sábado, 23 de mayo de 2009

Benedetti: voz que viene y que va al pueblo


El pasado domingo, el escritor uruguayo Mario Benedetti falleció tras dejar de respirar lentamente, poniendo fin así a una larga agonía que lo había hecho visitar hospitales y a someterse a intervenciones quirúrgicas en los últimos meses. Uruguay y todo el mundo hispano lloraron, pues, el deceso de uno de sus poetas más prolíficos y más respetados de la actualidad.


Debido a su lento fallecimiento, desde hace meses, el mundo ya se preparaba para esta muerte. Homenajes empezaron a rendirse, al que fue denominado como “el poeta uruguayo por excelencia” (por sus paisanos) o simplemente como uno de los mejores poetas de habla hispana, honores que cada vez son más raros de escuchar en este mundo.


VIDA Y MUERTE


En Montevideo, capital uruguaya, apenas era domingo por la noche, cuando se conoció la noticia. El poeta había muerto a los 88 años de edad, tras una larga agonía. Dos semanas antes, Benedetti ya había dado aviso de que el final estaba cerca, al ser internado de nuevo por una crisis de salud.


“Falleció mientras dormía en su domicilio y en profunda paz. De a poquito dejó de respirar”, explicó Ariel Silva, su secretario privado, luego de que los médicos dieran por certificado el final de su vida.


Benedetti había publicado en septiembre del año pasado Testigo de uno mismo, escrito en verso, y antes de su fallecimiento trabajaba en un nuevo libro de poesía bajo el nombre de Biografía para encontrarme.


Nacido el 14 de septiembre de 1920 en Paso de los Toros (250 km al norte de Montevideo), Benedetti fue distinguido con el doctorado honoris causa por varias universidades latinoamericanas y europeas.


Perteneció a la llamada “Generación del 45”, junto a otros poetas y novelistas uruguayos, como Juan Carlos Onetti, quienes tuvieron que buscar el exilio ante las dictaduras militares que azotaron uruguay. Benedetti fue autor de decenas de libros de poemas, prosa, cuentos, novelas y ensayos, así como de teatro, recibió asimismo numerosos premios, entre los cuales el Premio Internacional Menéndez Pelayo en 2005, el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 1999 y el Premio Iberoamericano José Martí en 2001.


POETA POPULAR


La muerte de Benedetti fue llorada por todo el mundo hispano, hecho solidario que usualmente no ocurre ante cualquier poeta o hijo de vecino. Su deceso provocó lamentos por todo el mundo, desde políticos, jefes de Estado, intelectuales, músicos, literatos y público en general.


Y es que el escritor uruguayo era quizá el poeta vivo más conocido, recitado y hasta imitado. Cabe, pues, analizar cuál era ese motivo de su fama casi mundial, pero que pese a ello no recibió ningún reconocimiento literario que lo encumbrara como uno de los mejores escritores en lengua española.


En Guatemala, cabe recordar, la declamación del locutor deportivo Abdón Rodríguez Zea al final de las transmisiones de las Grandes Ligas. “Hagamos un trato” era el poema recitado, o mejor dicho, parafraseado, porque el cronista hacía una conversión del pronombre personal del “usted” al “vos”.


Rodríguez Zea, que a pesar de ser narrador deportivo gustaba mucho de la poesía, es un buen ejemplo para entender la popularidad de Benedetti. Y es que su poesía es capaz de ser entendida tanto por el intelectual como por el aficionado del deporte que no entiende de razones, sino de colores de camisolas y de correr detrás de una pelota.


Como si fuese el mismo fenómeno Pavarotti con la ópera, que la popularizó sin denigrarla, pareciera que Benedetti también llevó al pueblo algunos poemas para que replicaran, los memorizaran, los recitaran en actos alusivos al Día de la Madre y hasta, incluso, estamparlo en una hoja de papel como carta de amor para la persona amada (y muchas veces, ni siquiera habrán consignado que tal poema era del escritor uruguayo, intentando engañar a la pareja).


Y ese fenómeno es hoy día muy raro, cuando la oferta poética incluye oscuras estructuras versificadas, tortuosas palabras cuyo significado sólo puede ser ubicado en un diccionario gongorino; en tiempos en que el amor y la sexualidad es una descripción de los órganos genitales y la producción de fluidos... en estos tiempos, Benedetti supo decir lo mismo pero con palabras sencillas. Para él, el amor no era anatomía: era amor, esa extraña relación en la que te sientes indefenso y seguro a la vez, y que sólo puede ser comprendido por la otra persona.


LENGUAJE SIMPLE


Uno de los cuentos más paradigmáticos de Benedetti es “Lingüistas”, en donde tras concluida una convención de “expertos en el lenguaje”, los intelectuales intentan piropear a una de las secretarias, sin lograr concretar con palabras su deseo carnal. Mientras que el empleado que habría la puerta, le dijo en el oído “Cosita linda”, palabras -simples o simplonas- que hicieron sonrojar a la mujer.


“Todo lo que digamos de Benedetti será poco en comparación a lo que él hizo por acercar su poesía a todos los ciudadanos. Hizo de su obra algo muy personal para muchos”, dijo Ángeles González-Sinde, ministra española de Cultura.


