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martes, 25 de enero de 2011

Caja Negra XX 2012 de Alan Mills

El año pasado, la editorial Mata-Mata, de tiraje guatemalteco pero de capital literario latinoamericano, publicó el libro Caja Negra XX 2012, del escritor guatemalteco Alan Mills.

Según una especie de advertencia inicial en este libro, se explica que es el resultado de una novela que se perdió en un disco duro de una laptop que se arruinó. Las líneas incluidas en Caja Negra…, aparentemente, sería el resultado de lo único que se pudo rescatar de esta narración.

Ya Augusto Monterroso nos había mostrado el camino de ficcionalizar la verdad con Lo demás es silencio, libro del cual hizo creer unos años antes de su publicación que se trataba de un homenaje para un autor real, Eduardo Torres. Por un momento, engañó a algunos (y quizá siga engañando a incautos hoy día), porque el tal Torres se trataba nada más que de un personaje literario.

Es por ello que voy a suponer -porque quiero suponer- que el libro de Mills, Caja Negra…, nos quiere hacer creer que se trata de unas 34 páginas recuperadas de una novela que quizá tenía intenciones de, al menos, alcanzar las cien páginas.

Básicamente, lo quiero suponer, porque Caja Negra… es una obra de arte, y no el desperdicio, la basura, lo reciclado de algo que se había perdido.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Aquí siempre es de noche de Byron Quiñónez

La novela Aquí siempre es de noche del escritor guatemalteco Byron Quiñónez ganó el III Premio Nacional de Novela Corta Luis de Lión.

Ésta es su segunda novela, después de El perro en llamas (2008, Editorial Cultura, Guatemala; 2008, Editorial Yellow Books, Chile), y su tercer libro, siendo el primero Seis cuentos para fumar (2001, Editorial X, Guatemala; 2007, Libros Mínimos, Guatemala).

El libro se inscribe dentro de la aún incipiente novela negra en Guatemala, es decir, la novela policíaca o detestivesca, en la cual el protagonista (detective, necesariamente) sea poco ortodoxo y se acerca más al antihéroe.

jueves, 26 de agosto de 2010

DERECHOS HUMANOS: Una visión epistemológica y ética

“El Estado no puede tornarse en una red de instituciones que logren el bien común, si las personas que trabajan en él no toman conciencia de sus acciones. Pero esto exige una sociedad civil vigilante, que también haya alzado sus criterios éticos, respetando al diferente, al inmigrante, al excluido, al pobre.”
Jorge Mario Rodríguez
  Jorge Mario Rodríguez, doctor en Filosofía, presentará su libro sobre la visión ética de los derechos humanos.


Usualmente, escuchamos en la calle (o, incluso, en los formadores de opinión en los medios de comunicación), que los derechos humanos sólo sirven para proteger al delincuente, y se despotrica contra el Procurador de Derechos Humanos por defender a todos, incluido al criminal, menos a uno mismo. De acuerdo con Jorge Mario Rodríguez, necesitamos un cambio de visión en este tema, porque lo hemos venido enfocando mal. 

Jorge Mario Rodríguez es filósofo de academia y de carrera. Obtuvo su Licenciatura en Filosofía en la Universidad de San Carlos de Guatemala; posteriormente, obtuvo su Maestría en Filosofía en la Ohio University, de Estados Unidos, y, finalmente, obtuvo su doctorado en esta misma disciplina en la York University, de Canadá. Su tesis doctoral, titulada The Ethical Dimensions of Human Rights lo ha encaminado a navegar por el tema de los derechos humanos, desde una óptica ética. 

sábado, 17 de julio de 2010

Los Jueces de Arnoldo Gálvez Suárez



Arnoldo Gálvez Suárez, un autor que aún no llega a los 30 años de edad, logró ganar, en el 2008, uno de los más importantes premios de novela de la región: El Premio Centroamericano Mario Monteforte Toledo, con su obra Los Jueces. Con ello, una grata sorpresa provocó este autor, quien únicamente había publicado un libro de cuentos, titulado El tercer perfil (Editorial Letra Negra, 2005), ya que vino a oxigenar el catálogo de novelistas del país. Un año después, publica esta obra bajo el sello de Letra Negra.

La novela presenta un conflicto de actualidad, y, aunque no lo refiera propiamente en el libro, la narración podría bien desarrollarse en países como Guatemala u otros de Latinoamérica, en la cual el conflicto de la impunidad está latente.

Los Jueces tiene como trama central el linchamiento de un indigente, a quien acusan de intentar violar y provocar la muerte a una joven mujer. Alrededor de este hecho, se entrelazan las historias, todas de los vecinos de una colonia.

jueves, 8 de julio de 2010

“Dr. Fukuyama, aquí lo saluda la historia”


Álvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia, comentó que en Washington, en 2007, tuvo la oportunidad de saludar a Francis Fukuyama -aquel intelectual que se apresuró a declarar, en 1989, el Fin de la Historia, aduciendo que la Humanidad había alcanzado la perfección a la luz del Neoliberalismo.

García Linera había recibido un consejo de parte de un asistente suyo, que le sugirió saludar en tono de broma: “¿Cómo está Dr. Fukuyama? Aquí lo saluda la historia”.

