sábado, 27 de diciembre de 2008

Los libros del 2008

El año que está finalizando deja una buena producción de libros. Conforme pasan los años, cada vez hay más y mejores libros en nuestro país, gracias a un buen impulso que realizan las editoriales estatales y privadas.

En esta ocasión, quiero hacer un repaso, grosso modo, sobre la producción de este año. El objetivo no es mencionar todos los libros, porque imagino que se debieron de haber editado más de 1 mil 500 títulos de todo tipo de temas, por lo que es imposible mencionar todos.

Por tal razón, me enfocaré sólo en los que se refieren a literatura propiamente dicha, y de éstos, tampoco podré enumerar todos, sino que sólo algunos ejemplos que llaman la atención.

En términos generales, la producción editorial posee buena salud; en adelante, faltará mejorar los esfuerzos en la distribución y comercialización de los libros, y proyección de los autores, tareas pendientes de las editoriales, pero -no hay que negarlo- hay algunas que van por muy buen camino.

La narrativa es el género literario que más se publica en el país; escasamente, la poesía logra algunas cuantas publicaciones. También, en términos generales, la literatura encontró una especie de estancamiento en cuanto a la innovación temática, pero sobre todo de la técnica, ya que predomina la línea tradicional en la novela, el cuento y la poesía; sin embargo, hay algunos ejemplos que buscan nuevos caminos.

POESÍA

Pese a que la poesía es un género literario al cual naturalmente confluye la mayoría de escritores, éste no se refleja en la producción literaria. En el país, más que todo la poesía fue publicada por escritores de ya larga trayectoria.

Cabe mencionar que la mayor parte de los libros de poesía publicados este año por editoriales guatemaltecas, se refieren más bien a reediciones. La que más destaca es la llamada Antología personal de Marco Antonio Flores, publicada por el Fondo de Cultura Económica. Este libro recoge la selección de textos de todos los años de producción poética del Premio Nacional de Literatura 2006.

La edición de Antología personal es muy buena. En este caso, la reedición de estas obras es incluso necesaria, ya que Marco Antonio Flores es conocido más que todo como narrador, aunque esta publicación del Fondo de Cultura Económica recuerda que también es muy buen poeta.

En otros casos, como mencioné, las reediciones fueron el común denominador de la mayoría de publicaciones de poesía, tales como Asalto al cielo de Francisco Morales Santos, publicado por Magna Terra Editories, o Poesía prepóstuma de Luis Eduardo Rivera, publicado por la Tipografía Nacional.

Aunque estas dos publicaciones salen a luz con un título inédito, debe hacerse notar que son antologías de poemas ya publicados; sin embargo, esta aclaración no se hace en la portada del libro.

Cabe mencionar que hubo dos poetas consagradas que sí publicaron libros inéditos, como fue el caso de Luz Méndez de la Vega, con Frágil como el amor publicado por Artemis Edinter, e Iracundae dea de Margarita Carrera.

Otro poemario que merece la atención es Los episodios del vagón de carga de Manuel José Arce, publicado por Piedra Santa. Este libro es uno de los mejores de este autor, y uno de los más representativos de la década de los sesenta, pero hoy día inaccesible, si no fuese por esta edición.

NOVELA

La novela es uno de los géneros preferidos para la publicación. Dentro del listado de obras publicadas este año, se encuentras varios títulos que permanecían inéditos. Cabe agrupar las obras en dos categorías diferentes, cada una con dos opciones de clasificación.

La primera categoría sería en torno a la extensión de la novela; hay una clara tendencia a que los escritores jóvenes opten por la novela corta, mientras que autores con más añejamiento prefieran la novela extensa.

Una segunda categoría se refiere a la ubicación temporal del ambiente de la obra, en las cuales caben las opciones de novela histórica y la novela de temporalidad contemporánea. En estas categorías no hay tendencias, aunque quizá sea más común la primera opción.

En la primera categoría, sobre la extensión, se puede referir que escritores jóvenes, como Byron Quiñónez con El perro en llamas (Editorial Cultura), Ronald Flores con La rebelión de los Zendales (Piedra Santa) y Eduardo Juárez con Retrato de borracho con país (Palo de Hormigo), optaron por extensiones de alrededor de cien páginas. En el caso de Flores, anteriormente ha publicado novelas más extensas, pero los otros dos éste es su primera publicación en este género.’

En cambio, con obras como La montaña infinita (Artemis Edinter) de Fernando González Davison y El sueño de los justos (Alfaguara) de Francisco Pérez de Antón, las obras sobrepasan las 300 páginas.

Quizá con temor a equivocarme, la extensión de la novela es un rasgo generacional. Una novela extensa se explica, tal vez, por la necesidad de la descripción minuciosa que poseen los narradores añejos. Mientras que un estilo corto, refleja la rapidez de la contemporaneidad, así como el centrarse en otro tipo de detalles de más acción.

