miércoles, 29 de julio de 2009

Por una verdadera literatura infantil



La Feria Internacional del Libro en Guatemala (Filgua) dio inicio la semana pasada. Gran esfuerzo supone haber decidido realizarla cada año, porque básicamente ése es el evento vitrina donde más proyección alcanzan las letras y los libros en nuestro país.


Pese a la crisis financiera, que hizo paralizar buena parte de los proyectos editoriales, la Filgua abrió sus puertas; de parte de algunas editoriales, el esfuerzo es bastante loable y aprovechan muy bien el evento para difundir sus libros. No sólo se trata de abrir las puertas a un público lector, sino también a un público académico e investigador, que al acercarse puede dar cuenta de la producción centroamericana, y en especial guatemalteca.


Entre lo más recomendable está el stand de las editoriales costarricenses, que han traído muy buenos libros; Costa Rica, por cierto, es el invitado especial, y no ha decepcionado con ocupar ese lugar honorífico.



Sin embargo, hay algo en la Filgua -y no sólo la de este año- que no marcha bien.


Como objetivo de Filgua, se quiere hacer de Guatemala “Un país de lectores”, lo cual está bien, y como estategia se ha elegido enfocarse en la niñez para inculcarles desde pequeños el hábito de la lectura.


El mercado de la literatura infantil ha mejorado exponencialmente. Los esfuerzos editoriales no sólo se basan en ofrecer mejores historias y libros más atractivos, sino que también han motivado un cambio en la pedagogía de la lectura, para lo cual ofrecen talleres a maestros.


El problema es que de un tiempo para acá, la literatura infantil ha dejado de ser La isla del Tesoro de Stevenson, y ahora es eminentemente Harry Potter; y si es así, algo debe estar mal.


La nueva pedagogía de la lectura infantil se encamina a mejorar la historia, ofrecer ediciones más gráficas, con diagramaciones adecuadas para neolectores y evitar léxico complicado y contemporáneo, a fin de que el niño no se pierda en la comprensión de los significados.


De esa cuenta, se ha desestimado utilizar libros clásicos de la literatura infantil, como Kipling, Saint-Exupéry, Salgari, Mío Cid y El Lazarillo de Tormes, aduciendo que éstos presentan un lenguaje anacrónico, y que el contexto ya no es comprensible. Lastimosamente, con esta visión, se desestima la labor del maestro, como guía de la lectura, y se pretende -desde un modelo neoliberal de la educación- restar la dependencia del catedrático, y volver cada vez más la educación a distancia, para lo cual se necesitan historias que no necesiten guías, como en Crepúsculo o en Hannah Montana.


Incluso, el Ministerio de Educación, desde hace años, ha obviado la lista de lecturas obligatorias (o cuando menos recomendables), a fin de no entorpecer las intenciones de las grandes editoriales para imponer sus paquetes de libros en colegios, con historias sencillas, que supuestamente impulsan el deseo de leer.


Hay varios peligros en ello, y uno es que -si bien se adquiere el hábito de lectura-, el aprendizaje es soso, y en lugar de que la lectura sea una experiencia enriquecedora, sólo se están preparando consumidores de libros como Código da Vinci o la revista Selecciones.


Por muchos años, incluso siglos, se han utilizado los libros clásicos para inducir a la lectura, y muchos recordaremos historias asombrosas y que aún ahora deslumbrarían a nuestros hijos, como el Cid Campeador que dominaba a un león sólo con la mirada, o Sigfrido -del Cantar de los Nibelungos- que tenía una capa de invisibilidad o un dragón cuya sangre lo hacía imbatible. Pero las grandes editoriales transnacionales han decidido obviar estas historias -haciéndonos creer que son aburridas y difíciles de comprender- para vendernos Harry Potter, quien, curiosamente, domina serpientes con su mirada, vive entre dragones y, alguna vez, recibió una capa de invisibilidad.

sábado, 25 de julio de 2009

Les Funérailles de Monna Lisa

Desde febrero pasado, en el mítico museo de Louvre, en París, se exhibe la muestra Les Funérailles de Monna Lisa (Los funerales de Mona Lisa) del artista Yan Pei-Ming, nacido en China, pero desarrollado en Francia.

Yan Pei-Ming nació en Shanghai en 1960, pero desde hace 25 años que vive en Francia. Su obra se caracteriza por trabajos de tamaños gigantes y por la utilización de tonalidades blanco y negro, o rojo y blanco. Trabaja con grandes brochas, las cuales mueve con rapidez, a fin de llenar los espacios del lienzo.

En febrero de este año, el museo del Louvre anunció su exposición Los funerales de Mona Lisa, el cual permaneció hasta mayo. Precisamente, se decidió instalar esta exposición en la sala contigua a la célebre Gioconda de Leonardo Da Vinci, quizá la pintura que más llama la atención de turistas del museo, o más de Francia.

El Louvre es lo suficientemente grande como para no ver todas las obras en un día, ni siquiera en una semana. Y, a pesar de esa amplitud, la sala en donde está expuesta la Mona Lisa siempre está repleta de turistas que desean tomar(se) una foto.

Entre tanta gente, es casi imposible apreciar el cuadro, el cual, además, está protegido por un cerco, para evitar que se acerquen demasiado, lo cual no ocurre con la mayoría de obras expuestas.

Es pues, que la Mona Lisa se ha convertido en un objeto de consumo turístico, el cual ni siquiera llega a ser apreciado en su totalidad, y basta, para ello, tomar una fotografía para creer que se ha poseído.

Quizá la razón de este consumo, es que la Mona Lisa es uno de los símbolos de París, y tomarse una foto en esa sala, significa la permanencia en París, y por extensión, se podría pensar que esta ciudad también se ha convertido en una especie de objeto de consumo, el cual no puede poseerse, sino sólo en fotografías.

Pei-Ming, siguiendo la escuela de desmitificadores, al estilo de Warhol, creó esta exposición en la cual el sentido es éste: la Mona Lisa, la obra de arte -quizá perfecta- de Leonardo, ha dejado de serlo para convertirse en un fetiche turístico.
Vista general de la Mona Lisa de Pei-Ming. Nótese la intencionalidad del efecto de gotas que corren, como si evocaran sangre o lágrimas.

