martes, 31 de marzo de 2009

¿Por qué escribir?


Quien conozca mi teoría de los meses, sabrá que abril es un mes de decadencia; tras el empuje del inicio del año, abril es de decepción... que nuestros propósitos de nuevo año, simplemente quedaron escritos en las primeras páginas de la agenda, pero ésta después luce con sus páginas en blanco, porque no hemos escrito nada en ellas.


Abril es, además, para mí, un mes de reflexión... y después de mi luna cinéfila, me instalo en mi luna filosófica. Sí, sí, ya sé que aún debe la reseña de una de las películas de mi Top Ten, pero lo estoy haciendo con calma porque Almodóvar es un director del cual hay mucho que decir.


Bueno, a principios del año me preguntaba qué motiva a los blogers a escribir. El escribir es un ejercicio poco rentable, no sólo para el literato, sino en general. Como dice Payeras, qué terrible es vivir en una sociedad llena de faltas ortográficas, en los tiempos modernos, pero sobre todo en Guatemala, hemos perdido la capacidad de expresarnos por escrito. Expresarse por escrito significa que previamente se debió reflexionar sobre el tema.


Por ello, es valiosísimo el recurso blogger, porque da oportunidad a que más personas tengan oportunidad de escribir, publicarlo y sentirse satisfechos porque algunos lo lean y reaccionen ante ello.


Y como bien lo decía en un post anterior, cada vez los periódicos van perdiendo originalidad, y hasta ya empieza a alimentarse de los blogs, como ocurrió con el buen amigo Joan Black, que con base a un post suyo hicieron un reportaje de dos páginas y muy interesante.


Bueno, voy al punto antes de seguir divagando exponencialmente. ¿Por qué escribimos? O mejor dicho, porque no somos equipo de fut, ¿por qué escribo?


Bueno, pue, mi'jo, tráigame un trago de cusha y pida sus vacaciones.


Cuando era más joven, pero infeliz, no sabía que en Guatemala había opciones. Y como si viviese a principios del siglo XX, creía que la universidad sólo ofrecía un par de carreras: o médico o abogado, como le habrá ocurrido a Asturias.


Y, sin pensarlo mucho, como creía que al haber obtenido mejores notas siempre en Matemática, mi destino natural era la Ingeniería. Años después, recordé esa prueba de aptitudes que hice en el colegio, la cual tuve que repetir porque cuando preguntaban: “Qué preferirías ser:

a) albañil,

b) vendedor,

c) capitán de barco”,


yo prefería esta última; y lo escribía en verdad, pero la psicóloga que interpretó la prueba creyó que lo hice por bromear.


Entonces me repitieron la prueba, y para “llenar las expectativas” escribía las respuestas esperadas, como la b) vendedor. Cabe decir que hoy día me gustaría ser, más bien, albañil, porque me gusta hacer cosas a punta de ve...., digo con esfuerzo físico, y no pelándomela frente a un escritorio.


En dicha prueba, cuando preguntaban al final “¿CUÁLES SON TUS TRES OPCIONES PARA LA UNIVERSIDAD?”, yo escribí en este orden:

1) Letras;

2) Biología;

3) Ingeniería.


Al principio pensé que las Letras no eran opción, que eso sólo lo estudian los de las clases altas, porque no tienen qué hacer. Entonces pensé en la biología, pero me arrepentí en cuanto empecé a ver que había tanto animal pizado que se subdividían en un montón de familias, que yo no sé..., mejor nel... en todo caso, estudiar algo sobre genética, pero creo que no era viable en ese momento ir a Italia a estudiar Ingeniería Genética, como intenté averiguar.


Así que no me quedó más remedio que la Ingeniería.


Pero en mi lóbrega y yerta fantasía, no era feliz, hasta que ¡por fin! me di cuenta que necesitaba escribir. Claro, el destino -que es uno quien se lo forja- me forzó a ello, también, y de repente me encuentro hoy, ganándome la vida escribiendo.


Quizá me había concebido escribiendo novelas, cuentos o poemas. Tal vez. Pero creo que tampoco se deben forzar las cosas. Y, más que me guste escribir, me es fácil. Recuerdo esa frase de Dalí, cuando le preguntaron si pintar era fácil, y él dijo: “o es fácil, o es imposible”, replicando un frase que anteriormente la había dicho Oscar Wilde, cuando le preguntaron si era fácil escribir. De cualquier manera, ambos tienen razón. Y si me hubiese sido fácil construir puentes, pues tendría que hacerlo; igual, si me es fácil encerar pisos, mi obligación moral, conmigo mismo, y por mi felicidad, sería hacerlo.


Porque si por algo estamos en este mundo, es para contribuir, y yo contribuyo escribiendo. Quizá los escritores de la generación anterior, que actualmente rondan entre los 50 y 70 años, concibieron que escribir era la forma de darse prestigio, de creerse intelectuales e imprescindibles en una sociedad analfabeta. Por eso, hay tantos gazapos, pero sobre todo tanto odio en sus letras.


Pero, bueno, ya estoy disvariando otra vez, y me sigo haciendo la rana al no decir por qué escribo.


No sé quién lo dijo -porque alguien lo dijo, pero ha sido tan parafraseado que ya se le perdió su autoría-: “Yo escribo para que me lean”. Y, no lo sé, hay cierta envidia e inmoralidad en ello. Incluso, desde un punto de vista epistemológico o metafísico, el texto o la literatura existen, incluso sin que alguien lo leyese.


Además, pienso que si Pessoa o Kafka hubiesen pensado así, quizá no hubieran escrito nada. De hecho, debe de haber millones de personas que escriben para sí mismos, y sus textos han quedado en el olvido, sin importar si hubiesen sido obras de arte.


¿Por qué escribir? Es muy fácil; porque cada mañana, al despertar, pienso en escribir. A veces me aturdo y pienso que preferiría ser albañil y carpintero, que aunque tenga la mente bloqueada ya sabría que hacer después de cada procedimiento.


Me gusta más la interpretación de García Márquez, cuando le preguntaban que por qué escribía: “Escribo para que mis amigos me quieran más”. Creo que es una buena respuesta.

sábado, 28 de marzo de 2009

Arte y violencia




Con relación a esta última semana, en que Guatemala sufrió una crisis psicótica al darse cuenta qué tan violentos somos, hoy reflexionamos sobre la violencia y la cultura que la amamanta, así como algunas teorías estéticas sobre la violencia en el arte.


INTRODUCCIÓN


Desde la estética forjada por los griegos, éstos se esforzaron -y ciertamente lo hicieron- de evadir las escenas violentas, sobre todo en los teatros. Aunque, es obvio, que muchas historias contenían esta crudeza, pero ellos sólo la referían, y jamás la hacían presentar en público.


Incluso, el bueno Homero se pulió bastante para evitar descripciones violentas en su guerra de la Iliada, y quizá sólo en la escena en que Aquiles arrastra el cadáver de Héctor, es cuando utiliza cierto morbo.


Sin embargo, la estética clásica enseñó que la violencia era obscena, no en el sentido sexual, sino en el etimológico, es decir que obsceno significa, en griego, “fuera de escena”.


Pero, como es obvio, los tiempos cambian, y a pesar de intentar un rescate de la estética clásica en el siglo XVII y XVIII, desde el barroco español, pasando por el romanticismo, las vanguardias y el arte actual, los artistas parecen estar más influenciados por la violencia.


Y es que, aunque la bondad inspire, es probable que ésta sólo dé impulso para un par de versos, mientras que la estética de lo feo, de la violencia, impulsa a dar más de sí para inspirar obras.