De estas novelas, La rebelión de los Zendales de Flores, La montaña infinita de González y El sueño de los justos de Pérez, son históricas, porque versan sobre temas de la historia de Guatemala.

Los autores debieron de haber iniciado sus investigaciones para crear estos libros, buscando en los archivos históricos del país. Esto evidencia una características de nuestros tiempos: poco a poco le vamos perdiendo temor a nuestro pasado. La búsqueda en la historia era un derecho que estaba vedado durante los tiempos de guerra, por lo que no parecería raro que empiecen a proliferar este tipo de novelas. Mientras que las otras dos novelas referidas se posiciones en temporalidades actuales y abordan temas y problemas contemporáneos.

CUENTO

En cuestión de cuentos, también hubo buenos ejemplos de títulos inéditos, aunque la mayoría se trataba de reediciones.

Tal fue el caso de Cuentos completos de Dante Liano, publicado por la Tipografía Nacional, que consiste en la compilación de la obra narrativa breve de este autor, incluido algunos relatos inéditos.

En cuanto a la tendencia, la producción guatemalteca, sobre todo en cuento, continúa una tradición criollista del relato basado en historias pintorescas, en donde no deja de haber humor, un habla coloquial, personajes y paisajes “netamente chapines” y brevedad.

Como buen ejemplo de ello sobre sale la compilación de cuentos titulada Romualdo de Eduardo Villatoro, publicada por F&G Editores, con la cual, además, esta casa inició la Colección El Sombrerón, que –a juzgar por este título inicial- se basará en continuar la tradición neocostumbrista y neocriollista.

Sin embargo, hay otros ejemplos de libros que están innovando, sobre todo en el género del cuento, que ofrece grandes posibilidades para ello.

El primero es el Megadroide Morfo-99 contra el Samuray Maldito de Julio Calvo, publicado por la Editorial Cultura.

Éste es un cuento, que ya había sido premiado hace diez años y publicado en un medio escrito. Pero fue hasta este año que vio la luz en forma de libro.

La temática del cuento funde una historia de una batalla entre dos seres ultratecnológicos, que pueden modificar su forma. La lucha tiende al infinito, y en medio de esta lucha surgen ejemplos de la violencia en que está sumido el país. Todo ello enlazado y narrado con gran maestría.

Además de esta temática novedosa, la diagramación y edición de este libro tiende más a las necesidades actuales de los autores. En estos tiempos, en que la literatura busca nuevas formas de expresión, es casi imposible que los autores se puedan enmarcar en libros que contengan línea tras línea de caracteres. Julio Calvo logró romper con esta tendencia con su Megadroide…

Otra mención especial es para la compilación de cuentos Sin casaca de varios autores, compilado por Alan Mills. Este libro se basó en la interpretación de cada uno de los autores acerca de una historia que hayan escuchado en algún lado. Es decir, valoró la tradición oral y su codificación en clave estética. De ese libro, surgen algunos buenos ejemplos de tendencias innovadoras de la cuentística actual.

TEATRO

El teatro -hasta donde yo sé- no mereció ninguna publicación. Ello puede ser explicado a través de la certeza de que el teatro actual en Guatemala está divorciado de la literatura. Anteriormente, el teatro se consideraba un género literario, ya que previo a su representación en escena pasaba por la escritura.

Sin embargo, a raíz de las innovaciones de los directores a finales del siglo XIX, el teatro empezó a considerarse un arte por sí mismo, y se consideró literatura únicamente al texto escrito. Pero de éste a la puesta en práctica, podía haber una gran diferencia, ya que es común que los directores o los mismos actores impongan un rasgo personal.

En Guatemala, la mayoría del teatro se produce sin guión literario. Se produce, mejor dicho, con base en “chispazos” coyunturales -mas no en la improvisación-, y que buscan entretener y hacer reír a su público, a través de descargar cómicas en contra de figuras públicas o tradicionales del país.

Me parece que ello puede explicar a grandes rasgos el por qué no se publican obras literarias nacionales de teatro.

PROSA

Los géneros literarios ya no se pueden enmarcar en narrativa, poesía y teatro. Los escritores necesitan mayor libertad para escribir, por lo que surgen otras formas.

Dentro de la crítica literaria, F&G Editores publicó un libro que podría considerarse un valioso aporte para la crítica centroamericana: Intersecciones y transgresiones: Propuesta para una historiografía literaria en Centroamérica de varios autores. En él, se empiezan a resolver los problemas iniciales sobre qué es la literatura centroamericana -si es que esto existe-. La mayoría de críticos que aportan en este libro, sin embargo, proceden de otras regiones, o bien son centroamericanos que se ejercitan en otros países fuera del istmo.