Esta historia está referida en el Prólogo del libro ¿En el umbral del posneoliberalismo? Izquierda y gobierno en América Latina del doctor guatemalteco en Sociología, Carlos Figueroa Ibarra, el cual se presenta hoy por la noche, bajo el sello de F&G Editores.

viernes, 25 de junio de 2010

La pirueta: El efecto Brecht en la literatura guatemalteca


Eduardo Halfon se ha convertido en uno de los escritores simbólicos de la literatura guatemalteca actual, lo cual es contradictorio porque su narrativa se aleja mucho del canon de lo que hemos reconocido como letras nacionales. ¿Qué es literatura nacional? Eso bien podría dar para otro artículo periodístico o, incluso, un libro. Pero mi objetivo en este texto no es esto.

Decía, pues, que Halfon es uno de los escritores más mediatizados internacionalmente y que, en consecuencia, es uno de los representantes de la literatura guatemalteca. Pese a esto, no hay mucho de guatemalteco en sus páginas. Su narrativa puede tener como escenario ambientes guatemaltecos, pero no es el mismo espacio que hacía uso, por ejemplo, Miguel Ángel Asturias o los narradores del período bélico del país.

Por ejemplo, en su más reciente novela, La pirueta, es la historia de un pianista serbio, Milan Rakić, quien ofrece un recital en La Antigua Guatemala, donde conoce al narrador, un tal Eduardito o Dudú.

viernes, 30 de octubre de 2009

El espejo de Andrea Eunice Rodas


El espejo es un libro de Andrea Eunice Rodas, publicado por Editorial Universitaria a finales del año pasado. Se trata del relato ganador del "Primer Certamen Nacional de Literatura en el género narrativo de cuento (para estudiantes inscritos en universidades de la República de Guatemala)", un concurso que tuvo poca convocatoria, lastimosamente.

GENERALIDADES

El premio fue convocado y otorgado en el 2007, y un año después se publica.

El certamen iba acompañado con un concurso similar para catedráticos de universidades, sólo que en la rama del ensayo. En éste, se declaró ganador al ensayo Corrientes filosóficas que han influido en los sistemas pedagógicos contemporáneos de Olga Patricia García Teni; el segundo lugar fue para Wagner Días Chosco, con el ensayo Los laberintos de la red, y el tercer lugar fue declarado desierto.

En cuanto a cuento, el mencionado de Rodas fue el ganador; el segundo lugar fue para Eddy Roma, con el cuento Contra las cuerdas, y el tercer lugar para Jimmy Rigoberto Ramírez Ajcalón, con cuento Juyachi.

El concurso tuvo el objetivo de descubrir autores inéditos que se desarrollaran en el ámbito universitario. Eddy Roma ya había publicado un libro con la Editorial Óscar de León Palacios, pero no por ello se puede decir que es un autor consagrado. Patricia García también ha tenido cierta actividad intelectual dentro de la rama de la Filosofía, pero aún no muy conocida.

De los demás, desconozco su trayectoria.

LA EDICIÓN

El libro publicado sólo corresponde a El espejo, el cuento ganador; el libro es de 24 páginas, pero sólo doce son del cuento. Hago esta observación, porque es necesario ver cierto desperdicio en recursos, al publicar un libro donde sólo la mitad es lo puramente interesante. El resto reconoce al jurado calificador, al grupo organizador del gran evento -que tuvo poca convocatoria-, las autoridades de la Universidad de San Carlos de Guatemala, de la Editorial Universitaria, más un prólogo, quizá innecesario para un cuento tan corto.

Quienes conocen de costos de imprenta, sabrán que lo más caro es la portada; en esta edición, se diseñó con buena calidad. Creo que para las finalidades del concurso, se hubieran incluido los tres cuentos y los dos ensayos ganadores, para difundir a los autores.

A veces es odioso decirlo, pero la industria editorial en Guatemala -aunque no todos- no ha aprendido a optimizar sus recursos, y falta mucho aprendizaje en algunos temas, como la diagramación, que a veces no utiliza el mejor formato, utilizando a veces un tamaño de fuente muy grande para un lector destino bastante culto (la letra grande está dirigida a un lector infantil o de la tercera edad).

También falta mucho en la corrección y edición del texto, y sobre todo, en la publicidad.

Pese a ello, la Editorial Universitaria es una de las mejores, o quizá la mejor en Guatemala, porque es la que tiene mejor definido cuál es su público destino, por lo que le permite vender todo el tiraje, y pensar rápidamente en las reimpresiones. ¿Muy materialista mi postura? Tal vez, pero cuando se mejoren las ganancias de las editoriales, éstas podrían pensar en publicar más títulos, lo que beneficia a los autores.

EL CUENTO

Andrea Eunice Rodas es una estudiante de Ingeniería de la Universidad de San Carlos. Si el objetivo era reconocer talentos literarios, con ella se cumplió. La trama básica de El espejo es que un hombre de negocios, quien se cree imprescindible para su empresa, se está anudando la corbata, y mira en su imagen reflejada la pérdida de su esencia.

Recuerda, pues, su época como universitario, sus ideales, sus noviazgos de juventud, y los mezcla con el deterioro de su vida actual: su mala relación familiar, sus amantes, el temor que infunde en su empresa, etc.

Es decir, se narra un examen de conciencia inconsciente, el cual supongo que muchos haremos al vernos al espejo (de vez en cuando, al menos).

