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lunes, 24 de mayo de 2010

…Y dejen que los muertos entierren a sus muertos


La felicidad es la finalidad más final del ser humano. Quizá lo intuí siendo muy pequeño, al prometerme que, cuando fuera feliz, me suicidaría. ¿Para qué seguir viviendo, si la felicidad es la finalidad del ser humano?

Sin embargo, no cumplí mi promesa.

Ahora bien, el motivo de mi reflexión ahora es tratar de entender por qué la felicidad no es (o más bien, por qué la felicidad ha dejado de ser motivación para una) finalidad del ser humano.

Si preguntamos a cualquier persona si, en realidad, desea ser feliz, creería yo que sin sesgos dirían que “pues, sí, si no hay algo más”. El problema es que la felicidad es un tema con tanta discordia. Quiero decir, que el concepto de felicidad no es el mismo.

Las religiones, creería yo, se han preocupado por el tema de la felicidad, y parte de las doctrinas sirven o intentan servir para llegar a ser feliz. De hecho, la concepción más new age -una mezcla entre el conservadurismo religioso y las tendencias liberadoras de hoy día-, que más me gusta referir es que la condición natural del ser humano es ser feliz. Se encontraba en el Edén -visto desde la perspectiva judaicocristiano- y por su pecado fue expulsado.

Es decir, dejó de ser feliz cuando pecó; o, dicho de una forma más conciliadora, el único pecado en esta vida es NO SER FELIZ.

(Déjenme que me enrede un poco más.)

Sucede, pues, que las religiones, sobre todo las judaico-cristiana-occidentales, intentan definir las reglas para llevar una vida de santidad, la cual es sinónimo, desde estas teorías, a felicidad.

De esa cuenta, las codificaciones de leyes (que se bifurcan de la codificación político-religiosa del judaísmo) tienen la misma intención. Constituciones, Cartas Magnas, e incluso las Declaraciones de Derechos Humanos, se basan en la premisa de que toda persona tiene derecho a LLEGAR A SER FELIZ, siempre y cuando DEJE SER FELIZ A LOS OTROS.

Léase:
  • No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti. (enfoque religioso general)
  • Ama al prójimo como a ti mismo. (enfoque judeocristiano)
  • Trata a los demás como quieras que te traten. (enfoque confuciano)
  • El respeto al derecho ajeno es la paz. (enfoque mexicanista)
  • Propiedad privada. (enfoque neoliberal)
  • Actúa según como creas que es permisible actuar para todo el mundo. (enfoque kantiano)
  • No desearás a la mujer de tu prójimo (ni a tu prójimo). (enfoque feminista-gay-lésbico)

Todas estas reglas intentan establecer un estado de bienestar-santidad que conducen a la felicidad personal (incluso colectivo). Sin embargo, no hay una regla general, porque la felicidad personal depende también de la felicidad del otro, como la otra regla de oro para la satisfacción personal, ésta de Abraham Lincoln:

  • No puedes enriquecer al pobre, robándole al rico.

Es decir, la felicidad (y la libertad, así como la ambición, el progreso, la verdad, la justicia, etc.) tiene limitantes cuando se topa con los demás.Y así, vamos en este mundo, topándonos con los demás, como si fuesen nuestros enemigos, anhelando felicidad. Y la felicidad se topa de narices con la felicidad de otros.

Sin embargo, LA FELICIDAD ES UN BUEN GANCHO COMERCIAL. Sectas religiosas, equipos deportivos, estaciones de radio, incluso países, utilizan el concepto de “querer ser feliz” para enganchar a la gente.

Se nos hacen conocidos conceptos como: “Viva feliz con casa propia”. U “Obtenga el cuerpo que siempre soñó y sea feliz”. “Aprenda a tocar guitarra y sea el alma de las fiestas”. “El auto soñado”. “La cerveza que te pone a la par de las mujeres bellas”. “El cigarro que te hace ganador”. “La droga que te hace alucinar lo que quieres ser”. “La medalla de oro”. “El cetro de la Liga de Campeones”. “El karaoke para cantar como el cantante que siempre quisiste ser”. “Alcance sus metas, estudie Administración de Empresas”. “Se busca Ejecutivo de Ventas con salario competitivo, todas las prestaciones de la ley. Ambiente agradable. Seguro Médico. Posibilidades de crecer con la empresa” Etc. Etc. Etc.