Es por ello que éste es un buen intento inicial, aunque debe continuar los esfuerzos por comprender la literatura centroamericana.

En la crónica, se publicó la reedición de Fez, la andaluza, de Enrique Gómez Carrillo, cuya obra dejó de editarse por mucho tiempo en Guatemala, por lo que cada reedición de él es valiosa, puesto que nos acerca de nuevo a este autor fundamental para las letras nacionales.

Otro libro que merece la atención es el publicado por Magna Terra Editores, Ir perdiendo de Gloria Hernández, quien asegura en la portada del libro que se tratan de consejas. Es decir, la autora se vale del recurso de los consejos populares, y con base en ello va escribiendo este libro en prosa, que reflexiona sobre el tema de las pérdidas.

Otro libro en prosa que sobre sale es Lecturas menores de Javier Payeras, publicado por Editorial Cultura. En él, ofrece comentarios literarios en torno a obras escritas. El valor del libro es que nos acerca a otros títulos que usualmente no se refieren ni se comentan, por lo que pasan como inadvertidos entre nuestros lectores.

Pero, sin duda, el libro en prosa que -por lo menos a mí- llaman la atención, es Los secretos de Adán y Eva, salsas, besos y otras delicias de Ligia García García, edición de la autora impreso en la Tipografía Nacional.

García ofrece una especie de diario íntimo, en donde va relatando su interioridad. Sin embargo, hay otro tipo de textos, que por su utilización, es innovador: recetas de cocina. Dentro de la literatura universal, el tema de la cocina ya había sido utilizado, como en “Como agua para chocolate” de Laura Esquivel. Pero García García utiliza verdaderas recetas, e invita al lector a realizarlas.

No se trata de un libro de cocina comentado, sino más bien de una novela o diario íntimo, que se vale del recurso de las recetas de cocina, para expresar los sentimientos de la autora.

EFECTO FILGUA

Dentro de la revisión de los títulos publicados este año, cabe mencionar que la mayor parte de la producción salió a la luz en los primeros meses del año. Esto -me imagino- para que pudieran ser promovidos en la Feria Internacional del Libro en Guatemala (Filgua). La mayoría de editoriales y autores apuraron sus procesos a fin de que pudieran ser expuestos, incluso presentados, durante este evento.

Filgua era antes un evento bienal, pero a partir de este año será anual. Por eso, antes las editoriales aprovechaban el año “Filgua” para lanzar más libros. Habría que evaluar si este efecto continuará, dado que habrá feria cada año.

Otro efecto que puede deberse a Filgua, es que cada vez más las editoriales, pero sobre todo los autores, comprenden la necesidad de adquirir el número ISBN para identificar a sus libros. Éste sirve para identificar al libro, no sólo en Guatemala, sino que en todo el mundo, y a través de él se puede comercializar, incluso vía Internet.

Sin embargo, había cierta desinformación en cuanto a esto, por lo que algunos autores no se adherían a esto, pensado que era un gasto superfluo. Filgua ayudó en esto, ya que ésta organizado por los mismos editores que ofrecen el servicio de ISBN.

LISTA PERSONALÍSIMA

En general, éstas fueron las tendencias de la producción editorial. Quiero decir tendencias, porque, como ya indiqué antes, sería imposible referirlos a todos, y si no mencioné algún libro, no habrá sido de mala fe.

Pero, a continuación, daré una lista, que, obviamente, es subjetiva, sobre los libros que más me gustaron.

En poesía, rescataría Antología personal de Marco Antonio Flores, y Los episodios del vagón de carga de Manuel José Arce, ya que, pese a ser reediciones, éstas son inaccesibles hoy día. En el caso de Flores, él es más conocido como narrador, y poco se le ha valorado como poeta.

En la novela, me quedo con El perro en llamas de Byron Quiñónez, por su intento de introducir a la narrativa guatemalteca a nuevas tendencias, tal como es esta novela negra, en la que incluye problemas actuales, como sectas, narcotráfico, satanismo, entre otros.

En cuanto a cuento, Megadroide… de Julio Calvo, es el que más llama la atención, además de la compilación Sin casaca.