Ejemplo de ello es Fedor Dostoievski, el genial novelista ruso y generador, en buena parte, de las características de la novela moderna. Él, intentando crear una novela sobre un hombre bueno, terminó en un resultado muy diferente, y por tanto lo tituló El idiota a esa novela. Pero no sólo él, sino que otros artistas anteriormente.


Quevedo se regocijaba en la estética de lo feo, al igual que otros tantos españoles del Siglo de Oro. El Quijote, por ejemplo, debió de haber surgido de la profunda frustración de Cervantes, que tras una vida dificultosa -en que enfrentó hambre, guerra y cárcel- habría estallado en la novela más reconocida de todos los tiempos.


La historia de amor de Romeo y Julieta, no hubiera sido tal si no hubiera habido un enfrentamiento entre familias, asesinatos y suicidios; si no, que lo digan los autores de las óperas clásicas, que como parte de la estética debían hacer morir a alguien en escena, procurando que fuese un buen tenor o una soprano capaz de conmover al público.


Y en pintura no habría que olvidar a Goya, que ya se había hecho renombre al ser el pintor de los reyes de España, pero que en la clandestinidad hacía grabados con tintes infernales, y sus posteriores cuadros negros, con machos cabríos celebrando aquellares y dioses comiéndose a sus hijos crudos.



DEFINICIONES


Y es en este punto que cabe la pena preguntarse sobre la relación entre la violencia y el arte, para lo cual hay que plantearse algunas definiciones, no exactas, pero que sí sirven para el transcurso de este texto. Artista es -para este ensayo- quien logra captar todos los elementos de su realidad y logra codificarlo y expresarlo en otros términos, en una clave estética. Y violencia es todo cuanto atente al ser humano... obviamente, aquí cabe mucho, y sobre todo, hechos tan indignantes como los ocurridos en los últimos días en el país.


El artista, por sí mismo, no puede sugerir violencia; no puede sugerirla, porque para poder expresarla, debió sufrirla, ya sea personalmente o como testigo. Por ello, la violencia en el arte debe ser un indicio de que la sociedad que engendró al artista y al arte es violenta.


Según Jacques Lacan, el célebre psicoanalista que perfeccionó las teorías de Freud, ha dicho que el vínculo entre arte y violencia ha sido una constante en la historia de la cultura, ya que el artista refleja su realidad. El artista, además, no necesita de paliativos para suavizar la violencia; en cambio, necesita exponerla a todo su explendor, y por ello, cada vez existe un arte más crudo.


ARTE Y VIOLENCIA


El filósofo italiano Gianni Vattimo ha sido uno de los que han reflexionado más a fondo sobre la relación entre arte y violencia, y no logra concebir un arte sin violencia.


Vattimo ha afirmado sólo puede hablarse de arte y violencia situándose en el marco de la responsabilidad civil del arte, “que empezó a ser una creencia compartida en el siglo XX. Las vanguardias fueron la expresión del abandono de la neutralidad artística".


También ha dicho que definir la violencia es difícil. “No hay una verdadera definición de violencia. Incluso Hannah Ardent, que ha trabajado mucho en torno de la problemática, no ha aportado una definición, pero creo que puede entenderse como el hecho de impedir a los cuerpos que ocupen su lugar natural. De modo que sólo puede medirse en términos de libertad”.


El arte, entonces, puede asumir el compromiso de promover la libertad y la no violencia. Y de allí surgen dos niveles en que éste puede contener o incluir la violencia: Podemos hablar de arte violento, es decir obras que incluyen escenas de crueldad —explicó— o de un arte que denuncia la violencia social y pública. Es decir, el arte comprometido, como lo entendía Sartre”.


Para él, una obra de arte puede provocar al menos dos tipos de sensación: extrañamiento y tranquilización. Y entre ambas se juega el equilibrio. "Pero, bueno, yo no voy a dormir con el Ulises, que además de que se entiende poco no ayuda a dormir, prefiero un thriller de Agatha Christie", bromeó con ocasión de un conferencia, pero luego aclaró: "Las obras que no son tranquilizadoras, que no ayudan a dormir, ésas que provocan un choque y que nos sacan del horizonte familiar, son aquellas que logran crear un mundo, una nueva forma de ver el mundo. Eso es Shakespeare, es Dostoievski, Tomas Mann."


"Un poco de disturbio de nuestra tranquilidad es necesario, de lo contrario no pasa nada." La experiencia de la violencia en el arte es la capacidad de transformar. "La violencia interior de la obra no puede separarse, sin embargo, de la exterior, de la social, a la que la obra evoca. Una obra de arte debe ser un choque, una verdadera experiencia.”


ALGUNOS EJEMPLOS


Referiré, ahora, cuatro casos sobre arte que se basa en la violencia como reflejo de la sociedad, además de hacer su propuesta filosófica sobre la violencia.


En La naranja mecánica, la novela de Anthony Burguess y que terminó convertida en filme por Stanley Kubrick, presenta a la violencia como la característica más reveladora del libre albedrío del ser humano.


Ciertamente, la libertad ha estado ligada con la bondad, la verdad y la belleza. Khalil Gibran, por ejemplo, definía que libertad consistía en elegir entre un bien y un bien mayor. Sin embargo, muy distinto es el libre albedrío.


El libre albedrío es esa capacidad del ser humano de elegir hacer cuanto le venga en gana. Y la violencia sería, pues, el mejor ejemplo. Hacer el mal, en vez del bien, significa que la naturaleza del ser humano es libre, y no condicionada.


En La naranja mecánica, pues, el conflicto central se basa en que el protagonista, encerrado en la cárcel por sus costumbres ultraviolentas, se somete a un plan el cual le cortará su posibilidad de hacer el mal. Lo hace con la finalidad de salir antes del plazo fijado de la cárcel. Sin embargo, este procedimiento, a pesar de que suponía “un bien” (ya que él no podía hacer el mal) se convertía en la peor violación de sus derechos. Sin duda, un mensaje bastante polémico, pero profundo. Es de hacer notar que Burguess escribió esta novela en reacción a que unos delincuentes había ingresado a su hogar, lo amarraron y violaron a su esposa embarazada, quien consecuentemente perdió al bebé, escena que sería inscrita dentro de la novela, sólo que con variantes.


DESDE COLOMBIA


Colombia es, quizá, el país latinoamericano que más sufrió por violencia en los últimos años. Y no es de extrañar que la llamada “novela de la violencia” surgiera de ahí. Y, a propósito de novelas que se convierten en películas, Fernando Vallejo creó La Virgen de los sicarios, una novela basada en la relación homosexual de un hombre mayor con un sicario del narcotráfico.


La novela está llena de odio, el sicario es capaz de matar casi por cualquier cosa... bueno, quizá no tanto. El hecho es que la violencia que realiza es, hasta cierto punto liberadora. El asesinato iba en consecuencia de alguna justificación. Un mal servicio de un funcionario, venganza, hacer ruido, etc. Vallejo nos deja reflejarnos en esa novela, ya que estamos a un paso de llegar a matar casi por cualquier cosa; y no es exageración, porque si no, habría que evaluar los bocinazos en el tráfico vehicular, los gritos encolerizados en las relaciones interpersonales, y otras reacciones violentas.


POR NATURALEZA


Otras dos películas enfrentan el dilema del porqué se es violento: El club de la pelea y Asesinos por naturaleza, enfatizan en el mensaje en que la sociedad es quien forma a sus propios violentos.


Por supuesto que todos quisiéramos que las fuerzas de seguridad capturaran ipso facto a todo malhecho, y que el sistema de justicia llenara cárceles, para que ¡por fin! se puediera empezar a “sanear” nuestra sociedad.


