lunes, 22 de septiembre de 2008

El lenguaje joven


“¡Es que ahora ya no es lo de antes!”, es una queja habitual cuando somos testigos de las nuevas costumbres de hoy día; sobre todo si son producto de ese grupo al que llamamos jóvenes, que, ante el desconocimiento, optamos por quejarnos en lugar de comprenderlos.

Tomando en cuenta esto, en el ramo del lenguaje, varios expertos del idioma se reunieron para estudiar el lenguaje de los jóvenes, el cual contó con la participación de lingüistas, investigadores, docentes y escritores.

Todos ellos, bajo la moderación de la Real Academia Española, cuyo presidente, Víctor García de la Concha, inauguró el seminario titulado “El lenguaje de los jóvenes”.

Gracias a un documento elaborado por las filólogas Carmen Herrera, María Manjavacas Ramírez y Yolanda Tejado, se pueden conocer las principales conclusiones sobre este tema.

Economía del lenguaje
Una buena parte de los estudios del lenguaje de los jóvenes, se refieren a las alternativas tomadas para expresarse a través de medios informáticos y electrónicos, como los chats y blogs de Internet, los correos electrónicos y los mensajes de texto de los celulares.

Según las conclusiones del seminario, el producto de los cambios en el idioma en estos ambientes, es la separación entre la lengua hablada y la escrita, por lo que los usuarios deben inventar fórmulas novedosas para expresar lo que se quiere decir oralmente, en forma escrita.

Lo más evidente es que por la velocidad de estas comunicaciones o por el número de caracteres, se ha formulado modos para decir más rápido o lo que se escribe.

Por ejemplo, acortar la palabra “pecados” por “PK2”, o “escape” por “SKP”. Es decir, que se sustituye el nombre de la letra por el sonido que produce. El párrafo anterior, en esta codificación, puede ser más o menos como sigue:

“L + evidnt s q x l vlocida d stas comunikciones o x l # d kractres, c a formulado modos para dcir + rápido lo q c scrib.”

Diferencia: 159 caracteres del primer párrafo, versus 120 del segundo. Eso, sin contar que ya existen fórmulas, casi abreviaturas, que un lector normal no es capaz de conocer. Por ejemplo, NPI, que significa “Ni pizca de idea”, o el clásico tq’, “te quiero”, o lo adaptación del HAND del inglés, que significa “Have a nice day” (ten un lindo día).

Es decir, lo que rige es la “economía lingüística”, que consiste en acortar las palabras incluso cuando hay espacio suficiente. “Esto tiene una desventaja y es que puede que a veces el destinatario no consiga descifrar parcial o completamente el mensaje, aunque no suele ocurrir entre jóvenes”, revelan las conclusiones del seminario.

“No sólo las nuevas tecnologías son soporte de esta jerga juvenil, sino que además de estas conversaciones virtuales en las que aflora nuestro lenguaje particular, los jóvenes, y no tan jóvenes, se valen de él para lanzar mensajes, frases ingeniosas y filosofías de vida mediante lo que se conoce como “mensajería textil”, Hoy día, el lenguaje juvenil ha conseguido introducirse en algo tan cotidiano como las camisetas, que no son sino pizarras textiles que transmiten con colores, signos e imágenes, y sobre todo por medio de esta jerga, información de la persona que la luce”, revela otra de las conclusiones.

Cambios inevitables
Para algunos expertos participantes en el seminario, el lenguaje juvenil es incorrecto y pobre, y que es el reflejo de pérdida de identidad o del fracaso de los modelos educativos. Sin embargo, este enfoque moralista no es científico, y se debe reconocer que la lengua se ha ido modificando a lo largo del tiempo, gracias a los aportes de grupos que no se acercan al canon.

Es decir, más que señalar éstas como deformaciones del lenguaje, se consideran aportes que, se quiera o no, modifican la lengua española, por lo que los expertos harían mal en darle la espaldas a estudiar estos cambios.

“Los nuevos soportes de comunicación escrita entre los jóvenes - blogs, chats y mensajes de texto, propician el desarrollo de una escritura propia del lenguaje juvenil (cuyas características principales son, además de las propias de esta jerga, las abreviaturas, la pérdida de las vocales, la falta de puntuación y acentuación...) que se fortalece frente a la escritura canónica”, revelan las conclusiones de este seminario.

“Los jóvenes revolucionan el lenguaje cuando lo hacen suyo y no es necesario que hagan un uso correcto del idioma, sino un uso propio que les sirva para comunicarse entre ellos. Esto hace que si queremos escribir para ellos tengamos que robarles el lenguaje y aun así es difícil conseguir que nos crean”, explican las filólogas que redactaron las conclusiones.

Peligros
El lenguaje de los jóvenes, sociológicamente, también se explica como un deseo de diferenciación de los adultos, por lo que la expresión propia es, además, un rasgo de identidad.

“En sí esto no supondría inconveniente alguno, siempre y cuando los jóvenes conocieran la norma, aprendida en los centros de enseñanza y en su entorno, y supieran utilizarla en los contextos que así lo requieran”, refieren las conclusiones.

El problema surge cuando los jóvenes emplean este lenguaje fuera de las nuevas tecnologías y de la comunicación entre iguales y se debe en gran parte a una falta de registros que deberían haber adquirido a lo largo de su formación. Son estas interferencias las que hay que evitar ya que podrían contribuir a que la lengua que aprendan las siguientes generaciones hispanohablantes sea cada vez más pobre.

La grandeza no tiene tamaño


Antonio Orlando Rodríguez, ganador del premio Alfaguara de este año, con su novela “Chiquita”, se encuentra en el país para presentar esta obra.