Sin embargo, cuando las personas se embarcan en alguno de estos proyectos, se dan cuenta que pueden llegar a ser muy infelices por el enorme esfuerzo que implica alcanzar las metas. Y, cuando tienen la casa de sus sueños, o cuando comprar el auto del año, se dan cuenta, en fin, que no son felices.

¿Se puede alcanzar la felicidad? Si es posible alcanzarla, ¿acaso no chocaría con la felicidad de alguien más?

CREO, PUES, para darle conclusión a este infructuoso tema, que quizá hayamos equivocado el enfoque. La felicidad no es un objetivo final, sino que el estado original de las personas. Nacemos felices, y por ideas que nos confunden creemos que no lo somos, y tratamos toda la vida de querer ser algo que ya lo fuimos, pero por querer alcanzar la felicidad, nos llenamos de casas, carreras, odios, derechos ajenos, sueños de gloria y dinero, creyendo que eso nos hace felices, cuando lo que nos hace felices es desligarnos de todo ello y darnos cuenta que somos felices a pesar de ellos.

Es como el relato mítico del Edén, en que no se dieron cuenta que eran felices, pero buscar algo más. Según los teólogos más novedosos, Adán y Eva no fueron expulsados, sino que ellos mismos salieron.

Es cierto, soy feliz, e incumplí mi promesa, pero fue porque me di cuenta de que la felicidad no es un final, sino un inicio.

Y mi felicidad no podría, así, chocar contra la felicidad de nadie, porque no necesitamos nada para ser felices, sólo el serlo. Ya bien lo decía Jesús: “Dejen a los muertos que entierren a sus muertos”. Y los felices, simplemente que vivan.



Sintonice este su Diario Paranoico, mañana, a la misma hora (quizá un poco más tarde) con el tema Dios también se ha equivocado.

martes, 31 de marzo de 2009

¿Por qué escribir?


Quien conozca mi teoría de los meses, sabrá que abril es un mes de decadencia; tras el empuje del inicio del año, abril es de decepción... que nuestros propósitos de nuevo año, simplemente quedaron escritos en las primeras páginas de la agenda, pero ésta después luce con sus páginas en blanco, porque no hemos escrito nada en ellas.


Abril es, además, para mí, un mes de reflexión... y después de mi luna cinéfila, me instalo en mi luna filosófica. Sí, sí, ya sé que aún debe la reseña de una de las películas de mi Top Ten, pero lo estoy haciendo con calma porque Almodóvar es un director del cual hay mucho que decir.


Bueno, a principios del año me preguntaba qué motiva a los blogers a escribir. El escribir es un ejercicio poco rentable, no sólo para el literato, sino en general. Como dice Payeras, qué terrible es vivir en una sociedad llena de faltas ortográficas, en los tiempos modernos, pero sobre todo en Guatemala, hemos perdido la capacidad de expresarnos por escrito. Expresarse por escrito significa que previamente se debió reflexionar sobre el tema.


Por ello, es valiosísimo el recurso blogger, porque da oportunidad a que más personas tengan oportunidad de escribir, publicarlo y sentirse satisfechos porque algunos lo lean y reaccionen ante ello.


Y como bien lo decía en un post anterior, cada vez los periódicos van perdiendo originalidad, y hasta ya empieza a alimentarse de los blogs, como ocurrió con el buen amigo Joan Black, que con base a un post suyo hicieron un reportaje de dos páginas y muy interesante.


Bueno, voy al punto antes de seguir divagando exponencialmente. ¿Por qué escribimos? O mejor dicho, porque no somos equipo de fut, ¿por qué escribo?


