Un cuento (mejor una novela) sobre un médico alemán, viejo, ex militante nazi, desilucionado por la pérdida de valores en el mundo, que se encuentra varado en Lisboa, en el aeropuerto, porque la ceniza de un volcán en Islandia -cuyo nombre nadie sabe pronunciar- no deja que vuele a su cita URGENTE que tiene en Varsovia.
Entonces, no le queda más que alquilar un taxi que le ofrece llevarlo por carretera hasta su destino, eso sí, cobrando una suma increíble en euros.
El taxista, un senegalés que permanece en Europa con documentos falsos, no cree en esos caducos valores de la cultura occidental, pero está dispuesto a trabajar en el Viejo Continente con tal de mantener a su familia, que paradójicamente está en la pobreza por las deficiencias estructurales que dejó el colonialismo en su continente.
El camino atravesando la Europa central, ya desconocida por él (el médico y el taxista), le hace descubrir una faceta que no conocida y le hace recuperar la fe en la vida. Una nube de ceniza les cubre omnipresente el cielo.
Las fiestas con más arraigo en el país pasan, necesariamente, por la cocina y de ahí hacia la mesa. La Navidad, el Día de Todos los Santos y la feria patronal poseen aromas y sabores característicos que significan mucho más de ser una mera alimentación. El caso de la Semana Santa no es la excepción, e incluso puede ser la festividad con más sabores de todos las celebraciones guatemaltecas.
Para la Semana Santa, una amplia gama de sabores y olores inundan la tradición guatemalteca. Desde el inicio de la Cuaresma, el Miércoles de Ceniza, el olor a corozo empieza a aromatizar con sensaciones entre dulces y amargas; este olor define bien este tiempo religioso, que tiene momentos dulces (como la instauración de la Eucaristía y la Resurrección) y amargos (como la muerte de Jesús).
La comida tiene un componente religioso. De ahí, que hace algunas décadas, antes del Concilio Vaticano Segundo, la Iglesia Católica recomendara evitar ciertas comidas, como la carne roja, en todos los días de la Cuaresma y Semana Santa. Ahora, se ha flexibilizado esta práctica, considerada como un dominio del espíritu sobre lo material, y se recomienda no comer carne sólo Miércoles de Ceniza y Viernes Santo; quizá, algunos más severos, recomiendan no comer carne ningún viernes de Cuaresma.
De estas restricciones, aunado con los sentimientos de estos días de conmemoraciones, se combina con la cotidianidad de la comida. Y ante la costumbre de no comer carne, y unido a los productos de la época, la tradición ha mantenido algunas comidas que a lo largo de los años se han especializado y se han convertido en verdaderos manjares.
La comida, además, trasciende lo meramente religioso, ya que algunas comidas se consumen ya sin importar la religión o, si bien, la familia es creyente y habitual practicante de los preceptos de la Iglesia Católica. COMIDAS CEREMONIALES
Aunque existen muchas costumbres -en una Guatemala multi e intercultural-, tradicionalmente se reconocen en todo el territorio algunos platillos que se consumen habitualmente en la mayor parte de los centros urbanos del país.
Virsa Valenzuela, ama de casa y practicante por algunos años de comidas tradicionales del país, además de tener el título de cocinera profesional tras años de estudio, refiere algunos detalles de estas comidas. Ella enumera entre las tradicionales las torrejas, el bacalao a la vizcaína, los garbanzos, el dulce de tomate, las empanadas de leche y el curtido, entre los que considera los más representativos.
Además, explica Valenzuela que hay comidas que permanecen a lo largo de todo el año, pero que surgen en cada fiesta. Por ejemplo, los tamales, habituales en los sábados, pero que en días de fiesta se hacen con más ingredientes, sobre todo en Navidad. O, por ejemplo de la época, los molletes, que se encuentran en días de feria, pero que surgen con más costumbre en la Semana Santa. Otro ejemplo es el de las pacayas envueltas en huevo, que permanecen durante todo el año, pero que se actualizan en Semana Santa. SIN RECETARIO
Valenzuela explica que estas comidas comúnmente se transmiten de generación en generación. Las recetas usualmente no se encuentran en Internet ni en recetarios, y las que en esas fuentes se encuentran, probablemente no tengan el “sabor tradicional”.
De hecho, según comenta la cocinera entrevistada, habrá platillos que no llegan a ser lo que se considera que son, porque lo valedero, en esta comida, es el sabor casero. Por ejemplo, está la controversia de las torrejas y los molletes, que por las diferentes variantes algunas personas no quedan conformes con lo que prueban fuera del seno familiar.
Las recetas se transmiten por medio de la madre o de la abuela, quienes a veces dejan un recetario escrito a mano en un cuaderno; otras veces, no. Las indicaciones sólo se dan por medio oral, y las medidas de los ingredientes son una incógnita, ya que muchas cosas son “al cálculo”.
Valenzuela también ofreció algunas recetas propias de cómo realiza las comidas, sin que éstas tengan un tinte comercial, y más bien ofrece la preparación para que se adquiera el rico sabor casero. (VER RECETAS)
DIFERENTES TRADICIONES
Según nuestra cocinera entrevistada, otro rasgo que distingue a las comidas de Semana Santa es que en diferentes puntos del país se tienen variantes, según las condiciones de los productos que se encuentran en las localidades.
