jueves, 7 de agosto de 2014

Radiografía del lector guatemalteco

Hace algunos años, cuando estaba más empapado de las novedades literarias de Guatemala (debido a mi posición como periodista cultural, la cual hoy día ya no lo hago en forma remunerada), observaba que los listados de libros de preferencia del lector guatemalteco tendían más a la ficción, especialmente a la extranjera.

Por ejemplo, en 2008, los fenómenos del Código Da Vinci o Harry Potter estaban en pleno auge y los listados de libros más vendidos más o menos ofrecían esa tendencia. En cuanto a los libros guatemaltecos que se leían, se tenía predilección por novelas y cuentos. En ese año, por ejemplo, los autores guatemaltecos predilectos eran Ronald Flores, Alan Mills, Javier Payeras, Eduardo Halfon, Julio Serrano o Wingston González, por citar algunos de los muchos que figuraban. Lo importante que quiero dar a conocer es que se tenía predilección por la literatura de ficción.

Sin embargo, de unos años para acá, el gusto del lector guatemalteco ha cambiado y si se revisan los listados de libros más vendidos en los años de los últimos cuatro o cinco años, nos damos cuenta de que ahora predomina la predilección por la literatura de no ficción.

Basaré estas observaciones en los listados que emite esporádicamente la librería Sophos. La de Artemis Edinter no, porque por cumplir un doble rol (librería y editorial) tiende a deformar la lista y favorecer a los libros editados en casa. Por ejemplo, reportan que en los últimos años los libros más vendidos son las novelas de Haroldo Sánchez. ¿?

Bien, regreso a Sophos, cuyo modelo de gestión favorece entender mejor la predilección de las lecturas. Por ejemplo, en 2010, los libros más comprados (que, claro está, no es lo mismo que leídos) fueron El arte del asesinato político, de Francisco Goldman; Guatemala, eterna primavera, eterna tiranía, de Jean-Marie Simon; Las huellas de Guatemala, de Gustavo Porras; El material humano, de Rodrigo Rey Rosa; La pirueta, de Eduardo Halfon, y La historia negada, de Mario Mérida.

Salvo Rey Rosa y Halfon, el resto de autores deben ser considerados como libros de no ficción. Aunque El material humano y La pirueta poseen interesantes interpretaciones de la realidad guatemalteca (el primero trata sobre el archivo de la Policía Nacional, y el segundo sobre el racismo en Guatemala y Serbia).

Un año después, los libros más comprados en Sophos fueron Rendición de cuentas, de Alberto Fuentes Knight; Popol Wuj, de Sam Colop; Sierra Madre, de Pedro Palma Lau; Revoluciones sin cambios revolucionarios, de Edelberto Torres Rivas; Crimen de Estado -el Caso Parlacen-, de Lafitte Fernández, y Siendo puta me fue mejor, de Vivian Marroquín.

Aquí la lista es más dramática, puesto que, excepto el Popol Wuj, todos son de no ficción. Aunque Sam Colop ofreció con su versión una mejor interpretación de la traducción de este libro, por lo que se puede decir que la novedad fue de carácter de la no ficción.

Y todos estos, ficción o no ficción (excepto el de Vivian Marroquín), tienden a ofrecer una mejor interpretación de la realidad guatemalteca. Es decir, pasamos de la primera década del siglo XXI en que predominaba la literatura de ficción, a los años de 2010 a 2014, en que el lector guatemalteco se ha interesado más en adquirir libros que expliquen la condición de ser guatemalteco, o bien de presentar una mejor versión de sucesos de la historia guatemalteca que los medios de comunicación se encargaron de mantener el hermetismo.

Por ejemplo, Rendición de cuentas de Fuentes Knight despertó mucho el morbo del lector, puesto que estaban interesados en conocer qué había de trasfondo en la supuesta corrupción que se le acusaba al gobierno de Álvaro Colom, especialmente a la que entonces era su esposa, Sandra Torres.

O bien, libros sobre crímenes recientes que aún no han sido del todo esclarecidos, como el asesinato de Juan José Gerardi (El arte del asesinato político) o el asesinato de los diputados salvadoreños en Guatemala (Crimen de Estado –Caso Parlacen).