Pues, ¡qué mejor ejemplo que ése para explicar la poesía de Benedetti! Sí, es cierto, su poesía era construida con palabras simples y estructuras, si se quiere, hasta escuetas, pero funcionaba.


Tal como dijo Carmen Caffarel, directora del prestigioso Instituto Cervantes: “La razón de su éxito radicó en que supo llegar al alma y las preocupaciones de los lectores, lo que significa que entendió como pocos la sociedad contemporánea. Su obra abarca casi todos los campos de la creación literaria y ha estado marcada por el compromiso con los más débiles y por el dolor de la distancia y el exilio.”


El ser humano contemporáneo es demasiado complejo, pero por su simpleza. Antes, la psicología se encargó de profundizar en las oscuridades profundas del alma, pero hoy día, el estrés, las prisas y todo el mundo moderno hacen que esa profundidad quede relegada, para optar por la superficialidad. Y Benedetti se dio cuenta de esa condición humana.


“Ha sido un autor muy querido. En ese sentido, hay una cierta diferencia con Borges, por ejemplo, que siempre ha sido muy estimado por los críticos, pero poco estimado por los lectores”, según Cristina Peri Rossi, poetisa uruguaya, y eso es muy triste para los literatos innovadores, pero explica bien el fenómeno Benedetti.


SOBRE TODO, POETA


Benedetti prácticamente escribió en todos los géneros. “Siento pena por la muerte del amigo y la separación definitiva que esto significa y liberación porque en este caso la muerte se presenta como liberadora. Benedetti es un hombre muy reconocido como poeta, poeta muy prolífico, y probablemente el mas leído de la literatura latinoamericana; pero no hay que olvidar su aportación como autor teatral, como periodista y también como activista político que fue como hombre responsable del tiempo y las cirscustancias que le tocaron vivir. Tuve el placer de compartir con él un trabajo fantástico de canción: juntos hicimos un manojo de canciones que titulamos 'El Sur también existe' y fruto de esta trabajo ha sido una amistad que con el tiempo maduró, creció y que a mi me seguirá acompañanando”, dijo Joan Manuel Serrat, músico catalán, quien además ha musicalizado varios poemas del uruguayo.


Pese a ello, hay que reconocer que el mayor aporte de Benedetti fue en el ámbito poético; ni siquiera en la versificación, sino que únicamente en la poesía pura. Como novelista, dramaturgo y ensayista, sus libros pasaron de aceptables a ser considerados para el olvido.


Benedetti, como poeta, no fue muy innovador. Y a pesar de la simpleza de sus estructuras y su lenguaje, sus poemas tienen alma; dentro está ese animal poético (porque es un animal. ¡eh! No una musa ni una fuerza etérea) que dan vida a las letras. Animal que desgarra el alma y se queda habitando en los ojos y en los oídos de quien lee.


COHERENCIA POLÍTICA


Benedetti fue obligado a exiliarse durante la dictadura uruguaya. Al salir, estuvo en diferentes países. Como asilado político, también logró ganar simpatías. Pero sobre todo, es resaltante observar que, tras la estabilización política uruguaya, el poeta continuó coherente políticamente, lo cual le generó réditos adicionales a los literarios.


Y eso lo reconocen hasta los escritores de derecha: “Siempre me pareció muy respetable porque nunca medró. Nunca fue un escritor que utilizó sus ideas políticas para medrar, para obtener determinadas ventajas, era una persona muy coherente, no hizo trampas y fue muy honesto. Aunque discrepamos mucho, siempre le tuve mucho respeto y siempre lo consideré muy buen escritor desde que leí sus primeros cuentos. Fue un escritor totalmente comprometido y que defendió sus ideas con mucha coherencia y con mucha honestidad”, comentó Mario Vargas Llosa, escritor peruano de tendencia neoliberal.


Y, más aún, escritores de izquierda le reconocen esta postura ética firme. “El mundo nos obliga a desconfiar del prójimo; el prójimo es un peligro que nos amenaza . Mario Benedetti creía en otro mundo posible y era el raro caso de un escritor generoso que celebraba el éxito de los demás”, explicó Eduardo Galeano, escritor uruguayo, que recientemente adquirió fama mundial porque el presidente venezolano Hugo Chávez regaló uno de sus libros a Barack Obama.


“Benedetti era un gran poeta, sensible, humano y humilde a las causas justas de la sociedad. Su obra se caracterizó por la crítica social, aguda e inteligente”, comentó Laura Esquivel, escritora mexicana.


FÓRMULA MÁGICA


Ahora bien, hay que señalar también que Benedetti tuvo un buen éxito editorial, y para ello no basta únicamente con ser buen poeta. De hecho, muchas veces el éxito literario y el éxito editorial van por caminos distintos. Pero en el caso del uruguayo no.


Parte de este éxito podría explicarse como que Benedetti encontró una fórmula mágica, que vendía, y vendía bien. Su fórmula coloquial y de sencillez, también causó molestias entre literatos que buscaban la innovación poética.


“Benedetti fue un literato humanamente muy necesario en el terreno del pensamiento social y de la honradez, aunque yo no compartía con él su lenguaje poético. Era un ser admirable pero utilizaba un lenguaje normalizado, el lenguaje de la comunicación coloquial, que, aunque lo respeto muchísimo, no lo comparto”, explica Antonio Gamoneda, poeta español.


