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sábado, 28 de noviembre de 2009

¿Y la cantante calva?



A pesar de que este mundo se vuelve más globalizado, y que el inglés (aunque sea a nivel técnico) se ha vuelto comprensible en casi cualquier punto urbano del globo terráqueo, la Humanidad aún no se salva del problema de la incomunicación, y seguimos sintiéndonos solos sin poder expresar nuestros sentimientos para que alguien los comprenda.


La escena puede ocurrir en un autoservicio de cualquier “restaurante” que no ofrece calidad, sino rapidez.


- Por favor, ¿podría decirme qué oferta tiene hoy? –pregunta el automovilista, ante una bocina sin rostro humano.

- Espere un momento –responde la bocina; 48 segundos después está lista (la bocina) para responder –por el momento sólo le ofrezco el menú del día a 25.

- ¿No estaba a 20? –pregunta con una mezcla de ilusión y sentimiento de engaño (el aviso comercial le había informado que valía eso y no 25).

- No, esa promoción ya no la tenemos… fue el mes pasado –responde la bocina, sin ninguna empatía.

- Y, ¿cuál es el menú de hoy? –pregunta el consumidor.

- Hoy, martes, está de oferta el menú de pollo.

- ¿No podría ofrecerme el del jueves, el de costillas…?

- No, ésas son el jueves. Hoy es martes –responde sin emoción.

- Bueno, deme el pollo de todos modos.

- ¿Agrandado? Sólo cuesta 2 más.

- Mhhhh…, bueno, está bien –responde sin mucho convencimiento.

- ¿Algo más a su orden? ¿Algún pastelito o bebida para acompañar?

- Mhhhh, no, muchas gracias.

- Está bien, entonces son 30, pase a vent…

- ¿Tiene desayunos todavía? –pregunta el consumidor automovilista cortando a la bocina.

- Ya no tenemos, dejamos de servirlos a las 11 de la mañana, y son las 11:20 –justifica la no existencia de desayunos, sólo 20 minutos después de haber despachado el último paquete frío, preparado, indistintamente, una noche antes.

- Entonces, solamente.

- Pase a ventanilla…


El consumidor con ruedas avanza.


- Buenos días, ¿en qué puedo servirle? –pregunta la voz ahora con rostro que se visualiza en la ventanilla.

- Señorita, ya había pedido, era un menú…

- Disculpe, no es a usted –interrumpe al cliente (que no por ello tiene la razón), señalando el aparato comunicador, haciéndole entender que está hablando con otro cliente, por la bocina despersonalizada. Tras 3:38 minutos, la señorita está lista para atender de nuevo a su cliente frente a ella.

- Me pidió el menú de camarones, agrandado, ¿verdad?

- No, le pedí el de pollo, normal, el de 20 –responde un poco molesto, ya que se da cuenta de que no obtuvo lo que pidió.

- Ése le cuesta 25, ¿algo más a su orden? –reitera la señorita.

- ¿Desayunos no tiene, verdad? –insiste.

- Mhhhh, déjeme ver… ARTURO, ARTURO, ¿TODAVÍA TENEMOS DESAYUNOS? Fíjese que no. Disculpe. ¿Una bebida para acompañar?

- Mhhhh, ¿tiene té frío?

- Sí, pero le tarda cuatro minutos, ¿está bien?

- Entonces deme un café mejor.

- 35 por todo. ¿Tiene NIT o es consumidor final?

- Mejor no me dé factura.


A pesar de que ésta refleja una escena cotidiana, y que se reitera infinidad de veces en cualquier ciudad urbana del mundo, podemos ver que bien podría ser una parte de una obra del llamado teatro del absurdo, o, para ser específicos, de La cantante calva, la obra maestra de Eugene Ionesco, quien esta semana habría cumplido los cien años de vida (si es que estuviese vivo).



La cantante calva, estrenada en 1950, la obra fundacional del Teatro del absurdo, en la que Ionesco, junto a otros autores, como Samuel Beckett, se dan cuenta de que la Humanidad está sufriendo por trampas hechas por sí misma, como la incomunicación o las falsas esperanzas.


Ionesco, que el jueves pasado habría cumplido cien años, supo explicar mejor que nadie cómo sufría la sociedad (sobre todo la del primer mundo), especialmente en la posguerra. Supo comprender que pasamos por la vida sin lograr comprendernos, y que nuestro mundo interior no podrá ser comprendido.


La idea le surge cuando Ionesco (rumano de nacimiento, francés por filiación) intentó aprender inglés. De ahí pudo observar algunos de los problemas de la incomunicación.


Leer la obra pudiera ser un proceso extraño, quizá incomprensible. Sin embargo, presenciarla en el acto, y observar los gestos de los buenos actores, es una de las experiencias más ricas que puede ofrecer las tablas.


La trama trata sobre nada. Una pareja, al principio, habla sobre cualquier cosa, enfrascándose en juegos del lenguaje. Posteriormente, se suma otra pareja, una criada y hasta un bombero, quien recuerda a la cantante calva, preguntando por ella, sin que ésta tenga relación con lo que les preocupa.


Al final, todos terminarán dando vueltas por el escenario, pronunciando textos descontextualizados, sin relación uno con otro, y poco a poco una fuerza, como un remolino, los atrae para sí, sin que tengan escapatoria.


Antes, hubo otros intentos de mostrar lo absurdo de nuestra existencia, como Alfred Jarry, que propuso a Ubú Rey como el personaje típico que se preocupa por sí mismo, sin importar lo demás. También, Miguel Mihura, dramaturgo español, había propuesto Tres sombreros de copa, que también raya en los diálogos y situaciones absurdas, pero que por ser incomprendido en su época, su obra termina estrenándose posteriormente a las obras de Ionesco y Beckett, a pesar de que la escribió 20 años antes que éstos.