No creo que Rodas esté dedicada al cien por ciento a las letras, y por tanto, no creo que haya buscado una gran perfección en su cuento. Se le nota en su ortografía y su sintaxis, que no es muy pulida, pero sí logra transmitir su mensaje, y eso es mejor que quien -a pesar de escribir correctamente- no logra darse a entender.

Las tres o cuatro incorrecciones lingüísticas se pulen con un editor experto, sin mayores complicaciones, un procedimiento del cual, al parecer, no goza la Editorial Universitaria.

Andrea Eunice Rodas tiene un talento natural para las letras. En primer lugar, utiliza una narración en segunda persona, quizá la menos común en la narrativa, que opta por la narración en primera o tercera persona.

Supongo, por la naturalidad con la que escribe, que Rodas ni siquiera se planteó en escribir en segunda persona; parece que simplemente escribió y eso salió.

La narración en segunda persona es muy efectiva, porque el lector toma la narración como si alguien se lo estuviera diciendo de frente; muchas veces, el lector asimila para sí mismo la narración.

Y esto es importante para este cuento.

El espejo es un fiel reflejo de la sociedad actual. El hombre de negocios se cuestiona por su materialismo, su relativismo y la banalización de su vida actual. En contraste, recuerda su vida como universitario, el compromiso político, la guerra interna y otros fenómenos que configuraron la década de los setenta.

Se confronta, pues, un cambio de época, pero no narrando el punto de inflexión, sino que confrontando dos períodos completamente contrarios: el compromiso y la tensión política, con una sociedad banalizada y apolítica.

Este fenómeno ocurre en distintas sociedades. Por ejemplo, en Estados Unidos, tras el compromiso del movimiento hippie de la década de los cincuenta, sobrevino una gran banalización de la sociedad en los años ochenta. Me imagino que Ronald Reagan tuvo mucho que ver.

Pero tras una gran tensión provocado por el fuerte compromiso, la sociedad intenta reencauzar esa fuerza inconforme, en primer lugar banalizándola, como ocurrió con el movimiento hippie de finales de los sesenta, que habían perdido la fuerza de la Generación Beat. Después, la llegada a la Luna, adiós a Vietnam y John Travolta, y se iniciaba un período de supuesta pax estadounidense.

Los ochenta en Estados Unidos fue una de las décadas más deprimentes, sin grandes avances. Los antiguos hippies se habían insertado en las empresas (tal como le ocurre al protagonista de El espejo), y los hippies que se mantuvieron fieles al estilo de vida, fueron marginados.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Los fantoches de Carlos Solórzano


Carlos Solórzano es un dramaturgo guatemalteco, pero que ha realizado toda su labor literaria en México. En esta ocasión, comentaré una de sus obras breves, titulada Los fantoches. Trata sobre los tradicionales fantoches de México, que son una especie de piñatas con pólvora para que los niños puedan hacer estallar. Habitualmente, se quema un fantoche para semana santa que represente a Judas Iscariote, pero existen otras figuras tradicionales, como el cabezón, la muñeca, el viejito, etc.

La obra de teatro consiste en un cuarto donde se encuentran varios fantoches: una mujer, un joven, un artista, un cabezón, un viejito y un judas. Un hombre anciano es quien hace a los fantoches, y una niña escoge diariamente a uno para hacerlo estallar.

Primero escoge al azar a Judas; de forma curiosa, los fantoches ven por la ventana a ver qué pasa con él, y observan su trágico final, llenándose de angustia, y preguntándose por qué el anciano permite eso.

Al llegar nuevamente la niña, escoge desea escoger otro fantoche, pero no al azar. Todos tienen miedo de que sean los elegidos. Al final, es el artista el de la suerte. Los fantoches escuchan cómo lo hacen estallar.

Nuevamente, entra la niña y quiere escoger al azar al próximo fantoche; empieza a dar vueltas en el escenario con el dedo hacia el frente, y escogerá al que señale al dejar de dar vueltas. La niña se para y señala hacia el público.

Por las características que presenta el drama, se considera que es conveniente realizar una crítica marxista, ya que la obra denota una alegoría de la sociedad, tal como lo manifiesta en la descripción de sus personajes:

Personajes:
EL VIEJO QUE HACE A LOS MUÑECOS
SU HIJA (Niña)
LOS FANTOCHES
LA MUJER (Que ama)
EL JOVEN (Que trabaja)
EL ARTISTA (Que sueña)
EL CABEZÓN (Que piensa)
EL VIEJITO (Que cuenta)
EL JUDAS (Que calla)
Lugar: Este mundo cerrado.


En Los fantoches están representados los sectores de la sociedad que han representan al proletariado. La mujer representa a todas las mujeres; el joven, a los obreros; el artista, a los artistas; el cabezón, a los intelectuales; el viejito, a las personas de la tercera edad, y el judas, a los marginados. El viejo que hace a los fantoches es la figura de Dios, y la niña representa a la muerte. Según las visiones de cada personaje, se pueden infereir las diferentes concepciones de trabajo. El joven tiene el trabajo de golpear un tambor:

JOVEN: No hay que perder el tiempo. A trabajar. (Se sienta y se apodera de un tambor. Con este tambor, a veces sonoro, a veces sordo, expresará el latido del corazón y la naturaleza de sus emociones.)