Y es que la crítica literaria especializada y seria alza la voz cuando sonados éxitos editoriales, como Harry Potter, los libros de Stephen King o Paulo Coelho, o el fenómeno del Código da Vinci, utilizan fórmulas burdas (e literariamente incorrectas) con la finalidad de vender.


Y, lamentablemente, Benedetti no logró salir de ese estilo que le generó tantas ventas.


CONCLUSIÓN


Pese a esto último, Benedetti se ha ganado un espacio entre los mejores literatos del habla hispana. Su muerte dejó un vacío en el trono como el poeta más respetado y admirado en Latinoamérica. Pese a su sencillez y soltura de palabra, sus poemas son realmente buenos, o quizá más que buenos. Supongo que de esta semana en adelante, Benedetti tendrá muchos imitadores que no lograrán honrar su memoria.

martes, 19 de mayo de 2009

Los dictadores de la lectura

FOTO: Alan Mills (al centro), poeta y bloguero guatemalteco, durante un foro sobre el nuevo periodismo en el 5e Salon du livre d’Amérique latine, acompañado por (sentados, de izquierda a derecha) Jean Lebrun, Zuenir Ventura, Luis Fernando Verissimo, una traductora francés/portugués y Eduardo Olivares, en panel conducido por Alexandre de Nuñez (de pie a la izquierda).


El tema del libro y la expansión de la lectura ha dado muchos jalones de cabellos en los últimos años, no sólo en Guatemala, sino que en Latinoamérica. Es común síntoma que, tras largas dictaduras, los pobladores no se sientan atraídos a las actividades intelectuales, ya que el común d los mortales sufrió de una castración de la voluntad de pensar.


Dentro de una dictadura, es un privilegio leer, y quienes tienen acceso a la lectura (más que acceso a la educación) se les potencia su capacidad de oposición. La educación, dentro de un sistema de dictadura, más que una liberación, es una cadena que ata; obviamente, los dictadores se cuidan de que en las escuelas se ofrezcan sólo los temas que les interesa para perpetrarse en el poder.


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En Guatemala, por ejemplo, desde la Independencia hasta Ubico, el sistema educativo cambiaba según los intereses del partido de turno. Los conservadores, como Rafael Carrera, no estaban interesados en la educación primaria. Es preferible, pues, tener a un pueblo analfabeto que no cuestione un poder basado en familias hegemónicas, que es, a la larga, la definición más sencilla -y por ende más simplona- del conservadurismo.


Para los liberales, como Mariano Gálvez, era preferible fomentar la educación primaria, incluso básica, para formar mano de obra tecnificada, que luego te pueda mejorar la producción industrial. Sin embargo, desestimaban la educación superior, es decir universitaria, para evitar que la población se vuelva científica, es decir, intelectual.


Claro está, que hubo liberales y conservadores que se saltearon la regla, y esto no se aplicó con jefes de Estado como Justo Rufino Barrios o Jorge Ubico, que simplemente truncaron la capacidad educativa.


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Pero volviendo a la lectura, ésta es fundamental, incluso en sistemas educativos fuertes. A través de la lectura ingresa la mayor parte del conocimiento científico. Hay otras posibilidades, claro está, pero es a través de la lectura que se pueden lograr mejores resultados. ¿Por qué? Porque con la lectura, el ser humano se enfrenta solo ante un texto. Usualmente, la lectura no debería dar posibilidades a confusiones... quizá sí a polisemias, pero nunca a conceptos completamente equivocados. Un mal lector, probablemente, no comprenda el texto, o comprenda a medias, o quizá se imagine conceptos cercanos; pero ni el peor lector comprende completamente lo contrario a lo que lee.


Además, la lectura te permite la individualidad de profundizar y acelerar el conocimiento, mientras que el sistema educativo casi siempre es colectivo, y su objetivo es que todos avancen más o menos por igual.


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Es por ello, que en pleno siglo XXI, en donde hemos salido de ciertas ataduras políticas, sobre todo en Latinoamérica, es imprescindible optar por países lectores, porque sólo así podremos potenciar individualidades intelectuales.


Claro está, con sistemas educativos tan empobrecidos como el nuestro, se parece más a un modelo neoconservadurista, que privilegia la privatización y la elitización del conocimiento.


Y, en consecuencia, este sistema neoconservadurista tampoco ha hecho mucho para favorecer la lectura. Yo sé, por ejemplo, que en países culturalmente más desarrollados, como México, Argentina, etc., el libro carece de tasa impositiva. No sólo en cuanto al IVA, sino que al impuesto arancelario e impuestos a productos para la elaboración interna de libros.


Y, se quiera o no, el alto costo de los libros es una limitante para un país en que el valor del salario mínimo es menor al costo de la canasta básica vital.


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Venezuela recién acaba de lanzar, hace un mes, su plan de Plan Revolucionario de Lectura, que consiste en la capacitación de cuadrillas que promuevan el libro, además de ofrecer, a través de las editoriales estatales, libros con valor simbólico.