Pero el objetivo de este artículo es celebrar a Ionesco, considerado el padre del Teatro del absurdo, la obra que revolucionó el teatro mundial. A pesar de que su propuesta tiene casi 60 años, aún tiene mucha vigencia, porque el problema de la incomunicación sigue siendo una constante, sino es que peor ahora que hace medio siglo. De vez en cuando, alguna compañía se arma de valor y de mucho talento para representarla por Latinoamérica. Si tiene esa suerte, vaya a verla… será una experiencia que le tocará la vida.



viernes, 25 de enero de 2008

Balam (final)

Escena novena

(Se apaga la música y se encienden las luces paulatinamente. Todos los personajes principales aparecerán sin sus investiduras de batalla. Sólo BALAM conserva aún las plumas. Todo el CORO se encuentra alrededor del trono. BALAM, sentado sobre éste, tiene la cabeza baja oprimida por sus manos. BATZ entra llorando desconsoladamente por la derecha. BALAM al escuchar los quejidos levanta la cabeza.)
BALAM.— ¿Qué ha sucedido? ¿Dónde se encuentra tu alegría que tanta falta me hace en este momento?
BATZ.— Balam, vos mejor que nadie debés saber que no todo en esta vida es alegría. En cuanto a mi llanto, debo decirte que se debe a una de las mayores desgracias que ha ocurrido al pie de estos azules y altos montes. Pero, mejor miralo por vos mismo. (Por la derecha entra QUEJ cargando el cuerpo sin vida de TIXL. Lo coloca al centro del escenario.)
BALAM.— ¿Qué ha ocurrido?
QUEJ.— Que nuestro querido hermano, glorioso nieto de los ahuehuetes, Tixl ha muerto defendiendo nuestra amurallada ciudad.
BALAM.— Pero, ¿acaso nuestros dioses se han olvidado de nosotros?
ICBOLAY.— (Aparece por la derecha.) Vos mejor que nadie sabés que las guerras no son justas, y que muchos grandes hombres y mujeres(4) han muerto en ellas. (BALAM se lanza saltando en cuatro patas sobre TIXL y llora enterrando la cara en su pecho. Silencio prolongado para provocar mayor tensión.) Además, no son las únicas noticias malas. (BALAM se repone y se pone de pie.) La comida se acabó por completo. Incluso, ya hemos comido hasta nuestra ropa.
BALAM.— (Camina en cuatro patas en círculos por todo el escenario.) Pero debemos seguir luchando. (Al CORO.) Odio verlos ahí con tanto temor, y sobre todo con hambre. He aquí un hombre que dio su vida y su muerte por la libertad de nuestra amurallada ciudad. Si lo conocí como ciertamente sé que lo hice, sabría que Tixl quisiera dar más por su pueblo, hasta su última gota de sangre. Así que, aquí (Señalando a TIXL.) tienen su alimento. Devórenlo sin escrúpulos, porque ustedes saben que esta muerte debe tener un saldo positivo para el pueblo. (El CORO, con la mirada perdida, se abalanza a empujones hacia TIXL, y se lo llevan por la izquierda.)
ICBOLAY.— ¿Pero, qué te sucede? Acaso no te das cuenta de la realidad.
BALAM.— Claro que sí; y la realidad me ha mostrado que mi mejor guerrero está muerto.
QUEJ.— Ahora hablás en singular, cuando es la costumbre de nuestros abuelos hacerlo en plural. Yo siempre he sido el portador de la palabra, sea ésta buena o mala, y he de decirte que en tus palabras ya no se denota el sentimiento de que eres pueblo.
BALAM.— Claro que no soy pueblo. ¡Yo soy su líder!
BATZ.— El pueblo ya no ríe. El pueblo sufre. Ni siquiera puede cubrir sus necesidades básicas, las físicas como comer, ni las espirituales como reír.
BALAM.— A veces hay que sacrificarse...
ICBOLAY.— Debo hacerte una última advertencia. Has roto tu destino, y éste concluirá trágicamente si no recapacitas. No te has dado cuenta que desde hace mucho tiempo hemos estado devorándonos entre nosotros. Y hoy es la muestra última, que hemos arrancado a mordidas la carne y el espíritu de nuestro hermano Tixl. ¿Hasta dónde puedes continuar? (Se apagan de golpe las luces, pero sin sonar aún la música triste.)
BALAM.— (En oscuridad.) Ya no puedo continuar.
Escena décima
(Se encienden las luces paulatinamente. BALAM está arriba del escenario. El CORO y QUEJ se encuentran muertos esparcidos por todo el escenario. ICBOLAY sale por la izquierda y BATZ por la derecha. Ambos con la cabeza baja. Caminan hacia el centro del escenario, ven hacia el público, y se arrodillan vencidos. BALAM baja, con la cabeza agachada sale por la izquierda, y camina hacia el centro del escenario; se coloca entre BATZ e ICBOLAY. Cae violentamente de rodillas. GONZALO entra galopando como un caballo triunfante. Empieza a sonar fuertemente la música triste. GONZALO, después de unas cuantas vueltas jubilosas por todo el escenario, se coloca detrás de BALAM. GONZALO se para y le quita una por una las plumas a BALAM, reteniéndolas en la mano. Ríe estrepitosamente. Al tener todas las plumas, se acerca al público, y lanza las plumas al aire. Se apagan las luces. Y la música suena más alto.)
TELÓN
FIN DE BALAM
4 Pon atención, querido director, y date cuenta de que, si Icbolay fuera mujer, este párrafo tendría una gran carga emotiva.

jueves, 24 de enero de 2008

Balam (4/5)