El artista también tiene trabajo, aunque más bello, según sus palabras. Cambia los colores violetas de su traje por el rosado; al siguiente día, cambia el rosado por el violeta. El viejito cuenta papeles de colores que han quedado de los fantoches que han desaparecido por la explosión. Los guarda y los cuenta; los atesora. El cabezón tiene el trabajo de pensar, de encontrar el porqué de las cosas. La mujer, aparentemente, no tiene trabajo establecido. A media obra, pide al viejito que elabora fantoches que le dé un muñeco, para que ella lo cuide. Sólo judas no trabaja de los fantoches.

Con base en estas descripciones de trabajo, se puede establecer cuál es la estructura social que Solórzano plantea en la obra. Para el joven, el trabajo es sólo si produce ruido. Cuando discute con el artista éste le indica que lo que él hace también es trabajo, y, enojado, el joven empieza a hacer sonar más duro su tambor. La visión de la mujer es misógina dentro de la obra, ya que ésta tiene un vestido por el que se le salen los alambres, lastimando a cualquiera que se le acerque. Ella anda en busca de quién la abrace, pero nadie quiere. Ofrece besos a cambio de trabajo, pero nadie está interesado.

Sólo, ya encaminada la obra, logra que el joven se le acerque, quien, a pesar de que se siente lastimado por los alambres de la mujer, decide continuar, ya que se encuentra excitado. Fruto de esta unión, el viejo que realiza fantoches le otorga a la mujer un pequeño fantoche, el cual le proporciona su razón de ser, ya que se siente con la obligación de cuidarlo. Esta visión machista es la que fundamenta el papel de la mujer dentro de la obra.

Tanto para el joven como para el artista, el mundo debe transformarse, como dicta la teoría marxista. Sólo que, la diferencia es que, para el joven, el trabajo que transforma es el del obrero, y para el artista, por supuesto, el arte.

Sin embargo, existe en el artista una concepción de inutilidad de su obra. Cuando descubren el fin trágico que les espera, el artista expresa una propuesta, que podría representar a los artistas del Romanticismo:

Si se ha de ser nuestro fin, vamos a juntarnos todos, acerquemos a nosotros una cosa encendida y volaremos por el aire en un solo estallido, como una bomba gigantesca y todos esos como nosotros a quienes el viejo no ha puesto aún el terrible cartucho en el centro del cuerpo y mil rayas de colores y tus papeles y tu vestido con picos... Talvez ésa... es la única libertad que podemos desear.


El artista luego fue escogido para hacerlo estallar, con lo cual se denota la concepción del autor sobre los artistas en la vida real, que son los primeros en sacrificarse, y que la sociedad no los apoya.

El cabezón se debate en tratar de comprender la naturaleza de las cosas. Consciente de que debe pensar, aunque no sabe en qué, pide silencio a los demás fantoches.

Luego, el artista le proporciona una pista, ya que le dice que los fantoches han sido rellenados de un polvo, que está guardado en una caja que dice "peligro, explosivo ". El cabezón, con esto, empieza a reflexionar sobre la naturaleza de su cuerpo. Pero, al observar la explosión de Judas, los estudios, que podrían clasificarse en Biología, pasan al campo de la Filosofía, ya que empieza a preguntarse sobre el ser y sobre el porqué de la existencia.

Luego, al darse cuenta de que el viejo que hace fantoches no hace nada por proteger a sus creaciones, empieza a tratar de entender sobre la naturaleza de sus acciones (o no acciones),con lo cual, sus pensamientos se acercan más a la Teología. Por último, al darse cuenta de que en cualquier momento él podría morir, el cabezón empieza a pensar sobre su vida misma.

El viejito es, como se indicó, la representación de las personas de la tercera edad, que ya no tienen vida laboral, y que únicamente guardan recuerdos de lo que fue su vida, como en la obra que el viejito guarda papeles de colores de otros fantoches, y los cuenta varias veces.
Para el resto de los fantoches, la explosión le parece una atrocidad, pero para el viejito le parece un fin lógico, incluso necesario. Él no se aleja de la posibilidad de que la niña lo escoja para prenderle fuego; en cambio, hasta le pide que lo haga. Sus meditaciones van en torno al porqué no se le ha hecho explotar.

El Judas representa a los marginados. Entre los fantoches corre una voz de que él era un traidor o algo así; no están muy seguros de que lo sea. El viejito dice que no puede ser traidor, ya que él estaba antes de que llevaran a judas, y nunca lo vio cometer traición.

El Judas calla, no se queja y se deja llevar sin oponer mucha resistencia para que sea explotado. Indica que fue la sociedad quien lo clasificó como traidor, como malo; es decir, está marginado por los mismos fantoches, en un proceso histórico, sin saber exactamente las causas.

El viejo que hace a los fantoches se describe como un viejo sacerdote o monje, indicando que ésta es la figura de Dios, pero la que ha expuesto la religión. Dentro de la obra, Dios es un viejo sordo, que no escucha las quejas, y que no hace nada por proteger a su creación. Es cierto que ha creado a los fantoches a su imagen y semejanza, pero no por ello significa que se sienta ligado sentimentalmente a ellos.

La imagen de Dios no es lejana, pero sí es completamente inútil. El cabezón le recrimina por qué desde que se fabrica un fantoche se le instala la pólvora y el mortero que los hará estallar, indicando que desde que se nace, se está destinado a morir. La niña no es más que la muerte, tan caprichosa como un infante, y que escoge sus víctimas al azar, y no por alguna razón en especial.