Otra de las obras de Pei-Ming, expuestas en la misma sala. Nótese las proporciones gigantes de la obra.Entre las características de Pei-Ming está el monocromismo y el gusto por las figuras desahuciadas.


La sala donde se exhibe la Mona Lisa, asediada por turistas y cámaras fotográficas. El cuadro está cercado, además de tener un vidrio antibalas.

jueves, 16 de julio de 2009

El lenguaje como personaje


Ricardo Piglia es un pibe y escritor argentino; se caracteriza por su insistencia en pirar y buscar nuevas formas de novelar. Plata quemada es la reconstrucción de un golpe, historia real, en donde unos cafishos pelafustanes en Argentina, lograron robar a una institución municipal bacán, que cometía el error que cada mes, recorría cierto tramo con los morlacos en efectivo de todos sus trabajadores. Estos boludos los interceptaron, y huyeron a Uruguay con la guita.


Sin embargo, fueron perseguidos por la cana argentina, hasta rodearlos en su escondrijo, un bulín de poca monta. Por varias horas, se vivió la tensión y la bufosa sonando; los agentes no se animaba a soltar el plomo, ya que el escondite estaba en el último nivel de unos alquileres, y no podía afectar a los demás vecinos, mientras que los capos no escatimaban las balas.


Esta historia no fue chamuya; fue real, un caso bastante sonado de los meses finales de 1967; sin embargo, por la poca memoria histórica de los latinoamericanos, se olvidó pronto. Según relata Piglia, él mismo escuchó el testimonio de una de las minas implicadas, que tras salir de la cafúa, regresó a su pueblo. En el tren en que coincidieron el autor y esta ex convicta, le contó toda la historia, de la cual él recordaba algo.


La historia parecía increíble, inverosímil, y sin más atractivo que el llegar al clímax de la bufona. La escribió terminándola en 1977, pero sin mucha emoción. Sin embargo, al paso de los años, tuvo la oportunidad de reencontrarse con la historia, que le dio un giro interesante.


Durante el tiroteo de noviembre de 1967, un operador de radio intentó -como parte de la estrategia policial- contactar, a través de micrófonos, las voces de los ladrones encerrados. Con mucha dificultad, logró establecer cierto contacto, y más o menos logró identificar las voces de la barra brava. A veces, se le cruzaban en su grabación las voces de los otros vecinos del condominio.


Su esfuerzo no sirvió ni un piolín para la estrategia policial, ya que, antes de que pernoctasen, el desenlace fue mortal. Sin embargo, este operador de radio transcribió estas voces, trabajo que posteriormente encontraría Piglia. Ello le dio la oportunidad de conocer el lenguaje de estos pelafustanes.


El léxico, con que Piglia relata esta historia, es hermoso. Se respira el arrabal porteño de mediados del siglo; el grito de pucha y el color de las madreselvas. Después, un poco de mayor investigación de parte del autor, le dio la oportunidad de conocer los partes oficiales, las crónicas de prensa y hasta los informes de una terapia psicológica que un psiquiatra hizo a uno de los malevos, en una de las múltiples ocasiones que estuvo en cárcel.


La historia realmente llama la atención, pero la forma en que Piglia la relata, es insuperable. El lenguaje es el verdadero protagonista, el cual le modificó la novela, que en 1997 ganara el Premio Planeta.


FICHA TÉCNICA

PIGLIA, Ricardo. Plata quemada. Segunda edición. España: Anagrama (Colección Compactos), 2009. Original de 1977. Páginas 227. ISBN: 978-84-339-7271-2

martes, 14 de julio de 2009

El inevitable destino


Carol Zardetto publicó en este año su segundo libro, titulado El discurso del loco. Cuentos del tarot, una compilación de 22 relatos. Anteriormente, ya había publicado Con pasión absoluta; ambas publicaciones han visto la luz con el sello de F&G Editores.

Aún recuerdo con cierta pena que con Carol Zardetto habíamos pactado una entrevista para un jueves, con motivo de la publicación de su libro; sin embargo, ese día me llamó para solicitarme un cambio de fecha, a lo cual accedí, y la reagendamos para el próximo lunes.

A la cita del lunes acudió puntual; realizamos la entrevista y nos despedimos en la salida del diario. Días después, me enteré -a través de su columna de opinión en elPeriódico- que había sido asaltada justo cuando estaba entrando a su vehículo parqueado en la zona 1; por suerte, no le ocurrió nada a ella.

Esta anécdota -que podría parecer baladí- me sirve para ejemplificar mejor el contenido de este libro. Los cuentos se basan en los arcanos del Tarot tradicional; Zardetto, como si fuese una clarividente, "echa las cartas" a los personajes de sus cuentos.

Los personajes de El discurso del loco tienen en común que viven al margen de sus pasiones o de sus deseos. Como el pescador que huye de su puerto cuando muere su esposa al dar a luz (en su cuento "La Emperatriz"), o como la mujer que, tras la muerte de su madre, evita todo contacto con un hombre ("El Mago").

Sin embargo, el destino es inevitable, desde la perspectiva de estos cuentos, y aunque hagan cualquier cosa para evadirlo, terminarán acudiendo a su cita con el sino, y lo peor de todo es que serán puntuales para hacerlo. Tal como ese cambio de cita que realizara Zardetto para la entrevista, que terminó en el triste suceso.

El Tarot, en estos cuentos, es el aspecto místico que motiva la construcción de la historia. Esta práctica mágica se relaciona con la predicción del futuro, por lo que su inclusión es un acierto para la finalidad de los relatos del libro.

Quizá uno de los cuentos que mejor explica la sintaxis de este libro es "El Hierofante", en donde un padre teme por la supuesta adicción de hongos alucinógenos de su hijo. Empujado por este miedo, se introduce en el escondite de su hijo adolescente, en donde encuentra, precisamente, que tiene sembradas las setas, y decide comer uno.

Al salir de su transe, el padre cree comprender mejor a su hijo, y le contó lo sucedido: "No me extraña. Seguramente estaban allí para vos", le dijo el adolescente, refiriéndose a los hongos que ingirió, como reconociendo que del destino nadie escapa.


