lunes, 31 de diciembre de 2007
Feliz Año Nuevo
viernes, 28 de diciembre de 2007
Bolero

El Bolero es la obra más célebre de Maurice Ravel, músico francés nacido en 1875 y muerto en 28 de diciembre de 1937 (es decir, acaba de cumplir 70 años de muerto, que sirva de homenaje).
jueves, 27 de diciembre de 2007
"Señores bajo los árboles" de Mario Roberto Morales

Con motivo de la entrega del Premio Nacional de Literatura "Miguel Ángel Asturias" 2007, otorgado al escritor guatemalteco Mario Roberto Morales, la Editorial Cultura publicó la "testinovela" "Señores bajo los árboles", como parte de la cuota del premio. "Señores bajo los árboles" fue definida por su mismo autor como "testinovela", un híbrido entre literatura testimonial y novela.
Esta clasificación, por sí misma, ha creado controversia. Sin embargo, en el prólogo del libro, Morales explica bien el sentido de este nombre.
Según comenta, esta testinovela recoge los testimonios reales de víctimas del conflicto armado interno; algunos relatos fueron recogidos personalmente por el autor, y otros fueron tomados de documentos de testimonios reales. Si Mario Roberto Morales hubiese transcrito literalmente los testimonios, hubiese resultado una literatura testimonial, como "Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia", relato de la Premio Nobel transcrito por Elízabeth Burgos.
Sin embargo, en la testinovela, el autor pone al servicio de la humanidad su capacidad de "hilar" los relatos; la construcción está ficcionalizada, pero el testimonio no.
Esto, aunque no parezca, es un mecanismo usual en los escritores. Es decir, de una historica verídica, se sigue una trama real, pero la construcción es ficticia. Por ejemplo, Stendhal, en "Rojo y negro", se inspiró en un juicio de un hombre que le disparó a su amante, y ficcionalizó todo el proceso que lo condujo hasta ese punto.
Hispanoamérica está llena de ejemplos de "testimonios", que se ficcionalizan tanto, que no parecen verídicos, empezando con las maravillosas cartas que Cristóbal Colón envió a los Reyes de España, describiendo las tierras y las aguas americanas.
Dentro de la literatura testimonial, por ejemplo, Miguel Barnet creó su novela "La canción de Rachel", el testimonio real de una vedette cubana a principios de siglo XX. Barnet inventó una fórmula: "He aquí lo que me contó y cómo después se lo conté a ella"; es decir, que utilizó su capacidad de escribir para ofrecer un texto más estético que el mismo relato.
Lo de Mario Roberto Morales, en "Señores bajo los árboles", es ejemplar. Los testimonios son impactantes. A través de ellos, se entiende el verdadero dolor de la gente durante la guerra. Además, mezcla parte de la cosmovisión maya-k'iche' para darle unidad a los relatos.
Como buen artesano de la palabra, utiliza varias estilizaciones de texto. Por ejemplo, algunas veces ofrece el testimonio como si fuera transcrito literalmente; hay una especie de guión de cine; hay manuales de kaibiles; hay relatos en primera persona; en tercera persona; hay un relato de un fantasma (al estilo de "Pedro Páramo" de Juan Rulfo), en fin, la capacidad creadora de Mario Roberto Morales no tuvo límites.
Pero, además de todo esto, lo realmente resaltante de "Señores bajo los árboles" es que en ella los personajes, que carecen de nombre y apellido porque pueden ser cualquiera de nosotros, no son completamente buenos ni completamente malos, tal como eran los personajes del "Pop Wuj".
De hecho, la imagen de los señores bajo los árboles es muy sugerente, pues a veces estos señores representan a los "brujos y chamanes" del pueblo. Otras veces son los soldados que custodiaban a las aldeas modelo; otras, los guerrilleros; otras las comunidades de pueblos en resistencia, que buscaron la protección de los árboles de las montañas para huir del Ejército; y otras veces eran los indígenas ahorcados de una rama por parte de los soldados.
Todos pueden representar a los señores bajo los árboles; de hecho, la novela presenta con mucha imparcialidad la visión de los diferentes grupos. Incluso, existe un personaje kaibil, Toribio de León, que fue reclutado a la fuerza, y cuyo testimonio también sirve para humanizar al Ejército, probablemente el grupo más difícil de presentar en una testinovela de esta naturaleza. La guerrilla también adquiere sus matices positivos y negativos.
Por esta razón, de equilibrar los matices de los diferentes grupos (menos de las víctimas, que siempre son presentadas como víctimas, sin menospreciar su heroísmo y su resistencia), "Señores bajo los árboles" mereció la censura, tanto de los grupos gubernamentales como de la izquierda guatemalteca del momento de la publicación, y en consecuencia el libro no tuvo tanta difusión, por lo que fue un verdadero acierto de la Editorial Cultura el reeditarlo.
Ahora que ya está cerca un nuevo aniversario de la Firma de la Paz, obras como éstas construyen realmente la paz. Existen otros testimonios del conflicto armado guatemalteco, tal vez más crudos o más veraces, pero "Señores bajo los árboles" es indispensable, además de ser un buen ejercicio estético. Sólo para no inundar de elogios esta testinovela, he de decir que algunos pasajes (dos o tres), por su complejidad textual, son un poco cansados para el lector, pero por la variedad de los relatos, rápidamente se recupera la amenidad.
miércoles, 26 de diciembre de 2007
"Pobrecito el pobre"
Y, sí, "pobrecito el pobre", decimos dándole un tono lastimero al sencillo acto de regalar una pelota de plástico para una maratón de juguetes, para que en las montañas los niños dejen de cargar por un momento su atado de leña; "donamos" la muñeca sin brazo con la que nadie juega en la casa, para que una niña en una aldea deje por un momento de elaborar un petate, que luego querremos comprar a más bajo precio.
Estos actos de caridad, en una época tan noble como la Navidad, han sido una especie de paliativo, pero no contra la pobreza, sino para las propias conciencias. Regalar un juguete se ha convertido en una masturbación de cabeza, para darnos placer de ser caritativos, aunque el resto del año no movamos ni un pelo contra la pobreza, y los niños tengan que comerse los juguetes que les regalamos a falta de comida.
No estoy en contra de la caridad: no me malinterprete. Únicamente, considero que esta actitud debería ser más coherente en todo el año. Y no sólo con la caridad. Hay que recordar que la pobreza no sólo se combate regalando cosas. En primer lugar, el deber ciudadano de pagar nuestros impuestos, para que éstos sirvan para ese fin, es imprescindible, aunque consideremos que nuestros tributos van a caer a arcas para otros fines.
Hay que recordar, además, que en Navidad recordamos precisamente un pasaje muy hermoso, pero que si analizamos detenidamente, ha sido uno de los actos más infames de la humanidad. Una pareja, que estaba a punto de tener un bebé, buscaba posada; pero seguramente, las familias a donde se tocó la puerta habrán negado la solicitud, probablemente porque estaban muy ocupados en sus compras navideñas, o empacando regalos; tal vez no había espacio por un enorme árbol de navidad. O, tal vez, no quiso ceder la cama que serviría para un familiar que vendría de lejos.
La persona más caritativa habrá pensado al ver a José y María: "pobrecitos los pobres", y tal vez les dio la idea de irse a las afueras de la aldea de Belén, donde encontrarían una cueva que sirve de establo para algunos pastores, y ahí podrán encontrar cobijo.
Y más que recordar ese pasaje bíblico, me gustaría recordar que la Navidad es un tiempo para ser realmente buenos, tal como varios años antes de Jesús decía Isaías, en un pasaje que, por no contar con una Biblia a la mano, trataré de recordar de memoria (con algunos descuidos, que no son necesariamente maliciosos):
"Escuchen la palabra de Dios, príncipes de Guatemala. ‘¿A mí qué me importa, sus sacrificios de regalos y caridad?’, dice Yahvé.
‘Harto estoy de sus holocaustos de carne humana y de sus feminicidios; la sangre regada en las aceras no me agrada.
¿Quién les ha solicitado a ustedes esa falsa caridad? ¿Acaso los de la clase alta? No sigan trayendo vanas ofrendas: el olor de la pólvora quemada me resulta detestable. Mi alma aborrece sus solemnidades y sus falsedades: me resultan una carga imposible de soportar.
Sus manos están llenas de sangre: lávense, límpiense; quiten sus fechorías delante de mi vista.Mejor desistan de hacer el mal, aprendan a hacer el bien y busquen lo justo: den sus derechos al oprimido, hagan justicia al huérfano y aboguen por la viuda. Vengan, pues, porque si su alma está tan roja como la grana, Yo se las blanquearé como la nieve.’"Isaías 1, 15-20
“Las fugaces horas” de Roberto Díaz Castillo

El autor se sienta en su escritorio para recordar, otorgándole mayor énfasis a la pintura y la literatura. En estos dos sentidos, en que es un diario y en el arte, se parece a La letra e, de Augusto Monterroso, que no publicó un diario, sino "fragmentos de un diario".