Valenzuela tiene la suerte, dice, de provenir de familias de diferentes puntos del país; de padre nacido en Jutiapa, y de madre de San Juan Ostuncalco, Quetzaltenango, la riqueza que ha podido obtener de esta fusión es bastante buena.
Inicialmente, probó cocinar torrejas, cuyo origen es de Jutiapa. La dulzura de la panela y la técnica de lo envuelto en huevo revela ciertos detalles de cómo es la tradición culinaria del oriente del país.
Posteriormente, probó con los garbanzos en dulce, tradicionales del occidente del país, que son endulzados con azúcar, no con panela.
Pero, en realidad, la comida no puede establecerse con precisión sus orígenes, y la movilidad humana del país ha provocado que se consuman estos platillos en cualquier punto de la nación.
COMIDAS CON SIGNIFICADO
Las comidas, según la cocinera profesional entrevistada, no son simples alimentos que se consumen sólo porque sí. Cada una tiene su significado, que lo dan los sabores tienen.
El curtido, por ejemplo, que se consume tradicionalmente el Viernes Santo, pero que también queda para el Sábado de Gloria, tiene ese sabor agridulce para conmemorarse la muerte de Cristo.
De acuerdo con Valenzuela, los ingredientes básicos del curtido son: remolacha, coliflor, repollo, zanahoria, ejote, güisquil, arveja y pacaya, todo picado y mezclado con vinagre, yerbas (tomillo, laurel, clavos), sal y punto de azúcar.
Del mismo modo, el bacalao a la vizcaína, uno de los platillos más cotizados en esta época del año, tradicional en Viernes Santo para sortear la restricción religiosa de la carne roja.
El Jueves Santo, también, día en que se recuerda la Última Cena y la instauración de la Eucaristía, que de acuerdo con la Iglesia Católica es uno de los días más importantes, en realidad es un día “dulce y de mucho amor”, en palabras de Valenzuela, y por ello es tradicional comer torrejas, tradicionales de oriente, o dulce de tomate, garbanzos en dulce o pan especial, tradicionales de occidente.
EN FAMILIA
Pero más que la propia comida, gran parte del significado lo da la reunión en familia, porque estas comidas no son para comer en solitario. Que políticamente esta semana esté declarada como un descanso obligatorio, permite a la familia reunirse y degustar de los alimentos, por lo que, más que un simple comer, es una convivencia.
Valenzuela recuerda que en estas fechas se recuerda la Última Cena de Jesús, y que el mismo redentor quiso compartir de una forma especial la cena pascual con sus amigos más allegados.
“Jesús dio su propio cuerpo en la Última Cena; el cocinero también, al prepara, da parte de uno mismo y eso se hace con amor”, comenta Valenzuela, al explicar que estas comidas son de convivencia y de compartir.
En fin, esperamos que estas letras le hayan despertado el apetito, y le deseamos buen provecho en esta Semana Santa.
PRIMERA RECETA Pescado fresco a la vizcaína
INGREDIENTES
3 libras de filetes de pescado
2 libras de tomate
4 onzas de alcaparras
4 onzas de aceitunas
1 libra de cebolla
2 latas de chiles pimientos o chiles frescos pelados
perejil picado
pimienta y sal al gusto
PREPARACIÓN
Pelar los tomates y licuarlos con la mitad de alcaparras y un poco de perejil.
Las cebollas se cortan en gajos y se fríen en aceite hasta que queden acitronadas.
Se les agrega el tomate, las alcaparras, las aceitunas y los chiles pimientos.
Se deja hervir hasta que se consuma un poco.
Sazonar con pimienta.
Se le añade el pescado que previamente se ha cocido con sal, cebolla y ajo.
Servir con perejil picado encima.
Si se compra pescado seco, es conveniente remojarlo desde el día anterior y cambiarle el agua varias veces. Antes de añadirle sal al recado, probar si en realidad le hace falta.
SEGUNDA RECETA Torrejas de Jutiapa
INGREDIENTES
12 molletes medianos
6 a 8 huevos
2 cucharadas de harina
2 panelas canela clavos pimienta gorda pasas
PARA REMOJAR
2 tazas de leche canela en polvo
4 cucharadas de agua
1 cucharada de vainilla oscura
PREPARACIÓN
Mezclar los ingredientes que son para remojar.
Partir cada pan por lo largo.
Humedecer cada pan con la mezcla.
Colocar en cada pan tres pasas.
Batir las claras a punto de nieve; mezclarles después las yemas y dos cucharadas de harina.
Envolver cada mitad de pan y freírlas en aceite.
Cuando ya estén envueltos, dejarles caer agua caliente para eliminar el sabor de aceite.
Deshacer las panelas en agua caliente; hay que tener cuidado, porque la panela se sube con facilidad.
Cuando hierva, añadir clavos de olor y pimienta gorda y colar.
Acomodar los panes en una olla y dejarles caer la miel de panela y agua.
Colocar una raja de canela y dejar hervir a fuego lento por una hora, con la olla medio tapada.