ZARDETTO, Carol. El discurso del Loco. Cuentos del Tarot. Guatemala: F&G Editores, 2009. 208 páginas. ISBN: 978-99939-951-0-4

lunes, 13 de julio de 2009

Reflejarnos con nuestro cuerpo


Es difícil establecer un lenguaje en este país. Sobre todo, porque la mayoría no se expresa y no se quiere dar a entender. ¿Qué le pasa? ¿Qué le duele? Nada. Permanecemos inmóviles, con nuestra mirada hacia el frente para no ver a nuestro semejante sufriendo en la camioneta, sin importar lo que ocurre alrededor, ni mucho menos lo que ocurre en nosotros mismos.

Entre los pocos que se logran expresar, lo usual es hacerlo a través de las palabras; otros, menos, a través de las formas y los colores. Pero pensar en que no vamos a utilizar las palabras para darnos a entender, es casi inimaginable.

Bueno, quizá no para Kazia Orantes, una experta en la cada vez más frecuente ciencia de la Todología, y que actualmente hace fluir su sensibilidad y sus habilidades en la danza.

Pero no cualquier danza; porque como así hay gente que habla y habla sin expresar, hay un tipo de danza que no expresa mucho. Kazia ya "tiene sus añitos" en la danza-teatro, que intenta exponer la vida misma a través de los movimientos corpóreos.

Kazia no descansa nunca (o casi nunca). Mientras no está montando una coreografía o dando clases de danza, está recibiendo algún curso, o leyendo un libro de Programación Neurolingüística (PNL) o escribiendo los detalles de un próximo montaje.

Su trabajo es uno de los más interesantes dentro del arte de los movimientos corporales en el país, ya que no se limita a danzar, sino a expresar, a que los espectadores -más que ver baile- se reflejen a sí mismo, viendo la vida cotidiana a través de la presentación.

Kazia Orantes es bailarina, coreógrafa y terapeuta alternativa profesional. Su formación coreográfica inició en México cuando tenía ocho años. Estudió en tres escuelas del INBA, y se formó extraacadémicamente en técnicas modernas y posmodernas, composición coreográfica, y teatro físico con reconocidos maestros de México, Estados Unidos, Bélgica, Chile, Alemania, Corea, e Israel.

En sus inicios, en 1999, su trabajo estuvo enfocado sobre todo a la danza callejera y diversas alternativas urbanas de danza-teatro y artes escénicas. En 2001, empieza a prepararse en las áreas de psicología y terapias alternativas. Desde 2006, decide hacer una integración holista a su trabajo escénico tomando en cuenta técnicas energéticas, PNL, y diversos aspectos de las corrientes humanistas de la psicología y las terapias corporales. Kazia Orantes trabaja sus montajes escénicos con actores y bailarines bajo este enfoque.

En estos días, Kazia Orantes, junto a otras bailarinas, estarán presentando dos coreografías que invitan a la reflexión social y personal. Las presentaciones inician este viernes 17, y terminan el domingo 26 de julio; habrá presentación los viernes y sábados a las 20:00 horas, y los domingos a las 17:00 horas, en el Teatro de Cámara del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias. Admisión: 50 quetzales, y 30 para estudiantes con carné.

CIUDAD HOSTIL

Una de las coreografías que presentará Kazia es Ciudad hostil. Según su creadora, cotidianamente vivimos enfrascados en una ciudad llena de asesinatos, choques y asaltos; sin embargo, no sólo esa violencia es la que sufrimos.

También está la violencia que practicamos día con día, no con nuestros enemigos, sino con nuestros semejantes. Nuestra indiferencia, nuestra frustración y nuestra poca solidaridad son también formas violentas de comportarnos; asimismo, caminar con paranoia en las calles, estar enclaustrados a las ocho de la noche en nuestras viviendas, o simplemente vivir con temor consuetudinario, son consecuencias de una ciudad hostil.

Kazia quiere llevar esta reflexión a una sociedad irreflexiva. Previo a montar Ciudad hostil, ella hizo un trabajo con sus bailarinas, para que primero se dieran cuenta de esta situación, para después lograr expresar con sus cuerpos este interés.

Andrea Molina, Cecilia Dougherty, Caterina Albani, Edgar Navarro, Ilenana Ortega, Indira Chamalé, Luis Cuxum, Maria José Magaña, Miguel Hernández, Tonibelle Che, serán los encargados de hacer transmitir esta situación, con la finalidad de que el espectador se reconozca en esta danza-teatro.

OJOS LEJOS

Como segunda coreografía, se presentará también Ojos lejos, la cual, según Kazia, no puede ser narrable con palabras. Consiste en caer en la cuenta de que varios sentimientos y situaciones de la vida pueden ser observados desde distintos enfoques, los cuales hacen la diferencia.

Ojos lejos es un ejercicio más subjetivo, pero está dirigido para que el espectador reflexione sobre sí mismo. Con la participación de Cecilia Dougerthy, Miguel Hernández, Tonibelle Ché, y con la alternancia de Caterina Albani (presentaciones del 17 al 19 de julio) y de Andrea Molina (presentaciones del 24 al 26).

FOTO: Kazia Orantes

PRESENTACIONES

Ciudad hostil y Ojos lejos tendrán seis presentaciones:
Viernes 17 y sábado 18 a las 20:00 horas
Domingo 19 a las 17:00 horas
Viernes 24 y sábado 25 a las 20:00 horas
Domingo 26 a las 17:00 horas
Lugar: Teatro de Cámara Hugo Carrillo, del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias
Admisión: 50 quetzales; 30 para estudiantes con carné



Además, Kazia Orantes impartirá clases de danza para todo público, en Artecentro Graciela Andrade de Paiz (9a. calle 8-54 zona 1), martes y viernes de 9:00 a 10:30 horas. El costo es de 200 quetzales mensuales. Mayor información, al teléfono: 2285-1692


sábado, 11 de julio de 2009

Nuestros muertos de la era digital

Las últimas décadas del siglo XX estuvieron marcadas por varios hechos históricos, pero sobre todo tecnológicos. La sociedad guatemalteca recién salía de su adormecimiento al cual fue condenada por la castración de la libertad de expresión y su iniciativa durante la guerra interna, y la entrada a la globalización fue un fuerte golpe, al cual no le costó acostumbrarse.