Pero esta sociedad engendra también la violencia, con las desigualdades estructurales, la pobreza, el hacinamiento, y otras tantas causas que los sociólogos se han cansado de enumerar.


Pero no sólo es violencia engendrada para la clase baja; habría que revisar nuestro entorno cultural: la violencia verbal en los anuncios radiales, en las series de televisión, los dimes y diretes que los medios de comunicación hacen el favor de replicar; los juegos electrónicos que, incluso, emulan sangre; los cantantes que aseguran que hasta matarían por un amor, y un largo etcétera. ¡Qué más se puede decir! Sólo reflexionar que nuestra violencia no se resuelve, simplemente, con represión... se necesita un cambio cultural.


Perdón por la sublimación... yo sé que a veces sólo es válido tirar un par de putazos.


“Los bárbaros que todo lo confían a la fuerza y a la violencia nada construyen, porque sus simientes son de odio.”

José Martí


“La violencia es el último recurso del incompetente”.

Isaac Asimov


“Lo que se obtiene con violencia, solamente se puede mantener con violencia.”

Mahatma Gandhi


“La violencia es el miedo a los ideales de los demás.”

Mahatma Gandhi


“El hombre nació en la barbarie, cuando matar a su semejante era una condición normal de la existencia. Se le otorgo una conciencia. Y ahora ha llegado el día en que la violencia hacia otro ser humano debe volverse tan aborrecible como comer la carne de otro.”

Martin Luther King




domingo, 22 de marzo de 2009

José Batres Montúfar y la persistencia del Romanticismo


El miércoles pasado, José Batres Montúfar cumplió 200 años de su nacimiento. Él formó parte de ese grupo de poetas que empezó a configurar -lo que podíamos decir- la literatura nacional, ya que empezó a crear sus obras cuando el país recién se independizaba de España. Además, dentro de la crítica literaria clásica, se le ha encasillado dentro de la corriente literaria del Romanticismo.

José Batres Montúfar, como bien se puede deducir, nació el 18 de marzo de 1809, en San Salvador, que por entonces formaba parte de la Capitanía General de Guatemala. Murió joven a los 35 años de edad, el 9 de julio de 1844 en Guatemala.

Gozó de los beneficios que su familia de alcurnia podía tener en los tiempos de la Independencia y los revoltosos primeros años de Guatemala emancipada: buena educación, acceso a participaciones políticas, etc.

Como parte de su educación, desde niño se formó en las artes de las letras. Aunque no se le ha reconocido, entendió muy bien la versificación poética, además de conocer varias lenguas -como el francés, el inglés, el latín y el griego-, que posteriormente lo ayudaron a realizar traducciones.

Sin embargo, su padre, José Mariano Batres, lo introdujo al mundo de las armas, y a través de ello, participó en batallas, estuvo encarcelado –junto a Miguel García Granados, que después sería el ideólogo de los liberales- y participó en exploraciones, como la del Río San Juan, actualmente en litigio territorial entre Nicaragua y Costa Rica; en esa época, esta vía fluvial era considerada como la ideal ante el probable paso transoceánico, que posteriormente se hiciera en Panamá.

VIDA

Casi con la independencia, Batres Montúfar empezó a tener participación en la recién creada federación centroamericana. En 1825, ingresó a la recién creada academia militar, de donde se graduó como subteniente de artillería. Un año después, cuando cumplió 18 años, participó en la Batalla de Milingo, en los años duros en que la región centroamericana no se ponía de acuerdo en el proyecto que deseaba.

En esa ocasión, cayó capturado en manos del Ejército salvadoreño, y estuvo preso por casi un año. Ahí conoció a Miguel García Granados, que muchos años después sería presidente de Guatemala. Entre Batres Montúfar y la hermana de García Granados, Josefa, más conocida como Pepita, surgió una amistad entrañable, que dio motivos a más de un escándalo.

Al ser liberado, continuó como parte del Ejército, aunque con una participación más moderada. Inició sus estudios de Ingeniería, y se graduó en 1835. Dos años después, partió en la misión exploradora que buscaba hacer un reconocimiento territorial del Río San Juan. Centroamérica buscaba, entonces, ofrecer un territorio ante el interés de las potencias europeas de realizar un canal interoceánico. El Río San Juan era un punto de mucho interés, ya que casi partía el istmo con su extensión.

En uno de sus poemas, titulado San Juan, Batres Montúfar comenta esta travesía:

De fieras poblado, de selvas cubierto

que vieron erguidas cien siglos pasar,

allá en Nicaragua se extiende un desierto

¡Su historia… ninguna! Su límite… el mar.

La tragedia tocó su vida en ese viaje, ya que su hermano Juan murió, a consecuencia de la dura experiencia, quizá por alguna enfermedad adquirida a través de los mosquitos, que en muchas ocasiones detenía las expediciones. En su poema San Juan, su intención es recordar este deceso, que coincidentemente, el río y su hermano tenían el mismo nombre:

Tu nombre tenía mi amigo, mi hermano,

sobre él derramaste tu odioso veneno

apenas bebiendo su aliento lozano

el hálito impuro que brota tu seno.

Posteriormente, se involucró en la política. En 1839, fue designado como jefe político de Amatitlán. En 1940, participó en la batalla contra las huestes invasoras de Francisco Morazán. En 1841, formó parte de la prestigiosa Sociedad Económica, lo cual le dio fuerte impulso para ser diputado a la Asamblea Legislativa en 1842.

En su obra literaria, es común encontrar sus referencias políticas, sobre todo su simpatía con el partido Liberal, que por entonces buscaba la forma de gobernar, y que cuando lo lograron, se quejaron del mal estado del país, aduciendo que los conservadores lo habían desfinanciado.

Por ejemplo, esta rápida referencia en su cuento en verso Don Pablo:

¿Qué más dijera el jefe del Estado,

hablando de las rentas nacionales,

si de la patria el hueso le ha tocado

cuya carne tocó a los liberales?!

Sin embargo, más que un férreo defensor de los Liberales, más bien fue un irónico crítico político, como otra referencia en su obra:

cargar con algo es un equivalente

de mandar que otro cargue; en tal manera

se acostumbra decir entre la gente

que el Rey, el Presidente, el Diputado,

está cargando el peso del Estado.

Sin abandonar por completo sus obligaciones dentro del Ejército, fue declarado de baja en mayo de 1844, por motivos de enfermedad, a lo cual ya no se repondría, puesto que moriría poco tiempo después, el 9 de junio de 1844.

OBRA

Su producción como literato, hoy día, no se conoce a su plenitud, ya que al morir varios de sus manuscritos fueron destruidos por su familia. Sin embargo, por lo que se ha recuperado, se le considera como uno de los escritores más importantes de Guatemala del siglo XIX.

Dentro de la crítica tradicional, se le enmarca dentro del Romanticismo. Críticos españoles que conocían su obra, lo elogiaron. Por ejemplo, el crítico español Marcelino Menéndez y Pelayo dijo que

"Don José Batres Montúfar es la verdadera gloria de Guatemala... Ni a Heredia, ni a Bello, ni a Olmedo, se les hace injuria con poner cerca de sus nombres el de este contemporáneo suyo, cultivador de una poesía tan diversa, pero no menos exquisita en su género, con ser este uno de los géneros menos elevados y aun menos recomendables del arte literario”.

Por su parte, Juan Valera, escritor español, comentó que

"no cabe duda que Batres Montúfar, es en su género, uno de los mejores poetas del habla castellana, así por su estilo suelto como por su amplio dominio de la rima, por los que pudiéramos llamar sus caprichos métricos y por ese inimitable estilo descriptivo que muy pocos pueden igualar”.