Este acto ocurrirá hoy por la noche en el Centro Cultural de España de Cuatro Grados Norte a las 18:30 horas; mañana, de 17:00 a 19:00 horas, estará firmando autógrafos en Artemis Edinter de Galerías Miraflores.

El premio
El anuncio del Premio Alfaguara de cada año, se ha convertido en uno de los más esperados en el mundo de la literatura. Ganar este galardón, significa que la novela será publicada en todos los países de habla hispana, por lo que el autor recibe una fuerte dosis de alcance de lectores.

Por ello, el Premio Alfaguara es, tal vez, el premio anual a la novela inédita más prestigioso de las letras hispanohablantes.

El ganador recibe una dotación de 175 mil dólares, una escultura del artista español Martín Chirino y la publicación simultánea en toda la región.

Para este año, el jurado estuvo formado por Ángeles González-Sinde, Juan González (quien contó con voz, mas no con voto), Ray Loriga, Guillermo Martínez y Jorge Volpi, quienes fueron presididos por el escritor nicaragüense Sergio Ramírez Mercado.

Según el acta del jurado, se presentaron al Premio Alfaguara de Novela 2008, 511 novelas. Como primer paso, se hizo una extensa depuración, de las cuales sólo fueron seleccionadas siete.

De éstas, el jurado seleccionó, en forma unánime, a “Chiquita” de Antonio Orlando Rodríguez, quien lúdicamente se había inscrito con el pseudónimo Lemuel Gulliver.

Según el acta del Jurado, “Chiquita” narra con “una notable gracia narrativa y una imaginación sin descanso, que despliega, como una inmensa partitura de ejecución precisa, la época y la vida de un personaje extraordinario, la liliputiense cubana Espiridiona Cenda, bailarina y cantante de los teatros de variedades de principios del siglo XX, llamada en su vida artística ‘la muñeca viviente’. La novela concebida como una autobiografía dictada en la vejez a un periodista que trata de cotejar la verdad y exageración de cada peripecia, avanza desde la infancia de Chiquita en la Cuba del esclavismo y la colonia a su salto, en la primera juventud, a los escenarios más importantes de Estados Unidos y Europa, con el trasfondo a la distancia de la guerra de los mambises por la independencia y las intrigas diplomáticas que envuelven a la protagonista”, revela el acta del jurado.

Es por ello, que el jurado observó ese juego que había entre la gran estrella que aparentó ser Chiquita, con las sombras de la decadencia, las decepciones amorosas, el mundo de los “fenómenos” circenses que poco a poco fueron empujados hacia las ferias, y el drama interno de una artista que no quiere resignarse a ser exhibida como un ejemplar anormal de la humanidad.

“Una novela ambiciosa que reconstruye la época de máximo esplendor de los teatros de variedades, y logra traer otra vez a la vida, en todo su genio, su crueldad y su encanto, a un personaje inolvidable”, concluye el acta del jurado.

Chiquita
La obra trata sobre Espiridiona Cenda, una joven cubana de sólo veintiséis pulgadas (66 centímetros) de estatura; a finales del siglo XIX, llega a Nueva York con el deseo de triunfar como bailarina y cantante.

Según el autor, esta es una biografía imaginaria de un personaje real, el cual se tomó la libertad de recrear; imaginó las ilimitadas aventuras y desventuras de Chiquita, una mujer seductora e independiente que llegó a convertirse en una de las celebridades mejor pagadas de los teatros del vodevil y las ferias de su tiempo.

En uno de los anexos del libro, incluye algunas fotografías reales de Cenda, para probar su veracidad, además de otorgarle un encanto adicional al libro; una de estas fotografías, fue utilizada para ilustrar la portada.

Según la contraportada del libro, esta novela es elegante, humorística y llena de peripecias; está recreada en un ambicioso fresco de una época pródiga en transformaciones sociales y milagros tecnológicos, en que las potencias se disputaban territorios, las cofradías secretas no habían perdido la esperanza de convertir el mundo en una gran Arcadia y las “curiosidades humanas” ejercían una extraña atracción sobre las multitudes.

Chiquita se convierte en la protagonista de amores tempestuosos, dueña de un talismán mágico y testigo de intrigas diplomáticas; Espiridiona Cenda vuelve a la vida en la novela, con todo su genio, su crueldad y su encanto.

El autor
Antonio Orlando Rodríguez nació en Ciego de Ávila, Cuba, en 1956. Es escritor, editor y periodista. Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana. Ha residido en Costa Rica, Colombia y, actualmente, en Estados Unidos.

Es autor de la novela para adultos “Aprendices de brujo”, publicado por primera vez en Alfaguara en 2002, y posteriormente en Rayo/HarperCollins en el 2005.

Además, ha publicado los libros de cuentos “Strip-tease” (1985) y “Querido Drácula” (1989) y la obra de teatro “El León y la Domadora” (1998).

Asimismo, se le reconoce como investigador literario, publicando sus conclusiones en los libros “Literatura infantil de América Latina” (1993), “Panorama histórico de la literatura infantil en América Latina y Caribe” (1994), “Puertas a la lectura” (1993) y “Escuela y poesía” (1997).

A lo largo de su carrera, ha publicado numerosas obras para niños y jóvenes, entre las que se encuentran “El rock de la momia”, “Mi bicicleta es un hada y otros secretos por el estilo”, “La isla viajera”, “¡Qué extraños son los terrícolas!” y “La maravillosa cámara de Lai-Lai”.