Bueno, pue, mi'jo, tráigame un trago de cusha y pida sus vacaciones.


Cuando era más joven, pero infeliz, no sabía que en Guatemala había opciones. Y como si viviese a principios del siglo XX, creía que la universidad sólo ofrecía un par de carreras: o médico o abogado, como le habrá ocurrido a Asturias.


Y, sin pensarlo mucho, como creía que al haber obtenido mejores notas siempre en Matemática, mi destino natural era la Ingeniería. Años después, recordé esa prueba de aptitudes que hice en el colegio, la cual tuve que repetir porque cuando preguntaban: “Qué preferirías ser:

a) albañil,

b) vendedor,

c) capitán de barco”,


yo prefería esta última; y lo escribía en verdad, pero la psicóloga que interpretó la prueba creyó que lo hice por bromear.


Entonces me repitieron la prueba, y para “llenar las expectativas” escribía las respuestas esperadas, como la b) vendedor. Cabe decir que hoy día me gustaría ser, más bien, albañil, porque me gusta hacer cosas a punta de ve...., digo con esfuerzo físico, y no pelándomela frente a un escritorio.


En dicha prueba, cuando preguntaban al final “¿CUÁLES SON TUS TRES OPCIONES PARA LA UNIVERSIDAD?”, yo escribí en este orden:

1) Letras;

2) Biología;

3) Ingeniería.


Al principio pensé que las Letras no eran opción, que eso sólo lo estudian los de las clases altas, porque no tienen qué hacer. Entonces pensé en la biología, pero me arrepentí en cuanto empecé a ver que había tanto animal pizado que se subdividían en un montón de familias, que yo no sé..., mejor nel... en todo caso, estudiar algo sobre genética, pero creo que no era viable en ese momento ir a Italia a estudiar Ingeniería Genética, como intenté averiguar.


Así que no me quedó más remedio que la Ingeniería.


Pero en mi lóbrega y yerta fantasía, no era feliz, hasta que ¡por fin! me di cuenta que necesitaba escribir. Claro, el destino -que es uno quien se lo forja- me forzó a ello, también, y de repente me encuentro hoy, ganándome la vida escribiendo.


Quizá me había concebido escribiendo novelas, cuentos o poemas. Tal vez. Pero creo que tampoco se deben forzar las cosas. Y, más que me guste escribir, me es fácil. Recuerdo esa frase de Dalí, cuando le preguntaron si pintar era fácil, y él dijo: “o es fácil, o es imposible”, replicando un frase que anteriormente la había dicho Oscar Wilde, cuando le preguntaron si era fácil escribir. De cualquier manera, ambos tienen razón. Y si me hubiese sido fácil construir puentes, pues tendría que hacerlo; igual, si me es fácil encerar pisos, mi obligación moral, conmigo mismo, y por mi felicidad, sería hacerlo.


Porque si por algo estamos en este mundo, es para contribuir, y yo contribuyo escribiendo. Quizá los escritores de la generación anterior, que actualmente rondan entre los 50 y 70 años, concibieron que escribir era la forma de darse prestigio, de creerse intelectuales e imprescindibles en una sociedad analfabeta. Por eso, hay tantos gazapos, pero sobre todo tanto odio en sus letras.


Pero, bueno, ya estoy disvariando otra vez, y me sigo haciendo la rana al no decir por qué escribo.


No sé quién lo dijo -porque alguien lo dijo, pero ha sido tan parafraseado que ya se le perdió su autoría-: “Yo escribo para que me lean”. Y, no lo sé, hay cierta envidia e inmoralidad en ello. Incluso, desde un punto de vista epistemológico o metafísico, el texto o la literatura existen, incluso sin que alguien lo leyese.


Además, pienso que si Pessoa o Kafka hubiesen pensado así, quizá no hubieran escrito nada. De hecho, debe de haber millones de personas que escriben para sí mismos, y sus textos han quedado en el olvido, sin importar si hubiesen sido obras de arte.