En general, toda la ideología de Los fantoches podría enmarcarse en la corriente filosófica del Existencialismo. Para los existencialistas, no hay más allá que la existencia, y ésta sólo es pasajera, en cualquier momento abandona la vida del cuerpo y, se acabó, tal como sienten los fantoches.

En conclusión, Los fantoches intenta dar una visión de la sociedad, cuyos miembros, cualquiera que fuera su actividad, están destinados a un final trágico, que sólo una niña caprichosa puede otorgar. ¿Y Dios? Sí existe, pero no escucha.

FICHA
Los fantoches en Teatro breve, de Carlos Solórzano, México, Lecturas Mexicanas, 1986. 118 pág. ISBN: 968-29-0986-4


jueves, 16 de julio de 2009

El lenguaje como personaje


Ricardo Piglia es un pibe y escritor argentino; se caracteriza por su insistencia en pirar y buscar nuevas formas de novelar. Plata quemada es la reconstrucción de un golpe, historia real, en donde unos cafishos pelafustanes en Argentina, lograron robar a una institución municipal bacán, que cometía el error que cada mes, recorría cierto tramo con los morlacos en efectivo de todos sus trabajadores. Estos boludos los interceptaron, y huyeron a Uruguay con la guita.


Sin embargo, fueron perseguidos por la cana argentina, hasta rodearlos en su escondrijo, un bulín de poca monta. Por varias horas, se vivió la tensión y la bufosa sonando; los agentes no se animaba a soltar el plomo, ya que el escondite estaba en el último nivel de unos alquileres, y no podía afectar a los demás vecinos, mientras que los capos no escatimaban las balas.


Esta historia no fue chamuya; fue real, un caso bastante sonado de los meses finales de 1967; sin embargo, por la poca memoria histórica de los latinoamericanos, se olvidó pronto. Según relata Piglia, él mismo escuchó el testimonio de una de las minas implicadas, que tras salir de la cafúa, regresó a su pueblo. En el tren en que coincidieron el autor y esta ex convicta, le contó toda la historia, de la cual él recordaba algo.


La historia parecía increíble, inverosímil, y sin más atractivo que el llegar al clímax de la bufona. La escribió terminándola en 1977, pero sin mucha emoción. Sin embargo, al paso de los años, tuvo la oportunidad de reencontrarse con la historia, que le dio un giro interesante.


Durante el tiroteo de noviembre de 1967, un operador de radio intentó -como parte de la estrategia policial- contactar, a través de micrófonos, las voces de los ladrones encerrados. Con mucha dificultad, logró establecer cierto contacto, y más o menos logró identificar las voces de la barra brava. A veces, se le cruzaban en su grabación las voces de los otros vecinos del condominio.


Su esfuerzo no sirvió ni un piolín para la estrategia policial, ya que, antes de que pernoctasen, el desenlace fue mortal. Sin embargo, este operador de radio transcribió estas voces, trabajo que posteriormente encontraría Piglia. Ello le dio la oportunidad de conocer el lenguaje de estos pelafustanes.


El léxico, con que Piglia relata esta historia, es hermoso. Se respira el arrabal porteño de mediados del siglo; el grito de pucha y el color de las madreselvas. Después, un poco de mayor investigación de parte del autor, le dio la oportunidad de conocer los partes oficiales, las crónicas de prensa y hasta los informes de una terapia psicológica que un psiquiatra hizo a uno de los malevos, en una de las múltiples ocasiones que estuvo en cárcel.


La historia realmente llama la atención, pero la forma en que Piglia la relata, es insuperable. El lenguaje es el verdadero protagonista, el cual le modificó la novela, que en 1997 ganara el Premio Planeta.


FICHA TÉCNICA

PIGLIA, Ricardo. Plata quemada. Segunda edición. España: Anagrama (Colección Compactos), 2009. Original de 1977. Páginas 227. ISBN: 978-84-339-7271-2

martes, 14 de julio de 2009

El inevitable destino


Carol Zardetto publicó en este año su segundo libro, titulado El discurso del loco. Cuentos del tarot, una compilación de 22 relatos. Anteriormente, ya había publicado Con pasión absoluta; ambas publicaciones han visto la luz con el sello de F&G Editores.

Aún recuerdo con cierta pena que con Carol Zardetto habíamos pactado una entrevista para un jueves, con motivo de la publicación de su libro; sin embargo, ese día me llamó para solicitarme un cambio de fecha, a lo cual accedí, y la reagendamos para el próximo lunes.

A la cita del lunes acudió puntual; realizamos la entrevista y nos despedimos en la salida del diario. Días después, me enteré -a través de su columna de opinión en elPeriódico- que había sido asaltada justo cuando estaba entrando a su vehículo parqueado en la zona 1; por suerte, no le ocurrió nada a ella.

Esta anécdota -que podría parecer baladí- me sirve para ejemplificar mejor el contenido de este libro. Los cuentos se basan en los arcanos del Tarot tradicional; Zardetto, como si fuese una clarividente, "echa las cartas" a los personajes de sus cuentos.

Los personajes de El discurso del loco tienen en común que viven al margen de sus pasiones o de sus deseos. Como el pescador que huye de su puerto cuando muere su esposa al dar a luz (en su cuento "La Emperatriz"), o como la mujer que, tras la muerte de su madre, evita todo contacto con un hombre ("El Mago").