PREMIOS ALFAGUARA
Eliseo Alberto con “Caracol Beach” y Sergio Ramírez con “Margarita, está linda la mar” en 1998.
Manuel Vicent con “Son de Mar” en 1999.
Clara Sánchez con “Últimas noticias del paraíso” en 2000.
Elena Poniatowska con “La piel del cielo” en 2001.
Tomás Eloy Martínez con “El vuelo de la reina” en 2002.
Xavier Velasco con “Diablo Guardián” en 2003.
Laura Restrepo con “Delirio” en 2004.
Graciela Montes y Ema Wolf con “El turno del escriba” en 2005.
Santiago Roncagliolo con “Abril rojo” en 2006.
Luis Leante con “Mira si yo te querré” en 2007.
Antonio Orlando Rodríguez con “Chiquita” en 2008.

sábado, 20 de septiembre de 2008

Bienvenida, posmodernidad


La Editorial Cultura publicó este año Megadroide Morfo-99 contra el Samuray Maldito, el cual fue el cuento de Julio Calvo Drago ganador del Premio Nacional de Cuento y Relato Bancafé-elPeriódico de 1998. Entonces, fue publicado en ese matutino; sin embargo, no había sido publicado en formato de libro.

Diez años pasó, pues, para que la publicación fuera realizada. Textualmente, es la misma versión, salvo algunos cambios que realizara el autor, como unificar la temporalidad verbal en tiempo presente, o modificar dos nombre. En lo restante, es la misma versión.

La estructura del cuento refiere a una historia central, que es la lucha violenta entre el Megadroide Morfo-99, quien supuestamente es el bueno, y el Samuray Maldito, presunto malo de la historia. ¿Por qué pelean? No se sabe; sólo se sabe que lo hacen con mucha saña, y que la lucha es interminable; cuando uno está derrotado, el otro resurge como el Ave Fénix y le atesta un golpe al otro que da nuevos aires a la lucha.

En el ínterin, Calvo Drago enlaza con mucha habilidad otras historias, como la de unos payasos que suben a una camioneta en Palín, Escuintla, y, tras realizar su acto cómico, proceden a asaltar a los usuarios; o la historia de un hombre que sufre la violencia de un vecino que es militar retirado y que está alcoholizado; o la de un niño que se aburre de la violencia de la televisión y los videojuegos, y por ello ataca a un gato, un perro y una planta.

Es decir, el punto central es la violencia sin sentido; la violencia que no tiene fundamento, ni causa, ni origen, ni objetivo.

Temáticamente, pues, este cuento es una crítica audaz, aunque lúdica, en contra de la violencia. Tal vez el título logre confundir y haga pensar que se trata de una lectura ligera o que es un producto cultural pop.

Lejos de esto, Calvo Drago nos golpea con nuestro propio lenguaje, y nos invita a reflexionar sobre la violencia. Esa violencia que nos corrompe, que nos hace bocinar en el tráfico cuando alguien, por alguna broma del destino, se queda parado con desperfectos mecánicos; o la violencia que nos hace gritar para dar una simple sugerencia, o que nos hace dar golpes cuando alguien no hace las cosas como a nosotros nos gusta; o la violencia que nos hace linchar a un delincuente, ya que la policía y el sistema de justicia es incapaz de resolver el conflicto.

Es decir, ¿por qué pelea el Megadroide contra el Samuray? Para saberlo, habría que preguntarse sobre por qué somos nosotros tan violentos, sobre por qué nos gustan las películas con exceso de sangre y balas, o las noticias de nota roja.

Lingüísticamente, como se podrá observar en el título de cuento, Calvo Drago se apropia del lenguaje de las computadoras, de los cómics y la manga japonesa, de los juegos violentos, como Mortal Kombat o Street Fighters, la publicidad, las marcas registradas, de la Internet y otras tecnologías actuales.

Por ejemplo, el Megadroide es capaz de cambiar de forma, si es que lo solicita a una especie de satélite. En el siguiente párrafo, se observa un buen ejemplo del lenguaje en una de las transformaciones de uno de los personajes:

HyperSorcerer®, motor operativo de la EtéreaNet®, después de responderle con un frío pero empático: "Vaya. Por fin algo de acción. Esto ya parecía caricatura japonesa para niños", procesa el input en microsegundos/ / /processing /processing /processing/connection_succeeded/waiting_for_reply/waiting_for_reply/wating_for_reply/satelliteLink=F8/


Este tipo de estilización léxica tiene el objetivo de acercar el tema de la violencia por la violencia, a un lenguaje actual, el cual también nos provoca tensión y ansiedad.

El cuento no tiene final, ya que, por ser un tema sobre la violencia eterna y recurrente, el relato finaliza como si se apagara la televisión en medio de una película; el hecho de que ya no se vea la película por televisión, no quiere decir que se deje de trasmitir... ésta sigue y otro la verá.

De las 92 páginas, sólo unas 35 son del cuento en sí. El resto se refiere a reseñas publicadas, y también sobre otros juegos lúdicos en torno al cuento. Éstos recursos, los juegos lúdicos, son de resaltar ya que aportan otros significados al cuento.

Literariamente, se debe reconocer en el Megadroide... varios aportes formales, como el uso de intertextualidades, es decir, de referencias (frases, ideas) de otros textos literarios, que, incluidos en el cuento de Julio Calvo, dan una gama más amplia de significados.

Por ejemplo, si en este libro se hace referencia del brevísimo cuento monterrosiano, sólo que parodiado en “Cuando despertó, el Samuray Maldito todavía estaba allí...”, sin que el lector logre evitarlo asimila el texto de “El dinosaurio” con este cuento, convirtiendo a la figura del dinosaurio en la violencia o cualquier otro tema que el lector logre reconocer.

