sábado, 18 de septiembre de 2010

¿Somos realmente independientes? (Yo no soy chapín -II-)


Recién “celebramos” un nuevo aniversario de lo que suponemos nuestra independencia. Para ser exactos, 189 años desde la firma del Acta de Independencia de España. Como cada año, es sintomático que nos preguntemos si en realidad somos independientes, lo cual evidencia que entre la población no hay una certeza de poseer total soberanía sobre el territorio, así como sentirse afectados o influidos por países extranjeros. ¿Podremos encontrar respuestas en nuestra historia de nuestra insatisfacción? ¿Qué habrá pasado en aquel lejano 15 de septiembre de 1821? ¿Nos habremos independizado realmente? ¿Alcanzaremos la independencia real algún día? Éstas son las preguntas que prometo reflexionar, pero no responder.

¿Somos realmente independientes? Técnicamente, es obvio que sí. Al hablar de independencia, nos referimos casi exclusivamente del proceso histórico en el cual se vio involucrado casi todo el continente hace dos siglos, aproximadamente, algunos con décadas adelante (como Estados Unidos), y otros casi un siglo después (como Cuba).

Otros países -como los europeos- no hablan de independencia. Esto sólo atañe a los países que fueron colonias de otros; quiero decir, pues, que independencia no significa en nuestro contexto contemporáneo “soberano” o “libre”. Revela una coyuntura ocurrida hace, para nosotros, 189 años. Y en ese sentido, hay que responder que sí somos independientes.

Sin embargo, es discutible la fecha en que logramos completa independencia, además de habernos constituido como el país que más o menos conocemos hoy día.


PROCESO HISTÓRICO

La celebración del Bicentenario de la Independencia, la cual han conmemorado otros países como México, Argentina, Chile, Uruguay, Venezuela, Bolivia, Colombia, o Ecuador, nos ha servido para ubicar la realidad de hace dos siglos y ubicar el contexto centroamericano.

Los procesos de independencia empezaron a proyectarse, quizá, en 1808 con la Invasión Napoleónica a España, la cual destronó a Fernando VII y entronizó a Napoleón Bonaparte, encarnado en la figura de su hermano José, para el caso específico de la Península.

Para entonces, las ideas liberales de la Revolución Francesa ya estaban circulando por las Colonias americanas, lo cual formó parte del polvorín de ideas, listas para esperar cualquier chispazo. Con la invasión napoleónica y la reacción española, las Colonias perdieron por algunos meses el norte sobre el modelo político y económico que dominó durante 300 años. No había un Rey legítimo al cual referirse como autoridad.

Entre la “realeza” española en América corría el temor de lo que había ocurrido en Francia décadas atrás durante la revolución, por lo que la Invasión Napoléonica olía a decapitaciones, más que a libertad, desde el punto de vista de las clases altas.

Esto propició que los americanos observaran cómo la misma metrópoli pujaba por su propia independencia de Francia; asimismo, la Junta Española que reaccionó a la invasión ordenó convocar a las llamadas Cortes de Cádiz, que se realizaron finalmente en septiembre de 1810. Para conformarlas, se celebraron elecciones por primera vez en las colonias, lo cual despertó el interés de las clases altas y medias por participar en política, ámbito que sólo había sido delegado a los peninsulares.

Inicialmente, las insurrecciones de los realistas y criollos se levantaron en contra del “mal gobierno” (como se denominó al reinado napoleónico en España), rechazando al usurpador de Fernando VII. Sin embargo, los liberales (herederos de las corrientes ideológicas de la Revolución Francesa) observaron la oportunidad para hacerse del poder y romper el vínculo comercial con España, que para entonces no se daba abasto para satisfacer las necesidades de América, y otros países, como Inglaterra, Francia u Holanda, empezaban a tener mayor pujanza comercial y las colonias creían que les convenía tener comercio directo con estas naciones.