Y, como referí antes, Los secretos de Adán y Eva de Ligia García García, por su utilización de recursos extraliterarios, como las recetas de cocina.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Buenas noticias

  • En Grecia, fuertes manifestaciones entre policías y estudiantes. La tensión creció más por la muerte de un joven.
  • Persecuciones a lo loco en Pakistán, para ver quién la paga por los atentados en la India.
  • La crisis económica predomina en los periódicos, pero nunca nadie explica cómo sucedió esto y dónde están los responsables.
  • Y, hablando de responsables, los diputados quieren evadir antejuicios a puro recurso de amparo.
  • Un grupo evangélico se congratula por leer la Biblia en 40 horas.
  • Un Emo fue capturado porque supuestamente mató a su familia. Los fiscales dicen que así son los emos.
  • Los Derechos Humanos cumplen 60 años; ya están viejitos.
  • Hollywood se va a huelga. Pese a que las ganancias son millonarias, los actores y guionistas obtienen apenas una pequeña tajada.
  • Le Clézio recibió el Premio Nobel.
  • Schuster reconoce que no puede ganarle al Real Madrid. No se sabe si se descaro, falta de confianza o sinceridad. Tal vez esto último. Nosotros seguimos creyendo que iremos al Mundial, y qué daño nos hace no tener alguien como Schuster para que nos lo diga.
  • La Editorial Cultura publica una recopilación de textos, ensayos y artículos periodísticos de Gerardo Guinea Diez. El año pasado publicó uno igual de Raúl de la Horra. ¿No será desperdicio de recursos publicar algo ya publicado por medios más masivos?
  • Hay cólera en Zimbabue. El presidente lo niega, porque si lo reconoce debe dejar entrar la ayuda de Gran Bretaña, que no desaprovechará para hacer un golpe de Estado.
  • El juicio de Fujimori cumple un año. También se cumple un año desde que la Corte de Constitucionalidad dejó libre a Germán Chupina. Primer se murió a que disfrutara de su libertad.
  • En Nicaragua no se ponen de acuerdo en la política; dos de sus mejores escritores, sufren la censura.
  • Joviel Acevedo quiere continuar como maestro. No da clases, pero no quiere salir del magisterio. En parte, qué bueno que no dé clases.
  • El aparato de inteligencia del Gobierno cobra millones de quetzales al año por leer Prensa Libre. Ya decía yo que nadie lee Prensa Libre de gratis.
  • Alux Nahual cumple 29 años. A tanto tiempo después, “Aquí está tu tierra”, “La trampa”, “El loco” y “Alto al fuego” son puros panfletos.
  • Facundo Cabral decía que seguramente Dios sigue confiando en nosotros, porque aún no sigue enviando bebés al mundo.

***

Dan ganas de esta canción de Joaquín Sabina (resalto las frases que más me gustan)

ESTA NOCHE CONTIGO


Que no arranquen los coches,

que se detengan todas las factorías,

que la ciudad se llene de largas noches

y calles frías.


Que se enciendan las velas,

que cierren los teatros y los hoteles,

que se queden dormidos los centinelas

en los cuarteles.


Que se mojen las balas,

que se borren las fotos de las revistas,

que se coman a besos las colegialas

a los artistas.


Que se toque la gente,

que no lleguen los trenes a la frontera,

que sean cariñosas con los clientes

las camareras.


Porque voy a salir esta noche contigo

se quedarán sin beatos las catedrales,

y seremos dos gatos al abrigo

de los portales.


Que se enfaden las flores,

que vuelvan las cigüeñas al calendario,

que sufran por amores los dictadores

y los notarios.


Que se muera el olvido,

que se escondan las llaves de los juzgados,

que se acuerde cupido de los maridos

abandonados.


Porque voy a salir esta noche contigo

se quedarán sin coartada los criminales,

y serás mi invitada en paraísos

artificiales.


Cuando llegue por fin mi mensaje

a tus manos, en la gasolinera vieja

te esperaré

y tomaremos juntos al abordaje

la carretera que te conté.


Dejaremos colgada

la caprichosa luna sobre los cines,

y las estatuas públicas derribadas

en los jardines


Porque voy a salir esta noche contigo

se quedarán sin medallas los generales,

y seremos los gatos más canallas

de los portales.


***

Tengo mucho miedo de lo que pasa en el mundo, de lo que pasa en Guatemala; pero los amores son lo único que anima a seguir adelante. Tengo miedo del mundo que le espera a mi nena recién nacida. Dice Facundo Cabral que seguramente Dios sigue confiando en nosotros, porque aún no sigue enviando bebés al mundo.


Mi nena no es la de la foto. Ésta la tomé de cepem.com.ar. Aún les debo las fotos de mi bebita, que por el momento se llama Lourdes (Lourditas).

viernes, 5 de diciembre de 2008

Para qué unificar el idioma

Si no mal recuerdo (porque lo leía a la carrera y saber dónde), la próxima semana presentan la Gramática Unificada del Español (aunque en realidad no se llama así). Hay que valorar este enorme esfuerzo para unificar nuestro precioso idioma, que no es más bonito que el portugués, pero sí más que el inglés.

