jueves, 8 de abril de 2010

You're in the jungle, baby; you gonna die!


Sí, es cierto. La venida de Metallica a Guatemala me provocó más disgusto que alegría. Y, en consecuencia, no fui al concierto.


Metallica, para mí, significaba un cambio de la niñez a la adolescencia, en una época en que no entendíamos nada de nada; una época de muchos silencios en la sociedad guatemalteca.


Metallica vino a romper algunos moldes en las radios y algunos tímpanos de las viejitas. La MetroStereo, a lo más que llegaba, era al pop rock fresa de Bon Jovi y Deff Lepard, que, para que se dimensione el fenómeno, sonaban en las fiestas de los Quince Años, cuando las agasajadas le hacían un guiño al de la disco (no Disk Jockey, término que no existía en los ochenta) para bailar pegadas con su chambelán (término utilizado gracias a una telenovela mexicana de la época).


A los finales de los ochenta, no teníamos Internet para buscar las letras de las canciones, así que normalmente no sabíamos qué decían. Tampoco había YouTube y los discos eran una especie rara y carísima. Estaban los cassettes para grabar, pero casi nadie, que había comprado el disco a 40 quetzales (equivalentes a unos 1,600 tortrix de la época), estaba dispuesto a prestártelo para que lo grabaras gastando sólo dos quetzales en un cassette en blanco.


Total, que Metallica era para mí la expresión de mi paso de la niñez a la adolescencia. Claro está, luego vino su afresamiento para poder entrar a MTV, su demanda contra Napster -la cual no debería haber sido perdonada nunca por la subcultura rockera- y su posterior decadencia.


Tan decadentes, que ahora se permiten venir a un país con Guatemala, con 30 mil personas en un estadio que se miraba medio lleno, cuando estaban acostumbrados a recibir medio millón de personas en las ciudades más importantes del mundo.


En realidad, con Metallica, no estaba dispuesto a compartir una experiencia muy personal entre su música y mi vida, con 30 mil gentes, cuya mayoría no han de tener idea lo que significó el grupo en su época de auge.


Claro está, cada quien tiene derecho a ir a ver a un grupo por cualquier razón: si porque es legendario, si porque es popular, si porque es una experiencia de vida, si porque le regalaron la entrada, o porque simplemente va a cualquier puto concierto, sea el de Metallica o sea del de Magneto. Que Dios perdone a estos últimos.


Pero las razones para oponerme a ir al concierto de los Guns and Roses, la próxima semana en Guatemala, son más simples. Porque para Metallica había que tener valor para aguantarse a ir, porque al fin de al cabo son un excelente grupo.


Los Guns también marcaron su época. Incluso más que Metallica. El Apetite for Destruction fue un pasaporte al infierno, y el álbum doble, pero separado, Use your Illusion, fue la consolidación, en la transición entre los ochenta y los noventa del siglo pasado (sigh!)


Los Guns básicamente estaban formados por Axl Rose, la voz líder y principal compositor, y Slash, un guitarrista que podría ser considerado como uno de los mejores de la historia, sino hubiera pertenecido por tanto tiempo a una banda que no le exigió el 100% de su capacidad.


Sí, a veces aparecía Izzy, pero creo que sólo en Patience, y luego desapareció, porque una guitarra rítmica al lado de Slash era tan sosa, que la pudo haber ejecutado cualquier guitarrista charranguero de iglesia católica. Estaba Duff, pero el bajo de los Guns pudo haber sido ejecutado por cualquier principiante, ya que el bajo se basaba en tocar la nota relativa a su acorde. También estaba Dizzy, en los teclados, pero ahora que lo recuerdo, PUTA, jamás escuché un solo puto teclado en una canción de Guns. Y estaba Adler, o Sorum o cualquiera que pudiera tocar la batería en una secuencia bombo-redoblante-bombo-redoblante-bombo-redoblante, como si fuera una batería de iglesia evangélica.


Sí, sí, ahora que lo pienso mejor, los Guns sólo eran Axl y Slash. Y sin éste, los Guns no son, sólo es Axl. Al menos, deberían cobrar la mitad en los conciertos.


