miércoles, 15 de enero de 2014

Una historia sobre reyes

Recién ahora recuerdo una historia sobre Reyes, a propósito de la festividad que hoy se celebra en el Calendario Occidental-Cristiano.

Tikal, acertadamente, ha sido identificada como el más grande centro de poder de la Civilización Maya, ya que desde el Clásico Temprano daban muestras de sus capacidades. Solamente Calakmul, unos kilómetros al norte, amenazaba este predominio. Sin embargo, poco o nada nos enseñan ahora en nuestro sistema educativo, ya que esta otra ciudad se ubica en México y nuestro concepto de “Guatemala” nos impide apreciar que la historia de lo que ahora llamamos “país” se extiende muchas veces allende de nuestras fronteras y que las causas y las consecuencias de ciertos hechos históricos se encuentran más allá de nuestros límites geográficos.

Pues decía que la influencia de Tikal había iniciado en el Clásico Temprano maya, cuando, por alguna razón que aún no se tienen clara cuáles fueron sus motivaciones, contó la influencia de Teotihuacán, la poderosa ciudad-Estado que se ubica en lo que actualmente es el centro de México. Esta ciudad estaba interesada en expandir su influencia hacia el mundo maya, y habían identificado a Tikal como un punto estratégico dentro de la región maya. Para ello, el “Rey” de Teotihuacan, “Búho Lanzadardos” (o “Búho Arrojalanzas”, según otras denominaciones) envió a un emisario, a quien hoy día se le reconoce como “Nace el Fuego” o “Nacido del Fuego”.

Este emisario se ubicó, en primer lugar, en la ciudad de Waka, actualmente conocida como el Perú, a 78 kilómetros al oeste de Tikal. Waka era un importante centro comercial, condición que le fue propiciada por contar con un puerto pluvial en lo que ahora se le conoce como río San Pedro, capaz de albergar grandes canoas de carga pesada en ese entonces.

Nace el Fuego llegó Waka el 8 de enero del año 378 d.C. El “rey” de dicha ciudad, K’inich B’alam (Jaguar con Rostro de Sol), lo recibió como un aliado, y prestó la ayuda necesaria para la expedición a Tikal.

Las tropas de Nace el Fuego, con refuerzos bélicos y alimenticios de Waka, siguieron en la trayectoria del río San Pedro hasta llegar a su nacimiento, y luego por tierra, hasta llegar a Tikal, hecho registrado el 16 de enero del mismo año.

Nace el Fuego logró obtener el control de la “nobleza” de Tikal, instituyendo un nuevo orden, aunque, como señalé antes, no se sabe aún si ya había un acuerdo pactado con Teotihuacán para cederle el poder, o si el emisario llegó a someterlos. Los estudiosos mayistas no se ponen de acuerdo en reconocer cuál fue el papel de Nace el Fuego en Tikal; algunos señalan que fungió como un regente del “rey” de Teotihuacán, Búho Lanzadardos; otros indican que elevó al poder al “príncipe” de la ciudad mexicana.

Gracias a esa influencia de Teotihuacán, Tikal se convirtió en el centro de poder de la región maya para el Período Clásico, y lograría controlar el comercio de todas las regiones; tan solo Calakmul le provocaría problemas, sobre todo en el inicio del siglo VI d.C.

En una batalla en 562, Calakmul derrotó a Tikal. Sin embargo, la ciudad petenera no fue destruida, y décadas después se recuperó y derrotó a su rival.

Los siglos VI y VII fueron una constante lucha entre las dos ciudades estados, para tener el control de la región maya. La batalla fue llevada no solo al ámbito bélico, sino también al tecnológico, artístico y económico, entre otros.

En el siglo VII, Tikal dominaba el comercio por el río de La Pasión, probablemente el más importante de la época. Calakmul identificó esta ruta comercial como un sector estratégico, por lo que se propuso tomar el control de ese paso.

Debido a la importancia del río de La Pasión, Tikal había fundado una especie de “principado” en Dos Pilas, una pequeña ciudad al sur, a la ribera de dicha ruta pluvial. Usualmente, un “noble” era quien regentaba ese punto. Para el año 635, Balaj Chan Kawiil, “príncipe heredero” de Tikal, “segundo en la sucesión al trono”, era el gobernador de Dos Pilas.