La diagramación de libro es otro aspecto muy importante. La edición estuvo al cuidado del mismo autor, por lo que supongo que él fue capaz de incluir los diferentes juegos visuales que hay en esta publicación.

Esto representa un cambio en la edición en Guatemala, ya que usualmente no se presta atención a estos aspectos, los cuales son muy importantes, ya que si no se ofrece una presentación atractiva, por muy bueno que sea el texto, corre el riesgo de que el lector no tenga ganas de leerlo.

Todo esto (edición, lenguaje, temática, diagramación, etc.) nos acercan a una literatura más cercana a los patrones posmodernos del arte. Aunque, desde hace varios años, ya se conocían algunas expresiones posmodernas en la literatura, sólo que en dirección a otras aristas de la posmodernidad (parodias monterrosianas, literatura testimonial, estrategias textuales y extratextuales, etc.). Por ello, el Megadroide... debe ser considerado como un hito en la historia de la literatura y la edición de Guatemala, ya que presenta cambios sustanciales en sus páginas. Tal vez podamos referir que estamos frente a una cumbre de la literatura actual.


FICHA TÉCNICA
CALVO DRAGO, Julio. Megadroide Morfo-99 contra el Samuray Maldito. Guatemala: Cultura (Colección Narrativa, Serie Miguel Ángel Asturias, Número 32), 2008. 92 páginas. ISBN: 978-99922-0-186-2

Otras reseñas:

Ronald Flores

Revista Luna Park

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Visión antropológica de la migración

Las civilizaciones se han construido a base de movimientos migratorios. Sin embargo, los migrantes no han recibido su justo valor en la construcción y desarrollo de los imperios.

De hecho, históricamente han sido señalados como los culpables de la decadencia de las civilizaciones. Tal es el caso del Imperio Romano de occidente, del cual se dice que fueron los “bárbaros” que asediaron la ciudad. Recientes investigaciones históricas revelan que estos “bárbaros” fueron parte de olas migratorias, ya Roma ofrecía prosperidad.

Sin embargo, ante la decadencia de Roma, los emperadores empezaron a culpar a los “bárbaros/migrantes” de la falta de recursos y de ataques contra las debilitadas legiones, que ya no se daban abasto para cuidar tan extensa frontera.

Estos supuestos ataques sólo fue la excusa del debilitamiento del poder central.

Se sabe que después los migrantes fueron la salvación de la propia cultura occidental, ya que ellos mismos llevaron la civilización a toda Europa, en una nueva ola migratoria.

Ése fue el origen de nuestra cultura occidental; lastimosamente, no se ha reconocido el carácter migrante de los pueblos, la necesidad económica de acercarse a los focos de luz y la importancia de la migración de los patrones culturales.

Análogamente, Estados Unidos intenta responsabilizar de la decadencia económica y de la inseguridad a los migrantes.

En cambio, en el mundo no occidental, como los pueblos amerindios, se han asumido como pueblos de paso, desde las tribus territoriales y nómadas de Canadá y Estados Unidos, hasta los mapuches de Chile. El continente se pobló, según las teorías más aceptadas, a través de migraciones masivas y provenientes de diferentes puntos.

En el libro del sacerdote Ricardo Falla “Migración transnacional retornada”, hace un excelente análisis antropológico sobre la identidad migratoria de los indígenas k’iche’s de hoy día.

Desde el Popol Wuj, hay una evidente necesidad cosmogónica de construir civilización a través de compartir cultura, lo cual no se logra únicamente por medio del comercio (como es la visión occidental y neoliberal), sino por el contacto de grupos migrantes que luego retornan a sus tierras.

Ahora, para aterrizar en los emigrantes de hoy día, sobre todo los guatemaltecos, deben convivir con un fuerte sentimiento de culpa, porque la visión occidental, desde el Imperio Romano, ha criminalizado y catalogado como costumbre “barbárica” la migración, mientras que la visión no occidental, la migración es todo lo contrario.

Hay que tomar en cuenta que la visión indígena de la migración no consiste en irse a un lugar mejor para enriquecerse económicamente, sino que incluye una actitud de mejorar a la familia y, necesariamente, retornar al lugar de origen, para compartir lo aprendido y lo alcanzado.

Por eso, las prácticas de hoy día de las migraciones, desde la coyotería y la deportación, va en contra de nuestra propia identidad como nación. Por ejemplo, los coyotes no asumen su papel como propiciadores del desarrollo, sino que buscan enriquecerse.

También, la deportación rompe tajantemente el ciclo migrante y daña severamente la espiritualidad de la persona, quien regresa triste y sintiéndose un criminal.

Ojalá que la futura labor de CONAMIGUA entienda la esencia de la migración guatemalteca, y no se vaya a dedicar a lucrar con la información privilegiada que manejará sobre identidades de migrantes y flujos de remesas.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Los señores guatemaltecos de los anillos

Desde que Colom denunció el espionaje en sus círculos íntimos, nos ha dado por sentirnos espiados o creer que esto es un show mediático. Considero que las implicaciones son mucho más profundas que reaccionar simplemente así.

Michel Foucault nos legó sus análisis en torno al poder, que es el factor predominante en nuestras sociedades desde que dejamos de ser nómadas.

Este caso del espionaje nos enseñó que la supercúpula del poder legal/clandestino, está en proceso de acomodo. Si estuviera satisfecha con la cuota, no necesitaría de artilugios, lícitos o ilícitos, para agenciarse de más poder.