Los textos de Díaz Castillo son cortos, agradables; escritos de una forma simple y sencilla, tal como funciona la memoria. Pese a que los diferentes artículos demuestran que el autor conoce mucho de arte y de literatura, no se esfuerza con aburrir al lector con términos altisonantes.
Las fugaces horas, a mi entender, posee tres grandes temas. El primero, como ya se mencionó, es el recuerdo. Roberto Díaz Castillo es un marinero de varios puertos, que ha vagado por el mundo, muchas veces forzado por el exilio político. Toda esta experiencia de vida hace que el autor logre relatos o memorias interesantes, sobre su visión del mundo pasado, lo cual nos puede ayudar a configura cómo fue la segunda mitad del siglo XX en Latinoamérica.
Hay una cosa más que hacen de este un libro agradable: Roberto Díaz Castillo ama las cosas que recuerda. No hay rencores, no hay viejos odios y no hay deseos de venganza en estas páginas.
El segundo gran tema, y que sobresale del subtítulo del libro "A lomo de letra impresa", es la idea central de una generación a la cual pertenece el autor. Digamos que debemos situar a Roberto Díaz Castillo en la generación inmediata anterior, es decir, a los escritores nacidos en la primera mitad del siglo XX, pero cuya actividad literaria se desarrolló hasta la segunda de la centuria.
Esta generación, que debe ubicarse literariamente entre 1960-1990, sufrió el cierre de espacios en una Guatemala de conflicto armado. Las posibilidades de publicar se limitaban a revistas cuasi clandestinas o a ediciones personales de poco tiraje.
El texto que principalmente se refiere a esto, se llama, precisamente, "A lomo de letra impresa" (página 171), en donde relata el periplo del autor en diferentes publicaciones.
La generación de Díaz Castillo fue la que logró la apertura de la industria editorial en Guatemala, hecho que no fue completamente posible hasta después de la apertura democrática de 1986.
La insistencia de esta generación ha hecho, en gran medida, que actualmente se pueda publicar. Díaz Castillo y compañía dieron culto especial al libro y a la letra impresa (pues, también las revistas y los periódicos fueron importantes).
En torno a la idea de publicar, esta generación tuvo empuje, por lo que me parece adecuado que el autor ahora rememore este sentimiento. "Tengo en mente a mi generación. Inclaudicable generación enamorada de la letra impresa" (página 177).
En contraposición, actualmente las nuevas generaciones han encontrado otras opciones para dar a conocer sus textos, como los blogs y otros recursos de Internet, y las lecturas de poesía, por ejemplo.
Estos dos temas: el recuerdo y el impulso de la publicación, hacen merecer la lectura este tributo generacional de Díaz Castillo, además de convertirse en una referencia histórica, pues por sus páginas pasan fechas, datos, nombres, hitos..., que configuran toda una época.
El tercer tema que surge en Las fugaces horas es el de la crítica literaria y de arte. A pesar de que los textos de este libro tocan el arte y la literatura, no son, precisamente, críticas, sino más bien recuerdos sobre artistas y obras.
Sin embargo, Díaz Castillo, al parecer, se muestra en contra de la crítica de arte y de literatura. En su texto "De la crítica y los críticos" (página 123) inicia una "antología" de frases de artistas célebres sobre la crítica, la cual es vista en forma peyorativa: "El gran error de la crítica es creer que puede ser útil"; "Crítico: persona sin piernas que enseña a correr a los demás", etc.
Esta idea también es característica de la generación de Díaz Castillo: desdeñar la crítica literaria; esto, esencialmente, porque la crítica literaria en Guatemala ha sido predominantemente de "amiguismos"; el crítico alaba a sus amigos y ataca a sus enemigos, sin importar si el libro es bueno o malo.
Actualmente, la nueva crítica tiende a valorar el libro, sin importar las relaciones personales con el autor. Además, se considera que la crítica es necesaria para la mejora del arte y la literatura, y no como una forma de "impulsar" las ventas de un libro, o "bloquear" el éxito de un artista.
Como siempre, cualquier publicación es una fiesta para la literatura, y este, como la mayoría de libros publicados por guatemaltecos, merece la pena leerlo.
Díaz Castillo, Roberto. "La fugaces horas. A lomo de letra impresa".
Guatemala: F&G Editores, 2007.
sábado, 22 de diciembre de 2007
¿Libertad de expresión?
El libro de Goldman, por ejemplo, me parece mejor, sólo que fue superpotenciado por los comicios de este año, pero eso no le quita el valor a la obra.
Es digna la mención que hace del catálogo del Lienzo de Quaquechollan, pues, como menciona, aunque no sea literatura (occidentalmente hablando), sí es una publicación muy valiosa."
martes, 18 de diciembre de 2007
La historia lo absolverá

Fidel Castro es casi la última manzana de la discordia de discusiones sobre la Guerra Fría. Me imagino que muchos neoliberales tachan de "discurso caduco" para quienes aún se atreven a defender al presidente cubano; y es probable que tengan razón.
Me imagino que en torno a Fidel aún hay mucho por decir, sobre todo ahora que se reanima la discusión tras su anuncio de antenoche que augura cambios de poder en Cuba. Muchos columnistas de Guatemala, sobre todo de la derecha más extrema y de los intelectuales de la Marroquín y la Landívar, estarán sumamente contentos por esto, como si Castro le fuera a dejar herencia a la hora de su muerte.
Estoy a favor de cambiar esos discursos ya caducos de los "izquierdosos" y de los huevos de dinosaurios del MLN, que tratan de fundamentar sin mucho sentido los pros o los contras de la permanencia de Fidel como presidente en Cuba. Y yo ya no quiero defender ni atacar un sistema nacional político que se sostiene por sí mismo, y no por la presencia de Castro.
Cuando era más joven, un amigo visitó Cuba y me dijo: "mirá, yo no sé qué cosas son esas del comunismo y el capitalismo; lo que sí te puedo decir es que en Cuba todos saben leer y escribir, y sus parques están llenos de flores"; su descripción me hizo figurar que la isla es el país más bello del mundo.
Otros hechos que han fundamentado la revolución cubana, y que me impactan, son que en todo el mundo hay miles de millones de niños trabajadores; ni uno solo es cubano. Salud, educación, alimentación, en fin, todos los servicios son gratuitos. Sus calles no tienen ni una pizca de anuncios que, al contrario de acá en Guatemala, tanta publicidad nos aturde.
Creo también en que hay algunas cosas en Cuba que se pueden cambiar, pero que principalmente se resolverían con el levantamiento del embargo.
La Guerra Fría ya terminó, pero muchos "intelectuales", tanto de izquierda y de derecha, no se han dado cuenta. Valorar hoy a Fidel no debe hacerse desde estos criterios. Hoy día, debemos reconocer en el presidente cubano que él ha hecho Historia, y no como muchos que han pasado desapercibidos para siempre. Por supuesto que otros, como Bush o Blair, también han hecho historia, y también se les valorará por eso; pero si nos atamos a ideologías añejas, creo que no podremos diagnosticar que estamos viendo el crepúsculo de uno de los hombres hito del siglo XX (y también del XXI).
A mí, como buen melancólico que soy, me gusta el cambio; el estancamiento me provoca aburrimiento. Por eso, celebro que Fidel ya haya anunciado que próximamente dará su espacio a los jóvenes (actitud que en Guatemala, aunque vivimos en "democracia", nadie lo hace). Y sí, creo que la revolución y, en fin, lo construido por Cuba, no decaerá.
Sin ánimos de defender lo indefendible, ni de mostrarme como simpatizante de la izquierda radical, pienso que Fidel logró pasar por este mundo y mejorarlo; nadie duda de que la situación cubana en el tiempo de Batista era francamente insoportable. Y, cuando todos entendamos que nuestra vocación es mejorar nuestro entorno, dar propuestas válida, aliviar el peso de los demás, ahí es cuando vamos a empezar a construir nación.
Cito ahora la última línea del discurso de Fidel: "Pienso como Niemeyer que hay que ser consecuente hasta el final", y eso, espero, sea una norma de vida para cualquiera, incluso para los que atacan a Fidel (o para quienes lo defienden a morir, sin enteder su legado).
sábado, 15 de diciembre de 2007
Anécdotas y verdades
Debido a una notable ausencia de un homenaje “oficial” de parte de las autoridades gubernamentales, la familia más visible de Miguel Ángel Asturias, principalmente su nieto Sandino, realizaron una celebración en donde se esperaba poder demostrar la vigencia de la obra y los aportes realizados por el Nobel literario de Guatemala.
Sandino Asturias tenía preparado, con mucho acierto, textos de su abuelo o sobre su abuelo, que dieron una nota emotiva; además, también logró exponer grabaciones con la voz de Miguel Ángel leyendo sus propios versos. Tal como es de suponerse, los aplausos fueron muy concurridos, pues, ¿quién mejor que Asturias para hablar de Asturias?
También hubo un testimonio que fue fundamental: el fotógrafo guatemalteco Ricardo Mata contó cómo fue él el único en fotografiar a Asturias, incluso antes de que su calidad literaria fuera puesta bajo la gran lupa del Premio Nobel.