Sin embargo, el destino es inevitable, desde la perspectiva de estos cuentos, y aunque hagan cualquier cosa para evadirlo, terminarán acudiendo a su cita con el sino, y lo peor de todo es que serán puntuales para hacerlo. Tal como ese cambio de cita que realizara Zardetto para la entrevista, que terminó en el triste suceso.

El Tarot, en estos cuentos, es el aspecto místico que motiva la construcción de la historia. Esta práctica mágica se relaciona con la predicción del futuro, por lo que su inclusión es un acierto para la finalidad de los relatos del libro.

Quizá uno de los cuentos que mejor explica la sintaxis de este libro es "El Hierofante", en donde un padre teme por la supuesta adicción de hongos alucinógenos de su hijo. Empujado por este miedo, se introduce en el escondite de su hijo adolescente, en donde encuentra, precisamente, que tiene sembradas las setas, y decide comer uno.

Al salir de su transe, el padre cree comprender mejor a su hijo, y le contó lo sucedido: "No me extraña. Seguramente estaban allí para vos", le dijo el adolescente, refiriéndose a los hongos que ingirió, como reconociendo que del destino nadie escapa.


ZARDETTO, Carol. El discurso del Loco. Cuentos del Tarot. Guatemala: F&G Editores, 2009. 208 páginas. ISBN: 978-99939-951-0-4

sábado, 4 de julio de 2009

Ictericia social: “Días amarillos” de Javier Payeras


Hace pocos meses, el escritor guatemalteco Javier Payeras publicó su más reciente libro titulado Días amarillos con el sello editorial de Magna Terra. Ésta es su segunda novela, la cual forma parte de una trilogía compuesta por la anterior Ruido de fondo.


Días amarillos es la historia de un escritor potencial, que tiene la intención de escribir, pero antes debe sobrevivir, por lo que acepta el puesto de reportero redactor en un semanario amarillista, La Alerta.

Este semanario -en la vida real de Guatemala- ha de ser el semanario La Extra, que circula en el país, de donde Payeras se alimentó de algunas historias de la “vida real”. Sin embargo, la historia no es, principalmente, sobre la violencia, sino sobre un escritor, más bien, un poeta, condenado a vivir entre muertes horribles y noticas sobre niños que nacen con cachos de cabra y ovnis vistos en pleno centro histórico.


Este protagonista poeta intenta soportar esa condición sufrible, mientras consigue algo mejor, o mientras culmina alguna novela o poemario que lo lleve a iniciar una vida literaria. Pese a esa esperanza, se va consumiendo en la crónica diaria de una ciudad de Guatemala que cada vez es más esperpéntica.

El argumento sería ése, aunque probablemente no haya una línea narrativa cronológica definida. En realidad, la historia se va intuyendo, dadas las condiciones iniciales del trabajo de reportero de semanario amarillista, y seguirle la huella a través de un diario íntimo.


En este diario íntimo, el protagonista va describiendo líricamente su sentir; el texto roza la prosa poética, y la narración se esfuma. La cronología sólo se va siguiendo gracias a las fechas del diario.

El protagonista se va consumiendo en una sociedad indolente. “Hice tantos pactos con el diablo que lo llevé a la quiebra y a mí ya no me que alma adentro” (página 24), exterioriza para ejemplificar su condición.


Y es que, para el protagonista de Días amarillos, ya no hay muchas opciones. No es posible salir de esa vida anormal, porque de por sí ello no es viable para sus intenciones. “¿Acaso no es en sí la vida “normal” un fracaso?” (p. 23)


Se trata, pues, de un escritor que intenta sobrevivir. Como parte de las muchas reflexiones que hay en el libro, se considera la condición de los literatos en el país. “En fin, estas son puras son puras especulaciones librescas, la verdad es que nos la pasamos casi siempre sin un quinto y por eso no tenemos novias, ni el valor suficiente como para suicidarnos, así que nos juntamos a platicar de literatura para olvidarnos de lo absurdo de nuestras vidas. Y como eso es precisamente lo que yo hago, vivir de lo absurdo, veo la cosa con optimismo.” (p. 42)


“Eso nos hace sentirnos los raros, los personajes de nuestras propias historias, aunque no seamos más que estampas folclóricas o perdedores con delirios de trascendencia.” (p. 43)


Días amarillos empieza a encajar en el rompecabezas de la obra completa de Payeras. En su anterior novela, Ruido de fondo, se relataba la historia de un desempleado, también con tintes de poeta, que vagaba por la ciudad describiéndola con un lirismo negro. En su segunda novela, se enlaza por partes con la primera: “No me aburre la soledad, me aburre no saber qué hacer con tanto ruido.” (p. 44)


En sí, la ciudad es, más que el reportero amarillista, la principal protagonista. Obviamente, aunque no lo diga, es la ciudad de Guatemala, en donde reina la anarquía, según el narrador: “La ciudad es cada vez más grande, pero crece como la gordura: sin orden, sin nada, solamente grasa y desechos. Así, ¿quién puede decir que ésta no es una ciudad grande?” (p. 47)