Si se consume el agua de la miel, no añadir agua fría ni al tiempo, sino que agua caliente.
TERCERA RECETA Empanadas de manjar
INGEDIENTES PARA LA MASA
1 libra de harina de trigo
1/2 libra de harina de maíz
4 huevos
10 onzas de mantequilla
achiote
azúcar glas
PARA EL MANJAR
1 litro de leche
canela en raja
1 huevo
3/4 tazas de azúcar
1/2 taza de fécula de maíz (maicena)
PREPARACIÓN DEL MANJAR
Hervir un litro de leche con canela y colar.
Bajar la temperatura y añadir los 3/4 de taza de azúcar.
Agregar un huevo.
Mezclar continuamente 1/2 taza de maicena, esperar a que hierva y retirar del fuego.
PREPARACIÓN DE LA MASA
Se disuelve la bolita de achiote en agua.
Mezclar las harinas.
Cremar la mantequilla con el azúcar.
Cuando se vea que han formado una parte cremosa, añadir los huevos, el agua de achiote y las harinas.
Amasar hasta formar una pasta manejable.
Estirar y formar las empanadas.
Rellenar con manjar y pasas.
Colocarlas en latas engrasadas.
Hornear a 350 grados Fahrenheit entre 20 y 25 minutos.
Espolvorear las empanadas con azúcar glas.
NOTA Con este manjar, las empanadas quedan riquísimas con el sabor casero de una tarde en casa de la abuelita. Como es natural, hay que comerlas pronto. Si se desea que el manjar se conserve por más tiempo, debe cuartearse un poco la leche, saborizar con vainilla y añadir más maicena.
CUARTA RECETA Garbanzos
INGREDIENTES
2 libras de garbanzo
Bicarbonato
Azúcar
canela
PREPARACIÓN
Cocer el garbanzo con una cucharadita de bicarbonato por 45 minutos.
Cuando ya estén suaves, sacar del fuego y dejar enfriar toda la noche.
Al día siguiente, lavarlos y quitarles la cáscara.
Prepararles miel con azúcar, canela y agua.
Echarles los garbanzos y ponerlos a cocer por veinte minutos.
FOTOS
1. Virsa Valenzuela tiene varios años de preparar la tradicional comida de Semana Santa. En la gráfica, en la preparación del curtido.
2. El mollete, un postre que aparece en varios momentos de las fiestas de Guatemala.
3. Ingredientes para la preparación de garbanzos, molletes y torrejas.
4. La preparación del curtido de la Semana Santa; cada ingrediente tiene su forma especial de cortarse, como la coliflor, que debe separarse con cuidado cada pequeña flor.
5. Ingredientes frescos, listos para convertirse en deliciosos platillos.
La Quema del Diablo, que en Guatemala la celebramos el 7 de diciembre, desde hace algunos años ha tenido algunos "peros" sobre todo por una revisión ambientalista, que observa que con esa tradición se eleva la contaminación.
Seguramente, los grupos ambientalistas tienen razón en que es una actividad contaminante. Sin embargo, ante el arraigo que tiene la tradición -sobre todo porque marca el inicio de la temporada navideña- han propuesto otras opciones, como quebrar una piñata en forma de diablo, hacer una fogata con linternas o reciclar el material que se usaría para quemar.
Para el caso viene siendo lo mismo, porque esta tradición esconde un objetivo profundo que es muy necesario para la psique humana. La Quema del Diablo en nuestro país tiene raíces religiosas católicas. Se lleva a cabo un día antes de la fiesta de la Inmaculada Concepción de María, la fiesta sacra que da inicio a la temporada navideña.
Según algunos, la Quema del Diablo sirve para "iluminar" las vísperas de la fiesta de la Concepción, y otros consideran que, más bien, su objetivo es "limpiar" la casa de lo malo, que es simbolizado a través de la basura.
Sin embargo, esta fiesta católica guatemalteca tiene su parangón en otras culturas y religiones. Por ejemplo, en las culturas nórdicas, con raíces vikingas, realizan una actividad parecida (aunque no en la misma fecha); la comunidad construye una barca ligera y en ella disponen todas las cosas que se quieren "dejar atrás". Luego, se prende fuego y se lanza a alta mar.
Las honras fúnebres en las culturas orientales, por ejemplo, consisten en construir pequeños barquitos con el retrato del fallecido, y, tras prenderle fuego, se pone sobre el río a navegar corriente abajo.
En esencia, estas tradiciones tienen en común la necesidad del ser humano de hacer una revisión de lo malo (o lo que le hace daño, o lo que quiere olvidar) antes de iniciar un nuevo ciclo. Para la Iglesia Católica, el adviento y la Navidad es el inicio de su ciclo, aunque éste no coincida con el inicio del calendario gregoriano.
La purificación previa a iniciar un nuevo ciclo es de vital importancia, filosóficamente hablando, ya que la eliminación de lo malo permitiría que cosas buenas ocupen ese espacio, y así se renueva también la vida.