Escena séptima
(Se apaga la música y se encienden las luces paulatinamente. La mitad del CORO se halla como pollos acurrucados alrededor del trono de BALAM. La otra mitad, está mirando desafiante hacia la derecha. BALAM se encuentra en la parte de arriba. QUEJ entra por la derecha. Al verlo, BALAM baja al centro.)
QUEJ.— Valiente varón, varón de Zaculeu, dueño de los azules y altos montes, Balam, Kaibil Balam, astuto estratega. Te traigo las últimas noticias de nuestros ejércitos.
BALAM.— Habla, por favor, veloz Quej, que corre igual que el viento trayendo las nuevas buenas y malas.
QUEJ.— La batalla ha seguido igual. Nuestros dioses no han permitido que nos hagan daño; sin embargo, los dioses de los Hijos del Sol tampoco han permitido que nosotros podamos agredir a sus protegidos. (Entra TIXL.)
TIXL.— (Habla como si continuara el párrafo anterior.) Así es valiente rey de los mames. Nuestro pueblo ha sabido defender nuestra poderosa ciudad.
BALAM.— Entonces que alguien me explique la actitud de éstos. (Señala al CORO que está alrededor del trono. Reptando por la izquierda, entra ICBOLAY.)
ICBOLAY.— Recuerda, poderoso rey, que en la guerra no sólo es importante atacar o defender. También debes seguir proveyendo seguridad y bienestar a tu pueblo. Por si no te has dado cuenta, hemos dejado nuestras actividades cotidianas para centrar nuestra total atención en la guerra. Y sabes cuáles son las consecuencias.
BATZ.— (Gritando desde adentro.) Yo sí la sé... (Entra por la izquierda.) Se acaba la comida.
BALAM.— ¿Cómo es posible?
ICBOLAY.— Ya no hemos producido, y no es imposible salir a abastecernos.
QUEJ.— ¡Claro!, si nos tienen rodeados.
BALAM.— Pero debemos seguir. La libertad de nuestro pueblo es primero.
ICBOLAY.— ¡Claro que es primero! Pero no es lo único.
BALAM.— Debemos seguir. Todos, a sus puestos de combate.
(La luz se apaga de golpe, e inicia la música triste.)
Escena octava
(Se apaga la música y se encienden las luces paulatinamente. Suena el tun. Tres cuartas partes del CORO están acurrucados alrededor del trono de BALAM, en donde está sentado éste. Parece que BALAM se encuentra un poco fastidiado por la actitud de éstos. El resto del CORO permanece desafiante y de pie, viendo hacia la derecha. BATZ entra por la izquierda.)
BATZ.— (Viendo alrededor del trono.) ¿Y éstos?
BALAM.— (Viendo al horizonte.) Callate, que hoy no estoy para bromas. (QUEJ entra dando saltos de venado por la derecha.)
QUEJ.— Valiente varón, rey de los mames, vos que gobernás desde la cima de tus azules y altos montes, te traigo dos nuevas: una buena y otra mala.
BALAM.— (Rugiendo desde su trono.) ¡Qué dices! Habla ya, astuto Quej.
QUEJ.— La noticia buena es que al parecer nuestros dioses han decidido luchar en nuestro favor en la batalla, y han mandado la peste a los ejércitos de los Hijos del Sol, y han disminuido en número.
BATZ.— ¡Vaya! Al parecer no son tan valientes.
BALAM.— (A BATZ.) ¡Otra vez! (A QUEJ.) Y, ¿cuál es la mala?
QUEJ.— La mala noticia, valiente varón, es que finalmente nos hemos quedado sin comida.
BALAM.— Y supongo que por eso, nuestro pueblo se haya aquí acurrucado; porque tiene hambre.
ICBOLAY.— (Saliendo por la izquierda.) Al fin estás pensando consecuentemente.
BALAM.— Pues, si comida quieren, comida tendrán. (Empieza a quitarse sus investiduras de guerra, principiando con su collar de elotes. Se queda únicamente con su taparrabos. Lanza una por una sus investiduras en forma violenta hacia el CORO que está acurrucado. Éstos se lanzan vorazmente hacia las investiduras, especialmente hacia el collar de elotes, devorándolo con grotescas mordidas. BALAM únicamente conserva sus plumas.)
TIXL.— (Entrando por la derecha.) Balam, Kaibil Balam, valiente varón, tenés visitas... (Sin esperar ser anunciado, entra GONZALO, con andar de caballo y visiblemente enfermo.)
GONZALO.— Oh, valiente varón. Ahora veo que la fama que tenías entre los k’iche’s no era falsa, y que tu epíteto de astuto estratega no ha sido otorgado en vano. Veo que has conducido muy bien nuestro enfrentamiento. Déjame decirte que hemos recibido una señal de Dios, Nuestro Señor, quien nos ha enviado la peste, como muestra de que ya no quiere que sigamos peleando. Así que he venido a plantearte nuevamente tu rendición, para que se cumpla nuestro destino, tú como vencido, y yo como vencedor. Además, es harto sabido que tu pueblo no tiene comida. Con tu rendición, obtendrán la libertad para producir su alimento.
BALAM.— A pesar de que estás muriendo, aún pides nuestra rendición.
GONZALO.— A pesar de que tienes hambre, aún quieres seguir luchando. (Se congela la escena. La luz se apaga paulatinamente, e inicia la música triste.)

miércoles, 23 de enero de 2008

Balam (3/5)