Y es que, según las teorías de Karl Marx, los cambios en la infraestructura (es decir, la tecnología y los modos de producción), son mucho más rápidos que los cambios en las ideologías, y que ésta se ve transformada con los avances de la ciencia. O sea, que las nuevas tecnologías van transformando nuestra forma de ver la vida, y no al revés, que la tecnología es producto de la ideología, como a veces se suele pensar.


De un momento a otro, las emisoras de radio empezaron a proliferar, y la televisión de pronto se convirtió en un gran negocio. La era digital mostraba avances cada vez más asombrosos, como esas grandes computadoras que prometían una gran revolución, o los juegos de video, como el Atari, le quitaban el sueño a los niños que estaban acostumbrados a sólo jugar arrancacebolla.


Los revelados de fotos empezaban a ofrecer sus servicios de menos de 48 horas, y la apertura de los videoclubs se dispararon, ofreciendo películas sin mucho interés. Estamos en la década de los ochenta, cuando Guatemala estaba encaminándose al retorno democrático, y he aquí una crónica del nacimiento, vida, reproducción y muerte de la tecnología que nos deslumbró y nos ha cambiado la vida.


VIDEOS, CINE Y TELEVISIÓN


Para la primera mitad de la década de los ochenta, los canales de televisión se esforzaban por conseguir todas esas series de moda que causaban furor en Estados Unidos. Claro, la programación estaba más diversificada, aunque probablemente tampoco representaba un meganegocio.


El estatal Canal 5 sembraba en el inconsciente colectivo del guatemalteco con sus panfletos, que aún hoy día pueden ser coreados sin titubeos: “Mamá me han contado que eres un buen soldado”, canción que hacía a los niños cuadrarse, sin saber por qué.


Por la poca capacidad económica de poder costear los programas de moda, había más producción nacional. El tradicional programa Campiña, con todo y Taco y Chalío, era uno de esos pocos programas que realmente unían a la familia, como fue la utopía inicial de la televisión. Venga con Chalo Venga, y los eternos Mentes Santas, ¡ASÍ SE CONTESTA! y Cuestión de minutos, ofrecían contenido nacional.


La Liga española era un evento lejano, y a nadie le importaba si se contrataba en el Real Madrid a Cristiano Ronaldo, a Hugo Sánchez o a cualquiera. Aquí lo único que contaba era ver en dónde jugaría Oscar La Coneja Sánchez, porque eso aseguraba que el equipo sería competitivo.


Como parte del retorno democrático, las estrategias del mercado se encaminaban cada vez más en atraer a los jóvenes, como clientes potenciales, y por ello, se aprovechó la explosión de la industria del video clip para crear programas en torno a esa temática; Musicales del Trece, que hace referencia a este canal que tenía, entonces, poca audiencia, creaba verdadero furor en las horas vespertinas, sobre todo cuando transmitía infinitas veces los videos del ahora finado Michael Jackson, o la conmoción que causaban los videos de Queen, especialmente el escandaloso I want to break free, en donde salían vestidos como mujeres, dando pie a la proyección del movimiento gay lésbico.


De a poco, el gusto empezó a refinarse, sobre todo por la inclusión de la llamada televisión por cable, hoy día tan común como los celulares. Antes de ello, ver programas de otros países sólo era potestad de familiar suficientemente ricas para poder comprar una antena parabólica. Sin embargo, el cable vino a conquistar, poco a poco, el gusto de la gente.


También los videoclubs empezaban a adquirir películas para rentar, gracias a los también ya accesibles videoreproductor. Por el momento, no había vendedores de películas pirata en la Sexta Avenida, e, incluso, no se atormentaba con el (ahora denominado) delito de copiar sin autorización del productor una película.

Sin embargo, los videoclubs apenas podían ofrecer películas viejas, ya que los estrenos aún continuaban siendo potestad de las grandes salas de cine: Lido, Capri, Lux, Aries, y los entonces lujos Capitol.


La concepción hoy día es diferente. La televisión ofrece mayor diversificación de su programación, y la piratería de películas afecta al negocio de las salas de cine, que deben ofrecer, ahora, otros servicios, como comodidades especiales, o visiones en tercera dimensión.


La televisión, frágil y sin mucha programación, es ahora hasta criticada por su poder político y por el tácito monopolio.


En cuanto a los videocasetes, se han convertido ya en uno de los cuantiosos cadáveres de la era digital, sobre todo por la venida del DVD y del Blue Ray, además de YouTube y otras formas de ver programas por Internet.


WALKMAN, KCT Y LP

Recientemente, acaba de cumplir 30 años de vida -si es que aún viviese- el walkman. Este aparato fue una verdadera revolución cultural. Anteriormente, ya había radiograbadoras que operaban con baterías. Sin embargo, las dimensiones eran enormes, y la bulla, quizá, molesta. En los inicios de los ochenta, se veían personas con grandes radiograbadoras montadas sobre sus hombros, para hacer la música portátil, pero eso no era muy cómodo.


Con el walkman, la música empezó a ser portátil y personalizada. Aunque, también, ello tuvo costos sociales, como la abstracción del ambiente de las personas que se desvanecen al tener sus audífonos puestos.


Claro, con el walkman, también proliferó el cassette, que ya existía anteriormente, pero que no había desarrollado todas sus posibilidades. Tal es el caso del famoso regalo entre enamorados, en que alguien le daba a su persona amada un cassette con la “música romántica favorita para que pienses en mí”, como decían las leyendas de esas formas de almacenaje musical.


Claro, las posibilidades de grabar era muy escasas, sobre todo porque no todos tenían el equipo de sonido capaz de grabar de disco de vinil a cassette, y los aparatos de doble cassettera aún no habían sido inventados. Por tanto, la opción más factible era grabar las canciones de las radios, para crear colecciones personalizadas.