Y, enlazándola con la violencia, leit motiv de Días amarillos, la ciudad es el escenario de crímenes que espantan, en el marco de arquitectura que aún intentan reclamar hidalguía: “Edificaciones que alguna vez lucieron la gloria de tiempos más triunfales y aristrocráticos, ahora son hoteles donde de vez en cuando descuartizan a una que otra prostituta.” (p. 49)


Precisamente, uno de los temas del libro es la indolencia ante la situación que nos ha conducido habernos acostumbrado a tanta violencia, quizá como consecuencia de una sociedad de posguerra. Las calles de la ciudad capital, principalmente el Centro Histórico, donde se desarrolla la mayoría de la capital, está llena de personajes esperpénticos, que lejos de conmover, pasan ya inadvertidos, como esos “borrachos ciegos que ya ni siquiera causan compasión.” (p. 45)


“Estamos llenos de locos. Locos vestidos de mugre que reptan por todos lados buscando algo, una bolsa con papas podridas, un cigarro a medias, un poco de alcohol o cuando menos una pasta de dientes para comérsela entera.” (p. 45)


Pero, sobre todo, la temática central juega alrededor de la ictericia, que es una enfermedad motivada por distintas causas, que básicamente tornan la piel amarilla. Le da a los recién nacidos si no toman el Sol mañanero; le da a los alcohólicos cuando sufren algunas inflamación del hígado, o, quizá, da por un fuerte enojo o por exceso de bilis.


La ictericia, más que enfermedad, es un síntoma. La piel amarilla no incomoda a las capacidades físicas; sólo es visual, y, por ende, a veces la gente no le presta atención. Al igual que a nuestro deterioro social.

La ictericia juega con el título de la novela, que bien puede referir el amarillismo del semanario del reportero protagonista, o bien la ictericia que sufre por el alcoholismo que tiene; o, también, puede ser por la ictericia que sufrimos la sociedad -sobre todo la centroamericana- por tanta violencia y porque no nos alumbra ni el Sol (metafóricamente).


Nuestras ciudades son amarillas: “Amarillo e irrespirable. Se necesitan pulmones artificiales para soportar este aire. El humo hace que las ideas aborten, hace más cansado este ir y volver sin decir o hacer nada.” (p. 33)


Al final, el reportero de La Alerta se va consumiendo entre la muerte cotidiana y el alcohol: “Me duelen los huesos, me siento cansado. Estoy amarillo, sudo amarillo, veo amarillo. Le dicen ictericia. En la clínica me dijeron que puedo durar varios años si dejo de beber y si compro el medicamento. Quiero seguir vivo y para eso necesito ser el mismo. Esta es una enfermedad de alcohólicos, de promiscuos o de vagos. Dentro de unos tres o cuatro meses el amarillo será tan café como el color de mi orina. El hígado me habrá crecido al doble y me pesará de tanto líquido retenido. Seguramente no podré caminar mucho. / Estos son los últimos días amarillos de un hombre amarillo.” (p. 88)


Días amarillos, en realidad, es una inteligente alegoría sobre la sociedad guatemalteca de la posguerra.

FICHA TÉCNICA

PAYERAS, Javier. Días amarillos. Guatemala: Magna Terra, 2009. 95 páginas. ISBN: 99939-931-6-2

lunes, 27 de abril de 2009

TRANS 2.0


En realidad, yo no conozco a Julio Serrano. Lo he visto (sí, es cierto, para aquellos que me culpen, posteriormente, de ello) dudando afuera del Megatrón, viendo si el toque está galán, y buscándose en las bolsas pequeñas del pantalón para ajustar el dinero de la entrada. Si no, de perdida camino al Porvenir, si por casualidad hay entrada libre. A veces, lo vi con su mochila llena de libros sobre su hombro derecho, con prisa, atravesando el Parque Central, pero ello no le impidió detenerse a escuchar al faquir que exigía que, por lo menos, se juntaran 30 quetzales para iniciar su exhibición; sólo iban 17 cuando, de todos modos, accedió a hacer su presentación.


Lo que sí sé, es que es capaz de tomar la lica a todo cuanto ve, y sin ser reportero, activa mentalmente una grabadora para capturar la voz de con quienes habla… Sé que todo eso lo alimenta para llevar una bitácora secreta, que luego acondiciona y la publica cada cierto tiempo. No sé si se recuerde de algo de una noche de tragos, pero sí sé que se recuerda de cómo lo dijo.


El hecho es que el jueves pasado publicó su segundo ¿libro? Claro, habría que redefinir “libro” porque si esperamos un empastado con aproximadamente 60 páginas, protegidos por un obsoleto copyright, quizá no podríamos llamarlo libro. En realidad, es el Translibro, (o TRANS 2.0, para la familia).


TRANS 2.0 es, pues, su segundo libro, y paradójicamente lo lanzó en el Día Internacional del Libro, que más que celebrarlo, le aplicó los santos óleos ante una inminente readecuación de su definición.


El translibro tiene su origen en Internet, con 50 poemas (¿o es uno solo, extenso?) que fueron alojados en sendos blogs, páginas de Internet y videos de YouPo.. (no, ése es otro libro) YouTube (como diría jpdardon).


Formalmente, TRANS 2.0 da inicio en el portal www.translibro.com, y desde ahí, existe algo así como lo que Cortázar dio por llamar Tablero de dirección, y que la aleatoriedad de Rayuela no es nada, comparado con esto.