Escena quinta


(Se apaga la música y se encienden las luces paulatinamente. El CORO ha formado un semicírculo al fondo del escenario. Algunos de ellos cargan las investiduras de guerra de los personajes. TIXL observa desde la izquierda, mientras que BALAM, BATZ, QUEJ e ICBOLAY se encuentran en el centro del semicírculo. Suena el tun.)
(Mientras sigue sonando el tun, el CORANTE que tiene las vestiduras de guerra de BALAM se pone al centro al igual que éste; el ritmo debe ser cadencioso y ceremonial; investirá a BALAM; asimismo, en su orden, seguirán QUEJ, ICBOLAY y BATZ. Al quedar los personajes principales investidos, caminarán armónicamente hacia el centro; luego, se les unirá TIXL. Los cinco observarán con pasión y valentía al público; incluso, deberán buscar entablar contacto directo con los ojos de algunos espectadores. Iniciarán los diálogos, siempre buscando las miradas, con tono desafiante.)
BATZ.— Al pueblo, pan y circo, pero, sobre todo, libertad.
CORO.— ¡Sí!
ICBOLAY.— Cuando las palabras no cambian la historia, hay que luchar por la transformación.
CORO.— ¡Sí!
QUEJ.— Si nuestro sino es trágico, debemos usar nuestra tragedia para que el pueblo se beneficie con ella.
CORO.— ¡Sí!
TIXL.— De qué sirve la lucha, si esta no trae libertad para nuestros hijos.
CORO.— ¡Sí!
BALAM.— Por la vida y por la libertad; ¡por una vida en libertad! (El CORO empieza a aletear eufórico alrededor de los héroes. BALAM, después de un tiempo, se dirige al CORO) ¡Calma! (El CORO deja de aletear. A TIXL.) Informe de guerra...
TIXL.— Ocho mil hijos de la montaña dispuestos a que ésta permanezca libre para nuestros ojos.
BALAM.— ¿Venceremos?
ICBOLAY.— Venceremos. (La luz se apaga de golpe, e inicia la música triste.)
Escena sexta
(Se apaga la música y se encienden las luces paulatinamente. BALAM en su trono. ICBOLAY, BATZ y TIXL en posiciones desafiantes que caractericen a su animal símbolo. QUEJ entra por la derecha.)
QUEJ.— Balam, Kaibil Balam, nieto de los ahuehuetes, tenés visita. El hijo de la Puerta del Sol pide audiencia ante vos.
BALAM.— Que pase. (GONZALO entra por la derecha, con ademanes de caballo.)
QUEJ.— Gonzalo de Alvarado, comandante de los ejércitos de ultramar. (BALAM salta del trono, y cae en cuatro patas con actitud agresiva. GONZALO se pone de pie; después, BALAM.)
GONZALO.— Valiente varón, Balam, excelente estratega. Ante ti se presenta don Gonzalo de Alvarado, que viene de parte del Rey de la Puerta del Sol. (Los héroes indígenas adoptan una posición de batalla.) Como tú sabes, hemos rodeado tu fortificada ciudad, dejando a tu pueblo sin escapatoria. Debo advertirte que mi Dios se ha molestado mucho contigo, ya que no permites el progreso de tu pueblo. Debes saber que hemos sido escogidos, como pueblo legítimo de Dios, para gobernar en tus tierras; Él nos conducirá como hizo con los hebreos contra las murallas de Jericó. La destrucción y la fatalidad para tu pueblo son inminentes. Tu muerte y la de tu nación será el destino, y te advierto que no dejaremos piedra sobre piedra. Sin embargo, nuestro Dios, al igual que nuestro Rey y que nuestra gente, tiene aún misericordia. Por tal razón, vengo a ofrecerte tu pacífica rendición, para evitar un derramamiento inútil de nuestra sangre.
BATZ.— (Irónico.) Disculpa nuestra humildad, pero creo que vos ni siquiera has intentado atacarnos. (Los actores adquieren una postura más relajada.)
BALAM.— ¿Qué te hace creer, valiente varón, que puedes llegar a vencernos? De la misma forma, nuestros dioses han estado con nosotros, y confiamos en ellos para que nuestro pueblo no sea vencido, al menos en la guerra.
GONZALO.— (Se para en cuatro patas.) Al parecer les ha molestado que me haya revestido de humildad para proponerles lo que al fin de cuentas es destino. (Levanta sus patas delanteras y relincha con gran ferocidad.) Nuestro Dios es tolerante y pacífico, pero nos ha prometido la tierra, y yo no soy quién para oponerme a sus deseos. Así que si no aceptas, nos veremos obligados a luchar por nuestra hegemonía divina.
TIXL.— Al parecer tendrás guerra.
GONZALO.— Yo no la tendré; ustedes, sí.
BALAM.— Muy bien; si buscar el bienestar del pueblo es guerra, entonces la tendré. (Gritando hacia la derecha.) Alisten la salida. Nuestro distinguido visitante ya se va.
BATZ.— Sí, sí, que se vaya. (GONZALO y BALAM en cuatro patas, caminan hacia el centro, y se rodean mutuamente con miradas feroces. GONZALO sale corriendo galopando. Al salir éste, BALAM lanza un rugido, reincorporándose en dos patas.)
BALAM.— Hijos de esta ciudad amurallada, a la sombra de estos azules y altos montes, nietos de los ahuehuetes, prepárense para la guerra. (El CORO adquiere una actitud firme y guerrera, que denota mucha seguridad. Se presentan sin miedo ante TIXL, quien los conduce hacia la salida de la derecha. Antes de empezar a salir, empieza a sonar la música triste. Por último salen QUEJ, ICBOLAY y BATZ. BALAM queda solo, mientras se apagan poco a poco las luces.)

martes, 22 de enero de 2008

Balam (2/5)

Escena tercera
Música fade out y luces fade in. El CORO aparece en fila por la derecha, con la cabeza un poco baja, y el cuerpo como si estuviera llevando una carga no tan pesada. Pasea, siempre en fila, por todo el escenario, dando muchas vueltas, pasando por el centro, hasta terminar por la derecha. BALAM sale por la izquierda, y observa los movimientos del CORO.