Obviamente, los virreyes y capitanes generales que gobernaban en América no estaban de acuerdo con el movimiento en el que se transformó el rechazo a la Invasión Napoleónica. España, por su parte, enfrascada en su propia lucha, no pudo hacer mayor cosa, y, peor aún, recurrió a elementos militares de las colonias, debilitando a éstas, para fortalecer sus frentes ante Napoleón.

No es casualidad, pues, que la mayoría de países estén celebrando el bicentenario de su independencia (o el inicio de la lucha por ella) alrededor de este año.

¿Y CENTROAMÉRICA?

Centroamérica, oficialmente, no está celebrando su bicentenario y no lo hará hasta el 2021, con excepción de El Salvador, que celebrará sus 200 años el próximo año.

Monumento a la Independencia, o Monumento a la Libertad, en San Salvador. Los salvadoreños fueron más pujantes que los guatemaltecos para buscar la independencia de España, y por ello, celebrarán con razones históricas el próximo año su Bicentenario. FOTO especiales.laprensagrafica.com

Esto se debe a que los salvadoreños consideran el inicio de su independencia a la Sublevación de San Salvador, ocurrida el 5 de noviembre de 1811. Como puede observarse en otros países, las luchas de la independencia no iniciaron en el centro del poder, sino que en ciudades periféricas.

El modelo comercial de la Colonia consistía en que la capital del Virreinato o de la Capitanía General se encargara de comerciar con la Metrópoli (España), mientras que sus ciudades periféricas las proveían de productos.

En el caso del Reyno de Guatemala, la Capitanía General (Nueva Guatemala de la Asunción) se encargaba de dar fluidez a los productos generados, especialmente el añil proveniente de El Salvador, y el ganado de Nicaragua. En las ciudades de estos ahora países, se había conformado una clase alta ajena a los peninsulares, que se habían fortalecido con el producto de su trabajo. Las ideas liberales les habían abierto los ojos de que era mejor comerciar sin intermediarios.

Es por ello que no sorprende que en San Salvador (El Salvador), León y Granada (Nicaragua) hayan surgido las primeras sublevaciones para rechazar el poder colonial, el cual se encontraba representado por Guatemala.

Estas tres ciudades presentaron sendas sublevaciones a finales de 1811, en medio de los movimientos independentistas en la mayoría de las colonias. En Guatemala, centro del poder, se puede encontrar la referencia previa de la llamada Conspiración de Belem (1813), la cual fue desarticulada, pero que tenía intenciones independentistas.

Lejos de la capital, en Totonicapán se encuentra la primera sublevación dentro de lo que hoy se conoce como Guatemala, con el levantamiento de Atanasio Tzul (1820), pero que también fue neutralizado.

Atanasio Tzul propició la única sublevación real que se tuvo en territorio guatemalteco, rechazando el poder colonial. Foto: deguate.com

¿HUBO INDEPENDENCIA?

Doce años después de las primeras sublevaciones en América española, en el Reyno de Guatemala, en plena pugna entre liberales y conservadores, se decide finalmente firmar el Acta de Independencia, la cual se declara emancipada a Centroamérica de España.

Durante años, los liberales habían pujado por liberarse de las ataduras comerciales de España, pero los conservadores se oponían. El debate fue eminentemente económico, mas no político. Los liberales optaban por una independencia y una transformación de la estructura colonial, mientras que los conservadores, más moderados para exigir la independencia, terminaron por estar de acuerdo con ésta, pero manteniendo la estructura económica.

Es decir, los conservadores optaban por mantener a Guatemala como el centro comercial que recopilaba los productos del resto de los territorios, para intentar colocarlos en otro mercado más grande. Sin embargo, los liberales optaban por romper esta intermediación.

La puja entre liberales y conservadores se dio a un alto nivel, ya que pensadores se dieron a la tarea de exponer sus ideas, sobre todo a través de periódicos que representaban sin tapujos cada una de las posturas. Resalta el caso de El Editor Constitucional de Pedro Molina, uno de los abanderados liberales, y que denominó así al periódico en alusión a la Constitución de Cádiz, que ofrecía libertades comerciales a la colonia.

