Don Juan de Palomeque, el célebre personaje que inicia las aventuras en “Los nazarenos”, la novela de José Milla y Vidaurre, supo casi de inmediato el poder del Cristo de Esquipulas. El peregrino había viajado con un buen equipo de caballos y mulas y muchas provisiones para pedir a la imagen que recuperara su visión, a cambio de una cadena de oro puro que pondría a sus pies. La maestría narrativa de Milla exponía a Palomeque como un ser ruin y que no merecía ningún favor.
Don Juan trataba de perro a su esclavo negro, lo cual iba despertando antipatías contra el ciego. Al llegar a los pies del Cristo Negro, tras un largo peregrinaje, recuperó la visión casi tan solo ofrecer la cadena al milagroso Jesús crucificado de Esquipulas. Sin embargo, en cuanto se fue de regreso para la ciudad capital, empezó a burlarse de la imagen, y aducía el milagro, no al Moreno, si no a su cadena. Una corazonada le dijo que buscara en su bolsillo derecho, encontró la joya ahí. Con un grito de espanto, se dio cuenta que el Cristo Negro había deshecho el trato, devolviéndole su cadena, y él, quedando ciego de nuevo.
Más allá de la fantasía literaria de Milla, es indudable que el culto del Cristo Negro de Esquipulas ha trascendido las fronteras guatemaltecas. Hoy, cuando se está celebrando la festividad de la imagen, miles de peregrinos, desde México, El Salvador y Honduras, sin olvidar a los creyentes guatemaltecos, acuden a solicitar algún favor a la Basílica en aquel municipio de Chiquimula.
La Quema del Diablo, que en Guatemala la celebramos el 7 de diciembre, desde hace algunos años ha tenido algunos "peros" sobre todo por una revisión ambientalista, que observa que con esa tradición se eleva la contaminación.
Seguramente, los grupos ambientalistas tienen razón en que es una actividad contaminante. Sin embargo, ante el arraigo que tiene la tradición -sobre todo porque marca el inicio de la temporada navideña- han propuesto otras opciones, como quebrar una piñata en forma de diablo, hacer una fogata con linternas o reciclar el material que se usaría para quemar.
Para el caso viene siendo lo mismo, porque esta tradición esconde un objetivo profundo que es muy necesario para la psique humana. La Quema del Diablo en nuestro país tiene raíces religiosas católicas. Se lleva a cabo un día antes de la fiesta de la Inmaculada Concepción de María, la fiesta sacra que da inicio a la temporada navideña.
Según algunos, la Quema del Diablo sirve para "iluminar" las vísperas de la fiesta de la Concepción, y otros consideran que, más bien, su objetivo es "limpiar" la casa de lo malo, que es simbolizado a través de la basura.
Sin embargo, esta fiesta católica guatemalteca tiene su parangón en otras culturas y religiones. Por ejemplo, en las culturas nórdicas, con raíces vikingas, realizan una actividad parecida (aunque no en la misma fecha); la comunidad construye una barca ligera y en ella disponen todas las cosas que se quieren "dejar atrás". Luego, se prende fuego y se lanza a alta mar.
Las honras fúnebres en las culturas orientales, por ejemplo, consisten en construir pequeños barquitos con el retrato del fallecido, y, tras prenderle fuego, se pone sobre el río a navegar corriente abajo.
En esencia, estas tradiciones tienen en común la necesidad del ser humano de hacer una revisión de lo malo (o lo que le hace daño, o lo que quiere olvidar) antes de iniciar un nuevo ciclo. Para la Iglesia Católica, el adviento y la Navidad es el inicio de su ciclo, aunque éste no coincida con el inicio del calendario gregoriano.
La purificación previa a iniciar un nuevo ciclo es de vital importancia, filosóficamente hablando, ya que la eliminación de lo malo permitiría que cosas buenas ocupen ese espacio, y así se renueva también la vida.
En Guatemala, actualmente, atravesamos por un ciclo en que cohabitan en nuestra sociedad muchas cosas o personas malas. El narcotráfico, el crimen organizado, la corrupción, los delitos de cuello blanco, feminicidios, contaminación, calentamiento global y un largo etcétera de delitos de alto impacto, de los cuales sería bueno hacer una revisión, y si es posible meterlos en esa piñata con figura de diablo (o en un barco vikingo) y quemarlos. Pero en la realidad no es fácil.
Yo sé que muchos habrán pensado que la piñata en forma de diablo, en realidad debería tener forma de algún político específico; de hecho, hay algunos hábiles piñateros que lo hacen.
Pero, haciendo eco de las recomendaciones de los ambientalistas de no quemar fantoches ni basura (y eso incluye a nuestros más polémicos políticos), sí considero que no es necesaria la contaminación, pero la revisión esencial de lo malo de nuestro país sí sería un enorme paso para empezar un nuevo ciclo.
Ahora que la mayoría de "nuestras" autoridades se van a un "merecido" descanso tras "trabajar" por nosotros, ¡ojalá! que también le entren a este tipo de reflexión, y de a poco empecemos a eliminar cosas malas. Quizá sea una ingenua esperanza, pero no hay que perder la fe de que, algún día, podamos eliminar a nuestros chamucos.