BALAM.— ¿Qué es ese mal agüero que pesa sobre ustedes? (El CORO permanece mudo, respondiendo únicamente con gestos de decepción, como mover los hombros. BALAM gritando.) ¡Batz! ¡Batz!, vení inmediatamente. (Aparece BATZ por el balcón, y al ver lo que sucede en escena, pone cara de susto, y salta para caer en el espacio central.)
BATZ.— ¿Qué sucede? Por lo visto, señor, tu pueblo no está contento.
BALAM.— ¡A callar! Vos no sos mi consejero; hacé lo que te corresponde: entretené a mi pueblo.
BATZ.— La alegría del pueblo no es manipulable, señor. Es nada más un síntoma del bienestar popular.
BALAM.— Te repito que vos no sos mi consejero...
ICBOLAY.— (Aparece por la izquierda.) Sin embargo, tu histrión tiene razón. Debés prestar mayor atención al ánimo de tus súbditos; así serás un buen gobernante. (Las luces se apagan, y se alternarán luces de distintos colores sobre los miembros del CORO que intervendrán a continuación.)
CORANTE 1.— (Sobresale del grupo, alejándose aleteando. Sobre él una luz verde. Se dirige al público, mas no a un espectador específico.) Nuestro pueblo, fusión de varias culturas milenarias, ha asimilado componentes culturales de varios pueblos. Nuestra ciudad, nuestra hermosa ciudad, fue construida en la decadencia de una época; reverdeció; sin embargo, hoy nos encontramos en el cruce de los caminos. Fuimos, y seremos recordados como un pueblo en desarrollo; excelentes comerciantes, pero mejores guerreros; solamente un pecado: insolidaridad.
CORANTE 2.— (Sobre él una luz azul. Se aparta del grupo aleteando.) En nuestros azules y altos montes construimos un fortín a prueba de toda batalla; únicamente hay una flecha que nos toca: la desunión. Desde aquí podemos divisar al enemigo; sin embargo, preferiríamos enclaustrarnos y morir, antes de luchar cara a cara y vivir peleando.
CORANTE 3.— (Se separa de la misma forma. Sobre él, luz amarilla.) Nuestro líder, digno representante del pueblo, afronta los problemas a tun batiente. Pero le falta lo más importante: escuchar a su pueblo. Nosotros creemos en él; lo seguiríamos a donde nos enviase, sólo esperamos que él desee nuestro bien.
CORANTE 4.— (Se separa. Luz roja.) El peligro como siempre está acechando. Estamos ya acostumbrados a vivir con el miedo. Sólo hay dos opciones: lucha o mediocridad. (Las luces se encienden de golpe. TIXL aparece por la derecha, corriendo en cuatro patas.)
TIXL.— Balam, Kaibil Balam, valiente varón de los azules y altos montes, mostrá tu cara combatiente, pues tengo malas nuevas. (El CORO se reagrupa y se instala atrás de los actores principales.)
BALAM.— Cuando es necesario presento mi cara de guerrero ante vos y ante cualquiera, y ante cualquier contrariedad; no tenés por qué pedirla, yo sé cuándo debo hacerlo.
TIXL.— Glorioso guerrero, rey justiciero, no quise desconfiar nunca de tu valentía. Sólo es que, con las noticias que te traigo supongo que sabrás responder a mi pedido.
ICBOLAY.— Habla ya, a grandes problemas, iguales reacciones.
TIXL.— Seré directo. El enemigo, los hijos de la Puerta del Sol, han partido ya, desde las quebradas y profundas tierras de Chuimeneká, segunda ciudad k’iche’, con 40 guerreros luminosos montados sobre sus nahuales; otros 80 a pie, y dos mil guerreros k’iche’s, con rumbo a nuestras tierras, para enfrentarte a vos, por ser considerado traidor del rey de las tierras de la Puerta del Sol. (BALAM camina en cuatro patas de un lado a otro, con cara feroz y preocupación. Después de unas cuantas vueltas por el escenario, ICBOLAY detiene su paso, señalando al CORO, que ha observado la escena asustado. BALAM se levanta.)
BALAM.— Sabio, como vos, pocos, prudente consejero, virtuoso Icbolay. (Al CORO.) No teman, que su rey sabrá responder a sus temores. (A TIXL.) Prepará a tu ejército; supera en número a sus hombres. Emboscá al enemigo al pie de nuestros montes. (Se escucha el sonido del tun. El CORO se tranquiliza, y toma una actitud ceremonial. Forman un semicírculo alrededor de la siguiente acción.) Preparen los avatares de la ceremonia. (QUEJ entra por la izquierda con las investiduras de guerra de TIXL. Mientras tanto, BALAM y TIXL se posicionan en el centro del escenario.) El pueblo mam no se rinde. (Mientras el tun sigue sonando, BALAM murmura palabras incomprensibles al mismo tiempo que inviste a TIXL. Al terminar, con el dedo señala a la derecha y con un gesto de mandato TIXL se va en esa dirección, mientras suena la música triste y se apagan de golpe las luces.)
Escena cuarta
(Se apaga la música y se encienden las luces paulatinamente. Por medio de varias pirámides humanas, el CORO debe dar la idea de un castillo enclaustrado. En escena, además, ICBOLAY y BALAM, en el centro.)
ICBOLAY.— Me imagino, valiente varón, que habrás aprendido a escuchar a tu pueblo. (BALAM voltea bruscamente y observa las pirámides del CORO.)
BALAM.— Aún no entiendo. A veces creo que tengo la razón siempre, y que lo que yo decido, es lo mejor para todos nosotros. (BATZ entra corriendo por la izquierda, moviéndose como mono.)
BATZ.— Audaz rey, sensible líder, desde las alturas de nuestros montes, he divisado la figura fuerte y guerrera de Tixl. No tardará demasiado en llegar.
BALAM.— (Gritando hacia la derecha.) ¡Abran la puerta al guerrero! (TIXL entra trotando en cuatro patas por la derecha, sensiblemente herido. Al llegar ante BALAM se levanta con dificultad.)
TIXL.— Valiente varón, Balam, Kaibil Balam, poderoso rey de los montes altos, vengo directamente del enfrentamiento con el enemigo.
BALAM.— No hagás esperar más a mi fiero y sigiloso corazón, y decime qué ha pasado?
(Se apagan las luces, quedando sólo una alumbrando a TIXL, quien parece extraerse de la escena y se dirige a la cuarta pared, como si estuviese hablando solo.)
TIXL.— Al filo de nuestros azules y altos montes, hemos logrado sorprender a nuestros enemigos; no hubo choque directo, sino que, con base en trampas y artificios de guerra, los emboscamos, logrando matar a 40 infieles k’iche’s, ocho hijos del sol, y a tres de sus naguales, bestias de cuatro patas que han decidido acompañarlos, dejando montarse. Además, logré personalmente herir a su cacique, un tal Gonzalo de Alvarado, hombre de nívea piel y que se distingue por su ambición y agresividad, tanto en la guerra como en la paz. Sin embargo, el ataque sorpresa debió suspenderse debido a que los de la luz luminosa, pidieron a sus dioses que de sus extrañas lanzas plateadas salieran relámpagos estruendosos, hiriendo a varios de nosotros los ahuetes, entre ellos yo, como podés ver, poderoso rey Balam, Kaibil Balam. (La luz vuelve a encenderse poco a poco, y TIXL, asimismo, toma conciencia de que está en la escena.)
BATZ.— Grande y glorioso Tixl (Burlón.), es decir, que ni los truenos pueden matarte.
ICBOLAY.— Talvez el tiempo no esté acorde para ironías, apreciado Batz. Observen, y sobre todo tú, Balam, príncipe de las alturas, al pueblo temeroso. (Todos voltean a ver al CORO.)
BALAM.— ¡Pueblo insensible! Acaso no han oído que apenas nos han herido, y que nosotros hemos logrado varias muertes.
TIXL.— No te apresurés, valiente varón, ya que la huida de la batalla fue sólo precautoria, ya que son lanzas de trueno y fuego son muy poderosas.
ICBOLAY.— ¡Eso!, no te apresurés, y sobre todo, como ya te dije, observá a tu pueblo. (BALAM voltea a ver, con un gesto de incomprensión. El CORO en este momento cae estrepitosamente, desarmando la pirámide.)
BALAM.— ¿Será esto un mal sino?
ICBOLAY.— Creo que el deseo de tu pueblo es permanecer unido en la guerra; si un cae, será como ocurrió en este momento: todos caerán.
BALAM.— Estoy seguro de que, con tus consejos, no me equivocaré. (Al CORO.) Pueblo, prepárense, que a partir de esta noche nos refugiaremos en nuestra fortificada ciudad. (La luz se apaga de golpe, e inicia la música triste.)