El espionaje refiere que, dentro de la supercúpula, existen subgrupos sedientos de poder y, en consecuencia, no satisfechos con su cuota. La secretividad con que se manejan los negocios, lícitos e ilícitos, impulsa la práctica de las escuchas a través de paredes y teléfonos. Debido a que no existe un verdadero “libre mercado”, estos subgrupos necesitan conocer la información que se intenta esconder.

Por ello, la supercúpula guatemalteca del poder legal/clandestino, debe de estar formada, hoy por hoy, por fuerzas sin cohesión, dispuestas a perjudicarse entre sí, aunque sean capaces de verse en cócteles y darse palmaditas de espalda.

Con la entrada de los gobiernos civiles en la década de los ochenta, los grandes negocios ilícitos (narcotráfico, trata de personas, adopciones internacionales, rutas de migrantes, etc.), debieron convivir con los nuevos actores “democráticos” de poder, y, por ello, se debieron crear estrategias, como el espionaje, para adelantarse a los movimientos de los gobiernos u obtener información privilegiada para chantajear.

El problema actual es que los actores de poder quieren hacerse eliminar a algunos, para que haya más dividendos entre quienes queden.

Por eso, recientemente hemos visto las caídas de bancos grandes, como Bancafé que no quebró sino que fue intervenido estatalmente, o el derrumbe de políticos, como Manolito Castillo, Eduardo Meyer, Rubén Darío Morales y el mismo Quintanilla, quienes seguramente no accedieron a repartir cuotas y dividendos de su poder con sus contertulios, por lo que éstos se vieron en la “penosa” necesidad de revelar “información privilegiada”, tal vez producto del espionaje. Si hubieran cedido y mantener un perfil bajo, probablemente los “alicaídos” estuvieran hoy en paz, así como están otros, porque no debemos pensar que sólo éstos están involucrados en negocios ilícitos.

Y, por cierto, que aún se encuentra en “discusión” la iniciativa de ley del acceso a la información pública, que, si se implementase, vendría a reducir ese juego entre la supercúpula de poder legal-clandestino, ya que botaría buena parte de la secretividad y, en consecuencia, la práctica del espionaje.

Carlos Castresana presentó el lunes su informe de la CICIG, y hasta él debió quedar impresionado por el alto grado de complicidad entre Estado y crimen organizado, en negocios, por ejemplo, de venta de municiones; por muy violentos que seamos, es casi ingenuo creer que 50 millones de balas hayan sido disparadas en el país.

Como sociedad civil no hemos sabido ser el contrapeso de este juego de poder; nos vemos limitados a sentirnos espiados por empresas encuestadoras callejeras, o bancos que revelan nuestro “buen historial de crédito”, y por empresas ansiosas de enviarnos spam o mensajes de texto no solicitados.

Este espionaje apunta hacia un tipo de personal calificado, con estrategias de guerra, pero no del conflicto armado interno, sino de la misma Guerra Fría, como un James Bond o algo así.

La trilogía “El señor de los anillos”, de Tolkien, nos enseñó que el poder deforma y que sólo los niños pueden tenerlo sin corromperse. El anillo es el poder mismo; ¿quiénes serán los señores que, en Guatemala, buscan poseerlo?

lunes, 8 de septiembre de 2008

Lucha de gigantes: una tradición deportiva con tintes populares

El público se muestra eufórico; ha pasado una larga semana en que tuvieron que soportar malos tratos, tráfico, apretazones de camioneta, cansancio, desvelos, hambre, etc. Por eso, cuando llegan a la arena de lucha libre, lo único que quieren es descargar adrenalina, ésa que acumularon toda la semana. En los camerinos, la situación no es distinta: los luchadores son también parte del pueblo; soportaron durante la semana los mismos problemas y llega, por fin, el fin de semana, en donde dejan de ser los obreros, mecánicos y albañiles, y, tras ponerse la máscara, se convierten en una especie de superhéroe, dispuestos a vencer la peor de las adversidades: ES LA LUCHA LIBRE.


Como sucede con los héroes de ficción, que cambian de personalidad con sólo ponerse una capa, los luchadores del ring también se vuelven otros cuando se visten con máscara y un traje. Ya no se llaman Juan ni Rodelmiro, sino que se convierten en Rayo Chapín, Súper Eskéletor o el Arriero de Palopó. Escuchan el rumor del público allá afuera, que los espera en el ring. De repente, el anunciador grita su nombre, y por el acceso de los luchadores, como si estuviera emergiendo un dios del mar, sale, por fin, el luchador, ante los aplausos o abucheos del público, según las preferencias.

La lucha libre ha sido y es uno de los fenómenos culturales más vistosos, debido al alto grado de espectáculo, morbo, violencia, moda y secretividad que existe detrás de esta actividad. Sin embargo, la lucha libre guatemalteca ha dejado de ser lo que fue en sus años dorados, aquéllos en que era hasta más popular que el futbol nacional.

En otros países, la lucha libre sigue siendo un fenómeno de masas, incluso atrayendo a enormes cantidades de gente, como es el caso de la lucha de Estados Unidos, o, sin ir tan lejos, la popular lucha libre mexicana, ésa que Santo, Blue Demon y Huracán Ramírez se encargaron de internacionalizarla en las medianías del siglo XX.


Fenómeno cultural

Hace algunas décadas, todavía en los ochenta, la lucha libre en Guatemala era muy popular. Contaba con el apoyo de la televisión nacional y con la publicación de revistas especializadas en el tema. Además, la lucha internacional, como el programa argentino "Titanes en el ring", servía de caja resonante para aumentar el fenómeno.