En cambio, José Cecilio del Valle, abanderado conservador, exponía sus ideas en el periódico El Amigo de la Patria, en alusión a mantener la fidelidad de los principios, valores y estructuras de lo que consideraba “patria”, es decir, al status quo colonial.

Según nos intenta revelar la historia, finalmente, y “sin choque sangriento”, liberales y conservadores firmaron el Acta de Independencia, aunque se saben detalles como que José Cecilio del Valle redactó el acta, pero no la firmó, en clara evidencia de su desacuerdo.

ACTA

Según el historiador Horacio Cabezas Carcache, en su libro Independencia centroamericana. Gestión y ocaso del Plan Pacífico, reeditado recientemente por Editorial Universitaria, el acto de independencia no fue tan fácil como hoy día nos lo cuenta la historia.

El libro Independencia centroamericana. Gestión y ocaso del Plan Pacífico del historiador Horacio Cabezas Carcache, refiere una versión más creíble de lo ocurrido en 1821. Fue reeditado recientemente por Editorial Universitaria. Foto: diariodelgallo.files.wordpress.com

Según su versión plasmada en el libro, de los 53 delegados (que fueron consecuencia de las elecciones para la Corte de Cádiz) que discutían la independencia aquel 15 de septiembre de 1821, sólo 25 apoyaban el declararse emancipados de España, por lo cual no tenían mayoría.

Ante esta circunstancia, según el libro, los liberales habían pensado en la estrategia de convocar al pueblo, pensando que éste los acuerparía y exigiría popularmente la independencia. Es por ello que la figura de Dolores Bedoya de Molina, esposa de Pedro Molina, se ha constituido como una figura central de la independencia, al recoger que ella convocó al pueblo con cohetillos y marimba en la Plaza de Armas.


Dolores Bedoya de Molina, quien según la tradición convocó al pueblo con cohetillos y marimba para que celebraran la Independencia; se tienen evidencias testimoniales que refieren que no mucha gente acudió a su llamado. Foto: fundaciondoloresbedoya.org
Sin embargo, según Cabezas Carcache, lejos de convocar al pueblo, sólo creó caos, lo cual fue aprovechado por la mayoría de los delegados que discutían la posible independencia. De acuerdo con el libro, fuentes testimoniales de la época recogen que a la supuesta fiesta que Bedoya de Molina estaba convocando, pocos -o quizá casi nadie- acudió. Es más, crónicas de ese día revelan que llovió muy fuerte, por lo que muchos de los vecinos ni siquiera salieron de sus casas. Hasta el día siguiente.

El Acta de Independencia. Foto: sat.gob.gt

El Acta de Independencia, la cual fue decidida por unos pocos, se declaró emancipada de España, únicamente. Además, se establecían algunas disposiciones, como realizar esfuerzos para llamar a la paz y seguridad, pues esperaban revueltas tras esta decisión, así como convocar a una misa al día siguiente y acuñar una moneda.

Asimismo, se convocó para que un Congreso de Representantes decidiera el destino final del Reyno de Guatemala, finalmente emancipado de España, y que estos representantes decidieran el modelo político-económico que regiría a la nueva nación. Lo cual no sucedió.

Obviamente, los liberales habían ganado una batalla importante al lograr la independencia “rápida”, y no una independencia progresiva como la que optaban los conservadores. Sin embargo, la correlación de fuerzas no permitió que el proceso fuera tan rápido.

El denominado Plan de Iguala, gestado desde Nueva España, recién independizado también y convertido en el Imperio Mexicano, permitió que Centroamérica mantuviera el sistema colonial, es decir, que Guatemala fuera el centro intermediario entre los productos de la provincia (sobre todo, El Salvador y Nicaragua) con un mercado mayor, con México sustituyendo a España. Cabe mencionar que los salvadoreños habían propuesto que en vez de anexarse a México, se anexaran a Estados Unidos, en una visión bastante futurista de lo que ocurriría en nuestros días, en que el mercado estadounidense es el mayor destino de los productos centroamericanos.

Finalmente, el Imperio Mexicano fracasó, por lo que obligó a los centroamericanos a retomar el Acta de Independencia, y convocar así a un Congreso para que decidiera la forma política-administrativa de la nueva nación.