En Guatemala, actualmente, atravesamos por un ciclo en que cohabitan en nuestra sociedad muchas cosas o personas malas. El narcotráfico, el crimen organizado, la corrupción, los delitos de cuello blanco, feminicidios, contaminación, calentamiento global y un largo etcétera de delitos de alto impacto, de los cuales sería bueno hacer una revisión, y si es posible meterlos en esa piñata con figura de diablo (o en un barco vikingo) y quemarlos. Pero en la realidad no es fácil.
Yo sé que muchos habrán pensado que la piñata en forma de diablo, en realidad debería tener forma de algún político específico; de hecho, hay algunos hábiles piñateros que lo hacen.
Pero, haciendo eco de las recomendaciones de los ambientalistas de no quemar fantoches ni basura (y eso incluye a nuestros más polémicos políticos), sí considero que no es necesaria la contaminación, pero la revisión esencial de lo malo de nuestro país sí sería un enorme paso para empezar un nuevo ciclo.
Ahora que la mayoría de "nuestras" autoridades se van a un "merecido" descanso tras "trabajar" por nosotros, ¡ojalá! que también le entren a este tipo de reflexión, y de a poco empecemos a eliminar cosas malas. Quizá sea una ingenua esperanza, pero no hay que perder la fe de que, algún día, podamos eliminar a nuestros chamucos.
Personalmente, estoy en desacuerdo con esas personas que creen que todo tiempo pasado es mejor y que viven quejándose de la pérdida de las tradiciones. Fundamentalmente, porque creo que si una tradición se perdió, es porque no se preservó y que, como los tiempos cambian, también las condiciones que se dan para que una actividad se realice año con año.
Por ejemplo, la preparación del fiambre para el 1 de noviembre, me parece que es una de las tradiciones más ricas, tanto cultural como culinariamente, de nuestro país. Sin embargo, si estimamos el precio del fiambre, podríamos pensar que de a poco más familias se desestimulan de hacerlo.
Recientemente, asistí a una obra de teatro que se basaba en que los espectros y espantos de nuestras leyendas de antaño (es decir, el Sombrerón, la Llorona y compañía) intentaban asustar a dos jóvenes, pero éstos, por no conocerlos, no sentían temor. La moraleja de la obra era que, irremediablemente, se estaban tirando al olvido al Cadejo y a las ánimas, y todo por culpa nuestra, porque no queremos conocerlos. Al menos, ése fue el mensaje que me quedó a mí.
Quizá para algunos, este mensaje sea correcto. Pero, antes de continuar, se me olvidó mencionar que, como parte de esta obra de teatro, la Siguanaba salía como una parodia del programa “Laura de América”, y que, al final, todos los actores participantes bailaron, muy ad hoc al tema, la canción de Thriller, del ya finado Michael Jackson. Esto me pareció contrastante con el mensaje, porque si, precisamente, nuestras leyendas están quedando a un lado, es por la globalización de la cultura y por la pérdida de vigencia de los mensajes.
Pero vayamos por partes. En este ensayo, pretendo analizar las razones (más no quejas ni llantos) por las cuales los personajes de nuestras leyendas están perdiendo vigencia.
SUSTRATO INDÍGENA
Nuestro sistema “legendario” y de “espectros”, vale la pena recordarlo, fue cimentado en tiempos coloniales. Las autoridades de la moral, es decir, los gachupines y la Iglesia Católica, se valieron de recursos populares para catequizar a la población. De esa forma, se establecieron los nacimientos, las posadas, las pastorelas, las procesiones, las danzas y otras formas de transmisión de valores.
Sin embargo, la trascendencia de estos recursos se basó en que se retoma el sustrato indígena para hacer llegar el mensaje. Quiero decir, pues, que las estrategias culturales más efectivas fueron las que se “parecían” a las tradiciones prehispánicas.
En ese sentido, quizá nuestras leyendas más famosas tienen su sustrato indígena, con su transculturización española, componente que básicamente ofrece la moraleja. Por ejemplo, la Siguanaba, cuya raíz etimológica viene del k’iche’ (Siguan, barranco, abismo; Waná, hermana, y B'a, espectro), retoma una figura prehispánica.
Otra figura es El Sombrerón, que en realidad es una homologación del Tzitzimitle, palabra con raíz etimológica del náhuatl. En su sustrato prehispánico, debió de haber sido una especie de espíritu travieso, pero en su transculturación asumió características occidentales. Es decir, era diestro en el arte de la caballería, tocaba guitarra española y era carbonero.
La mayoría de estas leyendas no tienen exclusividad con Guatemala, sino que se pueden encontrar sus rastros en toda Mesoamérica, e incluso, en la región andina.
Ése es el caso del Cadejo, por ejemplo, o bien, la Llorona, que tiene una fuerte tradición en México, y hay estudios que aseguran que su leyenda surgió a raíz de una historia real entre una mujer indígena y un español que habría participado en la Conquista de los aztecas.
Esta leyenda, además, tiene una fuerte carga simbólica, ya que la Llorona está obligada a buscar a su hijo, supuestamente nacido y posteriormente abandonado, en sitios de agua. Simbólicamente, el agua puede significar el útero materno, por lo que la leyenda daría pie, al menos metafóricamente, a pensar en que el niño no fue abandonado, sino abortado.