Se realizó una lista de cien libros “esenciales” y se hará un tiraje de dos millones y medio de libros, es decir un tiraje de 25 mil ejemplares de cada uno de la lista de cien.


Me parece que a principios de año (no estoy seguro), el Gobierno de Venezuela también eliminó la ayuda que ofrecía a libreros y editoriales para la importación de libros.


En ese contexto, hay libros que llegaron a costar mucho dinero, como ejemplares de Harry Potter, que alcanzaron más de los 130 dólares cada uno. En consecuencia, el mercado de libros decayó, ante la queja de los libreros.


Los libreros de Venezuela indican que la mayor parte de las ventas de libros son importados, y sobre todo libros de autoayuda, los de Harry Potter y Quién se ha robado mi queso, como los bestseller.


Valga decir que la tendencia en Guatemala es similar. Si se hace un sondeo entre los libreros, estoy seguro que enumerarán a Paulo Coelho, Harry Potter, Dale Carnegie, El rinoceronte, entre otros similares.


En cambio, el plan de Venezuela (que sobra decir que está impulsado fuertemente por su presidente Hugo Chávez) contempla libros de “tendencia antiimperialista”. Sin embargo, no es del todo cierto, porque también se observan libros, dentro de la lista, como El Ariel de José Enrique Rodó, poemas de Rubén Darío o novelas de Rómulo Gallegos.


La eliminación de la ayuda para la importación fue justificada por el gobierno venezolano con que había libreros que no estaban utilizando ese dinero para ese fin, y que en cambio desviaban la ayuda para otros fines.


Quién sabe.


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¿Dictadura de libros? Sin duda, para muchos, este plan de Chávez les sonará como cualquier otra cosa de Chávez, que huele a “dictadura marxista”. Sin embargo, yo considero que el plan tiene sus pros y sus contras.


Sus contras, obviamente está que pareciera una dictadura de libros, y que hay alguien que te está obligando prácticamente a leer una lista esencial, y no cualquier libro de libre elección. Sin embargo, como dije, no todos los libros pueden ser catalogados como “antiimperialistas”, porque se caería en anacrónicas inexactitudes.


Incluso, Las venas abiertas de América Latina, el regalo de Chávez a Obama, y que muchos lo catalogaron, por ese gesto, como la “biblia antiimperialista”, no se encuentra en la lista de cien libros “esenciales”.


Las ventajas de este plan de Chávez está en que ofrece muchos libros, incluso más de lo que lee el lector promedio. Además, los ofrece a precios muy bajos, casi gratis.


Además, los libros elegidos están pensados para formar un criterio amplio, y no, como creen algunos, que para poner límites al pensamiento.


Lo malo, también, es que no será tan fácil conseguir otro tipo de libros.


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Pero, quizá, lo más rescatable es que se esté atacando a una dictadura mayor. Si hemos podido darnos cuenta, son pocas las editoriales las que dominan el mercado del libro en Latinoamérica. Empezando con la literatura, algunas cuantas editoriales españolas dictaminan, prácticamente, qué autores leer. Fundamentalmente son Alfaguara y, menor grado, Anagrama.


En las librerías, en ferias de libro, incluso en “grandes” eventos como la Filgua, son estas editoriales quienes dictaminan al consumidor qué comprar, e incluso define a qué escritores leer. Los demás libros y escritores prácticamente están siendo invisibilizados.


Recientemente, en París, en el 5e Salon du livre d’Amérique latine, la cita era muy atractiva, con la presencia de varios escritores destacados de Latinoamérica. Yo fui con el interés de comprar algunos libros, muchos de los cuales son difíciles de conseguir en Guatemala, por ejemplo.


Sin embargo, cuál fue mi decepción al encontrar la mesa de exhibición dominada por Alfaguara, Anagrama y el Fondo de Cultura Económica.


Y muchos de los autores que han sido traducidos al francés son quienes han publicado en estas editoriales.


Además, observar que ciertos medios de comunicación son los más influyentes para impulsar las agendas de sus colaboradores y trabajadores. Tales son los casos de El País, de España, y Le Monde, de Francia.


Me parece que en Guatemala se quiere replicar este mismo modelo. Ya existe cierto monopolio sobre qué leer y qué no. Los medios de comunicación normalmente dan toda su atención a los libros de estas editoriales, e incluso se tiene preferencia para reseñar sus ediciones.


Pese a ello, fue refrescante observar en el Salon du livre... algunas traducciones al francés de Augusto Monterroso (cuyos libros traducidos, un día después que fui ya habían sido comprados), sorprenderme con una traducción al francés de Tres tristes tigres de Cabrera Infante, y la presencia, en uno de los foros, del poeta guatemalteco Alan Mills.




sábado, 16 de mayo de 2009

Visitando a Jacobo Rodríguez Padilla


Jacobo Rodríguez Padilla, durante la inauguración de la

exposición en una de las galerías del barrio Saint Germain.



En el barrio Saint Germain des Pres, enfilándose hacia el río Sena, aproximadamente a la altura frente al Louvre, uno de los sectores más exclusivos de París se abre, sobre todo en la noche, para dar paso a lo mejor del arte actual. Quien va a París y quiere tomarle el pulso al arte contemporáneo, es un buen lugar para ello. Sobre todo en este mes, en que se celebran días importantes para las galerías parisinas.


