Como decía San Pablo, “cuando era niño, pensaba como niño” (1 Corintios 13:11). Por eso, creo que el ser humano debe ir evolucionando y no continuar siendo egoísta como cuando se era niño; la persona crece cada vez que se asume mayores responsabilidades en la vida, y con cada estadio en nuestra evolución de relaciones personales, crece nuestro espíritu.
Por ejemplo, cuando una pareja se une en matrimonio (o simplemente se une), la persona deja de ser un poco egoísta, y empieza a pensar en el cónyuge. No digamos cuando nace un hijo, que el grado de entrega aumenta casi al máximo.
Hay otro tipo de vocaciones, como la vida religiosa, que opta por entregarse a un nivel mayor; también, aquellas personas que optan por la soltería para que su vida sea más productiva, como la de un científico que busca las 24 horas del día la cura para enfermedades.
En el caso de la mayoría de los mortales, se vive la experiencia de la familia, y por eso creo que usted me entiende cuando le digo que el nacimiento de bebé es, simplemente, una buena noticia.