Estas leyendas, junto a otras como la de los Rezadores de la Recolección, la de los cheles del chucho o la Tatuana, cuyas características son más cercanas a la tradición española, han logrado trascender, precisamente, por su fuerte carga simbólica, y no por pertenecer a un conocimiento demasiado local, por ejemplo, como las leyendas que intentan explicar por qué se forma el Xocomil del lago de Atitlán, ya que para comprender esto hay que estar ahí.
Esto fue bien comprendido por Miguel Ángel Asturias (1899-1974), ya que identificó que en nuestros mitos regionales había universalidad, y por ello tuvo éxito con Leyendas de Guatemala (1930), su primer libro literario.
Vale señalar, también, que las leyendas “extranjeras” que sobresalen y que nos llegan hasta nuestros días, como la del conde Drácula y la del doctor Frankenstein, que nos hablan de los deseos de la inmortalidad, comprensible desde cualquier óptica antropológica y cultural.
Pero, pese a esta universalidad, existen factores por los cuales ahora nuestras leyendas están perdiendo vigencia.
EL FACTOR GLOBALIZADOR
Para acallar algunas críticas sobre mi supuesto desconocimiento de tradiciones y leyendas, quiero contar que yo crecí en el Barrio Moderno, en la zona 2 de la ciudad capital. Es decir, al puro pie del Cerrito del Carmen, donde, decían, se aparecía el Sombrerón. Yo todavía alcancé a escuchar a los cuenteros que se sentaban en las graditas de las casas, en las noches de mucho calor, para relatar las historias de espantos.
De ahí, de primera mano, yo temblaba de miedo cuando me contaban que al pobre Chepe, por andar de trasnochador, se le apareció el mismísimo Sombrerón, y por eso pasó cinco días en cama, reponiéndose del susto.
O de lo que le pasó a Margarito, un ebrio consuetudinario, que se le apareció el puro Cadejo, el malo (porque hay dos o tres, nadie sabe con exactitud), y desde entonces dejó de chupar.
Lastimosamente, hoy día ya no se dan esas condiciones para contar ni mucho menos para creer en estas historias. En primer lugar, ya no es posible, al menos en la ciudad capital, el estar reunidos tan vulnerables en torno a un viejito. La inseguridad se ha tomado las calles, y éstas ya no son espacios de socialización.
Por otra parte, cuando yo escuchaba estas historias, aún no había explotado el negocio de la televisión por cable, ni había nintendos, apenas uno que otro niño tenía Atari, y las computadoras, por aquellos años, sólo eran exclusividad de los bancos, la Empresa Eléctrica y el Ministerio de Finanzas. Por ello, no existían todos esos motivos para quedarse o enclaustrarse dentro de la casa.
En cambio, ahora, es todo lo contrario. La televisión por cable o el Internet nos cuenta otras historias de terror, quizá más impactantes que aquellas que cuentan lo que le pasó a alguien que, por curioso, se puso unos cheles de chucho, o de quien aceptó una candela o fémur de unos rezadores.
Asimismo, Internet, o más específicamente Google y Wikipedia, nos pueden explicar muchas cosas, y ya hoy día es difícil dar atol con el dedo con estas historias de miedo. Esto produce que nuestras sociedades y nuestra ideología sea, lastimosamente, más cínica, porque la moral encuentra en las explicaciones razonables un motivo para ser desechadas. Si no, que lo digan algunas figuras públicas y políticas de nuestro país, que aseguran que no hay forma de demostrar la “reconocida honorabilidad” de una persona.
LA FALLIDA MORAL
Desde los inicios del pensamiento moderno, con Sócrates, la moral formó parte de las preocupaciones de los pensadores. Obviamente, la capacidad del ser humano de discernir entre el bien y el mal es quizá la característica fundamental que nos empezó a diferenciar de los animales irracionales. Claro está, que hablo del ser humano de hace milenios, porque ahora hay diferencias abismales entre la bestia y la persona.
En consecuencia, nuestros sistemas políticos y sociales tendieron a convertirse en sistemas morales, es decir, a establecer condiciones mínimas preestablecidas de lo que está bien y de lo está mal. He ahí que las principales religiones del mundo dieron inicio con el establecimiento de normas, como los Diez Mandamientos del sistema judeocristiano, y por consiguiente, occidental.
Sin embargo, estos sistemas de a poco fueron perdiendo sus justificaciones científicas y, en cambio, se exigía que se aceptaran las normas como dogmas. El ejemplo que rápidamente se me ocurre es, siempre, de la tradición judía, en la cual estaba establecido, incluso, con qué mano había que limpiarse luego de defecar. La izquierda, por supuesto (y para quien no lo sabía). Esto era explicable con las razones de que no tenían papel de baño, ni jabón, ni cubiertos para comer, por lo que debían preservar una mejor higiene para la mano que más se usaba (la derecha). Claro está, que esto seguramente fue establecido por un diestro y no por un zurdo.
Así como esta norma, el sistema moral judío estaba fundamentado en razones de peso, pero, si no mal recordarán, fue Jesús quien se enfrentó contra este sistema moral, que había perdido su justificación científica y que se exigía que se aceptara como Ley de Dios. “El hombre es para el sábado, y no el sábado para el hombre”, justificó en una ocasión, cuando le preguntaban que por qué sus discípulos no respetaban el descanso “obligatorio” del séptimo día.