Un testimonio puede ser engañoso. Cualquiera puede decir hoy día que conoció a Miguel Ángel Asturias; que lo abrazó; que comió con él; que cantó con el “La Chalana” en Suecia y París; que lo recibió en el aeropuerto; que lo despidió en el aeropuerto. Sin embargo, todo esto debe estar acompañado de una prueba fehaciente del testimonio.
Por ello, Ricardo Mata se llevó una alta nota, no sólo al relatar su experiencia con Miguel Ángel Asturias, sino al demostrar su cariño y su devoción hacia él. Las fotografías de estudio que le tomó, adornaron la noche. Además, Mata fue parte fundamental de un proyecto, en donde la doctora Lucrecia Méndez de Penedo escogía algunas frases de los textos de Asturias, y el fotógrafo los ilustraba de la mejor manera posible; el testimonio es claro, rotundo y contundente: su trabajo es su mejor testimonio; relatar cómo pasó, fue puro regocijo para el alma.
También se presentó la “Suite Asturias”, un proyecto de la Universidad de San Carlos, en donde se buscó la musicalidad pura en la poesía de Asturias, y luego plasmarla en un video. Tomando partes de sus novelas, el fino oído musical del doctor Igor de Gandarias, logró identificar melodías en la sonoridad asturiana y luego buscó en la cotidianidad dónde pudo haberla escuchado el Nobel literario de Centroamérica. Trabajos como éstos son los verdaderos testimonios.
Sin embargo, hubo una nota negativa en todo esto. La actividad central suponía un conversatorio en donde se explicaría la vigencia de la obra de Miguel Ángel Asturias. Los textos laudatorios y las anécdotas de Asturias (en las cuales no participaba Asturias) empezaron a invadir el espacio del Centro de Cultura de España, el cual, por cierto, estaba lleno, incluso con gente de pie, quienes buscaban la mejor forma para no importunar a los que estaban sentados.
A sugerencia de Sandino Asturias, yo había preparado un trabajo que tocaría los siguientes puntos: enumerar las razones con las que se ha intentado desacreditar la obra y vida del Nobel; explicar el contenido de la tesis (debido a que ésta ha sido la más criticada), y, por último, ofrecer ejemplos concretos de los poemas, novelas y obras de teatro de Asturias, en donde refuerza el contenido de su tesis, para no considerar ésta como un “error de juventud”.
Lastimosamente, fui interrumpido por uno de los mismos panelistas, cuando apenas iba por la mitad de la lectura. Me imagino que la razón que lo impulsó para truncar de golpe la ponencia, fue la incapacidad de poder aportar algo. En vista de ello, decidí parar, para que él aportara su punto de vista, el cual fue nulo.
Mi impresión fue de contradicción, pues si Miguel Ángel Asturias no ha recibido el justo homenaje que se merece en el país, ha sido por actitudes como ésta. Una buena parte del rechazo que tiene la obra de Asturias en el país (incluida la tesis), es la envidia (aparte de otras razones más bien políticas). Entonces, me pareció inaudito que esta misma gente continúe interrumpiendo el homenaje a Asturias durante 40 años; al menos, hubieran dejado ese día para que se le rindiera homenaje.
Pero no; no fue posible; seguimos sin darle un homenaje; y lo peor, es que seguimos sin comprender su obra, su vigencia, su estética, su denuncia y propuesta social. Los grandes grupos de poder siguen regocijándose pues sembraron desde hace muchas décadas la semilla de odio contra Asturias, por el simple hecho de que él quiso construir nación, y si nosotros continuamos sin leerlo, si nosotros continuamos sin comprenderlo, si nosotros continuamos sin rendirle homenaje, nos estamos quedando sin uno de nuestros grandes referentes de Guatemala.
Y luego nos quejamos de que nadie lee a Asturias, o que sólo se haya leído de él “El señor presidente”, pero no pueden soportar que alguien lee por 20 minutos un texto para explicar su obra.
Afortunadamente, algunos protestaron sobre la interrupción que sufrí; otros agradecieron aunque sea la mitad del trabajo que leí, y otros más pidieron (por no decir que exigieron) que les hiciera llegar el trabajo por correo electrónico. Para quienes lo quieran leer, lo he publicado en la en el post siguiente a éste.
Pese a todo ello, y gracias a lo preparado por Sandino, el testimonio de Ricardo Mata y la “Suite Asturias”, mi impresión final fue que la gente quedó satisfecha. Sirva la publicación del ensayo para completar el homenaje, y para empezar a construir nación.
Vigencia de la propuesta ética, política y literaria de Miguel Ángel Asturias
Muchas gracias a todas y todos por su presencia, y agradezco la invitación a este conversatorio. Me da mucho gusto estar en este homenaje, especialmente, porque creo que éste sí es eso: un homenaje, y no una efemérides que nos da la oportunidad de sacar viejos rencores en contra del mejor literato de Guatemala, Miguel Ángel Asturias, quien luce insuperable por todos los medios.
Explicar las razones por las que se otorga un Premio Nobel son siempre difíciles, debido al hermetismo que ha tenido la Academia Sueca para ello. A lo largo de la historia, se ha otorgado este galardón, no sólo el de Literatura, ha personas que se ha demostrado que no lo merecen. El caso más resaltante que recuerdo en este momento es el de Winston Churchill, Nobel de Literatura en 1953, por entonces, él era el Primer Ministro Británico, y ganó el premio sin siquiera haber publicado una obra eminentemente literaria. Otro caso muy sonado es el de José Echegaray en 1904, dramaturgo español que hoy día es poco estudiado debido a su escasa calidad literaria, pero que el galardón sirvió para que la Generación del 98 de España se uniera en contra de ese premio.
Afortunadamente, el Premio Nobel de Asturias no ha sido puesto en duda por nadie, porque nadie duda de su calidad literaria. Sin embargo, debemos reconocer que la Academia Sueca no se basa únicamente en la obra, sino que también influyen ciertos factores. Ahí está, por ejemplo, el reciente premio de Al Gore, Premio Nobel de la Paz, en un claro mensaje en contra de la gestión del presidente de Estados Unidos, George Bush. ¿Por qué? Gore fue su contendiente en las pasadas elecciones, pero, obviamente perdió. Gore mereció el premio de la Paz, mientras el actual presidente estadounidense hace la guerra; Gore lo ganó por su activismo en contra del cambio climático; Bush sigue impulsando políticas de emanación de gases que provocan efecto invernadero.
En literatura, el caso más reciente que recuerdo es el de Harold Pinter, dramaturgo inglés, cuya calidad es indiscutible; sin embargo, ganó el premio cuando tenía mucho tiempo de haber escrito sus mejores obras, junto a los exponentes del teatro del absurdo. Sin duda, su activismo en contra de la guerra de Irak sería su catapulta para el premio del 2005.
En el Nobel de Asturias, recibido, como ya sabemos, hace 40 años, también hubo condiciones especiales. Sin duda, la Academia Sueca quiso que el mundo se fijara en las infamias que las dictaduras militares estaban haciendo en Latinoamérica. Me imagino que, también, la Academia estuvo tentada desde esos años en premiar a algún cubano, para aumentar la visión positiva que Europa tenía sobre la Revolución Cubana.
En esa coyuntura, creo yo, surge la necesidad de la Academia de entregarle el premio a un Latinoamericano. Pero, no con ello quiero decir que Asturias lo ganó sólo por estas razones; he dicho anteriormente que la calidad literaria de Asturias es indiscutible. Su premio significa, además, que de todos los literatos latinoamericanos, él fue el seleccionado como el estandarte de los escritores de esta parte del continente. Por supuesto que había otros escritores merecedores del premio, como Alejo Carpentier, compañero de Asturias, con quien comparte muchas características; y estaban Borges, Lezama Lima, Nicolás Guillén, Arguedas, Rulfo, Cortázar, Roa Bastos, Sábato, Uslar Pietri, e, incluso, Rómulo Gallegos; pero no, de estos escritores que ya gozaban de un enorme prestigio literario para 1967, de todos estos enormes exponentes, fue Asturias el seleccionado. Digo esto porque casi nunca hemos visto la implicación literaria que este Nobel tuvo para las letras latinoamericanas, y quiénes estaban detrás como otros dignos merecedores, pero, entre más larga esta lista, más gloria debe ser para Asturias.
Sin embargo, este Nobel representó un parte agua para Guatemala y el continente. Una generación literaria muy pujante, como la de García Márquez y Vargas Llosa, en un claro impulso generacional, le empezó a hallar los "peros" al Nobel de Asturias, argumentos que radicaron esencialmente en su falta de compromiso social. Esto, como se sabe, no fue cierto, pues Asturias también tuvo su vena de denuncia social, que aún hoy día es incomprendida. El rechazo de García Márquez y Vargas Llosa al Nobel asturiano se puede atribuir, como dije, a una estrategia generacional. Entre generaciones y generaciones, especialmente las literarias, es común ese ataque a los escritores consagrados, a fin de que los jóvenes logren colocarse en un mejor lugar. Hay que recordar que García Márquez publicó en ese mismo año su obra maestra "Cien años de soledad", por lo que una publicidad extra no le venía mal. Y Vargas Llosa había ganado ese año también el recién estrenado Premio Rómulo Gallegos, venciendo al mismo Asturias que había participado con "Mulata de Tal".