¿Pero qué es lo que les llamó la atención? Hoy día, la obra rescatada de José Batres Montúfar se puede hallar recopilada en una edición publicada por la Editorial Piedra Santa, denominada Pepe Batres Montúfar. Obras completas, en donde se recogen poesías, traducciones y, sobre todo, tres cuentos en verso.

VALORACIÓN

Bastante conocido es el poema Yo pienso en ti, el cual usualmente es enseñado en el sistema de educación de Guatemala, y puesto a declamar por los maestros. En teoría, quizá, es el poema más conocido del país.

El éxito de este poema se debe, quizá, a la facilidad métrica que presenta y su fluidez sintáctica, además de ser un poema romántico, muy del gusto del público. De hecho, en varias de las clásicas compilaciones de poesía en español, se suele encontrar este texto de Batres Montúfar.

Sin embargo, sin querer desmeritar el poema, literariamente es más interesante su faceta como narrador; se le conocen tres cuentos en verso: Don Pablo, Las falsas apariencias y El relox. Se caracterizan éstos por su buena versificación, es decir, en los tres, no abandona la misma fórmula de octetos rimados perfectamente, con versos endecasílabos, es decir, de once sílabas. En sus más de 330 estrofas, no falla en esta estructura, lo cual denota un buen dominio de las reglas de versificación.

En la educación clásica de esa época, era usual que se instruyera en versificación, a fin de que quien supiera escribir, también fuera capaz de expresar sus ideas en forma de poemas. Sin embargo, de todos los poetas que hoy día se conocen del siglo XIX, ninguno alcanza la misma maestría que Batres Montúfar. De hecho, otros no son constantes en su versificación, muchas veces cometiendo fallos.

Sus cuentos en verso, además, poseen una buena descripción y toques picantes y de buen humor, que intentan desenmascarar las falsedades de la sociedad guatemalteca, que aún vivía con las rígidas normativas morales de la Colonia.

Otros ejemplos de genialidad, aunque se diluyen un poco por su simplismo, son sus “juguetes cómicos”, que son poemas –o más bien ejercicios de versificación- que intentaban sorprender al lector con ciertos recursos lúdicos, como que al leerlos de arriba abajo tuvieran un sentido, y viceversa, otro contenido.

Por ejemplo, éste, llamado Otra de doble sentido, leyéndose de abajo arriba:

Si crees, Silvia, que te quiero,

crees muy bien; y crees muy mal

si crees que no soy formal,

si crees que soy embustero.

Crees, Silvia, lo verdadero si crees que te amo de veras,

estás creyendo tonteras

se estás creyendo al revés.

Es mentira; y muy bien crees

si cierto mi amor creyeres.

Lo mismo, sólo que leído del último verso ascendiendo hasta al primero –y haciendo caso omiso de la puntuación- diría más o menos lo siguiente:

Si cierto mi amor creyeres, es mentira; y muy bien crees si estás creyendo al revés. Estás creyendo tonteras si crees que te amo de veras. Crees, Silvia, lo verdadero, si crees que soy embustero. Si crees que no soy formal, crees muy bien; y crees muy mal si crees, Silvia, que te quiero.

Como se podrá apreciar si se leen las dos posibilidades en voz alta, suena de una forma más fluida la segunda versión, por lo que se intuye que en realidad la versificación la compuso para ser leída de abajo arriba, pero le dio vuelta para hacer el juego cómico.

También, para quien sepa de versificación, se habrá dado cuenta que en este poema no es tan rígido, y comete fallos, justificables a la luz del Romanticismo.

PERSISTENCIA DEL ROMANTICISMO

Sí, Romanticismo, porque José Batres Montúfar fue romántico. Sin embargo, debería haber un consenso en qué tipo de romántico es. El término romántico surge en forma peyorativa. Se decía de alguien que sólo pensaba en los tiempos pasados, que quería volver a los tiempos del Imperio Romano –en tono de burla- por lo que surge el término romántico. Sin embargo, con el paso del tiempo ha modificado su concepción, y debido a la temática amorosa en la que confluyó la literatura, hoy se asimila el término con el amor.

Sin embargo, el romantico en realidad era una persona inconforme con su tiempo, y que pensaba que todo tiempo pasado era mejor.

Y, dicho sea de paso, Batres Montúfar –junto a José Milla- deben ser los más románticos de la literatura guatemalteca, porque se encargaron de ver en el pasado un tiempo mejor. Ambos escribieron su narrativa, buscando en tiempos coloniales sus historias.

Hoy día, se cree de Batres Montúfar que es romántico, más por su carácter amoroso en Yo pienso en ti que por su actitud inconforme. De cualquier forma, muchos de los rasgos “románticos” de la actualidad, pueden ser encontrados en su germinación en Batres Montúfar, sobre todo en las personas que aún conciben la poesía sólo en su carácter amatorio (y sufriente) como en esas personas que creen que todo tiempo pasado es mejor: ¡Es el mejor rasgo romántico de nuestra sociedad!

martes, 17 de marzo de 2009

Rashomon y otras reflexiones

Ya voy llegando al final de esta lista y espero desembarazarme por algún tiempo del cine. La lista que ofrezco, obviamente ya está a la vista, por lo que ya sabrán las películas que sugiero.


Para hacer una comparación, con la famosa lista de mejores películas según el libro de John Kobal, un crítico de cine que se dio a la tarea de preguntarle a unos 50 críticos sobre cuáles debían ser las mejores diez películas, y así formó él su libro Las cien mejores películas.


Al final, los primeros 20 lugares según esta lista recopilada, fueron:


Ciudadano Kane de Orson Welles

La regla del juego de Jean Renoir

El acorazado Potemkin de Sergei Eisenstein

Fellini, ocho y medio de Federico Fellini

Cantando bajo la lluvia de Gene Kelly

Tiempos modernos de Charles Chaplin

Fresas salvajes de Ingmar Bergman

La quimera del oro de Charles Chaplin

Casablanca de Michael Curtiz

Rashomon de Akira Kurosawa

El ladrón de bicicletas de Vittorio de Sica

Luces de la ciudad de Charles Chaplin

Les enfants du paradis de Marcel Carné

Amanecer de F.W. Murnau

Madame de... de Max Ophuls

La gran ilusión de Jean Renoir

Centauros del desierto de John Ford

2001: Odisea del espacio de Stanley Kubrick

Con faldas y a lo loco de Billy Wilder

Iván el Terrible de Sergei Eisenstein


Obviamente, mi lista personal adolesce de ser ignorante en directores como Renoir y Bergman, a quien el cine también les debe mucho, pero yo no he visto sus películas. Un amigo mío, de ya 70 años, me contaba que en los cinemas departamentales -claro, antes de la llegada del poporopero Circuito Alba- logró ver casi todas las películas de Bergman y de Renoir, y me ha contado que es un cine completamente diferente, tan filosófico que tras ver la película uno debe quedarse calladito al menos diez minutos en la silla.


Y, claro, faltan directores tan geniales, como el mismo Luis Buñuel, de quien prefiero El ángel exterminador que El discreto encanto de la burguesía, por ejemplo, e incluso, me es más agradable volverle a ver sus películas mexicanas realistas, como El gran calavera, por ejemplo.


Y, hablando del Buñuel mexicano, ¿por qué no figura el cine latinoamericano en las listas? Pues, como habrán visto en mi lista original, muchas películas proceden de una novela anterior, adaptada al cine. El cine latinoamericano es incipiente aún, pero comete el error de querer adaptar a toda costa las novelas latinoamericanas, pero sin proponer cambios en su estructura. Películas como El club de la pelea, Ladrón de bicicletas, La naranja mecánica y otras, están basadas en novelas, pero el director no ha querido sólo “dramatizarlas”.