El barrio de Saint Germain vivió en estos días la fiesta del arte en las

galerías, evento en el que se enmarcó la exposición de Rodríguez Padilla.


Digo esto para que se tome en cuenta la verdadera dimensión de lo que puede ser exponer en alguna de estas salas no es tan fácil. Claro, hay otras galerías en todo París, incluso Francia, pero ninguna te da tanto estatus como éstas.


Y buscando y buscando, encontré entre estas galerías una exposición particular, una que recordaba los colores de Guatemala. Cuadros con pinturas de gente morena que se confrontaban entre sí preguntándose por su pasado y su identidad, compartían sala con las de otros dos pintores.


Y es que en esa sala, precisamente, se encontraba en exposición algunos cuadros de Jacobo Rodríguez Padilla; el precio que podrían alcanzar… quizá más de 25 mil quetzales.


Ahí, con su postura cansada, rodeado de gente, se encontraba uno de los grandes pintores (casi) olvidados de Guatemala. Y cansado porque a sus 87 años todavía pinta todos los días. Todavía hace el esfuerzo intelectual de convertir sus ideas en formas plásticas, tarea que le requiere mucha tarea física. Sobre todo ahora que está en una fase de trabajo con alambre, como una de las obras expuestas en esta ocasión.


La actividad sirvió de excusa para reencuentros de guatemaltecos que rondan por París. Jacobo saludando con humildad a cada uno de ellos.


Las personeras de la Embajada de Guatemala en Francia lo llaman con mucho cariño: “Don Jacobito, venga y siéntese, no vaya a ser que se canse mucho”. “No, no se preocupe, así estoy bien”, responde.


Lo que parece increíble, incluso para que haya sido presenciado por mis ojos, es que Rodríguez Padilla no había expuesto antes en una galería de París. ¿Por qué? “Porque el pintor tiene dos caminos: uno es el de hacer dinero, y el otro es el de hacerse de buen nombre. Si yo hubiera querido hacer dinero, hubiera expuesto en una de tantas galerías, quizá hubiera vendido bien, pero yo no quise eso”.


Pues, ahora que Jacobo Rodríguez Padilla es un pintor reconocido, se ha permitido exponer en una galería, pequeña, pero amigable. En realidad, es de un conocido suyo y por eso también aceptó la solicitud de exponer.


Jacobo Rodríguez Padilla vino a París, luego de ganar un concurso artístico en Guatemala, en los tiempos de Jacobo Arbenz Guzmán, viajó a París para gozar de una beca. La Escuela de Arte de París recibía, por esa época, a los mejores estudiantes de la plástica del momento. Sin embargo, el golpe al Gobierno de Arbenz lo dejó, como a muchos otros artistas e intelectuales, en un limbo. Poco tiempo después, el gobierno de Castillo Armas cortaba el flujo monetario de la beca a Rodríguez Padilla.


Sin embargo, el continuó su formación, ya sea en París o México, los dos sitios donde radicó y llevó a cabo su obra.


A pesar de que el Gobierno no terminó de cumplir la beca ofrecida, Jacobo Rodríguez sentía la obligación moral de devolver a Guatemala lo que un día le fue prestado, y retornó para ofrecer sus conocimientos también a jóvenes artistas del país.


Pero, irremediablemente, la vida le ha marcado un camino lejos del país. Pese a vivir en París desde hace décadas, las referencias artísticas hacia Guatemala siempre están presentes, como los cuadros y esculturas expuestas en esta galería.


Jacobo Rodríguez, cansado quizá de un exhausto día de trabajo, estaba ahí, en la soleada noche de París, soportando el sueño, con la alegría de ver su obra expuesta y porque, gracias a él, se logró reunir una pequeña Guatemala en Francia.


La Rue Guénégaud, en el barrio de Saint Germain, alberga algunas de las galerías

de este sector. En la Edifor Galerie está en exposición la obra de Rodríguez Padilla.


SEMBLANZA


Juan Jacobo Rodríguez Padilla nació en Guatemala en agosto de 1922. Es pintor, grabador, muralista y escultor. Proviene de una familia de artistas; su padre, Rafael Rodríguez, también fue un destacado artista plástico, y cuyo esfuerzo fue honrado al ser denominada así la Escuela Nacional de Artes Plásticas, en la cual también estudió Jacobo entre la década del treinta y el cuarenta.


Por una beca del Gobierno de Guatemala, Jacobo Rodríguez Padilla estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes de París, en 1953, en la que llegó a ser uno de los dos guatemaltecos ganadores del Premio de la Escuela.


Participó con el llamado Grupo Saker-ti, un grupo literario y artístico que buscaba reflejar en su obra los valores sociales y económicos de los gobiernos de la Revolución.


Rodríguez Padilla ha realizado los murales de las salas Toltecas y Preclásico del Museo de Antropología de México. Tiene estudios de arqueología en museos de Guatemala, Francia y México. Actualmente vive y trabaja en París. Es uno de los más importantes escultores, pintores y muralistas que tiene nuestro país.


jueves, 14 de mayo de 2009

Esto no es una pipa


La semana pasada, en el Blog del Verde se publicó una post en el cual se mostraba sorprendido, si no confundido por la muestra por la exposición El proyecto incompleto en el Centro Cultural de España de La Antigua Guatemala.