lunes, 21 de enero de 2008

Balam (1/5)

Escenario
El escenario presentará el salón central del Palacio de Zaculeu, capital del Reino Mam. Al fondo una pared formada por grandes bloques de piedra blanca. Por la derecha del espectador, habrá una abertura que es la puerta al exterior del Palacio. Por la izquierda, otra abertura que será la entrada hacia el balcón; éste se encuentra al centro y arriba del muro. En el salón central del Palacio, habrá un trono, preferiblemente de piedra blanca, que estará revestido de una piel de jaguar. Habrá objetos que denoten un pueblo guerrero: lanzas, macanas, escudos... Todas las armas estarán hechas con roca, madera, piedras preciosas y obsidiana.
Personajes
BALAM: Rey mam. Actúa como un jaguar. Es un hombre alto, moreno, fuerte, casi llegando a los 40 años. Su temple es fiero y guerrero, aunque sus decisiones denotan humanidad. Viste un taparrabos amarillo y su cabeza está adornada con largas plumas verdes. Tiene un cetro de unos cincuenta centímetros de piedra porosa verde, que tiene incrustadas piedras preciosas. Su vestimenta de guerra es una capa con piel de jaguar y un collar hecho de maíz.
QUEJ: mensajero mam. Actúa como un venado. Rápido, sensato, noble. Hombre de unos 30 años. Viste un taparrabos anaranjado oscuro. Para la batalla se le investirá con cuernos como los de un venado.
BATZ: mezcla de bufón y de hechicero. Actúa como mono. Distraído, solidario. Aunque no es su naturaleza, defiende cuando es necesario y ataca con agilidad. Hombre de unos cuarenta y tantos años. Taparrabos negro y una capa del mismo color. Para la guerra se le investirá con una garras filosas hechas de madera, cuero y obsidiana.
ICBOLAY (1): consejero de Balam. Actúa como una serpiente. Sensato, sabio, cauteloso. Hombre de unos treinta y tantos años. Taparrabos verde. Su cabeza está adornada con pequeñas plumas negras, rojas y amarillas. Se le investirá para la batalla con una especie de casco con incrustaciones de jade.
TIXL: jefe guerrero mam. Actúa como un tapir o danta. Fuerte, perseverante y musculoso. A pesar de su juventud de unos 25 años, su sabiduría y fuerza es sorprendente. Taparrabos rojo y una lanza de unos 2 metros con punta de obsidiana. Se puede adornar sus brazos y piernas con detalles rojos y amarillos.
GONZALO DE ALVARADO: conquistador español. Actúa como un caballo. Arrogante, negligente, feroz y firme. Viste una armadura ligera de metal y ropas azules, rojas y amarillas. Tiene armas de fuego antiquísimas.
CORO: representa al pueblo mam. Actúa y viste como pájaros de diferentes colores y especies (deberá haber aves grandes y feroces como halcones, hasta pequeños como colibríes.) Comentan las acciones, intervienen en las conversaciones, pero sus opiniones no pesan. Aprueban o desaprueban las decisiones de Balam. Es importante que ellos investirán a todos los nobles mames, salvo a TIXL, para la guerra. En general, pesa sobre ellos el augurio de la derrota.
Inicia la acción.
Escena primera
Antes de descorrerse el telón, iniciará una música triste (2), que aparecerá recurrentemente. Al abrirse el telón, aparecerá el escenario descrito, con BALAM parado en el balcón, preferiblemente de espaldas. El coro estará dividido, algunos entrarán por la derecha, otros estarán en el centro del salón y otros saldrán por detrás de los espectadores. Al llegar todos al centro, caminarán sin dirección, sin verse las caras y sin toparse, simulando la vida cotidiana del pueblo. Al cesar la música, los integrantes del coro moverán sus brazos como alas y harán movimientos propios del ave que representan. Al entrar QUEJ por la derecha, se detienen y le abren espacio en el centro. QUEJ entra dando unos pequeños saltos ágiles, como un venado.
QUEJ.— (A Balam.) Valiente varón, vos que reinás cuanto ves desde tu balcón, Balam, Kaibil Balam, prestame atención. (BALAM voltea su cuerpo dando un rugido felino.)
BALAM.— Noble varón, audaz mensajero, Quej, que corrés por la selva como jugueteando con las aguas, ¿qué noticias me traés?
QUEJ.— Nuestro pueblo amigo, el reino K’iche’, ha sucumbido ante los invasores del norte, del negro norte.
BALAM.— (Asustado.) ¿Cómo? ¿Y no siguieron el consejo que les di?
QUEJ.— Valiente guerrero, astuto estratega, Balam, Kaibil Balam, Rey de los ahuehuetes. Tu consejo fue audaz y tu plan tenía augurios de éxito. Vos dijiste, vos aconsejaste que los k’iche’s se hicieran pasar como amigos del invasor, e invitar, pacífica y cordialmente, al conquistador, al invasor, hijo de la Puerta del Sol, a que junto con su ejército entraran a su territorio, y de noche, incendiar la ciudad con el conquistador dentro. Pero la sospecha y la traición previnieron a Luz en el Rostro, y mató a Oxib Queh y a Beleheb Tzi, príncipes k’iche’s.
BALAM.— (Como pensando en voz alta.) ¡Qué mal sino! (Desciende al salón central. Mientras tanto, el CORO empieza a aletear.)
CORO.— K’iche’, el Reino K’iche’ ha sido derrotado. Ya no seremos más su colonia. Nos hemos librado de la opresión k’iche’.
CORANTE 1.— Sin embargo, habrá que registrar en la historia que el glorioso reino Mam fue servil ante su opresor.
CORANTE 2.— Pero piensa. Talvez, por la decisión de nuestro jefe y Rey, Balam, Kaibil Balam, de ayudar a nuestro opresor, nos hemos librado.
QUEJ.— Yo mismo estuve en la batalla en las afueras de Xel’ hu. El príncipe guerrero Umán, Tecún Umán, peleó con gran ferocidad, hasta que su sangre tiñó el río Xequijel. Al ver este mal augurio, Balam pensó en el peligro de un invasor tan fuerte como los Hijos del Sol.
CORO.— Nuevos tiempos vendrán para nuestro pueblo, los nietos de los ahuehuetes.