El cine latinoamericanas, a influencia del cine cubano -que por influencia de García Márquez quiere ser una extensión de la literatura- no logra quitarse de encima el paternalismo de los literatos, y por tanto no se ha podido innovar. México es el que ha tenido mayores avances, con sus inicios en su época de oro, esos dramones ideados por El Indio Fernández, con buena fotografía, o las mismas de Buñuel, quien se logró adaptar en un medio muy tradicionalista.


Pero regresando a la lista, quise hacer antes estas observaciones, a un paso de terminarla. Hoy me ocupa Rashômon, ese monumento oriental que asombró a occidente. Por ejemplo, ése es ejemplo de lo que decía anteriormente. Rashômon es la historia de una violación y supuesto un asesinato.



El director, Akira Kurosawa, sabe que la historia no se sustenta sólo por su argumento, sino que hay que saber cómo contarla. Kurosawa se basa en múltiples flashbacks que recuerdan cuando alguien cuenta sobre el evento en cuestión. Pese a que aún él no sabía nada sobre la polifonía, ni sobre la muerte del autor, logra implementar estas teorías.


El mismo evento se va relatando a través de distintos “testigos”, que incluyen al supuesto victimario, y va conjugando la narración, alternando las voces. No saca conclusiones de quién fue, ni emite condena. Es el espectador quien tiene la capacidad y el único acceso a la verdad.


Asombroso es que Kurosawa la haya realizado con un presupuesto muy recortado, y encima de todo en un Japón de posguerra. Sin embargo, esto no fue impedimento para el director, quien había permanecido mucho tiempo a la espera. El Japón Imperial sólo autorizaba películas que exaltaran el nacionalismo, como era de suponer de un Estado que apoya movimientos nacionalistas como el Nazismo y el Fascismo.


Kurosawa encontró en el nuevo Japón una apertura para sus películas, de la que se habían quejado los detractores que eran demasiado occidentales, únicamente porque éste se negaba a incluir clásicas escenas de judo, por ejemplo.


  • FICHA TÉCNICA TÍTULO ORIGINAL: Rashômon
  • DIRECTOR: Akira Kurosawa
  • PRODUCTORA: Daiei Studios
  • ORIGINAL: Ryunosuke Akutagawa
  • GUIÓN ADAPTADO: Akira Kurosawa y Shinobu Hashimoto
  • MÚSICA: Fumio Hayasaka
  • FOTOGRAFÍA: Kazuo Miyagawa
  • INTÉRPRETES: Toshirō Mifune, Machiko Kyō, Masayuki Mori, Takashi Shimura, Minoru Chiaki, Kichijiro Ueda y Fumiko Homna
  • PAÍS: Japón
  • AÑO: 1950
  • DURACIÓN: 88 minutos

TOP TEN


¿No soy más que una naranja mecánica?


Kubrick es de esos directores geniales, y lo que más me llama la atención es que se burla sistemáticamente del espectador. Su estilo es conciso e irónico. Por ejemplo, en Eyes wide shut, el protagonista -para vengarse de su esposa, quien le confesó una “infidelidad” de pensamiento- sale en busca de sexo fuerte, gratis y a granel, pero se mete en más problemas y no logra pero ni masturbarse. Al final, todo se arregla -esa especie entre confusión y celos mal infundados- de una sola forma, como le dice su esposa: cogiendo. Tan fácil como eso.


Kubrick manipula al espectador, y le hace parecer normal escenas anormales, como el final de Full metal jacket, en donde no parece tan extraño que los soldados se caminen sobre un campo destruido en Vietnam, cantando la musiquilla del Club de Mickey Mouse.


En la misma Full metal jacket, sus irónicas contradicciones son elementos de muchos análisis, como el periodista que escribe en su casco “Nacido para matar”, pero que lleva en su solapa un pin con el símbolo de la paz.


También, la genial escena en que toda una patrulla del Ejército gringo no puede contra una mujer militante en la resistencia vietnamita; ella solita les empieza a quebrar el sereguete, y cuando por fin logran emboscarla, el que llevaba escrito “nacido para matar” se queda estático y no puede dispararle, y más bien es el fotógrafo -que no había matado ni un alma- quien le pega el tiro (asombrosa metáfora, que representa el papel de los medios de comunicación en el “engrandecimiento” de las tropas de Estados Unidos en Vietnam).


Pero no hay duda que su mejor película fue La naranja mecánica, basada en la novela de Anthony Burgess.


Burgess presenta una novela bastante buena y atractiva. La línea argumental es parecida al de la película, sólo que en la novela el protagonista es un adolescente, de unos 15 años, pero Kubrick le sube la edad, para evitar conflictos con la censura. De todas formas, lo censuraron.


Pero existe una gran diferencia entre la novela y la película, y es que ésta no incluye el último capítulo. No fue cuestión de Kubrick, sino más bien del editor estadounidense, que para ahorrarse espacio y hojas omitió el último capítulo; para desgracia de Burgess, ésta versión se hizo más popular que la británica. Posteriormente, tras el éxito de la película, se reeditó la novela, con una aclaración de Burguess, que explica este incidente.


De cualquier forma, entre Burguess y Kubrick hubo una gran amistad. El escritor no se molestó porque su novela no estuviera completa. Me imagino que fue porque el mensaje fundamental fue trasladado.


La actuación de Malcolm McDowell en el protagónico es de una antología de las mejores actuaciones, sobre todo la golpiza que le propina al escritor, que lo patea al compás de Singing in the rain. Este evento, en su equivalente a la vida real, habría motiva a Burguess escribir la obra. Es decir, sufrir en carne propia la violencia.


La película y el libro tiene su nudo en que el protagonista, amante de las violaciones sexuales y la ultraviolencia, cae en la cárcel, por una traición de su banda. Para acortar su condena, acepta participar en el Plan Ludovico, que consiste en someterse a un tratamiento que lo incapacita para hacer el mal.


Este tratamiento debería ser declarado la escena cumbre del cine, por su gran dramatismo. Al final, el Plan Ludovico funciona, y el protagonista no puede hacer el mal... ¡está curado! Y por tanto, puede salir libre.


Este plan, por supuesto, está respaldado por las corrientes conservadoras de ultraderecha; pero no todos los sectores tradicionales lo apoyan. El punto central lo da a entender el capellán de la cárcel, en representación simbólica de las Iglesias:


Dios prefiere al hombre que elige hacer el mal, antes que al hombre que es obligado a hacer el bien.


Creo que a nadie sorprendo si cuento el final, pero para respetar a quienes no lo han hecho, me basta con decirles que la idea sobre la defensa de la libertad del ser humano, de su libre albedrío -incluso si se elige a hacer el mal- es fuerte y hace que la novela valga la pena. Pero Kubrick, encarna una visión bastante exacta. Al contrario de como sucede con otras adaptaciones literarias al cine, la película hace honor a la novela.


FICHA TÉCNICA

  • TÍTULO ORIGINAL: A Clockwork Orange
  • DIRECTOR: Stanley Kubrick
  • PRODUCTOR: Stanley Kubrick
  • ORIGINAL: Anthony Burgess
  • GUIÓN ADAPTADO: Stanley Kubrick
  • MÚSICA: Wendy Carlos
  • INTÉRPRETES: Malcolm McDowell, Patrick Magee, Michael Bates, Warren Clarke, Adrienne Corri, Miriam Karlin, James Marcus y Michael Tarn.
  • PAÍS: Reino Unido
  • AÑO: 1972
  • DURACIÓN: 131 min.