Ese mismo año, en 1967, en Guatemala, murió asesinado extrajudicialmente el escritor Otto René Castillo, motivo que utilizó el poeta salvadoreño Roque Dalton, para crear dos clasificaciones: el escritor comprometido, como Otto René, que escribe y lucha por su patria; lastimosamente, utiliza a Asturias como ejemplo del escritor "sin compromiso" y "acomodado" con las estructuras de poder.
El Nobel de Asturias también provocaría una reacción a lo interno del país. Asturias ya era ampliamente imitado por los intelectuales clandestinos que aún permanecía en el país tras la Contrarrevolución. Asturias era el abanderado dentro de la nación. Como ejemplo, cabe citar la novela "La sangre del maíz" del ahora desaparecido José María López Valdizón, quien quiso crear una continuación de "Hombres de maíz", pero con resultados nefastos, pese a que López Valdizón ganara los Juegos Florales de Quetzaltenango con esta obra. Monteforte Toledo y Cardoza reaccionan ante el Nobel. Los tres luchaban por ser la punta de lanza de la literatura guatemalteca. Monteforte, quien era ampliamente leído por ese entonces en el país, dejó de escribir misteriosamente tras el Nobel, probablemente resentido por tener que ceder el lugar del mejor escritor guatemalteco del momento. Al igual, Cardoza y Aragón escribe "Miguel Ángel Asturias, casi novela", en donde se percibe cierta envidia de parte del escritor antigüeño ante el Nobel.
Todas estas condiciones hacen que Asturias no logre gozar su premio en tierras latinoamericanas, en donde recibió más rechazo por envidia, que felicitaciones de orgullo.
Y, para culminar este rechazo, el movimiento indígena maya empezó a lanzar acusaciones en contra de su tesis, en la década de los noventa, por su supuesto racismo, hecho que se potenció aún más cuando hace unos años, un poeta k’iche’ rechazara el Premio Nacional de Literatura, sólo porque éste tenía el apósito de "Miguel Ángel Asturias".
Su supuesto poco compromiso social y político con sus obras, en un continente marcado por las luchas ideológicas de la Guerra Fría, y por su supuesto racismo, son, entonces, los caballitos de batalla para aquellos quienes han querido desmerecer la obra y la vida de Asturias.
En junio de este año, la Editorial Universitaria publicó la tesis de Asturias, con el nombre de "Sociología guatemalteca", lo cual sirvió una vez más para reavivar la polémica sobre este trabajo académico, y para que muchos intelectualoides repitieran la verborrea con argumentos que siempre se le han achacado a Asturias.
Principalmente, se dice que la tesis es racista, que es un error de juventud, que Asturias la hizo para salir del paso y graduarse de una vez por todas, y otros argumentos más.
Para contextualizar, la teoría utilizada por Asturias en el momento de redactar su tesis, era la utilizada por todos los académicos del mundo, probablemente desde el siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial. Se refiere a la teoría del positivismo y del darwinismo social, que se basaba en describir sistemáticamente, con toda objetividad, el fenómeno que se estudiaba.
La tesis de Asturias, sobre todo ahora que está alcance del público guatemalteco, es una lectura obligada. No deseo profundizar mucho en el contenido de ésta, sobre todo porque en la referida edición hay un estudio introductorio del doctor Julio Pinto Soria, del cual nada hay que agregar.
Sólo repetiré una parte del estudio de Pinto Soria, cito: "La tesis se divide, grosso modo, en dos grandes apartados. Uno donde expone la evolución histórica del indígena y su estado al momento en que escribe. Y otro que se ocupa con la degeneración biológica y las posibles soluciones, a partir de los capítulos V y VI, que denomina, no por casualidad, Sociopatía y terapéutica social; agregando al final dos capítulos sobre educación, higienización, mestización e inmigración, que no aparecen en el índice de materias. Es aquí donde recurre al darwinismo social; como también al mestizaje homogeneizador de la revolución mexicana", fin de cita.
En términos generales, la tesis de Asturias debe ser entendida como una preocupación suya ante la situación de los indígenas de entonces. Para contextualizar, en 1923, año de la publicación de la tesis, recién se había derrocado al dictador Manuel Estrada Cabrera, quien mantuvo el sistema explotador liberal, que obligaba al indígena a regalar sus servicios en las fincas de café. Muy pocos, aparte de Asturias, se habían preocupado por la situación del indígena. Con su tesis, Asturias quiso ser solidario con una parte de la población y, además, realizar su primer intento de explicar el país.
Guatemala prácticamente aún vivía en el siglo XIX, y muy poco había avanzado la sociedad desde la independencia; Aún no se había asentado lo "nacional", es decir, la gente aún no sabía qué los identificaba como nación, ni siquiera sabía quiénes constituían esa nación.
Y eso no era un problema nuevo en Latinoamérica. El mismo Simón Bolívar, en su Carta de Jamaica (de 1818), hablaba de una gran masa de la población, de la cual no sabía cuál sería su destino; hablaba de los indígenas y de los mestizos, sectores que no estaban contemplados en su proceso liberador, pero que ahora debía incluir, pero no sabía cómo.
En Argentina, Domingo Faustino Sarmiento, en 1883, publicó Conflicto y armonía de las razas en América, en donde planteaba su plan civilizador, que consistía en la eugenesia a través de la inmigración extranjera. En México, ya en el siglo XX, José Vasconcelos era un defensor de la eugenesia, fuente de la cual mamó Asturias en su viaje a México en su época estudiantil.
En Guatemala, esa preocupación de los grupos étnicos y de las bases de lo nacional, empezaba a describirse tras un largo período de atraso por las dictaduras liberales. Aún en la década de los cincuenta, Mario Monteforte Toledo publicaba sus novelas en donde un personaje de una etnia se relacionaba con otro de etnia distinta; como en Donde acaban los caminos, donde un doctor criollo se une con una mujer indígena. El final Monteforte se resuelve por la imposibilidad de la unión de las culturas; sin embargo, la novela termina en un final abierto, cuando la mujer indígena va con su bebé, hijo de ambas culturas, y no sabe qué será de él; es decir, no sabe qué pasa con los mestizos. Y Cardoza, que necesitó de ir a Europa para conocer los textos fundamentales del guatemalteco: la obra de Bernal, el Popol Vuh, el Rabinal Achí. Monteforte, Cardoza y Asturias, podríamos decir, se encontraban con las mismas preocupaciones sociales.
EL MESTIZAJE
Que Miguel Ángel Asturias fue un gran literato, eso ya nadie lo duda. Sin embargo, si únicamente nos hemos limitado a leer El señor presidente, nuestra apreciación hacia él es muy limitada.
De hecho, su valoración como escritor se basa casi exclusivamente como novelista, olvidando que abarcó todos los géneros: poesía, teatro, periodismo, ensayo, locución radiofónica, cine y algunos textos híbridos que no se encasillan dentro de un género.
Algunos "estudiosos" de Asturias, consideran que su tesis fue un "error de juventud", y que fue hasta su viaje a París en donde supo valorar las culturas indígenas en Guatemala. Considero que Asturias ha sido consecuente consigo mismo y con su obra desde siempre, incluyendo su tesis, por motivos que presentaré a continuación.
En su tesis, Asturias muestra una preocupación hacia los entonces llamados "indios". Es de resaltar el momento histórico en que vivía nuestro Nobel: creció en el pleno auge de los gobiernos liberales, quienes miraban al indio como parte del paisaje mismo y como herramientas para el cultivo de las grandes extensiones de tierras.
Si bien, ciertamente, Asturias utiliza calificativos en su tesis que hoy día, en el siglo XXI, son políticamente incorrectos, en su tiempo no lo eran. Pero, lejos a eso, la idea central de su tesis es redactar un trabajo para ayudar al indio, a mejorar sus condiciones de vida.
En primer lugar, su preocupación es por la presencia de los indígenas sin que nadie si haya hecho algo por ellos.
El eterno problema de Asturias fue reflejar su guatemalidad. Una estancia de niño en Salamá le hizo entrar en contacto con el mundo indígena, lo cual le abrió una gran sensibilidad hacia él.
En su tesis, se trabajan varias ideas para la eugenesia, sobre todo de la etnia indígena. Sin embargo, lamento decir que en Guatemala eugenesia ha sido casi un sinónimo de genocidio; para Asturias, a leer con cuidado su tesis, se reconoce que él está denunciando que el sistema cafetalero liberal está destruyendo a ese pueblo, que en algún momento llegó a ser una gran civilización mundial, comparable con la cultura egipcia o hindú. Su propuesta de eugenesia no se basa sólo en la aniquilación genética, sino también en el mejoramiento de sus condiciones social, en la educación, en la higiene, etc. Es cierto, propone también el mestizaje para homogenizar la raza y la introducción de inmigrantes extranjeros. Sin embargo, no es cierto que Asturias recomiende una en especial; él sólo se limitó en referir todas las teorías existentes.