Es decir, que hay dos intereses particulares del lector guatemalteco (de quien cabe recordar que es un lector de clase media alta, con la capacidad económica suficiente para adquirir libros nuevos): conocer más sobre su propia identidad y saber más sobre el trasfondo de los delitos (corrupción o asesinatos) que a diario se consignan en las noticias.

Dada esa tendencia de lecturas, algunas figuras “públicas” han visto la oportunidad para “explicar” sus interpretaciones de la realidad guatemalteca. Y surgen personajes como Jorge Serrano Elías, sobre quien pesa la opinión pública de ser culpable, pero a pesar de ello publicó dos libros intentando transformar esa percepción, ofreciendo detalles sobre las presiones del poder económico sobre su Gobierno.

De la misma forma, han intentado (sin mucho éxito, cabe decir) Alejandro Giammattei, Roberto Carpio Nicolle y Manuel Baldizón.

Uno de los peligros de esta tendencia entre los lectores guatemaltecos es que los políticos y figuras públicas intenten publicar y vender solo por subirse a esta “moda”, y que no sigan criterios mínimos de redacción, mercadeo, o bien que ni siquiera den sus textos a un corrector de estilo para que les corrijan (como les pasó a Vivian Marroquín o, más recientemente a Álvaro Velásquez con Ideología burguesa y democracia), ya que ello puede provocar desencanto entre los lectores guatemaltecos.

Caso contrario han sido las publicaciones hechas, por ejemplo, por F&G Editores, que han brindado la plataforma logística (corrección, edición, diagramación, mercadeo y promoción) a autores como Fuentes Knight.

Esa me parece la gran tendencia entre los lectores guatemaltecos. Claro está, que también gustan de libros extranjeros, pero hasta en ello se han vuelto más refinados, ya que entre los más vendidos se encuentran, por ejemplo, libros de los que se están haciendo películas, lo cual es un buen indicador, puesto que ya muchos prefieren a leer el libro antes o después de ver la película, para contrastarlos. O bien, libros de escritores que sobresalen por los premios, como el mayor empuje que tuvo Mario Vargas Llosa tras el Nobel, autor que sin duda es el favorito entre los lectores guatemaltecos.

A riesgo de cometer muchos errores (en nombres de autores o en fechas de publicación) o de haber omitido a algunos autores, mi objetivo era ofrecer esta radiografía del lector guatemalteco, aprovechando que en breve se estará inaugurando la Feria Internacional del Libro, en donde se podrán contrastar y confirmar esta hipótesis.

PS: a manera de aporte adicional, quisiera proponer una serie de libros mínimos, de no ficción y recientes, que pudieran interesar a este tipo de lector guatemalteco, es decir, a quien intenta escudriñar más sobre su propia guatemaltequidad. La lista mínima sería la siguiente:

  • Biografía política de Guatemala. Tomo I y II de Francisco Villagrán Kramer
  • Centroamérica, de la colonia al Estado nacional (1800-1840) de J.C. Pinto Soria
  • De la guerra a la guerra: la difícil transición política en Guatemala de Héctor Alejandro Gramajo Morales
  • El ascenso de las élites industriales en Guatemala: 1874-1994 de Paul Dosal
  • Entre el mecapal y el cielo. Desarrollo del movimiento maya en Guatemala de Santiago Bastos y Manuela Camus
  • Fruta amarga. La CIA en Guatemala de Stephen Schlesinger y Stephen Kinzer
  • Guatemala: linaje y racismo de Marta Elena Casáus
  • Guatemala: nunca más. Tomo III. El entorno histórico de ODHA.
  • La esperanza rota: la revolución guatemalteca y los Estados Unidos, 1944-1954 de Piero Gleijeses.
  • La patria del criollo y Motines de indios de Severo Martínez Peláez
  • Las redes intelectuales centroamericanas: un siglo de imaginarios nacionales (1820-1920)de Marta Elena Casaús Arzú / Teresa García Giráldez
  • Rafael Carrera y la creación de la República de Guatemala, 1821-1871 de Ralph Lee Woodward Jr.
  • Visión indígena de la conquista de Ruud Van Akkeren

Obviamente hay más, pero mi corta memoria y mi poca disciplina académica me impide hacer más grande esta lista, pero les invito a ampliarla con sus comentarios.

Publicado en El Salmón: http://elsalmon.org/2014/07/03/radiografia-del-lector-guatemalteco/