De cualquier forma, los Guns son los Guns, y fueron los artistas más dominantes de los años 1987-1991, y muchas de sus canciones son un himno de finales del siglo XX (sigh!).


Por ello, para los que estén emocionados con ir al concierto, les ofrezco mi top ten de las canciones de los Guns, para que estén atentos y se aprendan las canciones.


Número 10: Civil War

Sí, ya lo sé, en realidad esta casilla debería estar vacía, y es que sólo encontré nueve canciones que me gustan ahora que ha pasado el tiempo, y para rellenar puse ésta que no me parece tan mal.



Número 9: Since I don’t have you

Los Guns tenían el patín de continuar grabando covers, práctica habitual en las bandas de reciente inicio. Pero esta canción fue incluida en The Spaghetti Incident?, un disco basado sólo en covers. Fue el último disco con la banda completa, y de lo que poco que recuerdo de este disco, ésta es la única canción que ha perdurado en mi memoria. El video, además, fue el último en que aparece Slash como gunner.



Número 8: Live and let die

Otro cover, ahora extraído del original de Paul McCartney, que sirvió para la película homónima del 007. La versión McCartney estaba bien para la película, pero para mí los Guns le dieron otro aire, y le dan a la canción la oportunidad de ser escuchado fuera de las escenas en que se salva James Bond. Por cierto, desde hace ratos tengo en papel un post sobre la filosofía Bond y, precisamente, esta película.


El cover aparece en Use your Illusion.



Número siete: Don’t cry (cualquiera de las dos)

Sí, sí, ya sé, es que en realidad sólo encontré seis canciones, pero para hacer el top ten tuve que meter ésta, que, a pesar de todo, fue uno de los éxitos de la época. ¿Alguien sabe qué les dio por hacer dos versiones de ésta? ¿Y prácticamente igual? ¡Quién sabe! Esta doble canción fue incluida en el álbum doble de Use your Illusion, cada una en disco distinto.



Número seis: Paradise City

Ahora sí, empieza lo bueno. Paradise City fue el primer sencillo de Apetite for Destruction, el álbum que lanzó a la fama mundial al grupo. Las anteriores canciones que mencioné quizá no sean interpretadas en el concierto; quizá sólo Live and let die. Pero ésta seguramente será la que cierre el concierto por ser la paradigmática de la banda. Luego de que el rock en inglés se estaba afresando con Bon Jovi, Scorpion, Cindirella, etc., los Guns revitalizan la temática del sexo, drogas y rock and roll e impactan con Paradise City.


Número cinco: Knockin’ on Heaven’s Door

Lo que más recuerdo en torno a esta canción, es aquella vez que mi amigo Paulo tomó la guitarra y dijo: “A mí la canción que me encula es ésta”, y empezó a tocarla (la canción). Al día siguiente, por evitar a una viejita que se le atravesó cuando él manejaba, se fue a empotrar en un portón, y murió. Comprendí que una noche antes, en realidad estaba tocando las puertas del cielo.


Un viejo cover original de Bob Dylan, revitalizado con nuevos aires por los Guns.



Número cuatro: Patience

Aparentemente, original de Izzy, aunque otros se la atribuyen a Axl. Es quizá la única canción de los Guns en que Slash no es fundamental. Me imagino que ha de ser terrible para una banda que se autodefinía como rockón duro, tener entre sus mejores una canción lenta, de amor, muy suave, y muy buena. Axl, ya que no lo he mencionado, tiene una de las mejores voces del rock en inglés, junto a Steven Tyler (quien lo creó a su imagen y semejanza) y Mick Jagger, sobre todo porque los tres tienen un amplio registro vocal, de quizá cuatro octavas, lo cual es impresionante. Pero Axl es capaz de dar a una canción un poco descolorida, tremenda fuerza, como es este caso, a pesar de los coros un monótonos y (casi) desafinados de sus compañeros.


Excelente canción. La única que vale la pena del disco Lies.