Para entender a Asturias, creo que hay que utilizar claves recientes y actuales, puesto que él tenía una idea que adquiriría nombre como teoría hasta finales del siglo XX. Desde su tesis, hasta sus últimas obras, la propuesta del Nobel guatemalteco fue constante, consecuente y, pese a que aún desconocía la teoría, él ya intuía que la realidad guatemalteca se decodificaba como lo que hoy llamamos interculturalidad.
Antes creíamos que Guatemala era multicultural, teoría que designa la diversidad de culturas. Sin embargo, esta diversidad no implica necesariamente relación, ni mucho menos influencia de uno con otro. En cambio, la interculturalidad incluye, además de la diversidad de culturas, la interrelación constante y de influencia entre culturas.
Por ejemplo, un ladino guatemalteco bien podría tener sus costumbres provenientes en gran parte de la tradición cristiano española, pero siempre encontrará rasgos indígenas en su comportamiento: comer kaq’ik’, utilizar un chukul para mover el chocolate caliente o emplear palabras indígenas dentro del castellano, como chucho o ixto.
LO INDÍGENA COMO DISFÓRICO
Asturias casi siempre utilizó grupos de personajes binarios en sus obras. Por mencionar un ejemplo, en su obra de teatro "Amores sin cabeza", es la relación binaria del hombre y la mujer. Sin embargo, la relación binaria más frecuente en Asturias fue lo criollo o ladino, con lo indígena. Algunas veces, Asturias reflejó que esta relación binaria era negativa para el indígena, hecho que se observa incluso desde su tesis, puesto que culpa al criollo de la decadencia indígena.
En su literatura, por ejemplo en su célebre novela Hombres de maíz, relata el levantamiento de Gaspar Ilom y sus hombres en contra de los maiceros. Hay una relación entre los indígenas que desean mantener sus costumbres (los de Ilom), con los indígenas ladinizados (los maiceros, que comercian con el maíz, pese a que es considerado sagrado).
Desde el primer capítulo, Ilom muere; en el resto de la novela, Asturias realiza un riquísimo entre tramado en donde retoma varios aspectos culturales de Guatemala, y los mezcla, sin ninguna "corrección política". Es decir, asume la postura de la interculturalidad, y lo muestra como que si fuese un espejo del país.
Sin embargo, en estos casos lo indígena cae en lo negativo, aceptando que el fluir histórico del país siempre ha beneficiado a los criollos.
De la misma forma se establece el mecanismo en su poema Tecum-Umán, en el cual me quiero detener una buena parte de esta explicación, porque considero que puede servirnos para comprender la vigencia de Asturias.
A pesar de que este poema ha sido muchas veces analizado, no se le ha otorgado su verdadero valor literario; además, no se ha explicado por qué este texto tan sonoro puede lograr un alto placer estético. Incluso, dentro del círculo literario guatemalteco, ha sido desmerecido, como se cita en la novela "Los compañeros" de Marco Antonio Flores; cito:
"Técnica Universal Tecún Umán el de las plumas verdes, verdes, verdes, verdes, ese Miguel Ángel es un maricón, todas las mierdas que escribió sobre Tecún, es un chantajista sentimental y gordo: el de las plumas verdes, verdes, verdes, bien a pichinga ha de haber estado cuando escribió esa mierda", fin de cita.
Me gustaría leerles este poema; traje también unas fotocopias con la letra, pues a yo soy más visual que auditivo, y entiendo más cuando leo los poemas y no cuando los escucho.
Para entender el poema, hay que considerar analizarlo a partir de la teoría surrealista y el inconsciente colectivo, que, según Karl Jung, coexiste con el inconsciente personal, que almacena el material de la experiencia individual y ha de contemplarse como un inmenso depósito de antigua sabiduría. Las experiencias primarias están representadas en el inconsciente colectivo por arquetipos, símbolos o personificaciones que aparecen en los sueños, y son elementos comunes en los mitos, las leyendas y en la literatura religiosa.
Dentro del recurso del inconsciente colectivo, dentro de Tecúm-Umán se ubican detalles importantes que remiten a la leyenda de Tecún Umán y se enfrentamiento contra Pedro de Alvarado.
Primero, localiza al pueblo k'iche', etnia originaria de Tecún Umán; ahí dice:
"y en la fila india indios, indios, indios
incontables como cien mil zompopos"
O más adelante
"¡Varón de Galibal y Señorío
de Quetzales [...]!"
Luego, relaciona a Tecún Umán con un elemento importante dentro de la historia: su nahual el quetzal:
"el de las plumas verdes, verdes, verdes,
verdes, verdes, Quetzal de varios frentes
y movibles alas en la batalla"
Varias estrofas después, introduce las imágenes referentes a los españoles, con sus herramientas de metal:
"Las astas de las lanzas con metales
preciosos en victoria de relámpago"
Después, explica por medio de imágenes el enfrentamiento entre españoles, sus aliados los tlaxcaltecas contra los k'iche's:
"¡Mano grande
para cubrirse el pecho con tlascalas
y españoles, fieras con cara humana!
Y por último, expresa la muerte de Tecún Umán a manos de Pedro de Alvarado:
"¡Quetzalumán, la serpiente coral
tiñe de miel de guerra el Sequijel,
al desangrarse el Árbol del Augurio,
en el augurio de la sangre en lluvia,
a la altura de los cerros quetzales
y frente al Gavilán de Extremadura!"
Como parte de la estética del surrealismo, se lee que el poema no da referencias realistas de la batalla, sino que lo hace por medio de las imágenes oníricas. Por ejemplo, en la cita anterior, se habla de la "miel de guerra", para denominar la sangre. El Quetzalumán, en que une al hombre, Tecún Umán, con su nahual, el quetzal. También refiere al río Xequijel, que a sus orillas se produjo el enfrentamiento entre Tecún Umán y De Alvarado. La leyenda dice que el nombre de este río significa "río teñido de sangre", precisamente a causa de esta batalla. Y por último, menciona al "Gavilán de Extremadura", es decir, Pedro de Alvarado, quien nació en esta provincia española de Badajoz, España. Además, habría que notar la relación entre el quetzal de Tecún, y el gavilán de De Alvarado.
Las imágenes oníricas dentro del poema no son sólo visuales, sino que también existen las auditivas. La estética del surrealismo también propone que el texto debe producir una especie de 'hipnosis', para ayudar a los lectores a entrar en contacto profundo con las sensaciones que produce la literatura. Además de la hipnosis que produce el bombardeo de imágenes, las aliteraciones del poema también colaboran a que el lector entre en ese trance, especialmente si lo escucha.
Por ejemplo, las aliteraciones que se producen sobre todo al principio del poema en el fonema /r/, crean dos sensaciones: el sonido del redoblante que llama a la guerra, y también es uno de los fonemas fundamentales de la voz onomatopéyica para el arrullo /ro/:
"Tecúm-Umán, el de las torres verdes,
el de las altas torres verdes, verdes,
el de las torres verdes, verdes, verdes"
Sin embargo, es discutible esta alusión del redoblante de batalla, ya que es un sonido onomatopéyico occidental, no aplicable a la realidad indígena de los tiempos de la conquista, cuyo sonido onomatopéyico para un tambor de batalla es el /bon/, que se encuentra en el poema:
"cuero de tamborón bón, bón, bóron, bón,
bón, bón, bóron, bón, bón, bón, bóron, bón,
bón, bóron, bón, bón, bón, bóron, bón, bón"
Pero, la repetición de sonidos más importante se produce en la vocal cerrada /u/, que se repite en 115 veces.
Tomando este poema en consideración, se observa que Asturias retoma el concepto de que el sonido produce sensaciones, especialmente a través de la vocal /u/ y su contraparte en el poema de la vocal /a/. Casi al final del poema, se nota el cambio entre la a y la u.:
"¡Ya no es Tecúm! ¡Ya no es el tún!
Ahora, es el tán-tán de las campanas,
Capitán."
En estas dos vocales reside la clave de la interpretación de este poema, pues existe una relación binaria y opuesta entre estas dos.
Se ha visto que el fonema /u/, se relaciona con la figura de Tecúm-Umán, dado ya que este nombre repite dos veces este fonema. También se relaciona con el sonido de Tecúm, que es el tún, instrumento indígena maya-k'iche', cuyo sonido onomatopéyico es "tún".
El fonema /a/ se relaciona más bien con la figura de Pedro de Alvarado, denominado "Gavilán" o ""Capitán, en los que se encuentra dos veces esta vocal. El instrumento ligado a este personaje es la campana, que es símbolo del catolicismo y de la cultura occidental, y cuyo sonido onomatopéyico es "tán".