Pero volvamos a lo nuestro. Sucede, pues, que si analizamos con atención, nuestras leyendas tradicionales se basan en sistemas morales que hoy día no tienen mucha vigencia y que las condiciones tecnológicas impiden que se den.
ANÁLISIS
Creo no sorprender a nadie si digo que la leyenda de la Siguanaba estaba dedicada a los hombres lujuriosos. Este espectro se aparece sólo a los hombres que caminan solos, cerca de barrancos o espacios abiertos, pero sobre todo a los donjuanes. Es decir, a los promiscuos o infieles.
O el Sombrerón, dirigido contra la coquetería de las mujeres, que aceptaban el cortejo de cualquier hombre, sin el consentimiento de los padres. O contra el aborto o el abandono de los bebés, el cual era el pecado de la Llorona. O contra el alcoholismo, el cual era combatido por el Cadejo.
O los Rezadores de la Recolección y la de los cheles del chucho, que condenan la curiosidad malsana, o la Tatuana, que probablemente procede de una leyenda con sustrato gitano español, más cercano a las leyendas de la Inquisición europea, y que condenan la brujería.
El sistema moral de las sociedades premodernas se transmitía a través de la tradición oral. Por ejemplo, en nuestro caso, durante la época colonial, no había medios de comunicación masivos tan efectivos, y fue a través de estos relatos que se lograba transmitir qué era lo bueno y qué era lo malo.
Con el siglo XX, esa función la fue tomando la televisión, que se encargó (y encarga) de definir lo moralmente aceptable. Ya de nada sirve la Siguanaba, sino basta con ver los programas de “Laura de América” en que se castiga implacablemente al adúltero, y se le conduce a los Tribunales de Justicia, a pesar de que no se conoce de ningún caso de condena formal en contra de alguno de ellos.
Por ejemplo, otro cambio de visión es que el alcoholismo es hoy día considerado una enfermedad, y no una mala costumbre, por lo que el Cadejo no podría lograr lo que con mucho esfuerzo logran los Alcohólicos Anónimos.
O querer convencer contra el aborto con la leyenda de la Llorona, sobre todo porque hay un fuerte movimiento feminista que exige la legalización de esta práctica como parte de los derechos de las mujeres.
Todo esto ya lo sabía Oscar Wilde (1854-1900) desde hace más de un siglo, al publicar El fantasma de Canterville (1887), en donde la moderna familia estadounidense Otis, se burla del castillo embrujado en donde un fantasma se esfuerza para asustarlos con manchas de sangre en el piso, que son combatidas con el detergente más poderoso y más caro del supermercado.
En cambio, otros “mitos urbanos” están más enfocados en mantener ese sistema moral, como aquella leyenda que dice que si te emborrachas con mujeres que no conoces y que intentas enamorar, amaneces al otro día con un fuerte dolor de cabeza, durmiendo sobre hielo y sin uno de tus riñones. Es como fusionar al Cadejo con la Siguanaba.
Las últimas décadas del siglo XX estuvieron marcadas por varios hechos históricos, pero sobre todo tecnológicos. La sociedad guatemalteca recién salía de su adormecimiento al cual fue condenada por la castración de la libertad de expresión y su iniciativa durante la guerra interna, y la entrada a la globalización fue un fuerte golpe, al cual no le costó acostumbrarse.
Y es que, según las teorías de Karl Marx, los cambios en la infraestructura (es decir, la tecnología y los modos de producción), son mucho más rápidos que los cambios en las ideologías, y que ésta se ve transformada con los avances de la ciencia. O sea, que las nuevas tecnologías van transformando nuestra forma de ver la vida, y no al revés, que la tecnología es producto de la ideología, como a veces se suele pensar.
De un momento a otro, las emisoras de radio empezaron a proliferar, y la televisión de pronto se convirtió en un gran negocio. La era digital mostraba avances cada vez más asombrosos, como esas grandes computadoras que prometían una gran revolución, o los juegos de video, como el Atari, le quitaban el sueño a los niños que estaban acostumbrados a sólo jugar arrancacebolla.
Los revelados de fotos empezaban a ofrecer sus servicios de menos de 48 horas, y la apertura de los videoclubs se dispararon, ofreciendo películas sin mucho interés. Estamos en la década de los ochenta, cuando Guatemala estaba encaminándose al retorno democrático, y he aquí una crónica del nacimiento, vida, reproducción y muerte de la tecnología que nos deslumbró y nos ha cambiado la vida.
VIDEOS, CINE Y TELEVISIÓN
Para la primera mitad de la década de los ochenta, los canales de televisión se esforzaban por conseguir todas esas series de moda que causaban furor en Estados Unidos. Claro, la programación estaba más diversificada, aunque probablemente tampoco representaba un meganegocio.
El estatal Canal 5 sembraba en el inconsciente colectivo del guatemalteco con sus panfletos, que aún hoy día pueden ser coreados sin titubeos: “Mamá me han contado que eres un buen soldado”, canción que hacía a los niños cuadrarse, sin saber por qué.