Sin embargo, tener que hacer esto es una tarea un poco frustrante, porque si de por sí hablamos tan diferente, incluso dentro de los mismos países, imagínese entre varias naciones. Porque habrá que reconocer que cuesta un ojo de la cara entenderle a un cubano, sobre todo cuando éste está sonriendo, es decir, siempre. O saber qué dice un colombiano que ya lleva unas tres copas de aguardiente, a un chilango asaltando un bus o a un andaluz contando chistes. O, para no ser chauvinista, ha de ser difícil para cualquier hispanohablante entender a un patanote guatemalteco, sobre todo cuando habla de la Selección Nacional de Futbol.

Para mí, más que unificar el idioma, hay que hacer un esfuerzo por entender las expresiones lingüísticas de nuestros hermanos del habla. Quiero decir, entender a un argentino o a un salvadoreño antes era difícil, pero ahora por la globalización de las telecomunicaciones, es hasta viable entenderle a un brasileño.

Más que defender la pureza del idioma, a mí me gustan las expresiones -incluso las incorrectas-. Pero ¡PUTA, MUCHÁ! unos sí se pelan. Veamos a continuación:



Personalmente no me gusta la salsa de tomate, le quita el sabor a la comida. Pero hay que tener cuidado con lo que ofrecen en las fondas, porque -dicen por ahí- que a veces les meten afrodisíacos en las cosas, y vaya usted a saber dónde termina ese día.






Señor, señor, me presta su perro
para salir a chingar un ratito.










Entonces, voy a llamar para ver cuánto
dinero cuesta para que me lo regalen, ESTÚPIDO.









Esto se llama tener conciencia ecológica,
pero también ser pura mierda.






Pues..., si nos urge para los tragos,
pos ni modo, deme una bolsa de yelo's.







Trabajo de lunes a sábado; fiyado, los domingos. Hoy no fiyo, mañana, sí. Fiyado ya murió, mala paga lo mató. De los tres que les di fiyado: uno ya murió, el otro me está pagando... sólo falta usted. (otros letreros en abarratorías de prestigio).





Otro con conciencia ecológica.
¡SALVEMOS A LOS CONCHODRILOS!








Mama, la invito mañana a celebrar su dia. Baber pollo y guaro.







Obvio. Ése es el problema de trabajar en un
área tan científica como la crianza de aves.





Éstos sí están monopolizando el
mercado... hasta en las tiendas.










Ya ven... hablando se entiende la gente.









PUTA. Cómo costó que el chucho se cogiera a la cobra para que obtuviéramos este resultado.







Conversación escuchada en una aldea de Sololá: "Nuestra comunidad se separó del municipio, porque nosotros sí creemos en el Dios Verdadero".




Sin duda, mi favorito. Y es que ya ven que hay librerías que venden de todo (chocobananos, empacan regalos, papeles, etc.) menos un puto HOMBRES DE MAÍZ. Les dejo este link para que profundicen en esto.




Al final de cuentas, el lenguaje es hermoso y lo importante no es escribir bien, si no hacerse entender. Al final de cuentas, si lees esto y aún te orinás en la pared, es por tu pura gana de chingar.





FOTOS: recibidas por un correo de Carlos Duarte.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Una ley antinarcomatanzas

Nuestra forma de actuar como chapines es poco efectiva. Si evaluáramos cada una de las actividades que realizamos, seguramente reprobaríamos en la mayoría, ya sea porque navegamos sin rumbo, no tenemos objetivos, o, simplemente, no obtenemos ningún resultado.


Desde tiempos atrás, estamos acostumbrados a subirnos al pedalazo, es decir, cuando ya todo va caminando, tenemos que encaramarnos sí o sí. O, en otras palabras, no hemos podido nunca sentarnos a platicar qué país es el que queremos, planificarlo y empezar de cero.


Lastimosamente, esto ha lacerado nuestras políticas y los resultados están a la vista. Nos hemos acostumbrado a hacer “chapuces” y ahí la vamos pasando. Pongamos algunos ejemplos.


En los últimos días, está surgiendo una propuesta para “legalizar” que en las motocicletas sólo se conduzca un pasajero, es decir, sólo el piloto. Esto surge tras la repitencia de asesinatos, en que dos sicarios en moto, uno conduciendo (con casco en la cabeza) y otro con pistola en mano para matar y salir huyendo (éste va sin casco, para no obstruirle la visual).


Pregunto: ¿Qué más da hacer una ley para que sólo vaya un pasajero en la motocicleta? Hasta donde yo sé, para iniciar, el simple asesinato, ya sea en moto o a pie, es un delito condenado por la ley. También sé que está prohibido, so pena de multa, viajar en motocicleta sin casco. ¿No sería legislar sobre algo que ya está penado? Si fueran impuestos, más de alguien ya hubiera interpuesto un amparo en la CC para que no haya carga impositiva sobre algo que ya paga impuestos.


Volviendo a la improbable “Ley contra el Sicarismo Motorizado”, más pareciera una iniciativa para favorecer el creciente negocio de las motocicletas, el cual ha gozado de una gran inversión en los últimos meses, debido a las alzas de los combustibles de principio del año.