Con estos dos fonemas, se puede analizar las connotaciones temáticas que tiene el poema:
El poema Tecúm-Umán tiene las siguientes connotaciones. Tecúm-Umán es una figura ligada al pueblo maya-k'iche', y Pedro de Alvarado a la cultura española, católica y occidental. El enfrentamiento entre las dos culturas produjo la muerte de Tecúm-Umán, que se puede distinguir como el truncamiento en el desarrollo de la cultura indígena. Es decir, Tecúm-Umán es vida para lo indígena, y Pedro de Alvarado es muerte. Esto también se expresa en términos de libertad y opresión.
El poema, como se observó al principio, relata una historia, que en su final, produce la supremacía de lo español sobre lo indígena. Por eso es que el final es un lamento por la muerte de Tecúm-Umán, y expresa que ya no se oye el tún, sino que el sonido de las campanas, y termina exaltando al Capitán:
"¡Ya no es Tecúm! ¡Ya no es el tún!
Ahora, es el tán-tán de las campanas,
Capitán."
En conclusión, la repetición de la vocal /u/ connota la vida y libertad de los pueblos indígenas de Guatemala, condiciones que tenía antes de la conquista española. La vocal /a/ tiene una connotación negativas, y expresa la opresión de los pueblos indígenas después de la conquista, basándose en los conceptos de la supremacía militar de los españoles (Capitán), y el catolicismo (Campana).
HISTORIA TOTAL DE GUATEMALA
En la mayoría de textos de Asturias, su idea es la de representar la historia total de Guatemala, más o menos de la siguiente manera: hay un estado inicial, en donde todo es paz y armonía (generalmente, esto correspondería a una etapa precolombina). Luego, hay un agente que provoca caos (la Conquista), y después hay una etapa de confusión, que representa el momento actual, en el cual Asturias no sabría qué pasará o qué está pasando siquiera.
Ésta es la estructura de Tecum-Umán, así como de Marimba tocada por indios, otro de sus poemas. Luego de evocar un pasado glorioso, armonioso, representado por una alegre melodía de marimba, Asturias rompe el poema cuando, cito:
"Caen lo refagos. Huyen las mujeres
a tuto o a teta los críos. Plomazos, caballos....", fin de cita.
En este punto, por ejemplo, la simbología de las armas de fuego y los equinos remiten inmediatamente a la Conquista. Después, viene el caos en el poema, que culminará dos estrofas después.
Una estructura similar se observa en Émulo Lipolidón, una fantomima (género creado por Asturias, que es un híbrido entre la poesía y el teatro), en donde el personaje central homónimo al texto, es un, cito:
"¡Fertilhombre
por el parto, soy velludo
de la parte,
bigotudo,
colmilludo
patilludo...!",
es decir, una descripción poetizada de un español.
Émulo Lipolidón busca enamorar a Pimalina Cantabrita, fija del Endomingado Don Cantabro Aspas-Azules. Como ella no le hace caso, Émulo le corta la cabeza a la noche, para que amanezca de golpe.
Como en el Popol Vuh, los fenómenos astronómicos son parte vital en Asturias. Casi siempre en su obra, el sol y el día estará identificado con lo ladino o lo español. En cambio, la luna y la noche, con lo indígena.
Tras cortarle la cabeza a la noche, Émulo enfrenta un juicio, juzgado por, cito:
Siete Mesinos (un Mesino Presidente y seis Mesinos
Vocales)", fin de cita.
El Mesino Presidente le dice, cito:
"no tendremos noche más, y la luz nos hará rubios, luego
albinos, hombres blancos... qué desgracia... moriremos despintados sin nuestro
color de tierra", fin de cita.
La historia refleja el proceso de la Conquista, en donde lo español trata de poseer lo indígena, y ya que no puede por las buenas, lo consigue por la fuerza. Los indígenas se lamentan de su futuro, y piensan en que se volverán blancos, es decir, sufrirán un proceso de ladinización, que es abandonar sus costumbres, su cultura, para convertirse a la otra cultura, aunque no se parezcan en los rasgos étnicos. El texto concluye en que sobreviene un diluvio y todos mueren ahogados, lo que representa que en los tiempos actuales la relación entre lo indígena y lo español está unida, y que los contratiempos deberán sortearlos juntos.
UNA MEZCLA MÁS PERFECTA
Hasta ahora, sólo he mencionado textos asturianos en donde lo indígena no llega a tener una connotación positiva. No recuerdo, por el momento, una obra de Asturias que tenga esa característica. La clave de ello, podría encontrarse en la "Advertencia" que hace el escritor en la edición de 1971 de su tesis, cito:
"La situación del indígena guatemalteco no ha mejorado desde entonces, en lo fundamental, bien que el progreso le haya hecho partícipe de algunos de sus beneficios. La inercia del progreso", fin de cita.
Lo negativo en lo indígena en las obras de Asturias es simplemente su representación de la sociedad guatemalteca, en donde el "indio" vivía (y vive) en las peores condiciones.
Sin embargo, hay unos textos de este autor en donde propone un mestizaje perfecto, en donde la unión de lo indígena y lo criollo (y también de lo urbano y lo rural), logran entremezclarse sin causar daño uno del otro.
En la obra de teatro Soluna, Mauro (representación de lo indígena y lo rural) vive en el campo con Ninica (representación de lo ladino y lo urbano). Ella se cansa de la vida sencilla y decide irse en el tren a la ciudad, dejando a su esposo.
Porfirión, un personaje que representa el pasado precolombino, hace llegar a Mauro la máscara del Chamá Soluna, que tiene el poder de acelerar el tiempo. Mauro la utiliza, y como resultado, Asturias propone probablemente la mejor escena del teatro guatemalteco.
Al ponerse y quitarse la máscara, las luces del teatro se apagarán y se encenderán. Luego, saldrán decenas de personajes que apoyan al Sol, y una cantidad similar apoyando a la Luna. Es un eclipse, que está siendo visto por el espectador con unas dimensiones apocalípticas, que recuerdan al diluvio de Émulo Lipolidón. Esta confluencia de Sol y Luna, como dije anteriormente, es la representación de lo español y lo indígena, es decir, la Conquista.
Una vez pasada esta escena, Mauro cae rendido y duerme. Al despertar, Ninica está de vuelta, sin saber por qué, ya que ella viajaba en el tren hacia la ciudad, y sin darse cuenta ya habían pasado los días, y regresó para vivir para siempre y feliz con su esposo.
La mezcla que propone Asturias es la siguiente: Sol y Luna (elementos ladinos e indígenas) se funden en un eclipse, Soluna, que representa la Conquista, y que ahora, sin darnos cuenta, estamos condenados a vivir juntos y en armonía.
PREOCUPACIÓN CONSTANTE
Desde su primer libro, "Leyendas de Guatemala", Asturias quiso crear una obra en donde fundiera lo ladino y lo indígena, y diera cuenta de una cultura nacional eminentemente mestiza.
Leyendas de Guatemala incluyó el pasado precolombino y colonial, pero que cuyos aspectos ladino e indígena estaban perfectamente diferenciados.
Según los expertos en Asturias, este autor empezó a pensar en una novela completamente mestiza (e intercultural, nombre que se le daría hoy día), casi desde el inicio de la redacción de Leyendas de Guatemala.
Finalmente, lo logró crear con Mulata de Tal, probablemente la mejor novela de Asturias, pero que ha sido poco leída por el lector guatemalteco común.
En esta novela, los mitos y creencias de ambas culturas, se funden hasta lograr realizar un pastiche homogéneo, en donde ya no se diferencia, como en sí ocurre en Leyendas de Guatemala, lo precolombino de lo colonial.
En conclusión, el deseo de evidenciar una mejora real en todos los habitantes de la sociedad guatemalteca, así como dar cuenta que nuestra cultura es realmente mestiza, intercultural, se ha hecho evidente en Asturias desde su misma tesis, en donde habla de la problemática social y del mestizaje cultural como solución.
Éticamente, una ladinización del indígena ya no es correcta hoy día. Sin embargo, ¿acaso no fue estrategia contrainsurgente la ladinización? ¿Acaso la globalización no es también pérdida de identidad? ¿Acaso no se quiere enseñar ahora al indígena a hablar, no sólo español, sino que también inglés?
Asturias fue consecuente y lejos de transculturizar elementos europeos en Guatemala, universalizó la cultura guatemalteca. Desde su tesis, hay evidencias de una preocupación por el indígena y su relación con el ladino, y la propuesta de mestizaje entre las dos culturas, lo cual se reflejó en la mayoría de sus libros.
Dicho sea de paso, su tesis no fue una travesura de joven, sino una propuesta seria que lo acompañaría siempre.
Quiero, para terminar, resaltar la vigencia hoy día en la obra de Asturias, principalmente en su tesis. Cuando ésta se reeditó en 1971, Asturias escribió, cito:
"En todo caso, al publicarse de nuevo mi tesis, quiero subrayar la vigencia de mi protesta de entonces frente a la injusticia con que se trata al indio, actualmente, su total abandono, y la explotación a que es sometido por las clases llamadas pudientes y el capital extranjero", fin de cita.