CORANTE 2.— Balam complació a los dioses, y éstos lo complacieron con la emancipación de nuestro pueblo.
CORANTE 1.— ¡Cuidado! Me parece que esta historia no ha terminado.
CORO.— Nos parece que nuestra historia no ha terminado. (Dicho esto, el CORO empieza a aletear como aves de mal agüero. BALAM sale por la izquierda, acompañado por ICBOLAY. BALAM entra caminando en cuatro patas y, al llegar al centro, se para dando un salto ágil. ICBOLAY entra muy cadenciosamente, como deslizándose.)
BALAM.— (A Quej.) Quiero que me confirmés la noticia. ¿Los k’iche’s han sido derrotados? Habla, valiente varón, expresalo claramente aquí, junto a mi consejero (3) Icbolay.
QUEJ.— Los guerreros del k’iche’ han sido derrotados, y sus príncipes herederos, muertos.
BALAM.— (Al coro.) Y ustedes, ¿qué es ese mal agüero que acongoja su corazón?
CORO.— Nos parece que nuestra historia aún comienza.
BALAM.— Nada de eso. Es tiempo de celebrar.
ICBOLAY.— Tené cuidado, Balam. La derrota de nuestros hermanos no merece la alegría de nuestro corazón.
BALAM.— (Enfático.) ¡Pero eran nuestros opresores!
ICBOLAY.— (Colérico.) ¡Y vos les eras servil! (Se calma.) Además, tené en cuenta que un enemigo más fuerte está cerca, y no vaya a ser...
BALAM.— ...si se atreven a atravesar nuestras azules montañas. (Al CORO.) Celebren, celebren, que hoy, nuestros dioses se han acordado de nosotros.
CORO.— Nuestra historia está por comenzar.
CORANTE 1.— Nuestra historia aún no ha terminado.
CORO.— Nuestra historia aún no ha empezado.
CORANTE 2.— Nuevos tiempos vienen para nosotros.
CORO.— Nuevos e incógnitos tiempos vendrán para nosotros.
CORANTE 1.— Nuestra historia está por terminar.
CORO.— Nuestra historia está por comenzar. (El CORO aletea mientras se empieza escuchar la misma música triste y las luces se van apagando totalmente. Al llegar la oscuridad total, la música estará en su más alto volumen.)
Escena segunda
Luz paulatina mientras desaparece la música. El CORO se encuentra concentrado a la derecha. BALAM está sentado en su trono. A su derecha, ICBOLAY, y a su izquierda, TIXL. BATZ está al centro haciendo suertes para entretener a BALAM y a los demás; por ejemplo, puede imitar animales, suertes con fuego, malabares... QUEJ interrumpe bruscamente la función. Al ver interrumpida la función de BATZ, se acerca a BALAM dando pequeños saltos, como los de un venado.
QUEJ.— Valiente varón, rey guerrero, Balam, Kaibil Balam, el favor de los dioses aún no ha sido completo.
BATZ.— (Burlón.) No te favorecerán si seguís interrumpiendo la alegría del pueblo.
BALAM.— ¡Calla, Batz! No es momento para tus bromas. (A Quej.) ¿Qué sucede?
BATZ.— Tras caer los príncipes herederos, Tepepul, heredero del reino K’iche’ en la línea que marca el Tz’olkin, ha tomado el mando.
ICBOLAY.— Tepepul siempre tuvo envidia de tus azules montes y de tu ciudad amurallada, Balam, rey misericordioso.
BATZ.— Seguramente fue llorando tras el conquistador. (Burlándose.) ¡Buaa, buaa! Yo debo ser el nuevo rey. ¡Buaa, buaa! Hijo del Sol, déjame ser rey.
BALAM.— ¡Basta! Ningún enemigo merece el ridículo.
QUEJ.— Lamento decirte, Balam, jaguar justiciero, que Batz tiene razón; justamente fue con Luz en el Rostro y reclamó su trono, aunque no de manera tan ridícula como lo hizo Batz.
BATZ.— Es que nunca me cayó bien...
ICBOLAY.— Pero el conquistador no es benevolente. Debe de haber algo detrás...
QUEJ.— Como siempre, tienes razón, astuto Icbolay; te mueves con precaución y tus comentarios son siempre certeros. El conquistador puso una prueba de amistad a Tepepul para que pudiera gobernar; éste informó sobre nuestro reino, que estábamos sometidos al k’iche’ y que vos, rey Balam, ideaste la estrategia para acabar con el conquistador.
TIXL.— Traición... Después de que nos unimos al k’iche’ para enfrentar al invasor. Yo mismo estuve en la batalla.
BATZ.— (Con burla.) Luz en el rostro, nosotros te queríamos recibir con cordialidad, pero el pueblo mam se sublevó... Ellos tienen la culpa. ¿Los castigarás?
TIXL.— Yo mismo pude comprobar en la batalla de Xequijel que el invasor era fuerte, pero poco numeroso. Únicamente debemos temer por sus lanzas que mandan fuego y truenos.
QUEJ.— Pues, para terminar de ganarse la confianza del invasor, Tepepul ofreció dos mil guerreros para invadirnos. (BALAM salta de su silla y cae en cuatro patas, camina en círculos y se detiene bruscamente dando un grito felino. Luego se para.)
BALAM.— Tixl, a prevenirse, alistá a tus hombres y enviá dos emisarios para que puedan ver más allá de nuestros azules montes. (Con desconsuelo.) Icbolay, necesito tu ayuda.
ICBOLAY.— Recuerda siempre acudir a los dioses.
BALAM.— ¡Los dioses...! (Asustado, sale corriendo.)
CORO.— (Al ver a BALAM salir corriendo, empieza a aletear.) ¡Los dioses! ¡Los dioses! (Aletea más asustado.)
CORANTE 1.— Nuestra historia ya comenzó.
CORO.— Nuestra historia está terminando.
CORANTE 2.— Nuestra historia empieza a acabarse.
CORO.— Nuestra historia ya terminó. (Las luces empiezan a apagarse y la música triste empieza a sonar, subiendo el volumen.)
Referencias de la primera y segunda escenas
1 Querido director: te reto a que implementes este personaje en una mujer. Aunque es inverosímil para la historia, la personalidad de Icbolay está más adecuada a una mujer. Te apuesto una pluma de quetzal que al público le encantará. En este caso, usarás un vestido, de una sola pieza, verde, con el decorado en la cabeza que se describió.
2 Querido director: ¿has escuchado Noche de luna entre ruinas? Te la recomiendo para esta obra.
3 Querido director: si aceptaste el reto de hacer que una mujer interprete a Icbolay, debes cambiar el masculino por el femenino de los diálogos.