Se puede acceder a los 50 poemas, o sólo algunos. Se selecciona un link, y se dispara a otra página que sirvió de alojamiento para estos hijos perdidos de Julio, como bien fue el caso de esta casa de ustedes, que alberga a uno de ellos.


Julio ya ha demostrado que intenta utilizar estos recursos textuales, como tal fue el caso de su primer libro, Las palabras y los días, donde jugó con palabras tachadas, media borradas y espacios vacíos.


Por eso, este índice de TRANS 2.0 debe verse como un ejercicio lúdico. Es posible, que el lector hubiera llegado hasta este tablero de dirección, desde un blog que lo linkeó. Supongo que la mayoría de lectores no conoció TRANS 2.0 desde su origen, sino desde una de sus terminales.


Cada post fue enriquecido en sus terminales, sobre todo en los blogs, ya que los blogueros acompañaron el texto con fotos, como el fue el caso de todos (creo); otros también incluyeron videos, como Alan Mills, y otros hasta incluyeron links, hipertextualizando el poema, como Duff man.


Supongo que cada poema fue distribuido al azar, pero no estoy seguro. Quizá Julio seleccionó cada texto y pensó en el bloguero que lo postearía, para que éste pudiera enriquecerlo más; es decir, como dejar el balón picando a plena entrada del área chica.


Este ejercicio logró cosas importantes en los lectores, las cuales enumeraré algunas que se me ocurren a vuelo de pájaro.


  • *El lector está obligado a participar. El lector habitualmente sólo se conforma a dar vuelta a las páginas y, si bien va, a llevar apuntes al margen.
  • *El lector puede dejar el ejercicio cuando quiera. No es como esos libros que están sellados con plástico, imposibles de abrir en la librería, y que lo comprás sin saber su contenido y luego te decepcionás.
  • *El lector puede comentar en el espacio abierto de los blogs. La ventaja de utilizar esta plataforma.
  • *Si Julio hubiera publicado TRANS 2.0 en un libro impreso, no hubiera tenido tantos lectores.


Temáticamente, hay mucho que analizar aún, al menos por mi parte. Este ejercicio lúdico hace que, lo que leerías en una hora (50 poemas) te convierta en un ejercicio más tardado, lo cual me gusta. Quiero decir, que la literatura también debe ser placentera, -como un maldito sudoku que empezás a hacer porque estás esperando a alguien y no sabés qué hacer con tu tiempo y empezás con estos “juegosdeldemonio” y cuando sentís ya llevás esperando una hora y el sudoku terminó con dos o tres tachones, pero con la satisfacción de haberlo resuelto-, y no un singracia “encuentre las siete diferencias”.


No sé si me explico.


La cuestión es que de mis lecturas iniciales de TRANS 2.0, y por lo que sé que hace Julio, es que hay un esfuerzo bien logrado de capturar una voz profunda del capitalino, de ese que no dice “Enfríalo, Mike”, sino “Quebrale el chicuax, compapas”. Voz profunda de la guatemalidad profunda; del aficionado que dice “perdimos por culpa del árbitro”, del pidón de camioneta que dice, para rematar su solicitud, “recordaos, hermanos, que dios bendice al dador alegre”, o el ya clásico “invítame a un juguito v8, mi rey”. No, hombre, si a Julito no hay que ofenderlo con el título de “lauredo poeta”, más bien debería ser denominado el “príncipe de la chancleta”, “el gurmét de la garnacha”, o “el diyei de la cumbia”, porque quien habla como el pueblo, será entendido por el pueblo; la triste y sombría noche tormentosa del alma ya murió con el poeta.


Y, por ende, esta voz roza nuestros más íntimos sentimientos de frustración ante un asesinato, de soledad en la noche en que se pueden escribir los versos más tristes, o ese profundo sentimiento, que no tiene nombre aún, pero sin duda ha de ser como la vergüenza, ya que te recordás cuando tu mamá te cambiaba los pañales en plena vía pública (no sé si tiene algún nombre). Y no me esfuerzo por definirlo, porque en plena mezcolanza de sentimientos, no rige sólo uno, como las manos de quien no se llamaba sergio, que han de ser algo así como la dignidad.


He leído ya algunos de los comentarios que han dejado los lectores. Algunos alabatorios para este proyecto, que sin duda debe ser reconocido, y otros condenando el libro a la hoguera cibernética, como si fuesen el cura y el peluquero que quemaron la biblioteca de don Quijote. Me imagino que un esfuerzo así pueda generar críticas, quizá por envidias, quizá por intolerancia y quizá por incomprensión… de todos modos no importan mucho, ya que son igual de productivas que las alabanzas sin motivo alguno.


Lo que sí sé, es que TRANS 2.0 y Julio han obligado a miles de lectores ha leer sus poemas. Y eso ya es mucho en Latinoamérica.


Desde que Julio me consultó para postear un fragmento de TRANS 2.0 en este blog, me solicitó que lo pusiera así nomás, sin mencionar que él fue el autor. Que si el lector pregunta o lo descubre, estará bien, pero al final de cuentas, la poesía es de quien la lee. Eso me hace pensar que sus posturas son ajenas a simplemente alcanzar fama. Creo que por eso ni siquiera hace falta una licencia de creative commons, porque para Julio TRANS 2.0 es de todos.


Total, yo apenas lo conozco, y no se diga que porque me cae bien estoy hablando bien de su libro.


Foto: portada de TRANS 2.0