Además, quiero decir con mucho dolor pero con sinceridad que en Guatemala hemos leído poco sobre nuestro Nobel. No debemos considerarnos satisfechos si hemos leído únicamente "El señor presidente" u "Hombres de maíz"; la propuesta de Asturias es mucho más diversa. Lamento que gran parte de la culpa del poco conocimiento de la obra de nuestro Nobel, reside en el mismo Gobierno de Guatemala, que no se ha preocupado por impulsar la lectura, no sólo de Asturias, sino de tantos otros autores fundamentales. Libros como "El hombre que lo tenía todo, todo, todo", bien podría ser una buena lectura en primaria, y en secundaria, no digamos, se pueden leer otras obras. Y si usted quiere estimular la imaginación de su hijo, léale Leyendas de Guatemala. De cualquier forma, creo que la obra de Asturias aún no se ha interpretado del todo bien. De hecho, creo que muchos de los estudios, sobre todo los guatemaltecos, han estado errados y distorsionados.
La colección Archivos ha hecho una buena labor para comprender a Asturias, y la lectura de estas ediciones críticas deberían ser obligatorias para los estudiosos; habrá que rechazar, casi sistemáticamente, todos los estudios realizados antes de 1980, pues, como mencioné, creo que para entonces no se tenían las herramientas de crítica literaria necesarias para comprenderlo. Y, además, siempre es bueno releer y reinterpretar a un autor como Asturias, pues todavía hay muchas cosas por descubrir de él.
Y quisiera terminar agradeciendo esta oportunidad, y decir que el mejor homenaje que se puede hacer es leer la obra asturiana, por nuestra cuenta, y no caer en los juegos que se han visto este año, y en años anteriores, de desacreditar a una persona. De la vida de Asturias probablemente sabemos poco; para la farándula, se han hecho los programas televisivos de chismes, pero para quienes gustan de la cultura y las letras, la única forma de juzgar a un artista, es a través de sus libros, y no de desacreditaciones de lo que hizo o dejó de hacer un escritor. Así que, ¡a leer!, y como recomendación, les puede decir que se lea principalmente lo menos conocido: el teatro, los artículos periodísticos y las obras más recientes, Tres de cuatro soles y, sobre todo, Mulata de Tal, que es tal vez la mejor de Asturias. Muchas gracias y buenas noches.
jueves, 6 de diciembre de 2007
Poemas

El amor que te di
fue malo.
Lo compré en el Megamercado.
Tendré que comprar otra marca;
había visto la publicidad de ésta
y me gustó.
Hoy sólo guardo las latas donde venía tu amor.
Tal vez no vi bien la fecha de vencimiento.
El Gobierno no ha regulado los precios del amor enlatado.
O tal vez no lo agité
antes de abrirlo.
Si tuviera otra oportunidad,
compraría otra marca.
¡Ésa que no anuncian!
Habría que probar,
pero contigo no podré.
O tal vez debo comprar las latas pequeñas,
ésas que duran sólo un día.
¡Es la maña de comprar al mayoreo!
***
amo las letras minúsculas
son calladitas, tiernitas, adorables
no pretenden estar al inicio de la oración
son la mayoría cuando escribo mi nombre
y el nombre de las personas que amo
no se meten en líos como que después
de dos puntos se inicia con mayúscula
ellas saben su lugar
las mayúsculas pretenden gritar
o quitarle a los nombres la humanidad
cuando se anteponen:
EXCELENTÍSIMO SEÑOR PRESIDENTE
LICENCIADO IN FIERI
DIOS DE DIOSES
ahora las amo, antes no
ellas me dieron humildad
antes yo escribía:
Yo soy, o Mi Amor
ahora las amo, son redondas
antes que a las mayúsculas
aprendimos a dibujarlas
***
No sé que decirte
ya todo está muy ajado.
No sé como llamarte:Luna, Mar o Hado.
Ya escuchaste todo,
lo sabes todo.
No sé cómo cotejarte
porque tú eres mi metáfora favorita.
***
La próxima vez
te prometo comprar una botella de vino,
embriagarnos y llorar
hasta empañarnos la retina.
Prometo escucharte y escucharme,
y no volver a jurarnos
amores eternos.
Robocop, ¡¿dónde estás?!

Enrique Gómez Carrillo y la crisis del Realismo

Literariamente, París y Europa todavía estaban asombradas por el realismo de Balzac y de Flaubert, mientras veían cómo evolucionaba la literatura con las novelas de Zola. En la poesía, ésta se había conmocionado con las publicaciones de los poetas malditos: Baudelaire, Rimbaud y Lautréamont. Gracias a estos narradores y poetas, París se constituía como la “ciudad luz” para las artes y la literatura específicamente. Es natural que un joven como Gómez Carrillo se haya impresionado por esta ‘luz’, y haya querido estar presente.
Científicamente, París también era el centro de exhibición de los inventos de la humanidad. Fue precisamente en la Feria Mundial de París (1889-1890), en donde fueron presentados grandes aportes, como: el gramófono, la cinematografía, el telégrafo inalámbrico.
En resumen, 1890 fue un año cumbre para la humanidad, ya que en la Feria Mundial de París se unieron las nuevas tendencias de la literatura y el arte, y los nuevos aportes científicos. El realismo despertaba admiración, el naturalismo de Zola sacudía al lector y el ciudadano común imaginaba mundos mejores con los aportes científicos. Era el año de la belle époque, y París era su morada.
Sin embargo, estas mismas circunstancias unidas provocaron un cambio en la forma de percibir el mundo. Se ha denominado que esta época sufrió la crisis de la representación:
Algunos historiadores del arte sostienen, y hasta cierto
punto con razón, que la invención de la fotografía terminó con la autoridad de
la pintura para reproducir la realidad. Pintar retratos de la “realidad” se
volvió obsoleto. La innovación tecnológica en la infraestructura dejó atrás las
tradiciones superestructurales de las artes visuales. La producción en masa
(fotografía) reemplazó a la originalidad manual (arte).
La crisis es más
profunda que lo sugerido por este crudo pero efectivo escenario. La misma
doctrina del realismo se acercaba a su fin. El realismo depende de una teoría
del conocimiento como espejo, es decir que la mente refleja la realidad. Los
objetos que existen fuera de la mente pueden ser representados (reproducidos por
un concepto o una obra de arte) en forma adecuada, precisa y verdadera.
(Appignanesi 13)
Sin embargo, se debe aclarar que esto no surgió precisamente hasta 1890. Algunos artistas, especialmente plásticos, lo habían intuido, debido talvez porque la crisis de la representación realista en la pintura se había visto desplazada desde mucho antes por la fotografía. Pintores como Velázquez y Goya, jugaron con distintas imágenes para desaparecer el efecto de la realidad que otorgaba la pintura. Por ejemplo, Velázquez utilizaba varias escenas superpuestas en una pintura, que le dan un efecto como si el espectador observase una ‘escena teatral viva’. Y Goya que deformó la realidad, dándole tintes grotescos, que, a la vez, acercó más a la realidad, pero de una forma que la fotografía jamás llegará a captarla.
Más cercano a París en 1890, los impresionistas, cansados del excesivo realismo y las alusiones del arte clásico, se plantearon un tipo de arte en que la obra pictórica jugara con la luz, la posición e, incluso, la interpretación del espectador.
A pesar de que en su tiempo no fue reconocido, Paul Cézanne fue el pintor que, influido por la estética impresionista, más teorizó sobre los nuevos modelos de representación de la realidad:
Paul Cézanne no desechó el realismo, pero lo revisó para
incluir la incertidumbre en nuestra percepción de las cosas. La representación
debía dar cuenta del efecto de las cosas. La representación debía dar cuenta del
efecto de interacción entre el hecho de ver y el objeto, las variaciones de
punto de vista y las posibilidades de duda sobre lo que uno ve. [. . . ] Cézanne
tomó una nueva dirección revolucionaria: no pinta la realidad sino el efecto de
percibirla. (Appignanesi 14)
A pesar del teléfono, el telégrafo y otras novedades
tecnológicas semejantes, una fotografía [. . . ] la muestra muy lejos de la
“modernidad”. Nada nos prepara —mejor dicho a la buena gente de 1907— para la
primera pintura verdaderamente modernista: Las señoritas de Avignon de Picasso,
1907. Las deformidades angulares y las miradas fijas de las máscaras africanas
pintan prostitutas, expresando en parte el pánico de Picasso a la sífilis. Pero
lo más importante, proclaman un nuevo modelo antirrepresentacional de la (de)
FORMA (ción). (Appignanesi 12)
¿Será éste el caso de Enrique Gómez Carrillo? Aunque al autor guatemalteco se le ha ubicado afín al modernismo, principalmente la obra de Gómez Carrillo se basó en el escape de la crisis de la representación del realismo. Es así como su narrativa, crónica y crítica literaria, ofrece no una visión realista sino más bien la representación de la impresión del autor de la realidad. Según la doctor Lucrecia Méndez de Penedo, la sociedad parisiense influyó en la actividad literaria del autor guatemalteco:
La “belle époque” proyectaba sus últimos resplandores sobre
un mundo caduco que terminaría derrumbándose en la Primera Guerra Mundial. Las
ideas vigentes señalaban dimensiones anarquizantes y nihilistas. Esto inducía
una actitud vital subjetivista de tipo fenomenológico, que precisamente
afloraría en la mayoría de textos de Gómez Carrillo. (Méndez II)
Se observa en la narrativa, talvez la más difícil de observar este rasgo, la visión impresionista del autor. Por ejemplo, en “El triunfo de Salomé”, publicado en Tristes idilios en Barcelona, 1900. En este cuento, Marta era una excelente bailarina, pero afectada por una enfermedad que le afectaba. Su hermano, Luciano, era quien diseñaba sus coreografías y la música que bailara. Marta comentó a su hermano que había creado una danza, “El triunfo de Salomé”, y le pedía ayuda para pulirla. Luciano le ayuda, pero una semana antes del estreno, Marta enferma de gravedad. El día del estreno llega con la bailarina aún en cama. Ella, conciente de su obligación como artista, se levanta de la cama y baila la danza en su cuarto, y muere.