Para explicar la historia reciente de la lucha libre en Guatemala, Relámpago Negro narra su experiencia de casi 30 años en la lucha libre.

El Relámpago Negro es el luchador en activo más añejo de la lucha guatemalteca. Se debut fue en 1979, pero entonces se llamó Furia Negra.

Un año después, modificó su nombre, y desde entonces es el Relámpago Negro. Para entonces, la lucha libre era aún un espectáculo digno, de masas. Había una sola arena, el entonces llamado Gimnasio Nacional, en donde se reunían al menos unas 5 mil personas. En ocasiones especiales, por ejemplo en eventos realizados en el Parque de la Industria, acudían unas 10 mil personas, que eran capaces de pagar el equivalente a, hoy día, 80 quetzales.

Muy atrás, cuando el futbol no era profesional y no atraía tanta gente, la lucha libre ayuda a financiar el deporte en general.

Para entonces, dice el Relámpago Negro, la lucha libre en verdad era profesional. Antes de iniciar como luchador profesional, tuvo que prepararse durante dos años para aprender todo; tres horas diarias para lograr entrenarse, y de igual forma sucedía una vez ingresó a luchar en las arenas.

La lucha libre era un espectáculo serio, en donde el luchador debía aprender, antes que todo, lucha olímpica, ya que ésa es la base. En adelante, se podía incluir maromas, lanzamientos desde la tercera cuerda y alguno que otro golpe a mano limpia.

Pero, según el Relámpago Negro, hubo una mala época en que empresarios querían dar mucha espectacularidad afectando la credibilidad, lo que poco a poco fue molestando a la gente.

El negocio de la lucha era antes lucrativo, del cual se podía obtener una buena plata, por lo que muchos empresarios quisieron entrar en él, y hasta llegaron a sacar de las gerencias de las arenas a los que sabían, como José Sari y Edgar "He Man", quienes fueron los últimos empresarios de la época de oro de la lucha libre en Guatemala.

El luchador promedio de antes podía llegar a ganar 1 mil 200 quetzales, sólo con formar parte de la rotación de una arena, lo que dejaba una buena posibilidad económica; los luchadores podían dedicarse a ello, y sólo complementando sus ingresos con trabajos extras.

Ahora es al revés, porque los luchadores deben mantener un trabajo fijo toda la semana, lograr entrenar, si bien les va, seis horas a la semana, y llegar a la arena el fin de semana, para intentar ganar 200 quetzales si pelean.

Actualmente, la Arena Grecia, Guatemala México y la Corporación Triple A (a la que pertenece el Relámpago Negro, en la 16 calle y 8a. avenida de la zona 1), tienen actividad el domingo, y la Arena Internacional y la Olimpo, los sábados.

Desde 1997, calcula Relámpago Negro, la lucha libre empezó en franca caída, ya que el espectáculo perdía calidad y la gente lo notaba y dejaba de asistir. Hoy día, a las arenas sólo llegan unas 200 personas, que pagan 20 quetzales por ingresar.

Pese a que ha perdido popularidad, la lucha libre sigue conservando la esencia de sí misma; los trajes, las máscaras, el misterio, la lucha entre técnicos y rudos, la adrenalina y el misticismo, siguen siendo parte importante del espectáculo.


Cuestión de actitud

Después de atender su negocio de comida toda la semana, unas señoras llegan a la arena para observar a los luchadores. Necesitan descargar energía acumulada. Si es posible, enrollarán su suéter y con el bulto formado tratarán de pegarle a un luchador que les cae mal, pero con cautela porque éste es capaz de voltearse y ladrarles (literalmente).

Ésa es la lucha: una ocasión para tomarse la justicia por sus manos, luego de sufrir tanto en la semana. Antes las rivalidades formaban una parte importante de esta cuestión, sobre todo en la famosa división entre rudo y técnico.

Según Relámpago Negro, lo que hace diferencia entre uno y otro, es la actitud. El técnico se vincula más a lo bueno, a la justicia; por eso, hace uso de la lucha olímpica y, más que golpear a su rival, buscarán hacer que se rinda con una bonita llave; para ellos, eso es más vistoso que noquearlos.

En cambio, el rudo está vinculado con la "maldad", con lo bruto y lo agresivo; golpeará sin piedad a su rival y, además, intentará hacer trampa, hacer golpes bajos o prohibidos, sin que el réferi observe. Incluso, tiene preparados algunos artilugios, como pañuelos con cloroformo, o tirar polvo picapica a los ojos del contrincante.

El técnico gana aplausos, y el rudo, abucheos; ambos parecen estar satisfechos con eso. Por supuesto, que hay algunos aficionados que les gustan los justicieros técnicos, pero hay otros, cansados de ser buenos y de no conseguir nada por el "camino correcto", apoyarán a los rudos, que harán cualquier cosa por ganar.

En la misma línea, se puede decir que hay árbitros que favorecen lo bueno, y otros que parecen favorecer a los rudos; otros parece que se hacen los desentendidos, en beneficio, también, de los rudos.

Según Relámpago Negro, en las arenas hay dos vestidores: uno para técnicos, y otro para rudos. Los árbitros, según su inclinación y favoritismos, se irán a uno u otro para prepararse. Es decir, que hay réferis que sí prefieren a los técnicos y otros a los rudos.

Entre los compañeros de vestidores, todos se conocen; se muestran sus rostros sin máscaras sin temor a traiciones. Pero, eso sí, no ofrecen su identidad al rival.


¿Es real?

Uno de las dudas que despierta siempre la lucha libre es si realmente hay golpes, ya que la mayoría luce fingido.