Para entonces (1823), los conservadores habían adquirido más poder político, por lo que estaba previsto que se optara por una república central, con Guatemala como la capital, es decir, continuar con la estructura colonial. Sin embargo, a pesar de ser mayoría conservadora, los liberales de provincia (sobre todo salvadoreños, nicaragüenses y costarricenses) presionaron tanto que se optó por un sistema republicano, con Gobiernos locales (para que las hegemonías locales pudieran gobernar) con un Gobierno federal, la cual se optó que estuviera en Guatemala.

La Independencia de Centroamérica, finalmente, se firmó el 1 de julio de 1823, en la que declaran emancipados de España, México o cualquier otra nación extranjera. Sin embargo, como sabemos, el proyecto político federal centroamericano fracasó, en buena parte por la pugna de poder entre liberales y conservadores, que nunca lograron imponerse uno sobre otro y sólo provocó debilitamiento. De a poco, las repúblicas centroamericanas empezaron a desgranarse, renunciando a la Federación una por una, hasta que finalmente Guatemala se quedó sola, por lo que no hubo otra acción que declararse como la República de Guatemala, el 21 de marzo de 1847, fecha que queda perdida en el calendario de festividades, y que debería ser considerada como un día de regocijo nacional, por habernos constituido en República más o menos como hoy la conocemos (con algunas modificaciones en su territorio, incluyendo el actual conflicto limítrofe con Belice). Sin embargo, esta fecha, más que de regocijo, pareciera ser el recuerdo del fracaso de la república centroamericana.

HACIA EL BICENTENARIO

Como mencioné, es obvio que sí, porque hubo un proceso histórico que nos llevó a la independencia, primero como conjunto centroamericano de España, y posteriormente de México. El surgimiento como República de Guatemala no puede considerarse como proceso de independencia, porque en este hecho no se dependía de otra potencia extranjera.

Sin embargo, el sentimiento generalizado es sentir que Guatemala no es independiente, ya que se confunde hoy día la falta de soberanía con la independencia. Algo de razón se tiene dentro de la opinión del pueblo, ya que en el día de la Independencia debería haber motivos para celebrar. En cambio, es evidente que el último acontecimiento, este miércoles pasado, nos hace suponer que el Estado no ejerce soberanía, porque vivimos en un territorio dominado por el narcotráfico, las maras, el crimen organizado, y que éstos ejercen su propia soberanía en territorios en que el Estado ni siquiera aparece.

A ello, hay que sumar que se percibe cierta frustración, ya que mientras la mayor parte del continente se regocija en celebrar el Bicentenario de la Independencia, en Guatemala aún falte once años para esto.

Sin embargo, las autoridades estatales, tomando en cuenta ambas circunstancias (la pérdida de la soberanía -que se confunde popularmente con la pérdida de la independencia-, y la próxima celebración del Bicentenario), deberían idear una gran celebración para los 200 años de nuestra independencia, ahora que estamos a tiempo. Pero no simplemente planear una magna celebración, porque ése no es el objetivo real, sino que es secundario.

Se debería tratar de establecer los mecanismos para que los guatemaltecos se sientan plenamente independientes y soberanos, y que puedan disfrutar de esa sensación para el Bicentenario.

3 comentarios:

Enrique dijo...

Buena reseña histórica. Se me hace que muy poca gente la conoce.

Pepe dijo...

Muy interesante lección de historia, gracias por compartirla y por las reflexiones.

Ojalá algún día, realmente nos sintamos independientes, pasar a ser dependientes de una vez por todas.

Recientemente publiqué algo relacionado, te invito a leerlo y espero tus comentarios.

Guatemala: Ojalá no fuéramos independientes

http://quechilero.com/blog/2010/09/15/guatemala-ojala-no-fueramos-independientes/

Saludos.

Muñeco Rabioso dijo...

Hasta ahora entiendo porque el períodico de la ufm se llama precisamente "El amigo de la Marro".... no somos pero queremos parecer....