Número tres: Sweet child of mine

Insisto, qué duro ha de ser para esta banda que una canción suave esté entre sus mejores. Formó parte del lado B de Apetite for Destruction. En realidad ya tenía todo el disco, y esta canción sería puramente de relleno. Mientras descansaban tras la grabación, Slash empezó a hacer puros ejercicios de escalas de guitarra, y le empezó a salir el riff inicial de Sweet child of mine, luego se sumó la batería, el bajo, y, por último, Axl sacó la letra de un poema hueco que le estaba escribiendo a su novia, y surgió la canción, que fue grabada sin mayor ceremonia, porque, al fin de cuentas, sería puro relleno.


Llegó al número uno de las principales listas, y los expertos consideran esta guitarra como una de las mejores, si no la mejor, en una canción de este estilo.



Número dos: November rain

Esta canción se sale de toda la tónica de los Guns, incluyendo Sweet child… y Patience. La razón por la que es diferente es que, al contrario de Sweet child… esta canción tardó meses, incluso años, en ser escrita. Axl la compuso por partes, y no sabía cómo enlazarla.


Al fin se dio, aunque el proyecto desbordaba la capacidad de los propios músicos, por lo que necesitó que Axl se pusiera al piano (a pesar de que él no es muy hábil en este instrumento), y contratar a una orquesta sinfónica, incluyendo coristas. Así solucionaron el problema de tener dentro de la banda a músicos sosos de relleno, y Slash hizo el resto.


Número uno: Welcome to the jungle

Y, a comparación de November rain, Welcome to the jungle es todo lo contrario, porque la primera necesitó de años de composición y ayuda adicional. En cambio, Welcome… es la esencia de los Guns. Brutal, agresiva, el espíritu del álbum Apetite for Destruction (hay que recordar que los Guns fueron una banda de terrible comportamiento, destruyendo hoteles y con muchos problemas de drogas).


Ésta la compuso Axl y tiene una fuerza innata, sin artificios. Slash con un riff más complicado que el de Sweet child… y Axl haciendo gala de su voz. Esta canción seguramente será la más trascendental de los Guns. Será recordada por siempre y tiene asegurada su inclusión casi constante en películas, series de televisión y hasta en los tiempos fuera de los espectáculos deportivos, sobre todo cuando el equipo contrario va entrando. Y es que Welcome… ya es parte del imaginario colectivo del rock.


Según entiendo, los Guns abren ahora sus conciertos con Chinese Democracy, primer sencillo del disco homónimo que están actualmente promocionando. Es decir, nadie conoce y nadie se va a emocionar. Pero tras esta canción, tocan Welcome to the jungle, y el concierto se encenderá.



Según cuenta la historia, la idea de la canción surgió cuando escuchó a un indigente gritarle: “You know where you are? You're in the jungle, baby; you gonna die!”, y le robó sus pertenencias. La frase le causó un gran impacto, y, a pesar de haberle robado todo, le dejó esta inspiración para la que creo es la mejor canción de los Guns.


Bue…, espero que les sirva de guía para apreciar más a los Guns a los que van a ir al concierto. Esperen para mañana, en esta misma edición, ¿Arjona o Fito?, o bien, ¿Por qué Ricky confesó lo que ya sabíamos?

9 comentarios:

Cárdenas dijo...

Mario, sin ánimo de ofender: éste es el peor post que le he leído. Parece que estaba dopado cuando lo escribió. O que no lo escribió usted.

Debiera revisar muchos de sus conceptos, o invitenos una vez más a abrir nuestros propios blogs.

PS
En el de Paez y Arjona sí le haré algun comentario, porque creo conocer suficiente de música, de arte, y de la trayectoria de Charly García, Paez, y Arjona. Ojalá hubiera algún debate de altura, alguna vez en algún blog guatemalteco.

Anónimo dijo...

Vos Cordero, este mamarracho se parece más a una tarea escolar que a una nota digna de un editor de un diario de circulación nacional. Mejor escribí sobre temas que manejés con propiedad para no caer en el ridículo y desnudar tu ignorancia cuando pretendés pasar por experto en asuntos como el rock. Típico comportamiento de periodista guatemalteco que se siente superior a la plebe.