Según Relámpago Negro, todo es real, y para muestra enseñó los 14 puntos internos y externos que le aplicaron luego de que fallara un lanzamiento desde la tercera cuerda.

Lo que pasa es que previo a luchar deben aprender a caer bien, a fin de no golpearse, además de tener una buena condición física para soportar.

Pero, según el entrevistado, eso mismo es lo que ha afectado a este espectáculo, ya que actualmente muchos luchadores no se preparan y con sólo ingresar quieren pelear. En vez de hacerlo, empiezan a payasear.

Sin embargo, Relámpago Negro es uno de los luchadores que aún procuran la calidad de la lucha libre. Aparte de pelear cada domingo, entrena a jóvenes valores para que ingresen al negocio.

Si quiere observar un espectáculo de calidad aún en este fenómeno cultural, en donde máscaras y trajes tienen simbolismos, la algarabía tiene una explicación antropológica y la lucha entre el bien y el mal adquieren tintes éticos y hasta teológicos, acuda mañana a la arena de la Corporación Triple A (16 calle y 8 avenida zona 1), en donde Relámpago Negro y otros, lucharán contra peladores mexicanos, que han venido con mucha descortesía y petulancia a decir que allá la lucha es mejor, y han venido los luchadores conocidos como Violencia y Rey Pacal. ¡A ver qué pasa!


LUCHA LIBRE EN EL MUNDO


La lucha libre ha sido un fenómeno que ha abarcado varias latitudes en el mundo. A pesar de que surge a raíz de un deporte como la lucha olímpica, su alcance ha llegado a ser una buena opción para ser de los programas televisivos más rentables o que han sido plasmados en el cine.

Viene a la memoria la espectacular serie televisiva "Titanes en el Ring", una especie de telenovela, pero que se desarrollaba en un cuadrilátero. Fue creado por Martín Karadagián, un hijo de inmigrantes en Argentina que aprendió desde pequeño la lucha grecorromana.

Martín logró dar en el punto del dramatismo que conlleva la lucha libre. Obviamente, el espectáculo no se basaba únicamente en la habilidad física de los luchadores, sino que también había una historia que seguir. Los simbolismos de las naciones, en donde asomaron sus narices la Guerra Fría y hasta la Guerra de las Malvinas, eran representados. Pero, más que eso, los simbolismos familiares de una Argentina en depresión por las dictaduras.

Martín Karadagián, quien asumió la figura de un hombre bueno, vencía al final de cuentas. La momia negra y la momia blanca eran las mismas personificaciones del bien y del mal. Además, otros personas que no luchaban, pero que sí actuaban, como El Hombre de la Barra de Hielo, que sólo se limitaba a dar una vuelta por las afueras del ring, a fin de mantener la atención de los niños.

Más recientemente, la lucha de la WWE en Estados Unidos, se ha convertido en uno de los negocios y espectáculos más rentables, con la capacidad de llenar grandes estadios cada semana. A comparación con Titanes en el Ring, la WWE parece una telenovela, en donde rivalidades fuertes van armando una trama durante semanas. Sin embargo, en Estados Unidos parecen tomarse más en serio el espectáculo físico ya que, por medio de artilugios y uno que otro golpe bien dado, la fortaleza se transpira en el aire.

Ha sido tan riesgoso que en esos cuadriláteros se registró una muerte, por una caída accidental sufrida durante una pausa. Asimismo, se ha visto de luchadores de la WWE que se alejan por un tiempo para someterse a operaciones y recuperaciones tras severos golpes sufridos.

Pero, sin duda alguna, la lucha libre que más alcances ha tenido es la mexicana, sobre todo por los aportes que hace décadas hicieran los luchadores de esa nación. Iniciando con Gorki Guerrero, quien se convirtió en el primer campeón de una competición que se hiciera a nivel mundial, por lo que se le consideró el mejor luchador libre del mundo. Sus herederos actúan hoy en la lucha libre de Estados Unidos.

Pero la mayor referencia del fenómeno de la lucha libre de México es la del Santo, el enmascarado de Plata, quien logró apertura internacional gracias a sus películas, en donde actuaba como un luchador que se dedicaba, en su tiempo libre, a combatir el mal en México. Así, científicos locos, vampiros, zombies y otro tipo de personajes de la ciencia ficción, tuvieron que vérselas con el Santo, quien con el uso de recursos tecnológicos avanzadísimos, golpes de puro músculo y una buena mezcla de música de jazz, causaron furor en el cine, con películas que han sido dobladas y presentadas en todo el mundo.

Más realista que las películas del Santo, es la trilogía de Huracán Ramírez, que fue personificado por el actor mexicano David Silva y el luchador homónimo, que hacía las escenas de lucha, y que presentaban los problemas más familiares del luchador; sin embargo, la última entrega de la trilogía, ya se incluían mutaciones y vampiros.

"Frágil como el amor" de Luz Méndez de la Vega

El mes pasado, la escritora Luz Méndez de la Vega, Premio Nacional de Literatura en 1994, publicó su poemario "Frágil como el amor", con la casa Artemis Edinter.

Este libro da inicio como un homenaje a Pablo Neruda, poeta chileno al cual Méndez de la Vega muestra su admiración en las "Palabras previas" de esta publicación.

En el 2004, el entonces presidente de Chile, Ricardo Lagos, condecoró a la autora de este poemario con la Medalla Presidencial Conmemorativa del Centenario del Nacimiento de Pablo Neruda. Con base en ese evento, Luz Méndez escribió un poema, y pronto se dio cuenta que podía escribir un libro completo.

