libres. Para dar inicio, se invitó al doctor Carlos Castresana, jefe de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), para que brindara el discurso de apertura.


Usualmente, hemos escuchado a Castresana explicar la investigación de complicados e increíbles casos de inmolaciones que, ¡sólo en Guatemala!, pusieron de cabeza al país, y de otros casos de impunidad e investigaciones que no se daban antes de la CICIG en el país.


Pero el discurso inaugural que ofreció en la Usac se salió de esta tónica de tecnicismos criminalísticos y se enfocó en una de las realidades más profundas del país. Parafraseando a Castresana, dijo algo así: es importante impulsar el estudio académico, porque el país se está convirtiendo en un pueblo de SIERVOS.


Creo entender el mensaje, porque si bien la impunidad y el crimen organizado nos tienen de rodillas, en realidad estos fenómenos se dan sólo en un país que permite que le pasen por encima. Fueron necesarios 36 años de guerra, 150 años de dictaduras, 500 años de conservadurismo y los últimos años de cinismo crudo y pelado, para que los guatemaltecos nos sintamos de manos atadas.


Para muestra, varios botones. Si regalan 300 quetzales mensuales con la condición de mostrar fidelidad al Gobierno, somos capaces de alzar el machete para exigir que se respete "nuestra privacidad". Pero si una empresa privada exige datos privados para que nosotros tengamos el "privilegio" de utilizar su servicio de transporte, entonces hacemos cola como SIERVOS por varias horas, a fin de no quedar fuera del juego.


De la misma forma, aceptamos hacer largas filas para obtener un documento de identificación, como ratones de laboratorio que le imponen un laberinto sin salida. Aceptamos, sin posibilidad de hacer nada, que nuestras estructuras estatales, Policía, Justicia, Gobierno, Congreso, etc., esté dominada por el crimen organizado.


Y es que no es casualidad. La primera estrategia para que el Imperio del Mal reine en un país es destruir la moral del pueblo, hacerle transfusiones de sangre y ponerle horchata en sus venas. De esa forma, es más fácil que las mafias se apoderen de NUESTRO Estado.


Mientras tanto, los guatemaltecos sólo agachamos la cabeza; aceptamos sin protestar nuestro destino, de un país lleno de peligros en donde se juega a la ruleta rusa con la vida, porque no sabemos si hoy o mañana, quizá a más tardar pasado mañana, nos toque la bala, y pongamos fin a nuestra servidumbre.


En Guatemala, nos han dorado la píldora y nos han hecho creer que el país progresa, que la familia progresa y que la gente progresa. Pero no. No es así. Lo único que hemos progresado es en nuestra creciente depresión social que tiene a nuestra autoestima como un eunuco.


Para nuestras autoridades no somos individuos, somos un gigante que está bien dormido, y que constantemente nos arrullan con cuentos de hadas y, cada cuatro años, hasta nos cantan canciones de cuna convertidas en proselitismo. No somos uno, somos un gigante homónimo, de 44 mil homónimos, pero que bien podemos ser sólo un gran homónimo... total, a nadie le importa cómo se llame usted ni cuáles son sus ambiciones, a menos que una empresa de transporte quiera lucrar con sus datos, aunque después le preste un servicio como que si fuéramos sardinas.


2 comentarios:

la-filistea dijo...

Impunidad y manos atadas, es cierto Mario, fíjese, en la colonia donde vivía mi papá ya parece pueblo fantasma, mucha gente a abandonado sus casas por la inseguridad, si no pagan las extorciones que son de 10,000 para arriba a la gente que tiene negocios entonces los matan o van a dispararles a la casa.

El panadero de la colonia dicen que paga mas de 500 quetzales a la semana para poder tener su negocio..

Todo es bien triste, tiene uno que vivirlo para entender de lo que se trata todo. Y quizá sí tenga razón Castresana.

Saludos!

Mario Cordero dijo...

Imagínese, Filis, y que simplemente se (nos) atan (atamos) de manos. Algunos, con lo que pagan de extorsión, hasta podrían contratar a un guardespaldas, pero no nos da la cabeza para ver soluciones. Saludos y un abrazo.