En él, El Verde criticaba las obras expuestas ya que reconocía no comprenderlas. A mí me gustó el post, porque, como le comenté en esa entrada, me parece que en Guatemala falta aún mucha crítica de arte. Básicamente, comenté que sin crítica (de arte, política, económica, literaria, etc.) el país simplemente no sabe por dónde ir.

Claro está, que hay personas que creen que el crítico escogió esa profesión o actividad por falta de talento, y se dedica a chingar a los “artistas”. Por supuesto, creo que en algunos es válido, pero no hay por qué generalizar.

El crítico -como un artista, albañil o médico- necesita de preparación y sensibilidad para hacer su trabajo. Por ejemplo, no podemos decir que alguien se hace árbitro sólo porque no podía jugar bien al futbol, porque obviamente es falso a todas luces.

Pues, resumiendo, me pareció que El Verde hace un ejercicio bueno de cuestionarse sus visitas artísticas y argumentar por qué le gustó y por qué no le gustó.

Y, como complemento, en el Magacín, el renovado suplemento dominical de Siglo XXI, se publica también una nota sobre el tema, de parte de Miguel Flores Castellanos, que de nuevo cuestiona la misma exposición.

Pese a estos esfuerzos críticos, el Diario de Centro América publica hoy una nota, que se aleja de lo noticioso y lo crítico para caer en la subjetividad, en la Sección Arte y Cultura, en donde prácticamente adversan a Miguel Flores Castellanos y su crítica dominical del Magacín. No coloco el link directo porque creo que no sirven en el Diario de Centro América por no guardar versiones anteriores, pero vayan a la página www.dca.gob.gt, del jueves 14 de mayo en la sección referida y lo encontrarán.

El periodismo cultural de Guatemala -y por qué no extenderlo a Latinoamérica (con algunas excepciones)- es básicamente la cartelera cultural de los sectores poderosos y de los cuates de los periodistas culturales. Obviamente, la gente del Diario de Centro América tiene afinidad por los eventos del Centro Cultural de España, de La Antigua y de la Capital, y eso no importa, pero no es válido mentir por ellos, a fin de dar una visión falsa.

Además, el texto del Diario de Centro América define a Rosina Cazali como “la crítica y curadora de arte contemporáneo en Guatemala —por muchos años ha sido la única—”, lo cual no es del todo cierto, porque en Guatemala ha habido otros curadores y críticos, que no mencionaré por el momento, pero que sí hay y los ha habido; esta situación me molesta mucho porque hay cierto sector dentro del periodismo cultural guatemalteco que intenta invisibilizar el fluir artístico del país, creyendo que lo que ellos dicen es lo único que vale la pena.

Es cierto, como mencioné en el blog del Verde, nos hace falta mucho por aprender para poder intentar una buena crítica cultural, pero al menos los intentos que se hacen ahora ya es un buen camino, necesario, incluso con sus tumbos, para favorecer el surgimiento de un arte que nos represente y exprese nuestro sentir.

Foto: Esto no es una pipa, el famoso cuadro dadaísta de Matisse, que incluso influyó en Foucault para un libro.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Paris vaut bien une messe


París -como dice el dicho- bien vale una misa. La frase la habría dicho Enrique IV de Francia, que debió aceptar el catolicismo (y por ende, participar en una misa) para poner fin a la guerra que procuraba evitar que el Rey no fuese un calvinista, como él. Tras nueve años de guerra, esta frase habría puesto fin a la guerra.


La frase es hoy utilizada indistintamente para valorar París. Y está bien. Pero, si se tratase de precios, a pesar de que una misa en estos días es carísima, París es en realidad una de las ciudades más caras del mundo.


Quizá no; quizá cometo el error de estar calculando el precio en quetzales de todo; pero me he dado cuenta que nuestra moneda no vale nada… de hecho, el dólar no vale nada y nuestro quetzal está basado en el ir y venir del dólar.


Pero, pese a ello, he estado en otras ciudades de Francia y en París, al menos, está al doble del precio todo.


Un pedazo de carne, con papas, pan, café y vino son más de 200 quetzales en París.


Por eso, siguiendo los consejos de compañeros, he optado por abandonar los cafés y he ido a las tiendas a comprar, como si estuviese haciendo el super.


Repito, quizá sea una exageración mía, o quizá no nos demos cuenta de lo poco que vale nuestra moneda, y que, en cambio, en realidad Guatemala sea más cara, cosa que lo creo también.


Y es que tiene su precio vivir en una ciudad que respeta al peatón, que no tiene basura tirada en sus calles, que es segura, en la que podés caminar a las once de la noche sin peligro, etc. Todo ello tiene su precio. Claro, quisiéramos que en cualquier lado se tuvieran estas garantías mínimas.


Pero, cuando se intenta aumentar el precio de los impuestos, usualmente la reacción es la misma en ricos y pobres, o más bien en ricos que hacen recorrer su pánico entre los pobres para que éstos se quejen del alto costo de la vida.


Y sí, es cierto, en Guatemala hay gente que no come porque no tiene, pero eso es porque no hay trabajo digno, y no tanto porque sea caro.