Por supuesto, las radios también se enfocaron mucho en esa nueva población joven que proliferaba. Las emisoras de radio de noticias o de marimba iban desapareciendo, para dar paso a emisoras más frescas que alternaran a Vicky Carr, José José y Roberto Carlos, con la nueva música de rock en inglés que empezaba a invadir su mercado latinoamericano, como Bon Jovi o Deff Lepard.


El cassette también ofrecía una mejor posibilidad a los discos de vinilo, que se rallaban con facilidad, y que en costos era hasta cuatro veces mayor. Claro, hoy día, tanto los cassettes y los discos son otros cadáveres más. Éste murió con el disco compacto, quien también está muriendo, junto con los cassettes, con la nueva tecnología digital, el MP3, el iPod y otras formas de almacenamiento electrónico, propiciado por las computadoras.



COMPUTADORAS Y MÁQUINA DE ESCRIBIR


El único contacto que, en la década de los ochenta, se tenía con las computadoras, era ese recibo de la Empresa Eléctrica que venía con perforaciones que representaban los 1 y los 0 de la computadora que emitía ese documento de pago.


Fue hasta finales de los setenta, en Estados Unidos, que la Apple empezaba a ver las posibilidades de la computadora personal. “¿Quién quiere una computadora personal? Te aseguro que no se venderá”, le decían a Steve Jobs, fundador de la Apple, las personas a quienes acudía para financiamiento.


El tiempo le dio la razón a Steve Jobs. Y dinero. Mucho dinero por su idea.


Total es que ver una computadora personal en la década de los ochenta era un verdadero lujo. Pero tenerla, no aseguraba nada. De hecho, casi no servía, y se limitaba su uso para expertos.


En la década de los noventa, las computadoras empezaron a ser más comunes, como esas -ahora odiosas, pero entonces- amadas 486, que operaban sin disco duro ni memoria RAM. Para hacerla funcionar, era necesario andar con un juego de por lo menos diez disquetes, para ingresar, primero, al sistema operativo DOS, y poder hacer más de algo.


En esos tiempo, todo programa cabía en un disquete de 1.44 megabytes, lo que hoy día es casi nada. Hay documentos en Word, o fotografías en jpg que son más grandes que eso. Y antes de esos disquetes, estaban aquellos de 5 ¼, aún peores por su tamaño.



Los disquetes, así como los discos de vinilo, era muy frágiles, y se arruinaban con facilidad. Era necesario llevarlos en cajas especiales, y cuidarlos como si se llevaran figuras de cristal.


Por entonces, los programas Word Perfect y Professional Write, daban una opción para la escritura rápida, dando avisos de la muerte de la máquina de escribir.



Pronto, las computadoras personales incluyeron discos duro, cada vez más y más grandes, memorias RAM y dispositivos de almacenamiento, tan grandes, que en una pequeña USB ya es capaz de tener la misma cantidad de información que cabría en 200 disquetes.


¡Qué tiempos aquellos! Príncipe de Persia, uno de los juegos más asombrosos para computadora, cabía en un disquete. Hoy, el disquete, ese juego y las máquinas de escribir, son cadáveres de la era digital.


VIDEOJUEGOS


Las computadoras también permitieron la entretención, como los ya mencionados juegos. A principios de los ochenta, hubo una especie de computadoras, bastante específicas, que ofrecían exclusivamente juegos, como pinpón electrónico, juegos de tanques y el popular Pac-Man, esa criaturita que se alimentaba de puntos titilantes, huyendo de los fantasmas del pasado, y que obtenía el éxito si acababa con todos los puntos (como buen mensaje del consumismo convulsivo).



Uno de las consolas más populares fue el aún recordado Atari, que consistía en un control de una palanca y un botón. Poco a poco, estos juegos de video se han ido haciendo más y más complejos, ofreciendo opciones como el Nintendo y el PlayStation, que llegan ya a niveles de poder captar el movimiento del cuerpo para poder jugar.


FOTOS BLANCO Y NEGRO


En las últimas semanas, grupos organizados de fotógrafos han realizado protestas en las calles y avenidas de la ciudad de Guatemala, porque con el nuevo documento de identificación -que sustituye a la cédula de vecindad-, se ha puesto fin (qepd) a los comercios de fotografías tamaño cédula.


Ya habían dado avisos cuando se eliminó el antiguo formato de la licencia de conducir, y con el nuevo pasaporte, los cuales captan la fotografía digital. Sólo la cédula de vecindad les permitía su última trinchera.


Como víctimas de la era digital, los fotógrafos agremiados no se resignan a tener que buscar formas innovadoras de atraer a la gente para tomarse fotografías de estudio. Aunque para ello, también deban luchar con la explosión de las cámaras digitales, que cada vez son más sofisticadas, pero a la vez amigables con el usuario.


La fotografía, anteriormente, era sólo cuestión de expertos. Practicar como aficionado la fotografía representaba dilapidar mucho dinero en rollos arruinados y fotografías limitadas a tomar 12, 24 o 36, únicamente. Hoy día, los flashazos surgen por centenas, ya que no hay problemas en tomar malas fotografías, simplemente se eliminan a la hora de revisarlas.


De esa forma, los revelados de fotografía también han reducido sus ventas, ya que antes se estaba obligado a revelar todo un rollo, aunque sólo una foto sirviera. Ahora, las fotos que se revelan son contadas y especiales.



Desde aquellos lejanos inicios de la década de los ochenta, en tiempos en que se había convocado a una Asamblea Nacional Constituyente para redactar una nueva Carta Magna en un Congreso que carecías de tablero electrónico, hasta hoy día, en que todo parece haber cambiado, menos los conflictos políticos, la sociedad guatemalteca observa las formas culturales de manera diferente: el cine, la televisión, la música, la fotografía, etc.


Nuestras sociedades, cada vez más enclaustradas en su propio hogar debido a la excesiva violencia, deben equipar sus hogares de mejor manera para no morir de aburrimiento. Una sociedad que no sabe explicar a dónde va ni de dónde viene, pero que tal vez sí sabe identificar los cambios sufridos a través de la tecnología, sobre todo con los maravillosos avances de la era digital.