Debo decir que el libro no es una imitación nerudiana, ni nada por el estilo; está dedicado al poeta chileno, pero la poesía ha escrita es únicamente de Luz Méndez, de su sentir poético y de su realidad, si es que puedo atreverme a asignarle un matiz personalísimo a esos poemas.

Para Luz, quien se ha caracterizado por su incansable actividad en las letras, pudo haber escrito un ensayo o una crítica sobre Neruda, un artículo o hasta una obra de teatro, debido a que tiene la habilidad de ejercer todos esos ámbitos. Sin embargo, optó por la poesía, ya que, como continúa diciendo en las "Palabras previas", este género ha perdido espacio de publicación, a favor de la prosa; probablemente, la narrativa sea preferida hoy día por el lector, ya que es mucho más comprensible, más digerible y más impactante.

Pero sería contradictorio, también, establecer un homenaje a Neruda, ya que fue él -junto a César Vallejo- quien le otorgó a la poesía en español ese carácter coloquial, libre y ágil, y, sobre todo, de reconocer que en nuestro lenguaje cotidiano, en nuestro alrededor, existe la poesía.

Ésa, tal vez, es la intención de Luz Méndez de la Vega con "Frágil como el amor", quien, como ya advertí, no imita a Neruda, sino que parte de esta tesis original, de reconocer la poesía en la cotidianidad.

Por ello, también me atreví a decir que este poemario representa la cotidianidad emocional y poética de esta escritora guatemalteca.

Dividido en cuatro grandes apartados, Luz Méndez retoma cuatro grandes temas de la poesía nerudiana y en general: el recuerdo, el testimonio, el tiempo y la trascendencia. Como se reconocerá en esta agrupación temática, son elementos que forman parte de una experiencia poética de madurez, es decir, que, pasados los años, un poeta es capaz de mirar atrás y establecer diferencias entre el ayer y hoy.

Muy al contrario es la experiencia poética de un joven, que le canta al momento fugaz y a la incertidumbre del porvenir. La obra poética de madurez pareciera un encuentro cercano con la hermana muerte, y caminando de su mano se lanzan a reflexionar sobre la vida. Estas conversaciones, que luego se han de transformar en poemas, tienden a lo filosófico, a lo trascendental y a saberse, por fin, humanos que hoy son y mañana no.

En el primer aparatado, titulado "Huellas en la arena", la imagen expresa que las pisadas, por ejemplo en la playa, por muy fuertes que sean, siempre están expuestas a las olas del mar, que, sin importar de quién son las huellas, las borra.

Por nuestro caminar por la vida, vamos dejando huellas, ya sean de impacto positivo o negativo; según las huellas que dejemos, seremos recordados para bien o para mal. Sin embargo, las huellas son marcas pasadas, de lo que fuimos y hoy, probablemente, ya no somos.

Las huellas marcan el camino que recorrimos, pero también apuntan, en recorrido inverso, hacia los objetos y personas de las que huimos. En la experiencia poética de la madurez, ya no importa hacia quién o hacia dónde vamos, sino de dónde venimos.

El segundo apartado, "Testimonios", es el reconocimiento del sí mismo hoy, y que inevitablemente se tiende a comparar a lo que fuimos ayer, y darse cuenta que ya no somos los de antes.

En este apartado, a mi gusto, se encuentran los poemas más memorables de este libro, como "Testimonios", homónimo a la sección, en donde la poeta se da cuenta que los testimonios de ayer, ya no le pertenecen, porque la que fue ayer, no es la misma de hoy. "Más fieles que nosotros / ¡tercas! / las palabras y las cosas / no olvidan, y vueltas / tierno testimonio, / hablan de ese tiempo que / -tú y yo- / irrevocablemente / expatriamos / del álbum de fotografías".

Otro poema, "Urbana", la poeta se compara con una casa, construida con fuertes cimientos y que mantiene su fachada intacta. Sin embargo, la casa donde ocurrieron tantas cosas ayer, no logró capturar a las personas. "¡Iguales! ¡tan iguales!: / la tapia, la buganvilla, el durazno y la casa / confundiendo calendarios, / detenidos en su ayer, / aunque, al igual que yo, / ya no son / los mismos de antes."

La tercera sección, "Relojes y calendarios", abordan el tema del tiempo y la temporalidad. El tiempo es eterno y no tiene una medida humana, ya que la vida pasa y se detiene y, como decía Gardel, ¡qué son veinte años!, cuando nos damos cuenta que el mundo es eterno. La temporalidad, en cambio, sí es humana, ya que nos esforzamos por medir algo eterno, a través de nuestra limitada vida. Para medir lo eterno, nos valemos de relojes, que marcan los segundos y las horas, y los calendarios, que marcan meses y días, para apropiarnos de algo que no es nuestro y que nunca podemos atrapar, inevitablemente.

La última sección, "Claroscuros", es una especie de testamento poético, ante esta que es una larga experiencia de madurez. En "Carta botella a Pablo Neruda", se establece una especie de arte poética de Luz Méndez de la Vega, basándose en las propuestas del poeta chileno.

Pero, más suya, en "Epílogo", la poeta da cuenta del porqué es importante dejar el testimonio, dejar documentos que testifiquen nuestro paso por el mundo, a pesar de que nuestra existencia es efímera y fugaz: "A los que vienen detrás / y borran con sus pasos / nuestras huellas, / nuestras voces, / y nuestros nombres, les recuerdo: // que este mundo / ha sido nuestro / y antes / de otros, / y de otros / y de otros infinitos / olvidados nombres."