Por la poca capacidad económica de poder costear los programas de moda, había más producción nacional. El tradicional programa Campiña, con todo y Taco y Chalío, era uno de esos pocos programas que realmente unían a la familia, como fue la utopía inicial de la televisión. Venga con Chalo Venga, y los eternos Mentes Santas, ¡ASÍ SE CONTESTA! y Cuestión de minutos, ofrecían contenido nacional.
La Liga española era un evento lejano, y a nadie le importaba si se contrataba en el Real Madrid a Cristiano Ronaldo, a Hugo Sánchez o a cualquiera. Aquí lo único que contaba era ver en dónde jugaría Oscar La Coneja Sánchez, porque eso aseguraba que el equipo sería competitivo.
Como parte del retorno democrático, las estrategias del mercado se encaminaban cada vez más en atraer a los jóvenes, como clientes potenciales, y por ello, se aprovechó la explosión de la industria del video clip para crear programas en torno a esa temática; Musicales del Trece, que hace referencia a este canal que tenía, entonces, poca audiencia, creaba verdadero furor en las horas vespertinas, sobre todo cuando transmitía infinitas veces los videos del ahora finado Michael Jackson, o la conmoción que causaban los videos de Queen, especialmente el escandaloso I want to break free, en donde salían vestidos como mujeres, dando pie a la proyección del movimiento gay lésbico.
De a poco, el gusto empezó a refinarse, sobre todo por la inclusión de la llamada televisión por cable, hoy día tan común como los celulares. Antes de ello, ver programas de otros países sólo era potestad de familiar suficientemente ricas para poder comprar una antena parabólica. Sin embargo, el cable vino a conquistar, poco a poco, el gusto de la gente.
También los videoclubs empezaban a adquirir películas para rentar, gracias a los también ya accesibles videoreproductor. Por el momento, no había vendedores de películas pirata en la Sexta Avenida, e, incluso, no se atormentaba con el (ahora denominado) delito de copiar sin autorización del productor una película.
Sin embargo, los videoclubs apenas podían ofrecer películas viejas, ya que los estrenos aún continuaban siendo potestad de las grandes salas de cine: Lido, Capri, Lux, Aries, y los entonces lujos Capitol.
La concepción hoy día es diferente. La televisión ofrece mayor diversificación de su programación, y la piratería de películas afecta al negocio de las salas de cine, que deben ofrecer, ahora, otros servicios, como comodidades especiales, o visiones en tercera dimensión.
La televisión, frágil y sin mucha programación, es ahora hasta criticada por su poder político y por el tácito monopolio.
En cuanto a los videocasetes, se han convertido ya en uno de los cuantiosos cadáveres de la era digital, sobre todo por la venida del DVD y del Blue Ray, además de YouTube y otras formas de ver programas por Internet.
WALKMAN, KCT Y LP
Recientemente, acaba de cumplir 30 años de vida -si es que aún viviese- el walkman. Este aparato fue una verdadera revolución cultural. Anteriormente, ya había radiograbadoras que operaban con baterías. Sin embargo, las dimensiones eran enormes, y la bulla, quizá, molesta. En los inicios de los ochenta, se veían personas con grandes radiograbadoras montadas sobre sus hombros, para hacer la música portátil, pero eso no era muy cómodo.
Con el walkman, la música empezó a ser portátil y personalizada. Aunque, también, ello tuvo costos sociales, como la abstracción del ambiente de las personas que se desvanecen al tener sus audífonos puestos.
Claro, con el walkman, también proliferó el cassette, que ya existía anteriormente, pero que no había desarrollado todas sus posibilidades. Tal es el caso del famoso regalo entre enamorados, en que alguien le daba a su persona amada un cassette con la “música romántica favorita para que pienses en mí”, como decían las leyendas de esas formas de almacenaje musical.
Claro, las posibilidades de grabar era muy escasas, sobre todo porque no todos tenían el equipo de sonido capaz de grabar de disco de vinil a cassette, y los aparatos de doble cassettera aún no habían sido inventados. Por tanto, la opción más factible era grabar las canciones de las radios, para crear colecciones personalizadas.
Por supuesto, las radios también se enfocaron mucho en esa nueva población joven que proliferaba. Las emisoras de radio de noticias o de marimba iban desapareciendo, para dar paso a emisoras más frescas que alternaran a Vicky Carr, José José y Roberto Carlos, con la nueva música de rock en inglés que empezaba a invadir su mercado latinoamericano, como Bon Jovi o Deff Lepard.
El cassette también ofrecía una mejorposibilidad a los discos de vinilo, que se rallaban con facilidad, y que en costos era hasta cuatro veces mayor. Claro, hoy día, tanto los cassettes y los discos son otros cadáveres más. Éste murió con el disco compacto, quien también está muriendo, junto con los cassettes, con la nueva tecnología digital, el MP3, el iPod y otras formas de almacenamiento electrónico, propiciado por las computadoras.
COMPUTADORAS Y MÁQUINA DE ESCRIBIR
El único contacto que, en la década de los ochenta, se tenía con las computadoras, era ese recibo de la Empresa Eléctrica que venía con perforaciones que representaban los 1 y los 0 de la computadora que emitía ese documento de pago.