Descanse en paz la tecnología análoga.



miércoles, 8 de julio de 2009

Sobre Premios Literarios


El reciente anuncio del Premio Nacional de Literatura “Miguel Ángel Asturias” 2009 para Gerardo Guinea Diez, me ha traído a la mente el eterno tema de los premios literarios, que siempre crearán controversia, sobre todo entre los mismos concursantes.


En primer lugar, creo que la percepción casi generalizada sobre los premios literarios (cualquiera que sea) es que alguien dará un golpe de suerte, pero lo más chilero, es que lo dará de zopetón.


¡¿Quién no quisiera ganarse el Premio Alfaguara, sobre todo por el monto en efectivo!?


Pero alejándonos un poco del contexto que se da en algunos (o más bien muchos) premios literarios, hay que reflexionar sobre ellos un poco.


Sí, es cierto, un premio literario te puede dar mucho dinero en efectivo, casi instantáneamente. Pero cuando vemos que la obra ganadora -de un concurso prestigioso, por supuesto- llevó como proceso cinco o hasta diez años de escritura, uno empieza a hacer cuentas, y a veces el monto es justo, y pocas veces más que justo.


Ganarse un premio de 2 mil dólares, por ejemplo, para un novela o poemario que tardó en salir al menos un año, las cuentas ya no salen mensualmente.


Pocos premios resultan ser súper remunerados, como el Premio Alfaguara, que da 175 mil dólares, pero las novelas concursantes a veces son procesos de más de cinco años, lo cual desestima a cualquier aficionado.


A la larga, los premios literarios es una especie de compensación entre el monto, el jurado calificador y las obras ganadoras. Todo ello debe conjugarse para que, de a poco, empiece a ser -o mantenga su status de- prestigioso.


Por eso, muchos premios hoy son y mañana serán pasto que se queman en un horno, y lo peor, que quienes ganan premios desprestigiados -o descontinuados- ya no pueden utilizarlo en su palmarés.


EL MONTO


Pero, vamos de a poco. Por ejemplo, analicemos el monto de los premios. Si un premio ofrece un áccesit de 50 mil al ganador, y se indica que, además, sirve como adelanto a los derechos de autor, entonces, en realidad, no están premiando una obra, sino que están pagando estos derechos, e intentarán potenciar las ventas del libro ganador con un cintillo en la portada que indique que fue “Ganador del Premio (Nacional, Centroamericano, Mesoamericano, Latinoamericano, etc.) de tal y tal”.


Claro, que esto es mucho mejor que llevar el manuscrito a una editorial, que a la larga no va a dar las regalías de las impresiones (y las invisibles reimpresiones).


Creo, pues, que el premio debe ser otorgado sin la condición de obligatoriedad de ceder los derechos de autor, los cuales deberían ser negociados, sobre todo en torno a temas de regalías y reediciones. Esto exceptúa los casos cuando son editoriales quienes convocan al premio (como Alfaguara, Seix Barral, Anagrama). Pero en el caso de Guatemala, ninguna editorial ha mantenido una convocatoria anual, pero muchos premios sí ofrecen la impresión como parte de la dotación.


EL JURADO


En torno al jurado, es una de las variables que más desprestigia a un premio. En primer lugar, como casi siempre se sientan en las bases, los jurados deben ser de reconocido prestigio, y eso es un aspecto muy difícil, porque este “prestigio” muchas veces es una variable demasiado subjetiva; así que la obligación del Comité Organizador del premio debe ser siempre escoger un jurado idóneo.


Si es premiación de poesía, entonces convocar a poetas. Si es novela, novelistas. Además de que cada quien en su rama, se deben escoger criterios dispares, para que haya una discusión para otorgar al premio.


Asimismo, considero que las premiaciones deberían dar a conocer los criterios de los jurados, y en los casos en que la unanimidad no sea una condición, se debería dar a conocer qué jurado estuvo a favor, y quién en contra.


El Premio Mesoamericano de Poesía Luis Cardoza y Aragón establece, entre sus normativas, que no necesariamente debe haber consenso entre el jurado; sin embargo, de poco sirve eso, si no dan a conocer el resultado de la votación.


Todo ello con la finalidad de la transparencia. Yo me imagino que todo esto debe ser igual a la tan mentada, hoy día, Ley de Comisiones Postuladoras, iniciativa que obliga a ser totalmente transparentes, ya que son puestos públicos.


Asimismo, sobre todo cuando el premio es convocado por una o varias instituciones estatales, es obligatorio que todo sea transparente, porque al fin de cuentas es dinero público, y es fácil que pueda ser regalado a cualquiera sin más ni más.


Por ello, también es importante que los jurados sean ajenos a la comunidad literaria potencial que participe, para que no haya malintepretaciones con compadrazgos, clientilismos y amiguismos. Ayuda, en parte, la solicitud de los pseudónimos, aunque la mayoría de concursos ya están optando para que ya no haya esto, a fin de evitar “suertazos” increíbles. Es mejor, pues, que si un jurado, por casualidad, tiene conflictos de intereses, se abstenga de participar en la elección.


LAS OBRAS GANADORAS


¿Qué mayor prestigio para un premio escoger a una buena obra? No digo que la mejor, porque ello puede tener diferente criterio. Sin embargo, se da el caso que quien resulta ganador no tiene la suficiente calidad, y eso demerita a la larga al Premio.


OTRAS OPCIONES PARA LOS PREMIOS


Un premio literario puede servir para diferentes opciones. Puede ser para interesar a escritores inéditos, y así hacerlos entrar a un nivel más profesional.


También para descubrir -más que autores- obras literarias, que se agarren del empuje que tiene el prestigio del premio y así proyectar más a un autor, séase inédito o no.


Así como el Premio Nacional de Literatura, básicamente está galardonando a un escritor consumado, que aunque aún siga publicando, es de suponer que el grueso de su obra ya fue publicada anteriormente. Es decir, es el premio a una carrera (por lo cual, es muy poco dar 50 mil quetzales por toda su obra).