En primer lugar, Gómez Carrillo ofrece descripciones impresionistas de la realidad. Por ejemplo, la de Marta:
Una bailarina antigua surgió del fondo de las decoraciones,
blanca como una estatua en la transparencia de tenues y vaporosas grasas.
Era una mujer de veinte años, alta, delgada, casi incorpórea, que bailaba,
con ritmo lento y ademanes hieráticos, una danza sagrada de Alejandría o de
Bizancio. Su cabellera rubia surgía de entre las flores azules de una guirnalda,
cayendo en pálidas ondas de luz sobre el pálido alabastro de los hombros. Sus
labios, ensangrentados de carmín, sonreían dulcemente, dejando ver las líneas
impecables de dientes. Tres largos collares de piedras multicolores, de amuletos
de ámbar y de falos de bronce, envolvían su torso, marcando la delicada
ondulación del pecho.
. . . El cuerpo frágil palpitaba entre los velos
policromos, mientras los brazos, cruzados detrás de la nuca, permanecían
inmóviles. . . Las figuras cadenciosas de la danza desarrollábanse, en la
uniformidad monótona del mismo “paso”, con sacudimientos de Resurrección, al
compás de flautas lejanas.
Cuando al día siguiente Luciano se enteró de la obra de su
hermana, no pudo menos de admirarse. Era un laberinto caótico de notas
fantásticamente descabelladas, cuyo conjunto no obstante, contenía una
conmovedora armonía llena de gracia y de incoherencia. Más que una composición,
en el sentido artístico de la palabra, era un fárrago de sonidos, una masa
inextricable, un follaje enrevesado, algo como una selva virgen en la cual el
aura de las mañanas serenas y el rudo viento de las noches invernales,
produjeran, a veces, cadencias divinamente salvajes.
—Bailé —murmuraba la hija de Herodiada al oído de la artista
dormida— bailé largamente. . . así. . . muy largamente. Mi cuerpo dorado y ágil
plegóse como un junco ante Herodes; luego se enderezó con un movimiento de
serpiente; y en cadencia, sacudiendo los collares de mi seno, los brazaletes de
mis tobillos, las joyas de mi cintura, todo mi ser se estremeció. . . Mis
caderas se estremecieron. El estremecimiento simétrico de mis piernas infantiles
y perversas, hacían vacilar la voluntad del hombre envejecido. . . Bailé. . .
muy largamente. . .
Sobre la chimenea, en un zócalo de pesados tapices
orientales, destacábase un busto de Donatello, cuya cabeza virginal de
adolescente enigmática, constituía para Luciano, la suprema perfección de la
gracia femenina.
—Así debe de haber sido Salomé —decía el músico.
—Bailaré de tal modo, que los espectadores me ofrecerán sus
cabezas.
Así como Clarisa al estudiar las canciones cristalinas de
Ofelia modulaba la sonoridad de su voz al murmullo de las fuentes, Marta hacía
todo lo posible por saturarse de la leyenda de la princesa lejana, repitiéndose
sin cesar las divinas estrofas de Mallarmé, los diálogos complicados de Oscar
Wilde, las pomposas cláusulas de Flaubert, las pesadas descripciones de
Huysmans, las prosas irónicas de Laforge, los cuentos visionarios de Lorrain,
todo lo que las musas decadentes han producido, en fin, durante las postrimerías
de nuestro siglo positivista, para completar la apoteosis del Pecado.
Su estilo, rápido, violento y grandioso, tiene sonoridades
apocalípticas. Sus imágenes hacen pensar en aquella llama de los griegos, que
tenían el don de fundir todos los objetos visibles para convertirlos en símbolos
perdurables. Él sabe, como Ezequiel, quedarse en el huerto de los espinos
contemplando al ser cuádruple compuesto de hombre, de buey, de león y de águila,
que es el Verbo Humano. Él ríe con la risa de Baco, y se confunde, lo mismo que
Pan, con la madre Naturaleza. Su musa tiene cuerpo de bacante y voz de
profeta.
Entre Walt Whitman y Edgar Poe hay tres mil años de
distancia. Poe es el hijo de la inquietud; Whitman es el profeta de la
fuerza.
Un día mi padre me preguntó:
— ¿Has leído el Quijote?
— No —le contesté.
— Pues. . . hijo mío, te has perdido el más preciado
de los deleites, la más extraordinaria de las enseñanzas. Todo está en el
Quijote. Yo lo leo, por lo menos, una vez al año. . .
[. . . ] Pero, a
riesgo de indignar a mi fraternal amigo el manchego Tomás Romero, que por su
amor de Cervantes hasta algo de Quijote tiene, declaro, en toda sinceridad, que
nunca me he dado una cuenta muy exacta de lo que constituye la grandeza sin par
de la inmortal novela castellana.
Yo, por mi parte, sólo veo en ella la conclusión lógica de
una filosofía primitiva que considera al Mundo como un mecanismo incapaz de
funcionar no teniendo sus fuerzas cabales.Sus versos salen del alma: son grandiosos, son sencillos, son
formidables; y si ahora suenan de un modo raro en nuestros oídos, es porque
nosotros no estamos hechos para sentirlos.
Por otra parte, en la más conocida de Enrique Gómez Carrillo, su faceta como cronista ha sido la más admirada. Al igual que su narrativa y su crítica, también se le ha considerado impresionista. Según la doctora Lucrecia Méndez de Penedo:
El cronista viajero intentaba dar su impresión de lugares
ajenos, preferiblemente exóticos, a través de una prosa exquisitamente
elaborada. El paisaje, los monumentos, los habitantes, las costumbres, eran
vistos a través de una lente poética, casi siempre cargada de imaginación. En
otras palabras, no se trataba de ofrecer una descripción analítica y objetiva,
sino emotiva y subjetiva. (Méndez III)
Por ejemplo, el Japón que Gómez Carrillo nos pinta
ciertamente es el que vio, pero aparece opacado por el Japón que imaginó y,
sobre todo, por el que deseó ver. Él mismo afirmaba que viajaba con ojos “de
amante”, es decir prestos a la distorsión. (Méndez III-IV)
Pero, ¿acaso no sabía también que las calles eran así como
las veo, estrechas, tortuosas, sucias, sin aceras y sin empedrado?. . . ¿Acaso
no había leído antes de venir mil descripciones detalladas y escrupulosas?. . .
Sí. Lo que ahora veo en la realidad, ya me era por los libros y las estampas
familiar. [. . . ] esos hombres sudosos que arrastran carretas cargadas de sacos
enormes; esa falta de color, de brillo, de alegría general, en fin, ya la
conocía yo. Pero la realidad, esta vez, es más completa, más intensa que la
visión.
Aun los más piadosos viajeros, cuando visitan Ghetsemaní, se
sienten entristecidos por la falta de grandeza con la cual los franciscanos han
adornado el antiguo Huerto de la Agonía.
En la época de Jesús, todo esto debe de haber presentado un
aspecto parecido al que ahora le vemos. La tristeza del jardín actual, con sus
olivos, que según los frailes, son los mismos de hace dos mil años, tienen que
haber atraído al Nazareno en la noche más lamentable de su existencia.
Como conclusión, se ha observado que la obra de Enrique Gómez Carrillo se caracteriza por la visión impresionista del autor, provocada por la crisis de la representación realista que evitaba ver la ruina y la miseria de la sociedad al final de la belle époque. Las tácticas del autor guatemalteco se basaban básicamente en causar el contraste entre el referente real y el referente imaginario, producto de la impresión del llamado “Príncipe de los cronistas”.Todo su arte, podemos agregar, es un suspiro, una
confidencia, un anhelo íntimo. Estudiándola bien, no con métodos analíticos,
sino con amor, que es como hay que hacerlo, se nota que no canta más que para sí
y para su amante. Variando mucho, siendo altiva y humilde, perversa y sencilla,
suave y traviesa, ferviente y ligera; siendo una gran dama y una modistilla, una
parisina y una andaluza; siendo buena y mala, cruel y piadosa; siendo múltiple e
inexplicable, en suma, es siempre ella misma y no es más que ella; es decir, el
más armonioso, el más inquietante y el más divino de los misterios
humanos.