Otro ejemplo: el anuncio que han hecho un diputado y un vicepresidente para legislar sobre la regulación de incluir a las organizaciones no gubernamentales, más conocidas como ONG, dentro del Presupuesto de Ingresos y Egresos de la Nación. Desde su mismo nombre, las ONG estipulan que no tienen vínculos con el Gobierno ni, por ende, con el Estado. Entonces, ¿por qué legislar contra algo que por naturaleza no lo permitiría?


Vivimos en una “moda” de legislar para todo y crear leyes específicas, en lugar de incluirlas en marcos generales. Además, los nombres de nuestras leyes son tan específicos, que a veces es hasta difícil de recordar, como la Ley de Acceso Universal y Equitativo de Servicios de Planificación Familiar, que -pese al revuele y espectativas que generó- no se lleva a la práctica.


Nuestra forma de actuar, legislativamente, es más o menos así: a) tenemos un problema; b) los periódicos publican hasta el aburrimiento; c) los grupos afectados intentan obtener apoyos para que se legisle sobre ello; d) la iniciativa tarda mucho en ser redactada, revisada y aprobada; e) entra en vigencia; f) jamás se aplica.


Nuestro sistema legal carece de sentido común, además de ser complejo, ya que hay temas que se repiten, leyes en desuso, y leyes generales que no incluyen todo lo que es. Nuestros legisladores hasta para eso son perezosos, para revisar las leyes añejas y modificarlas para que continúen vigentes.


De nada nos sirven las leyes, ya que nadie las cumple. En la impunidad en Guatemala, intervienen los tres organismos del Estado. El Judicial, el mayor responsable, por no castigar a los culpables; el Ejecutivo, por no velar que se cumpla la ley, y el Legislativo, por mantener un sistema legal inoperante. Y, lo peor, es que jamás damos en el clavo, como la frustrada Ley de Armas y Municiones, en donde los diputados no son capaces de darse cuenta de que no es importante quién regule las armas (si Gobernación o Ejército) sino desarmar a los delincuentes.


Quizá, más de algún diputado iluso, estará preparando hoy día una iniciativa para la Ley Contra Toda Forma de Calcinamiento en el Oriente del País, o la Ley Antinarcomatanzas.

martes, 2 de diciembre de 2008

Odiseo

A Verónica, por el gusto de verte.

Entonces, Odiseo se cansó de nuevo de esperar en su casa -como decía Monterroso- a que Penélope terminara de tejer. Por eso, en un arranque de cólera, ideó el caballo de Troya que le permitiría vencer la resistencia de su amada esposa.


Odiseo ya no era fuerte, y en lugar de astuto, como Homero le señalara como su mayor virtud, se había degenerado y ahora era un simple mañoso; un viejo verde, como le llaman ahora.


Así que, el muy mañoso, se había dado cuenta de que en su casa hacían falta huevos, y ¡qué huevos! Entonces, muy decidido, Odiseo se enfrentó de una vez por todas a Penélope, y le dijo: “Voy al supermercado a por huevos”, dijo con un acento muy peninsular.


Penélope intentó convencerlo de lo contrario, pero Odiseo ya estaba decidido. El muy mañoso sabía lo que hacía. Durante veinte años de ausencia, había idealizado a su esposa; pero ahora, sabía cómo era ella en realidad y lo que significaba vivir con ella.


Desde hacíe tiempos, tenía programada una salida así, pero Penélope –y sobre todo Telémaco- se lo habían impedido, ya que él tal vez no recordaba cómo había sido la última vez, en donde, ya ven, tardó veinte años y hasta tuvo que ingeniárselas contra un cíclope.


Pero, como decía Gardel, veinte años no son nada, y Odiseo necio, ya que estaba seguro que aún conservaba el sex appeal, que antaño logró conquistar a Circe, Calipso, las sirenas y –quién quita- hasta a Escilia o algún mocete bien parecido cuando los días se hacían largos en alta mar; era probable que vagando un poco por ahí lograra emular sus aventuras, como cualquier Leopold Bloom pudiera hacerlo en pleno siglo XXI.


Su astucia no le sirvió de nada para convercer de ir al supermercado, pero como ya estaba viejo, y Penélope se había cansado de lidiar con él, le dijo que estaba bien, que se fuera, y que si era posible le comprara esa crema antiarrugas que anunciaban en la televisión, ésa que promocionan valiéndose de un pobre lagarto y su preciosa piel.