TOP TEN

sábado, 14 de marzo de 2009

Revisitando el Popol Vuh


La semana pasada, fue develado uno de los frisos de la aún soterrada ciudad de El Mirador, en el norte de Petén. El friso, que forma parte de un acueducto, daba cuenta de una escena del Popol Vuh.


“Es una joya increíble, un diamante en bruto. No hay nada en América Latina comparado con esto. Es una joya mundial”, exclamó en ese momento el arqueólogo estadounidense Richard Hansen, emocionado por dar a conocer el friso, el cual databa de 300 años antes de Cristo. Con ello, Hansen logra así un resultado más que satisfactorio en sus 30 años de investigar la antigua cultura maya.


No obstante, con el descubrimiento del friso que data de los años 300 antes de Cristo, se puede afirmar que los mayas habían alcanzado un desarrollo antes del que pensaban los expertos.


Aparte de la belleza del friso, ¿qué descubrió Hansen? El mural representa a Hunahpu e Ixbalanque, nadando sobre el río que los conduce a Xibalbá. Es de notar esta particularidad, ya que era una imagen adecuada para el acueducto. Pero, a la vez, genera de nuevo el debate sobre el Popol Vuh y sobre su supuesta contaminación con el cristianismo colonial.


GENERALIDADES


El Popol Vuh es un libro que sienta las bases testimoniales rescatadas del pueblo k’iche’. Ofrece detalles de su cosmogonía, de sus orígenes y de la descendencia, todo ello, probablemente escrito para dejar huella en un cambio de época.


No se sabe quién lo sentó por escrito con caracteres latinos; en algunos casos, se ha considerado que fray Francisco Ximénez, un sacerdote que convivió con indígenas de Quiché y Chiapas, fue quien los escribió, tras escuchar la narración oral, pero de ello, aún no se ha podido confirmar.


Lo que sí es cierto, es que Ximénez fue su primer traductor, en una primera versión la cual tituló Manuscrito de Chichicastenango, según la región donde recavó la información -ya sea oral o escrita- (Lea: TRADUCCIONES).


La historia presenta varios capítulos, pero tal parece que es el intento de enlazar las concepciones cosmogónicas y antropológicas del pueblo k’iche’, con lo que el transcriptor –en nombre de su estirpe- sentía ante la amenaza colonizadora.


Da inicio con el relato de la creación del mundo. En realidad, es el relato de la creación de los primeros hombres con sus mujeres. Sin embargo, para llegar hasta ahí, la tradicional oral refería la necesidad que la raza iniciara bajo el “signo de la luz”. Es por ello, que el relato inicial hace énfasis en que todo estaba en la oscuridad e inmóvil.


Las traducciones no lo han logrado reflejar bien, ya que el Popol Vuh, incluso en la versión más conocida de Adrián Recinos, parece ser muy confuso el relato. Pero el narrador del libro, se esfuerza por describir el “reino oscuro” que predominó antes de la historia de los k’iche’s.


El relato que forma el eje central es la historia de los gemelos Hunahpu e Ixbalanque, quienes deben derrotar a los señores de Xibalbá, quienes a su vez habían matado a su padre. Esta pareja surge de una historia fantasiosa, en la que interviene la princesa Ixquic. Una vez derrotados, la oscuridad desaparece y los gemelos asumen su posición en el firmamento, uno como Sol y otro como Luna, iluminando a la nueva raza.


En adelante, el relato comienza a parecerse más realista, desde la creación de los primeros hombres, hasta el paso de las generaciones para llegar al pueblo k’iche’ de entonces.


TRADUCCIONES


El primer traductor fue fray Francisco Ximénez, de quien se conoce la versión original en caracteres latinos, alrededor de 1701 (siglo XVI). Su manuscrito está formado por dos columnas: una con la versión en k’iche’ y otra su traducción al español.


Su traducción no fue muy buena, ya que intentó adaptar su pensamiento occidental en una lógica indígena, lo que resultó un confuso texto (Lea: CRÍTICA NEOCOLONIALISTA). Posterior, intentaría una segunda versión, menos literal, la cual fue incluida en Historia de la Provincia de Santo Vicente de Chiapa y Guatemala de 1722.


Los manuscritos de Ximénez permanecieron archivados en el Convento de Santo Domingo hasta 1830 cuando fueron trasladados a la Universidad de San Carlos de Guatemala. En 1854, fueron encontrados por el austriaco Charles Scherzer, quien en 1857 la publicó en Viena bajo el título Las Historias del origen de los indios de esta provincia de Guatemala.


El sacerdote y misionero Charles Étienne Brasseur de Bourbourg sustrajo el escrito original de la universidad, lo llevó a Europa y lo tradujo al francés. En 1861 publicó un volumen bajo el título de Popol Vuh, Le livre Sacré et les mythes de l'antiquité Américaine.


Esta versión fue la que dio a conocer en mayor medida este libro a nivel mundial, y por ello, usualmente se le denomina como Popol Vuh. Varias décadas después, Miguel Ángel Asturias intentaría una traducción del francés al español, pero su versión no logró aceptación por confusa. Probablemente, el error fue haber traducido el libro de una traducción.

El libro original fue vendido al coleccionista Alfonso Pinart, más tarde su viuda lo vendió a su vez al etnólogo Otto Stoll, posteriormente fue comprado por Edward E. Ayer, quién lo devolvió a América. Actualmente, la primera traducción de Ximénez al castellano, y su Manuscrito de Chichicastenango se encuentran en la Biblioteca Newberry, en Chicago, Estados Unidos.


En pleno siglo XX, se han hecho esfuerzos por traducir de mejor manera el Popol Vuh, iniciando por la versión de Adrián Recinos, la cual ha sido la más difundida en español. Adrián Chávez también intentaría una traducción, más completa, pero que no ha tenido tanta difusión. En los últimos años, una nueva versión ha sido publicada por Sam Colop, en la cual revisa la traducción y la mejora, además de modificarle el nombre a Popol Wuj, por considerar que ése es el nombre correcto.


CONTROVERSIA POR EL NOMBRE


El Popol Vuh ha sufrido modificaciones en cuanto a sus nombres. Por ejemplo, la versión de Adrián Chávez fue titulada Pop Wuj, por considerarlo su nombre correcto. Sin embargo, la más reciente traducción, la de Sam Colop, ofrece justificaciones sobre su nombre, al cual ha sugerido Popol Wuj.


De hecho, Sam Colop corrige sobre la sugerencia de Chávez, a quien no demerita, sino que le reconoce su valioso aporte en su traducción.


No hay esfuerzo que sea completamente inútil, y por ello, toda sugerencia sirve de base para ir mejorando las versiones y, así, el conocimiento de las cosas. Es probable, que la controversia en los nombres del Popol Vuh sirva para establecer diferencias entre las traducciones, sobre todo las hechas al español, que es donde más existen.


Sin embargo, es probable que al final sobreviva, de un modo general, el nombre de Popol Vuh, ya que por siglos fue conocido de esa forma, y aunque contenga algunas inconsistencias y señalamientos, es un modo ya estandarizado y consensuado de llamarlo.


En lo que sí parece haber consenso, es en la traducción del nombre, el cual ha sido identificado como Libro del Consejo o Libro de la Comunidad.