Pero de esa misma forma, un Estado debe propiciar otro tipo de galardones, y no sólo premios para escritores consumados. Por ejemplo, un premio anual a la mejor obra de un autor inédito; la mejor novela o poemario publicado a lo largo de un año (como el Premio Rómulo Gallegos, de Venezuela); también buscar premiar todas las disciplinas literarias (texto dramático, ensayo literario, crónica, aforismos, periodismo literario, etc.).


Por ejemplo, Léster Oliveros me comentaba que en Francia hay una especie de premio que le es otorgado a un escritor con cierta trayectoria, pero que ya se ha quedado desfinanciado; esas opciones también son válidas.


Además de premios, también es deseable otorgar becas para que alguien pueda dedicarse a un tiempo para escribir un texto, así como financiar proyectos, como investigaciones hemerográficas, estudios literarios, instituciones de crítica literaria y personas que se dediquen a la traducción a las más diversas lenguas.


Asimismo, convocar a escritores para enviar sus obras, las cuales puedan ser publicadas gratuitamente en editoriales estatales (o privadas con financiamiento estatal), con una apertura clara de cuántas plazas se otorgarán; es decir, como un premio, pero sin monto en metálico.


Ello también podría ser factible para grupos de teatro, que podrían presentar sus propuestas de puesta en escena, para que sean financiadas por el Estado, y que luego fueran presentadas con entrada libre durante una temporada (como ocurría con el teatro en la Grecia clásica).


En fin, creo que bien manejado el tema de los premios y concursos literarios, es ventajoso para la literatura de un país. Pero si los premios están amañados, en vez de ayudar, la calidad literaria se resiente.


Creo, también, en el ámbito personal, que un premio literario también sirve de motivación para un escritor y apretarse el cinturón para terminar una obra; a la larga, pudiera no ser premiada, pero podría estar lista para presentarse a editoriales y esperar a que publiquen el texto.


¿QUÉ OPCIONES HAY?


Si tomamos en cuenta las decenas de convocatorias que hay en municipios para participar en los Juegos Florales (de poesía, casi siempre), podríamos decir que hay muchas opciones para presentar en concursos literarios.


Sin embargo, a veces los montos monetarios no son atractivos, o bien el premio no goza del suficiente prestigio.


A riesgo de pecar de ignorante y dejar afuera un premio prestigioso (o incluir un premio no tan prestigioso), ofrezco una lista de opciones que los escritores inéditos, y otros que tengan alguna obra publicada, puedan participar y gozar los beneficios de los premios:


En Guatemala

  • * Premio Centroamericano Monteforte Toledo (aunque creo que es mejor esperar la modalidad de novela, que será hasta el 2010; este año convoca cuento).
  • * Premio Mesoamericano de Poesía Luis Cardoza y Aragón
  • * II Premio de Novela Corta Luis de Lión (que dejó de convocar hace mucho tiempo, pero que se retoma este año)
  • * Juegos Florales Hispanoamericanos de Quetzaltenango, en modalidades de cuento, poesía y texto dramático (aunque ha perdido un poco de calidad, aún goza de cierto prestigio, aunque sus resultados no son mediatizados)
  • * Premio Único 15 de Septiembre (a veces convoca a concursos literarios, aunque el año pasado fue para músicos)


En el extranjero

  • * En Editorial Alfaguara: premio de novela
  • * En Editorial Anagrama: premio de novela y de ensayo especulativo
  • * En Editorial Seix Barral: premio de novela de bolsillo
  • * En Radio Francia Internacional: para cuento y poesía, usualmente


Valga decir que estos últimos también requieren una inversión para el envío, que debe considerarse, además de que la calidad literaria de los jurados y los ganadores es mayor.


Quizá más tarde tenga un tiempito para incluir algunos links permanentes para que conozcan las bases de estos concursos.


Si conocen otro que crean que deba estar, o si adversan a uno de éstos, coméntenlo.

lunes, 6 de julio de 2009

Gerardo Guinea Diez, Premio Nacional de Literatura


Recién me llega el aviso, de parte del Ministerio de Cultura y Deportes, que anuncia al Premio Nacional de Literatura 2009. Este año le fue conferido, para sorpresa de muchos -quizá- a Gerardo Guinea Diez.

Voy a transcribir la justificación del jurado, que anda circulando en el comunicado:

El criterio para otorgarle el premio se sustenta en la amplia y profunda obra consistente en más de 18 libros entre periodismo, narrativa y ensayo. Del primero puede decirse que tiene sus raíces en el nuevo periodismo estadounidense; en cuanto a su narrativa, tiene que ver con la latinoamericana a la manera de Alejo Carpentier y Juan Carlos Onetti, mientras que sus ensayos tienen raíces en la escuela de José Vasconcelos y su obra poética está emparentada con la mejor poesía latinoamericana contemporánea.


Con anterioridad, Guinea Diez se hizo acreedor a dos importantes premios: el Premio Nacional de Poesía “César Brañas”, otorgado en el año 2000 por la Municipalidad de la Antigua Guatemala, por su libro Ser ante los ojos (traducido al francés como Être sous le regard), y el Premio Mesoamericano de Poesía “Luis Cardoza y Aragón” 2006, que otorgan la Embajada de México y el Ministerio de Cultura y Deportes, por el libro Poemas para el martes.


¿Qué opinan?

Foto: Francisco Morales Santos y Gerardo Guinea Diez

sábado, 4 de julio de 2009

Ictericia social: “Días amarillos” de Javier Payeras


Hace pocos meses, el escritor guatemalteco Javier Payeras publicó su más reciente libro titulado Días amarillos con el sello editorial de Magna Terra. Ésta es su segunda novela, la cual forma parte de una trilogía compuesta por la anterior Ruido de fondo.


Días amarillos es la historia de un escritor potencial, que tiene la intención de escribir, pero antes debe sobrevivir, por lo que acepta el puesto de reportero redactor en un semanario amarillista, La Alerta.

Este semanario -en la vida real de Guatemala- ha de ser el semanario La Extra, que circula en el país, de donde Payeras se alimentó de algunas historias de la “vida real”. Sin embargo, la historia no es, principalmente, sobre la violencia, sino sobre un escritor, más bien, un poeta, condenado a vivir entre muertes horribles y noticas sobre niños que nacen con cachos de cabra y ovnis vistos en pleno centro histórico.