viernes, 18 de enero de 2008

Tragedias guatemaltecas

Debido a que últimamente no he tenido buenas ideas para escribir en este blog, prometo a partir del lunes de la otra semana (escribo esto un viernes), ofrecer una pequeña obra de teatro que escribí. Para no saturar mucho el espacio ni la vista de los lectores, la dividí en cinco, para que aparezca un post durante cada día.
Esa obra, que titulé Balam, es apenas la quinta parte de un proyecto de crear cinco obras de tragedia, de personajes guatemaltecos que me parecen tan conmovedores como Edipo y Antígona. Recuerdo que Federico García Lorca dijo en su tiempo que España necesitaba un teatro para llorar y reflexionar, y que la comedia tendría espacio después. Precisamente, España estaba entrando en su período más triste: el gobierno de Franco.
Veo dentro del teatro guatemalteco la oferta de comedia. No estoy en contra de que la gente se divierta, pero creo que una comedia al menos no debería ser una secuencia de chistes de gallegos, que igual se adaptan en cualquier país: en Guatemala, como huitecos; en México, como yucatecos; en Nicaragua, como leoneses, etc.
Por eso considero importante darle variedad a las obras de teatro, especialmente a las producidas en Guatemala, pues tampoco quiero negar el importante aporte de grupos como Rayuela que nos traen lo mejor del teatro mundial.
Esta obra, Balam, como les dije, es apenas una de cinco tragedias que ya tengo en mente. Balam la presenté a un concurso de obras de teatro en el 2005, pero ni siquiera ganó una mención de "qué aburrido" de parte de uno de los jurados, quienes dieron por ganadora la reflexiva y profunda comedia de salón "El chompipe de la fiesta" del renombrado dramaturgo internacional José Antonio García Urrea (lo dije con ironía, por si no se habían dado cuenta).
Como no es muy larga, mi intención final sería presentarla junto con sus otras cuatro hermanas, pero les podrá servir para darse una idea. Creo que la obra no es precisamente buena, pero al menos es una opción para salirse de lo común, aunque la tragedia sea tan vieja como la maña de leer Prensa Libre sentados en el baño.
Así que a partir del lunes esperen las primeras dos escenas (son diez escenas, de un único acto, así que serán dos diarias).