Así que, ¡por fin! tanto va el necio al cántaro, que por fin bebe su agua. Pero, antes de salir, Odiseo tenía que hacer todo un ritual. Había decidido rasurarse, porque esa barba larga, rubia, se había convertido en dos o tres pelos que le salían, y lo peor es que ya había encanecido. Debía quitarse ese look de old fashion de asistente de contabilidad, y es que después de que los pretendientes de su mujer lo dejaran en casi bancarrota, Odiseo se volvió en un hombre que medía todo, muy previsible y con una tacañería que rápido lo envejeció.


Se quitó los anteojos, pese a que sin ellos no miraba nada, pero, bueno, en fin, si no, no presumiría sus lindos ojos verdes en el supermercado, único símbolo de belleza que le quedaba, aunque en realidad sus ojos reflejaban el cansancio que tienen los combatientes después de la guerra.


Montó en un carro de batalla, tirado por dos bellos corceles negros. Pero al salir por la calle, los equinos no se animaban a pasar en medio de ese feroz tráfico. “Esto es para animales”, debieron de haber pensado los brutos.


A pesar de que el supermercado más cercano se encontraba a veinte minutos caminando, Odiseo tardó casi una hora en llegar en su vehículo. Tuvo que buscar el sótano del parqueo, porque en la parte de arriba estaba lleno. La mayoría de personas se queda en el primer lugar que encuentra, y, si no hay, se espera hasta que se desocupe algo.


Por fin logró que el carro de batalla entrara en retroceso, porque los caballos no querían hacerlo, ya que habían tenido una mala experiencia anterior yéndose de reculón. Con dificultades, apenas logró introducirse en el espacio correspondiente, ya que el carro de al lado estaba pisando la línea amarilla que delimita las fronteras entre uno y otro automóvil.


Odiseo debió subir por las gradas, porque en el elevador había mucha cola de gente que le daba pereza subir por sus propios medios. Al llegar, al menos cinco volantes sobre almuerzos económicos cayeron en sus manos. Irremediablemente, los papeles terminaron en el primer bote de basura que encontró.


El supermercado es inhumano. No hay como una abarrotería, en donde pregunta: “¿A cómo los huevos?” “Ushhh, ya están caros, pero por ser usté, se los dejo al precio de a como estaban antes”.


Desacostumbrado a ello, Odiseo le preguntó al primer empleado que vio: “¿Tiene huevos?”, a lo que invariablemente debió responder: “A huevos”.


Odiseo aprendió así su primera lección: para qué preguntar en el supermercado, si de todos modos a quien uno le pregunte va tener que consultar por su radiotransmisor sobre el cuestionamiento, todo para que lo que uno busca esté en el pasillo de al lado.


De esa forma, Odiseo debió abrirse paso entre aquella maraña de gente. “¡Cómo me gustaría tener mi caballo de Troya!”, pensó el otrora héroe. Pero, lo peor de todo, es que los mismos empleados del supermercado eran quienes más obstruían: el del trapeador, el que cargaba bultos, la que estaba colocando los precios, la que estaba moviendo –sin razón aparente- las cosas de este lugar para este otro lugar; la degustadora que te ofrece salchichitas fritas con las manos sucias; o, simplemente, el gerente que le gustaba pavonearse entre sus empleados, pero sobre todo entre sus empleadas. Por fin encontró los huevos, pero por el precio se convenció sobre por qué su esposa mejor los compraba en la panadería; y regresó.


Cuando estaba haciendo cola para que simplemente le sellaran su tiquete de parqueo, vio a lo lejos a Calipso. Ya eran más de veinte años que no la veían. Odiseo se preguntaba constantemente qué hubiera pasado si se hubiese quedado con ella.


Calipso lo reconoció de inmediato, como si fuera Argos; con suma coquetería, le guiñó el ojo. Conducía una carretilla, y en el asiente llevaba a un pequeño niño. Odiseo supo de golpe que Calipso se había casado y que ya era una madre de familia. Y, lo peor, es que se miraba muy bien, hasta feliz. Así que él le guiñó el ojo, también, terminó de sellar de una vez por todas su tiquete, se puso sus gafas y se fue.


Al regresar a su casa, otra vez estaban los pretendientes de Penélope, pero esta vez sí les estaba haciendo caso. Ella creía que Odiseo regresaría en veinte años, así que prefirió no perder tiempo.


Y sin fuerzas para tensar su arco, Odiseo volvió a irse, a encontrarse a sí mismo, quizá en el billar o caminado sobre la playa, aunque, según la leyenda, fue en busca de la Atlántida, que, por entonces, era un complejo habitacional con muchos problemas de violencia, sin agua y sin acceso a transporte.



FOTO: Odiseo atado al mástil del barco, para vencer el canto de las sirenas, mientras su tripulación había bloqueado sus oídos con cera.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Diciembre me gustó pa que te vayas


Hace varios meses, cuando me bastaba el simple empuje de querer escribir -y escribía- (no como ahora, que ya tengo más de un mes de no postear), esbozaba mi teoría de los meses. Hoy que iniciamos el mes de diciembre, el cual la tradición cursi ha catalogado como el “mes más lindo del año”, nos enfilamos, como en el ocaso de nuestras vidas, a terminar el año.