Este protagonista poeta intenta soportar esa condición sufrible, mientras consigue algo mejor, o mientras culmina alguna novela o poemario que lo lleve a iniciar una vida literaria. Pese a esa esperanza, se va consumiendo en la crónica diaria de una ciudad de Guatemala que cada vez es más esperpéntica.

El argumento sería ése, aunque probablemente no haya una línea narrativa cronológica definida. En realidad, la historia se va intuyendo, dadas las condiciones iniciales del trabajo de reportero de semanario amarillista, y seguirle la huella a través de un diario íntimo.


En este diario íntimo, el protagonista va describiendo líricamente su sentir; el texto roza la prosa poética, y la narración se esfuma. La cronología sólo se va siguiendo gracias a las fechas del diario.

El protagonista se va consumiendo en una sociedad indolente. “Hice tantos pactos con el diablo que lo llevé a la quiebra y a mí ya no me que alma adentro” (página 24), exterioriza para ejemplificar su condición.


Y es que, para el protagonista de Días amarillos, ya no hay muchas opciones. No es posible salir de esa vida anormal, porque de por sí ello no es viable para sus intenciones. “¿Acaso no es en sí la vida “normal” un fracaso?” (p. 23)


Se trata, pues, de un escritor que intenta sobrevivir. Como parte de las muchas reflexiones que hay en el libro, se considera la condición de los literatos en el país. “En fin, estas son puras son puras especulaciones librescas, la verdad es que nos la pasamos casi siempre sin un quinto y por eso no tenemos novias, ni el valor suficiente como para suicidarnos, así que nos juntamos a platicar de literatura para olvidarnos de lo absurdo de nuestras vidas. Y como eso es precisamente lo que yo hago, vivir de lo absurdo, veo la cosa con optimismo.” (p. 42)


“Eso nos hace sentirnos los raros, los personajes de nuestras propias historias, aunque no seamos más que estampas folclóricas o perdedores con delirios de trascendencia.” (p. 43)


Días amarillos empieza a encajar en el rompecabezas de la obra completa de Payeras. En su anterior novela, Ruido de fondo, se relataba la historia de un desempleado, también con tintes de poeta, que vagaba por la ciudad describiéndola con un lirismo negro. En su segunda novela, se enlaza por partes con la primera: “No me aburre la soledad, me aburre no saber qué hacer con tanto ruido.” (p. 44)


En sí, la ciudad es, más que el reportero amarillista, la principal protagonista. Obviamente, aunque no lo diga, es la ciudad de Guatemala, en donde reina la anarquía, según el narrador: “La ciudad es cada vez más grande, pero crece como la gordura: sin orden, sin nada, solamente grasa y desechos. Así, ¿quién puede decir que ésta no es una ciudad grande?” (p. 47)


Y, enlazándola con la violencia, leit motiv de Días amarillos, la ciudad es el escenario de crímenes que espantan, en el marco de arquitectura que aún intentan reclamar hidalguía: “Edificaciones que alguna vez lucieron la gloria de tiempos más triunfales y aristrocráticos, ahora son hoteles donde de vez en cuando descuartizan a una que otra prostituta.” (p. 49)


Precisamente, uno de los temas del libro es la indolencia ante la situación que nos ha conducido habernos acostumbrado a tanta violencia, quizá como consecuencia de una sociedad de posguerra. Las calles de la ciudad capital, principalmente el Centro Histórico, donde se desarrolla la mayoría de la capital, está llena de personajes esperpénticos, que lejos de conmover, pasan ya inadvertidos, como esos “borrachos ciegos que ya ni siquiera causan compasión.” (p. 45)


“Estamos llenos de locos. Locos vestidos de mugre que reptan por todos lados buscando algo, una bolsa con papas podridas, un cigarro a medias, un poco de alcohol o cuando menos una pasta de dientes para comérsela entera.” (p. 45)


Pero, sobre todo, la temática central juega alrededor de la ictericia, que es una enfermedad motivada por distintas causas, que básicamente tornan la piel amarilla. Le da a los recién nacidos si no toman el Sol mañanero; le da a los alcohólicos cuando sufren algunas inflamación del hígado, o, quizá, da por un fuerte enojo o por exceso de bilis.


La ictericia, más que enfermedad, es un síntoma. La piel amarilla no incomoda a las capacidades físicas; sólo es visual, y, por ende, a veces la gente no le presta atención. Al igual que a nuestro deterioro social.

La ictericia juega con el título de la novela, que bien puede referir el amarillismo del semanario del reportero protagonista, o bien la ictericia que sufre por el alcoholismo que tiene; o, también, puede ser por la ictericia que sufrimos la sociedad -sobre todo la centroamericana- por tanta violencia y porque no nos alumbra ni el Sol (metafóricamente).


Nuestras ciudades son amarillas: “Amarillo e irrespirable. Se necesitan pulmones artificiales para soportar este aire. El humo hace que las ideas aborten, hace más cansado este ir y volver sin decir o hacer nada.” (p. 33)


Al final, el reportero de La Alerta se va consumiendo entre la muerte cotidiana y el alcohol: “Me duelen los huesos, me siento cansado. Estoy amarillo, sudo amarillo, veo amarillo. Le dicen ictericia. En la clínica me dijeron que puedo durar varios años si dejo de beber y si compro el medicamento. Quiero seguir vivo y para eso necesito ser el mismo. Esta es una enfermedad de alcohólicos, de promiscuos o de vagos. Dentro de unos tres o cuatro meses el amarillo será tan café como el color de mi orina. El hígado me habrá crecido al doble y me pesará de tanto líquido retenido. Seguramente no podré caminar mucho. / Estos son los últimos días amarillos de un hombre amarillo.” (p. 88)


Días amarillos, en realidad, es una inteligente alegoría sobre la sociedad guatemalteca de la posguerra.

FICHA TÉCNICA

PAYERAS, Javier. Días amarillos. Guatemala: Magna Terra, 2009. 95 páginas. ISBN: 99939-931-6-2