Te vendría mejor entrevistar a gente que sabe del tema como el Jorge Sierra o el Mario Castañeda por mencionarte a dos.

Pero antes que me mandés a comer mierda, acepto que este es tu blog y vos podés escribir en él lo que ronque el culo. También estás en todo tu derecho de hacer el ridículo cuando te plazca. Y yo no tengo porqué venir a reprochar.

Ps.

Vos Cárdenas, me decepcionarías si sacás tu percudido nacionalismo para argumentar a favor de la estrella más fulgurante del pop chapín.

Alma Marcela Silva De Alegría

Engler dijo...

Arjona, para comprender a Paez por supuesto...

Cárdenas dijo...

No voy a sacar mi "nacionalismo chapin" porque es algo que siempre critíco. En el último siglo bajo el término "chapin" y bajo ese nacionalismo se han amparado muchas estructuras, que entre tantas otras cosas horrorosas, han suprimido la capacidad de crítica de los "chapines". No importa que la Selección Nacional de Fut sea la peor del mundo, porque "somos chapines y podemos y el que no apoya es porque no es chapin o porque no quiere a Guatemala". "Somos chapines y vamos a salir adelante porque Guatemala tiene el lago más bello del mundo". "Somos chapines muchá, vaá, y vamos a construir casas para que ya no hayan pobres, y el que critica y no ayuda se parece al de la fábula de los cangrejos, y yo quiero que cuando sea grande ya no hayan pobres y haber sido yo parte del cambio". Etc.

Pero bueno, me considero de los pocos guatemaltecos que critican a Arjona, por su prosa, por sus cacofonías, por su temática, por sus arreglos, por su "metafísica", por sus musicos, por su consideración a sí mismo, etc. y por lo que significa actualmente para las clases medias altas y altas bajas urbanas de Guatemala. Aunque, tampoco niego que conozco toda su obra y tengo LPs de cuando empezó su carrera en Guatemala. O sea, el aprecio por lo guatemalteco y mi tierra lo tengo, pero nada más.

Paez lo resumió muy bien: "lo que logran la política y el periodismo contemporaneo". Y para muestra un botón - y los demás, a la camisa -.

Anónimo dijo...

@Cárdenas: Ahora sí que estamos de acuerdo mano. Arjona es un producto del mercadeo dirigido a un segmento ligth (las clases que vos decís)de sociedades tercermundistas como la nuestra.
Transformado de un cantante popular a divo que compite con Lady Gaga por aparecer en las páginas de los infinitos pasquines nuestros, Arjona es el Hermano Pedro de los "chapines", especialmente de aquellos que hasta hace unos meses juraban que nunca abandonarían a "su" Guatemala.

Chistoso ese nacionalismo de cerveza, ron (el mejor del mundo que dicen, cuando el ron es uno de los licores más vulgares) y pollo frito. Chistoso, pero también criminal.

Salú

Alma MSDA

André dijo...

Pues a mí me ha parecido muy buen post. El primero que he leído desde que Metallica dio concierto acá, que ha descrito con precisión a estos dos grupos venidos a menos. Por esto y otras cosas yo no fui a Metallica y tampoco iba a ir a Guns. Pero cada quien tiene sus motivos.

Cárdenas dijo...

Para esa clase media que criticamos, los prejuicios en estas frases no son evidentes: "¿Por qué Ricky confesó lo que ya sabíamos?"

PS
Mucho menos evidentes son para los periodistas guatemaltecos y sus redes de apologetas, en su supuesto elitismo cultural e intelectual.

Anónimo dijo...

Y es que esa pequeña oración: "¿Por qué Ricky confesó lo que ya sabíamos?" además de los prejuicios clasemedieros, desnuda la superficialidad de quienes pretenden pasar por profundos y sutanciosos, cuales personajes extraídos de una fábula del gran Esopo.

Lo que he extrañado esta vez ha sido la infaltable adulación de cierto personajillo que brinca de blog en blog, danzando y alabando a los becerros de oro que obraran milagros a su favor

Anónimo dijo...

André:

Qué decirte, solo me confirmás que en país de ciegos el tuerto es el rey.