CRISTIANISMO


Tradicionalmente, el Popol Vuh se ha visto como un libro con clara influencia cristiana. Escrito en caracteres latinos en plena Colonia española, se ha considerado que quien lo transcribe –generalmente atribuido a un indígena alfabetizado- tenía ya introducidos muchos sesgos cristianos. Otros más aseguran que el mismo Ximénez, en su transcripción, optó por modificar la historia, a fin de “cristianizarla”


Por ejemplo, la historia de la creación del mundo y del hombre, o el nacimiento de los gemelos de una madre virgen, han sido recursos para quienes quieran justificar la presencia de valores cristianos en el Popol Vuh.


Incluso, ha habido posturas más radicales, como la de René Acuña, en la cual argumenta que el Popol Vuh no tiene raíces maya-k’iche’. “el Popol Vuh es un libro diseñado y ejecutado con conceptos occidentales. Su unidad de composición es tal, que da pie para postular un solo recolector de las narraciones. Y no parece que éste haya sido un autodidacta espontáneo nativo, que se puso a redactar las memorias de su nación”, dice en su libro (Ver BIBLIOGRAFÍA). Su hipótesis es que el Popol Vuh sirvió para los misioneros lograran cristianizar a los nativos, en un sincretismo entre sus creencias acopladas con las occidentales.


Acuña se basó en los errores de transcripción cometidos por Ximénez. “Si la fidelidad con que Ximénez copió y tradujo el texto quiché fuera el criterio para establecer la autenticidad del Popol Vuh, habría, de inmediato, que declararlo falso. [...] Enumerar a detalle todos los desfiguros que Ximénez introdujo podría justificar un trabajo de páginas cuyo número no se puede cuantificar. [...] Ante la imposibilidad de efectuar aquí un examen pormenorizado de las traducciones que hizo Ximénez del Popol Vuh, tendré que limitarme a decir que son desiguales y muy infieles, y que el fraile omitió traducir un elevado porcentaje del texto. Mi apreciación se basa en el minucioso análisis comparativo que he realizado de las primeras 1180 líneas del Popol Vuh con las dos versiones españolas de fray Francisco. Pero mi intención no está dirigida a desacreditar la competencia lingüística de este religioso, sino a hacer manifiesto que, con el escaso conocimiento de la lengua quiché que poseía, resulta natural que haya desfigurado la obra al copiarla”.


Sin embargo, esta hipótesis se basa exclusivamente en el manuscrito de Ximénez, versión de la cual se han producido la mayoría de traducciones serias del Popol Vuh. Pero, ¿si este relato ya existía de antes?


CRÍTICA NEOCOLONIALISTA


El Popol Vuh ha sido explicado, tradicionalmente, desde una óptica occidental. Tan así, que se le ha denominado como “la biblia de los k’iche’s”, intentando hacer una analogía entre un referente indígena con una imagen occidental-cristiana.


Para intentar encontrar la génesis del libro, que habría generado la versión de Ximénez, muchos han querido explicarlo con diferentes hipótesis, que van desde el relato oral hasta la transcripción en piedra. Incluso, hay quienes aseguran que en algún códice maya, de los que aún se preserva, se encuentra ilustrado el Popol Vuh en escritura maya.


Pero en este intento por justificar un texto anterior, se ha querido buscar un texto con caracteres latinos original, lo cual supone un grave error de concepción. La literatura occidental, desde sus inicios en Grecia, supuso la transcripción de la literatura en forma escrita, y con caracteres fonéticos.


Desde ese punto de vista, probablemente sería imposible ubicar una versión del Popol Vuh. Sin embargo, habría que replantearse la forma tradicional de ver la literatura, y reconocer que también hubo otras formas de transmisión.


En primer lugar, hay que recordar que la literatura inició, en todas sus germinaciones, a través de la oralidad, y es probable que ésta siga siendo su fuente primordial en las letras actuales.


Por ello, el descubrimiento de Hansen, en El Mirador, abre los ojos hacia otras dimensiones de la literatura maya. ¿Por qué? Quiere decir que el Popol Vuh existía desde antes del Cristianismo. De hecho, existía desde antes de Cristo. Usualmente, no se han valorado las manifestaciones mayas de su escritura, como la expuesta en los códices, murales, escalinatas y sus frisos –como en este caso-, lo cual ha provocado una pobreza en la investigación. En los últimos años, quizá décadas, los investigadores de la cultura maya han sabido reconocer los aportes en las fuentes que occidentalmente no se consideraban como literatura.


Gracias a ello, hoy podemos tener mayores certezas de la historia maya, ya que se han valorado estas fuentes de información.


El Popol Vuh ya había quedado de manifiesto. Incluso, habría que despertar la atención de que no es una historia exclusiva del pueblo k’iche’, como supuso Ximénez y los otros estudiosos, sino que proviene de la profundidad de los inicios mayas.


El Mirador también está cambiando la forma de percibir la cultura maya, ya que era usual que se considerara el esplendor de la cultura en el período Clásico, pero esta ciudad está ofreciendo detalles asombrosos, que se anticipó al desarrollo social, económico y científico de Tikal, la que hasta hoy se considera la ciudad más importante del Clásico. (Ver: APORTES DE EL MIRADOR)


EL MIRADOR

“Es la cuenca natural y cultural más grande del mundo maya, del hemisferio y del mundo en términos de volumen”, refiere el arqueólogo Hansen, como adición a los comentarios hechos tras su descubrimiento del friso de Hunahpu e Ixbalanque.


El experto está convencido que los mayas, junto con la china, mesopotámica y egipcia son las mayores "civilizaciones que construyeron el mundo".


Aunque "el mundo está despertando su interés para que El Mirador se cuide y se preserve", los fondos son insuficientes para devolverle su esplendor, toda vez que la cuenca la forman unas 4 mil pirámides, pero 3 mil 500 están en proceso de exploración.


La más impresionante es la famosa pirámide La Danta, la cual no está totalmente descubierta, hasta el momento la más grande de las construidas por los mayas, con 300 metros de ancho por 600 de largo y alcanza una altura de de 72 metros.


Como una forma de generar ingresos, la embajadora de Francia Michèle Remis, anunció que en 2011 se expondrán entre 150 y 200 piezas de El Mirador en el Museo Du Quai Branly en París.


Entre tanto, el gobierno guatemalteco gestiona los trámites para que el lugar sea reconocido como Patrimonio de la Humanidad por el Fondo de las Naciones Unidas para la Ciencia, la Cultura y la Educación (Unesco).


Según las investigaciones, los mayas construyeron estos inmensos monumentos entre el 200 y 150 antes de Cristo, pero abandonaron el lugar entre los años 150 y 200 de nuestra era.


Después de 500 años de abandono, volvieron a ocupar la zona para construir residencias modestas y la dejaron para siempre hacia el 900 de nuestra era.


Aunque El Mirador es una mina arqueológica, el acceso es difícil porque se necesitan tres días para ingresar por tierra, mientras que el tiempo se reduce a 30 minutos en helicóptero desde aeropuerto Mundo Maya, ubicado en Santa Elena, unos 520 km al norte de la capital.


Ante ello, solo unas 3 mil personas visitan anualmente este complejo incrustado en la selva de Petén, considerada el segundo pulmón de América después de la cuenca del río Amazonas en Brasil.