Total, pensé que todo esto tiene su precio, porque no sería lo mismo querer estar acá y no pagar tanto, como si fuese esto el Puerto de San José, con oferta de cervezas en Semana Santa.


Sí, París es más costosa que una misa.

lunes, 11 de mayo de 2009

Quasimodo viste a la moda


Notre Dame, vista desde la orilla opuesta del Sena.


La catedral de Notre Dame es quizá el punto religioso más significativo de París. Este París que está más preocupado por el perfume; el París de los diseñadores del Boulevard Saint Germain; el París de las mujeres con falda y medias negras rotas; el París de hombres de camisa a rayas, corbata, sobretodo, pantalón de lona y tenis blancos. Notre Dame es un sitio fuera de lugar –un no lugar- dentro de París. Los parisinos pasan por él; sino fuera por los turistas, este lugar estaría desierto, y no tendría sentido que los músicos estuvieran en sus alrededores esperando alguna generosa moneda de, aunque sea, veinte centavos de euro.

Violinista en las afueras de Notre Dame.


La visita a Notre Dame es una de las obligadas en París; la fila no es tan larga como para subir la Torre Eiffel. Un minuto y ya entraste. Además, tiene la ventaja de que su ingreso es gratuito, y eso es un buen motivo para este París carísimo, que te cobra tres dólares por una veladora que en Guatemala vale cien veces menos que eso.


Encaminándose a la entrada principal de Notre Dame.


Veladoras en Notre Dame. Éstas valen alrededor de doce dólares.


Las dimensiones de la Iglesia parecen transformadas. Desde fuera, pareciese un enorme bastión de la religión parisina, pero por dentro se reduce a su mínima expresión. Pese a las numerosas recomendaciones al entrar, sobre apagar el celular, quitarse el sombrero o gorra, y respetar a quienes hacen actos de fe, el respeto hacia esto es casi imposible ante una horda de turistas que buscan conocer París de un sopetón, para luego irse a sus países y decir que conocieron París.


Las iglesias góticas fueron construidas con la visión cosmogónica-arquitectónica de que, al estar dentro, sientas tu alma despegar hacia el cielo. Por eso, los mandalas que ahí les llaman rosetones… por eso las torres que parecen pinchar las nubes, porque a través de ellas tu alma sube, y cual embudo, pero al revés, te conduce suavemente hacia el cielo.


Vista hacia arriba de la fachada central.


Mandalas-rosetón en Notre Dame.


No sé si ya lo habré dicho, pero París es demasiado grande como para que te entre en los ojos. Tenés que usar todo tu cuerpo, todos tus poros para que te penetre París. Si no, te da igual ver la Torre Eiffel o la Torre del Reformador.


Volviendo a Notre Dame, la experiencia es un puro acto de turístico. Entras, tomás unas cuantas fotos y te vas. Así nomás, no hay nada más.


Casi nadie tiene la calma de guardar su cámara y sentarse. Casualmente, mientras me quedé sentado simplemente, dio inicio un concierto con el Órgano, esa bestia que suspira musicalmente, pero que se necesita de maestría en los dedos para tocarlo.


El órgano mayor de Notre Dame; detrás, un Mandala-rosetón.


Después de un buen rato, empecé a salir, siempre entorpecido por los japoneses que se quedan parados por doquier para tomar fotos. Y, debo decirlo, entre la multitud, vi a Quasimodo, ese ser que, a pesar de su fealdad, su belleza espiritual hacía que la gente se compadeciera de él y le hiciera caso para salvar a Esmeralda de las garras de la justicia.


Sí, lo vi, pero ni él ni los turistas se dieron por enterados. Como buen parisino, vestía con camisa a rayas, pantalón de lona, tenis blancos y sobretodo, ahh, y una bufanda.


Afuera, una bosnia-herzegovina inmigrante me preguntaba, con su mal inglés, si yo la entendía. Me dijo que la ayudara, porque en todo el día sólo había comido un pedazo de pizza. Me compadecí de ella, a pesar de que yo sólo había comido unas Tortillitas Señorial, y sólo pensaba en pasar comprando agua pura en algún expendio.


La gente pasaba de ella sin atender su súplica, tal como Quasimodo, hace varias centurias, pedía agua por piedad, y sólo una gitana fue capaz de compadecerse.

lunes, 4 de mayo de 2009

La vida es una gráfica senoidal

Después de largos años de estudio, y del notable –pero frustrante- proceso de prueba y error, por fin he logrado descifrar una de mis tradicionales reflexiones.



Y es que, toda mi vida he intentado vincular esta vida con mis cálculos precisos y certeros. Ni bien me encierro en mi más interno y oscuro interior, las gráficas tridimensionales empiezan a fluir desde el punto preciso 0. Pese a ello, jamás había estado tan cerca de algo tan grande.


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Anteriormente, había ganado cierta reputación, incluso en la Academia de Patafísica, al demostrar mi teoría sobre que los personajes, llamados invariablemente P (P1, P2,…, Pn, Pn+1), de una novela, a la cual denominaremos N, podrían entenderse y pronosticar su comportamiento a través de una simple tabla del modelo de la Teoría de los Juegos, en donde “n” debía ser un número cuadrado exacto menos uno, a fin de que se pudiera cumplir.