Fue hasta finales de los setenta, en Estados Unidos, que la Apple empezaba a ver las posibilidades de la computadora personal. “¿Quién quiere una computadora personal? Te aseguro que no se venderá”, le decían a Steve Jobs, fundador de la Apple, las personas a quienes acudía para financiamiento.
El tiempo le dio la razón a Steve Jobs. Y dinero. Mucho dinero por su idea.
Total es que ver una computadora personal en la década de los ochenta era un verdadero lujo. Pero tenerla, no aseguraba nada. De hecho, casi no servía, y se limitaba su uso para expertos.
En la década de los noventa, las computadoras empezaron a ser más comunes, como esas -ahora odiosas, pero entonces- amadas 486, que operaban sin disco duro ni memoria RAM. Para hacerla funcionar, era necesario andar con un juego de por lo menos diez disquetes, para ingresar, primero, al sistema operativo DOS, y poder hacer más de algo.
En esos tiempo, todo programa cabía en un disquete de 1.44 megabytes, lo que hoy día es casi nada. Hay documentos en Word, o fotografías en jpg que son más grandes que eso. Y antes de esos disquetes, estaban aquellos de 5 ¼, aún peores por su tamaño.
Los disquetes, así como los discos de vinilo, era muy frágiles, y se arruinaban con facilidad. Era necesario llevarlos en cajas especiales, y cuidarlos como si se llevaran figuras de cristal.
Por entonces, los programas Word Perfect y Professional Write, daban una opción para la escritura rápida, dando avisos de la muerte de la máquina de escribir.
Pronto, las computadoras personales incluyeron discos duro, cada vez más y más grandes, memorias RAM y dispositivos de almacenamiento, tan grandes, que en una pequeña USB ya es capaz de tener la misma cantidad de información que cabría en 200 disquetes.
¡Qué tiempos aquellos! Príncipe de Persia, uno de los juegos más asombrosos para computadora, cabía en un disquete. Hoy, el disquete, ese juego y las máquinas de escribir, son cadáveres de la era digital.
VIDEOJUEGOS
Las computadoras también permitieron la entretención, como los ya mencionados juegos. A principios de los ochenta, hubo una especie de computadoras, bastante específicas, que ofrecían exclusivamente juegos, como pinpón electrónico, juegos de tanques y el popular Pac-Man, esa criaturita que se alimentaba de puntos titilantes, huyendo de los fantasmas del pasado, y que obtenía el éxito si acababa con todos los puntos (como buen mensaje del consumismo convulsivo).
Uno de las consolas más populares fue el aún recordado Atari, que consistía en un control de una palanca y un botón. Poco a poco, estos juegos de video se han ido haciendo más y más complejos, ofreciendo opciones como el Nintendo y el PlayStation, que llegan ya a niveles de poder captar el movimiento del cuerpo para poder jugar.
FOTOS BLANCO Y NEGRO
En las últimas semanas, grupos organizados de fotógrafos han realizado protestas en las calles y avenidas de la ciudad de Guatemala, porque con el nuevo documento de identificación -que sustituye a la cédula de vecindad-, se ha puesto fin (qepd) a los comercios de fotografías tamaño cédula.
Ya habían dado avisos cuando se eliminó el antiguo formato de la licencia de conducir, y con el nuevo pasaporte, los cuales captan la fotografía digital. Sólo la cédula de vecindad les permitía su última trinchera.
Como víctimas de la era digital, los fotógrafos agremiados no se resignan a tener que buscar formas innovadoras de atraer a la gente para tomarse fotografías de estudio. Aunque para ello, también deban luchar con la explosión de las cámaras digitales, que cada vez son más sofisticadas, pero a la vez amigables con el usuario.
La fotografía, anteriormente, era sólo cuestión de expertos. Practicar como aficionado la fotografía representaba dilapidar mucho dinero en rollos arruinados y fotografías limitadas a tomar 12, 24 o 36, únicamente. Hoy día, los flashazos surgen por centenas, ya que no hay problemas en tomar malas fotografías, simplemente se eliminan a la hora de revisarlas.
De esa forma, los revelados de fotografía también han reducido sus ventas, ya que antes se estaba obligado a revelar todo un rollo, aunque sólo una foto sirviera. Ahora, las fotos que se revelan son contadas y especiales.
Desde aquellos lejanos inicios de la década de los ochenta, en tiempos en que se había convocado a una Asamblea Nacional Constituyente para redactar una nueva Carta Magna en un Congreso que carecías de tablero electrónico, hasta hoy día, en que todo parece haber cambiado, menos los conflictos políticos, la sociedad guatemalteca observa las formas culturales de manera diferente: el cine, la televisión, la música, la fotografía, etc.
Nuestras sociedades, cada vez más enclaustradas en su propio hogar debido a la excesiva violencia, deben equipar sus hogares de mejor manera para no morir de aburrimiento. Una sociedad que no sabe explicar a dónde va ni de dónde viene, pero que tal vez sí sabe identificar los cambios sufridos a través de la tecnología, sobre todo con los maravillosos avances de la era digital.