BIBLIOGRAFÍA

  • Acuña, René. Temas del Popol Vuh. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1998.
  • Akkeren, Ruud van. Authors of the Popol Vuh. Ancient Mesoamerica 14: 237-256. 2003
  • Brasseur de Bourbourg, Charles Étienne. Popol Vuh: Le livre sacré et les mythes de l’antiquité americaine. Paris: A. Bertrand, 1861.
  • Carmack, Robert M. Quichean civilization: the ethnohistoric, ethnographic, and archaeological sources. Berkeley: University of California Press, 1973.
  • Carmack, Robert M., y Francisco Morales Santos. Nuevas Perspectivas sobre el Popol Vuh Guatemala: Editorial Piedra Santa, 1983.
  • Christenson, Allen J. Popol Vuh: The sacrd book of the Maya. Winchester, Inglaterra: O Books, 2003
  • Colop, Sam. Popol Vuh: Versión Poética K’iche’. Guatemala: Editorial Cholsamaj, 1999.
  • Edmonson, Munro S. The Book of the Counsel: The Popol Vuh of the Quiché Maya of Guatemala. Middle American Research Institute, Publication 35. New Orleans: Tulane University, 1971.
  • Estrada Monroy, Agustín. Popol Vuh: Empiezan las Historias del Origen de los Indios de esta Provincia de Guatemala. Guatemala: Editorial José de Pineda Ibarra. Edición facsimilar del manuscrito de fray Francisco Ximénez, 1973.
  • Girard, Rafael. Esoterismo del Popol Vuh. México: Editores Mexicanos Unidos, 1948
  • Himelblau, Jack J. Quiche Worlds in Creation. Culver City, California: Labyrinthos, 1989.
  • Recinos, Adrián. Popol Vuh: Las antiguas historias del Quiché. México, D.F.: Fondo de Cultura Económica, 1947.
  • Popol Vuh. Traducción al inglés de Delia Goetz y Sylvanus G. Morley. Norman: University of Oklahoma Press, 1950.
  • Schultze-Jena, Leonhard. Popol Vuh: Das heilige Buch der Quiché Indianer von Guatemala. Stuttgart, 1944
  • Tedlock, Dennis. Popol Vuh: The Maya Book of the Dawn of Life. New Yok: Simon and Schuster, 1985.


Foto de Eduardo González. El arqueólogo Richard Hansen explica los detalles del friso, en donde se puede observar a Hunapú saliendo del inframundo hacia la abuela Ixmucané. Este friso se supone formaba parte de un sistema de acuífero en donde se desarrollaban rituales el cual data del período Preclásico de la era maya, 2300-2500 a.C.

jueves, 12 de marzo de 2009

Avanzo rápido en el Top Ten


Voy avanzando rápidamente en el Top Ten de las películas, porque pienso que ya los estoy aburriendo, además, que tampoco hay que aguantar esto eternamente. He agregado ya varias reseñas, por lo que el Top Ten va así. Pueden seguir estos links para guiarse.



Dejo algunas cuantas películas que quisiera comentar con mayor detalle, pero espero dejarlas listas para mañana, así tienen buen material de lectura para el fin de semana.


Agrego letras j, m, i, r, h y b. Sólo faltan letras: n, l y s.

Maté un hombre, pero nadie me castigará


En 1998, hubo una especie de “paranoia”, no sé por qué, por el temor de iniciarse una nueva Guerra Mundial. O al menos, eso reflejó el cine. Ese año, Spielberg puso en las salas de cine Rescatando al soldado Ryan, una historia interesante, que él dilapidó con exceso de balas. A mí me parece clara su intención, y era recordar el horror de la guerra, pero no a través de criterios bien fundamentados, sino a base de temor. Es como decirle a un niño que se duerma o que coma, amenazándolo con llevarlo con un bolito para que se lo lleve. Es decir, intentar evitar algo, sembrando terror.


Rescatando al soldado Ryan, como dije, es una buena idea. Se basa en un hecho real, y sucede que durante la Segunda Guerra Mundial, de cuatro hermanos, tres murieron relativamente en fechas cercanas, y para evitarle un dolor mayor a la madre, la Comandancia General ordenó rescatar al hermano vivo de una forma prioritaria.


Pero a mí la película no me gustó. Más bien, la odié. Las escenas excesivas de los combates las sufrí. Ésta la vi en el cine... no sabía dónde esconderme, porque todo me parecía tan obsceno. Casi lloré.


Pero, en cambio, en el mismo año, surgió otra película, con tema similar, pero con tratamiento distinto. La delgada línea roja es una obra de arte. De igual forma, trata de la Segunda Guerra Mundial, básicamente el desembarco de las tropas gringas en costas japonesas.


Sin embargo, tuvo un tono filosófico y la fotografía fue de lo mejor. Se basa en múltiples historias, del fluir psicológico de quienes participan, desde el General que dirige la batalla (quien se cuestiona si sus decisiones son correctas), hasta los soldados rasos.


La película está llena de varias “estrellas”, pero -pese a ello- no influyó en la taquilla, ni en el montaje final de las escenas. Tal fue así, que George Clooney, por entonces muy popular por su papel en ER, había sido contratado y utilizado en varias escenas, pero al final sólo fue montado en una escena, sin importar su condición de estrella. Clooney pidió a la producción que mejor quitaran esa escena, y que lo sacaran de los créditos. La producción no aceptó.


De igual forma, participaron John Travolta, Nick Nolte, Woody Harrelson, Sean Penn (éste con una participación más destacada), entre otros.


Sin embargo, el peso filosófico lo llevó James Caviezel, que después protagonizara La pasión de Jesucristo, la espantosa película de Mel Gibson.


En La delgada línea roja, Caviezel encarna a un soldado raso, que se opone a la guerra. Se fuga de las tropas, pero en vez de encarcelarlo al encontrarlo, lo obligan a seguir incluido en las tropas. Él, por supuesto, se opone sistemáticamente. Él reflexiona sobre la guerra, y no ve a los japoneses como unos “hijos de la gran puta” (como sí lo hace Spielberg en Rescatando al soldado Ryan con los alemanes), sino como personas que el destino colocó del otro lado, pero que tampoco merecen ello.


Hay una reflexión -que no la dice Caviezel, sino otro actor que no reconozco- digna de comentarse. Un soldado, en plena batalla, logra matar a un japonés. Con júbilo, se voltea hacias sus compañeros y les cuenta su “hazaña”. Pero dentro de sí, reflexiona: “He matado un hombre, el peor de los crímenes; pero nadie me puede castigar... nadie me va a castigar, he incluso me van a premiar: es terrible” (o algo así, no lo estoy citando textualmente).


Rescatando al soldado Ryan, abusa de las escenas violentas. En cambio, En la delgada línea roja, constanmente hay constrastes, incluso sin motivo alguno, entre la guerra, y la naturaleza. Flores hermosas, animales en paz, una fina telaraña, un feo vampiro, son motivos para que el fotógrafo prefiera sacar esas escenas a la violencia de la guerra... y es hermoso, en verdad.


El personaje de Caviezel empieza y termina de la misma forma, sólo que con sentidos distintos. Es una película bella y que demuestra cómo se narran las historias y cómo se transmiten las ideas. Paradójicamente, Rescatando al soldado Ryan terminó ganando varios Oscar, y La delgada línea roja, puras habas.


FICHA TÉCNICA

TÍTULO ORIGINAL: The Thin Red Line

DIRECTOR: Terrence Malick

PRODUCTORES: Robert Michael Geisler, Grant Hill y John Roberdeau

Guión Terrence Malick, de la novela de James Jones

MÚSICA: Hans Zimmer

FOTOGRAFÍA: John Toll

INTÉRPRETES: James Caviezel, Sean Penn, Adrien Brody, Ben Chaplin, George Clooney, John Cusack, Woody Harrelson, Elias Koteas, Jared Leto, Dash Mihok, Tim Blake Nelson, Nick Nolte, John C. Reilly, Nick Stahl, John Travolta, John Savage, Mark Boone Junior y Randall Duk Kim.

PAÍS: Australia

AÑO: 1998

DURACIÓN: 164 minutos aprox.

PRODUCTORA: 20th Century Fox