Gran escándalo –e incluso asombro- provoqué en la Academia, cuando fui retado a demostrarlo en una novela X, en ese mismo instante. Alguien, tal vez más sagaz que yo, propuso La colmena, a lo que yo invariablemente admití y cumplí. Alguien, quizá con envidia, al ver demostrada mi teoría, refirió “Dios no juega a los dados”, a lo que yo respondí: “Ésa es una excusa de los mediocres”, y todos rieron de buena gana.



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Sin embargo, también tuve sonados fracasos, sobre todo mi teoría sobre la posibilidad de enriquecer el ajedrez eliminando el alfil de la diagonal blanca. Me parecía (y aún me parece), que su movimiento de izquierda a derecha no era tan certero, y hasta me pareció pusilánime, por lo que, por referir palabras equivocadas, fui acusado de homofóbico, y mi reputación cayó en lo bajo.

El camarada Menard propuso, posteriormente, una teoría similar, en la que discutía la posibilidad de eliminar a un peón de torre, y ganó reputación al concluir descartando esta transformación.


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Después de muchos cálculos, he llegado a la conclusión. He optado por realizar agudas observaciones en los puntos álgidos de la vida cotidiana, a los cuales les he asignado un valor numérico, quizá –si se quiere- arbitrario, pero con la objetividad de la Matemática. Después de lograr varios cientos de millones de datos, que fueron ingresados, pacientemente a mi computadora, he logrado extrapolar la gráfica que define la función de la vida.

Sé que algunos considerarán este ejercicio como ocioso, debido a que suponen que la vida tiene un factor sorpresa. Sin embargo, este factor también adquiere un valor numérico, variable (por supuesto), y se integra en la siguiente gráfica.


V = A sin (2π fx + φ)

Donde V es el valor variable que adquiere la Vida, A es el valor otorgado a la arbitrariedad del momento, el cual es un número variable entre 1 y 5, y que se calcula según la coyuntura; fx es la frecuencia en la que incide (o reincide, si se quiere) el patrón x, y φ es el valor variable, que se constituye en el factor sorpresa, un número que se encuentra entre el 0.00001 y el 1.000000

También puede ser calculado como


V = A sin (2π/T + φ),

si no se cuenta con el factor x, y sí con la T, que es el período de oscilación entre tiempo y espacio.

El período T en esta gráfica, es el menor conjunto de valores de X que corresponde a un ciclo completo de valores de la función; en este sentido, toda función de una variable que repite sus valores en un ciclo completo es una función periódica.

Si el valor T tiende a uno, el período se reduce a 2π.

La arbitrariedad A es el máximo alejamiento en valor absoluto de la curva medida desde el eje X. Y el factor sorpresa φ, refiere que la fase da una idea del desplazamiento horizontal. Si dos gráficas tienen la misma frecuencia e igual polaridad, se dice que están en fase, y ocurre lo que comúnmente denominamos enamoramiento. Si dos gráficas tienen la misma frecuencia, pero distinta fase, pueden coincidir en polaridad, pero tarde o temprano tiende a un desfase, o lo que comúnmente denominamos divorcio, ya que una de las gráficas entra en un período de adelanto o atraso, con respecto a la otra.

Sin embargo, no tiene sentido comparar la fase de dos funciones con distinta frecuencia, puesto que éstas entran en fase y en desfase periódicamente.

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Ahora bien, analizando en su ejemplo más sencillo, esta función analizada en solitario es caracterizada por sus altibajos. La vida, pues, como se observa tiende a desarrollarse en períodos contrastantes. Mientras se permanece en estado de quietud, en otro momento tendría que acelerarse la variable A, y tender al movimiento. De la misma manera, se cambia de la tristeza a la alegría, del descanso al trabajo, de la lucidez a la estupidez, de la riqueza a la pobreza, y del aburrimiento a la felicidad.


Científicos en otros puntos de la historia, han intentado descifrar esta misma gráfica. Sin embargo, han fallado en su intento por su humano deseo de intentar, artificialmente, que esta gráfica permanezca en su punto más alto siempre. Es decir, que tienda a ser una línea recta en su eje Y, sin variación en el X, o bien un plano que tienda al infinito, si se observa en tres dimensiones.


Pero esto tiende siempre a terminar mal. Los griegos (me parece) le llamaba a esto “romper el flujo trágico”, con lo cual realizaron cientos de obras dramáticas vigentes hasta hoy.


La gráfica que mejor refleja la vida es una gráfica senoidal. Quien no esté de acuerdo, es porque quiere una vida rectilínea. Quien quiera mantenerse en su punto más alto, altera los factores naturales de la vida, por lo que ¡ay de aquel!, porque la justicia terrenal no alcanzará para medirlo (pero Alá sabe más).



Foto: la gráfica resultante de los valores arbitrarios que asigné a los momentos T, en un espacio S definido, a lo largo de mi vida.



PS: mi camarada Cristina me hizo la observación que, en realidad, la vida no tiende a una gráfica senoidal, sino circular, a lo cual yo rechacé por mi necedad. Pero, podría considerar que tiene razón.