Por supuesto, que para la mayoría significa la Navidad, y los regalos, y las compras navideñas, las posadas, los convivios y tantas otras cosas que no nos permiten reflexionar, y concluimos el año trasnochados, “zurumbos”, como “mudencos” y de cualquier forma, e iniciamos un nuevo período medio babosos, sin dinero y de goma (¡SALÚ!)


Además, el fin de año está lleno de significados religiosos, sobre todo para la tradición cristiana, que paradójicamente termina el año normal, con una celebración que debería marcar el inicio... pero, bueno, en fin.


Me llama más la atención otro tipo de fiestas, más afines a nuestro espíritu, como el Día de Muertos, por ejemplo.


Y es que la tradición occidental cristiana siempre fue amante de lo clara y fácilmente diferenciable. Para la cultura hegemónica, el pan es pan, y el vino, vino. Por eso, el mestizaje es de difícil comprensión, y nos han heredado una forma de ver el mundo que no nos sirve para descifrar nuestra esencia.


Ahí está, tanta pelea por el mentado Halloween, en el que algunos pelean porque no es una tradición nuestra, y otros -peor aún- alegan que es una tradición satánica.


Para empezar, que lo diabólico y lo satánico es una categoría existente sólo en la tradición cristiana. En otras culturas, como la celta o la ibérica, los aquelarres no eran visto como “lo maligno”. Esto debe explicarse por una visión hegemónica, que dice: lo nuestro es lo bueno, y lo que no es como lo nuestro debe ser lo malo.


La estética de lo feo, lo malo, lo “prohibido”, lo escatológico, sólo ha sido posible en culturas híbridas, como las africanas, las nórdicas, las asiáticas, la española (que es mestiza, como la latinoamericana) o la americana.


Por ejemplo, en las culturas mesoamericanas, el bien y el mal pueden convivir dentro de un mismo ser. Ese ser llamado, bajo distintas lenguas, como Quetzalcoatl-Kukulkán-Gucumatz, era un ser que bien podía representar al bien, o al mal, sin que eso le preocupara a los teólogos prehispánicos.


En el Popol Vuh, tanto los héroes como los “villanos” tenían, indistintamente, características positivas y negativas.


O, por ejemplo, sólo Goya pudo crear sus pinturas negras, en un ambiente de la Inquisición, sin que esto le creara problemas.


Y, para no extenderme más, me quise referir, desde el principio, a esa tradición llamada “Quema del Diablo”. Por supuesto que hoy día esto tiene argumentos contrarios que se basan en el discurso medioambiental, y creo que está bien. Es molesto para cualquier persona el humo de basura quemada, mucho peor de ciertas basuras, como llantas.


Pero el simbolismo de la quema del diablo es mucho más que objetarle por el daño ecológico.


En esencia, la Quema del Diablo nos sirve para celebrar lo malo, lo feo, pero sobre todo, a lo que nos hace daño. Muchas veces no nos cuestionamos sobre nosotros mismos, y lo que nos hace mal. Estamos tan acostumbrados, que no nos importa seguir cojeando, sin solucionar el mal.


En otras culturas, existen tradiciones como la de origen vikingas, que consiste en poner en un barco pequeño símbolos de lo que nos hace daño; luego, se pone a navegar e incluso se le prende fuego.


Es, como dice la canción de Piero, que hay que limpiar primero el alma, antes de que puedan nacer en nosotros cosas buenas.


La Quema del Diablo tiene un simbolismo de nosotros mismos. Reconocemos las cosas feas que hay, y decidimos “calcinarlas”. Para los cristianos, este rito es necesario antes de iniciar con las fiestas sacras, pero para todo el mundo debería ser un rito obligatorio en el fin de año.


Termino con una canción, de José Alfredo Jiménez, que sólo escucho en este mes, y que me llega al puro tuétano, llamada Amarga Navidad:


Acaba de una vez de un solo golpe

Por qué quieres matarme poco a poco?

Si va a llegar el día que me abandones

Prefiero corazón que sea ésta noche.


Diciembre me gustó pa' que te vayas

Que sea tu cruel adiós mi navidad

No quiero comenzar el año nuevo

Con éste mísmo amor que me hace tanto mal.


Y ya después que pasen muchas cosas

Que estés arrepentida, que tengas mucho miedo.

Vas a saber que aquello que dejaste

Fue lo que más quisiste pero ya ho hay remedio.


FOTO: “La caída de Satanás”, una ilustración de Gustavo Doré, para “El paraíso perdido” de John Milton, en su edición de 1866.