Este “principado” sobrevivía de los impuestos pagados por las ciudades-Estado aledañas, y su función era básicamente militar, con el propósito de custodiar el paso comercial por La Pasión. En esos años de regencia de Balaj Chan Kawiil, la ciudad había logrado un alto grado de florecimiento y hasta se había transformado en un centro de mucho lujo.

Debido a su importancia económica, Calakmul invadió Dos Pilas, enviando al exilio a Balaj Chan Kawiil. Sin embargo, no fue desechado del todo, a sabiendas que el verdadero interés era tomar el control del área maya, para lo cual la clave era tomar el control de Tikal. Así que Calakmul le devolvió el poder a Balaj Chan Kawiil, con la idea de tenerlo como aliado.

Este “príncipe”, segundo heredero de Tikal, fue apoyado por Calakmul para que invadiese Tikal, que para ese entonces (año 679) ya era gobernado por su hermano Nuun Jol Chak.

Esta guerra fratricida terminó en el triunfo del hermano menor, Balaj Chan Kawiil, quien venció al rey de Tikal. El príncipe continuó como Gobernador de Dos Pilas, y la “nobleza” de Calakmul se hizo cargo de Tikal.

Sin embargo, otros “nobles” sobrevivientes de Tikal retomaron el control veinte años después. Por estos constantes cambios y guerras, Calakmul y Tikal fueron perdiendo el control de la región y poco a poco empezó el declive maya en la región de Petén. Dos Pilas, que también mantuvo el control del comercio por La Pasión, finalmente fue destruida en 761 por pequeñas ciudades de los alrededores.

Para entonces, otras ciudades mayas, sobre todo en las riberas de La Pasión, florecían, como Cancuén, que desde el año 757 se encontraba gobernada por el “rey” Taj Chan Ahk, quien ante la caída de Dos Pilas, y la decadencia de Tikal y Calakmul, logró obtener buena parte del control en la región. Este “monarca” logró mantener un “reinado” más o menos tranquilo, gracias a que supo hacer alianzas comerciales estratégicas con el resto de ciudades estado.

A su muerte en 795, su hijo, el “príncipe” Kan Maax, quiso continuar con la hegemonía de Cancuén; pero la suerte no le duró más que cinco años. En el año 800, un mortal asalto a la ciudad depredó todo. Aún quedan indicios de que el rey quiso construir edificaciones defensivas, las cuales quedaron a medio camino.

Si algo me llama la atención de esta historia sobre “reyes” y “príncipes” mayas es la occidentalización que se ha realizado de los sucesos. Ciertamente, el concepto de “Rey” proviene de la Edad Media europea y no sería lo más adecuado que se adecuara nuestra historia con los mismos términos.

Sin embargo, la cultura europea judeocristiana ha logrado imponer sus esquemas y estructuras sociales en todo el mundo. Para empezar, debo recordar, por ejemplo, que hoy en el calendario cristiano se celebra el día de los Santos Reyes, a pesar de que en la Biblia no se dice nada sobre “nobleza” ni “monarcas” sin que habla de magos o de sabios, que leyendo los mapas celestes, observaron un acontecimiento importante en Belén y decidieron asistir.

Todo ello es parte de la colonización del pensamiento que se nos ha hecho, a tal grado que muchas personas en Guatemala aún ven con nostalgia ese mundo de la realeza que se tiene en España y suspiran por los Reyes y por el Príncipe Felipe y creen tener una vinculación con esos monarcas.

Mucho peor es que la política y la socioeconomía guatemalteca sigue esos patrones monárquicos-feudales de la Edad Media europea y los Presidentes se creen reyes, y los diputados y alcaldes se consideran como una especie de señores feudales de sus regiones.

Sería bueno empezar a descolonizar nuestras estructuras sociales, para lo cual contribuyo contando esta historia sobre “reyes” y “príncipes” mayas, que es una historia sobre monarquías tan importante de conocer para nosotros como mestizos, con la misma (o mayor importancia) que tiene la historia de los reyes de España, o de esos sabios de Oriente que visitaron a Jesús.

Sin embargo, estas historias de la “monarquía” maya, lamentablemente, están muy lejos de ser enseñados en nuestro sistema educativo.