¿Por qué escribir? Es muy fácil; porque cada mañana, al despertar, pienso en escribir. A veces me aturdo y pienso que preferiría ser albañil y carpintero, que aunque tenga la mente bloqueada ya sabría que hacer después de cada procedimiento.


Me gusta más la interpretación de García Márquez, cuando le preguntaban que por qué escribía: “Escribo para que mis amigos me quieran más”. Creo que es una buena respuesta.

martes, 13 de enero de 2009

Blog killed the Newspaper Star

Reflexiono que hoy día los periódicos están entrando en una suerte de crisis, no sólo financiera como el New York Times, sino que también existencial. Antes un periódico te daba toda la información. Hoy día, te informás antes y cuando llega el periódico a tus manos, ya sabés la noticia.

Los periodistas -y sobre todo en Guatemala- se han formado desde una escuela que reflexiona sólo sobre el periodismo impreso, por lo que la concepción es que la página de Internet del periódico sólo debe reflejar -o más bien ser un instrumento- de la edición impresa.

El problema es que ya se han quedado muy atrás, y otros movimientos, sobre todo por Internet, los están empezando a superar. Para no ser catastróficos, aún no. El blog más leído no llega a tener tantos lectores como el periódico menos leído. Aún falta mucho.

Sin embargo, los periódicos cada día más se están acostumbrando a las noticias de cajón, o mejor dicho, a repetir una serie de reportajes (con sus necesarios ajustes de actualidad), y así más o menos se van todo el año. Por ejemplo, todos los eneros hacen evaluación del período de Gobierno... Obviamente, siempre será con saldo negativo.

Siempre que matan a un piloto de bus, empiezan: "Un nuevo hecho violento ocurrió contra un piloto de un autobús urbano" (o más o menos así).

Y ya para cuando dan una verdadera noticia, como la Narcomatanza en Huehuetenango, seguramente ya hay un video en You Tube sobre eso. Así de lentos son los periódicos.

Y no sólo la lentitud, sino las tendencias que manejan serán siempre las mismas. Cada vez que Israel le echa verga a los palestinos o a los libaneses, aparecerá una columna de opinión del embajador de Israel en Guatemala, justificando los ataques contra el "terrorismo que amenaza al mundo". 1 2

En cambio, en los blogs por ejemplo, la información se hace más ágil. A veces quisiera saber cuál es la motivación de una persona para mantener un blog, ya que no recibe pago alguno, pero debe haber una conciencia colectiva de que hay alguien que lee lo que se escribe y que será importante para más de alguno, a pesar de que el indicador señale que no hay comentarios.

Y estar rondando los blogs nos hace estar más enterados de una realidad, que tal vez no es coyuntural, pero sí es la cotidiana.

Y a pesar de que el blog puede ser completamente irresponsable, porque una publicación no generaría una demanda, el blog suele tener una conciencia colectiva interesante, quizá porque se está expuesto a la crítica y a los comentarios enjundiosos, y no como una Prensa Libre que no ha activado el servicio de comentarios del lector, o elPeriodico que elimina los mensajes negativos en su contra.

Por supuesto, que hay bloggeros que no activan los comentarios o que activan el filtro.

Pero, poniendo un ejemplo, la guerra entre Israel-palestinos se manejó de tal forma en los periódicos que dan pena, mientras que la postura bloguera siempre va en defensa de la vida.

En el blog, te leen o no, y nadie le importa, o quizá sólo al dueño. En el periódico, si no te leen tenés que elevar artificialmente el tiraje para hacer creer a los anunciantes que te leen, como bien nos enseñó nuestro amigo Charles Foster Kane.

La objetividad de los periódicos ha sido sólo una excusa para asegurar que cualquier ataque contra la hegemonía, la vas a balancear, aunque tengás que recurrir mil veces a consultar a Francisco Beltranena o a Mario Fuentes Destarac, que se prestan para defender el status quo.

En cambio, los blogs no se engañan con esa falsa objetividad. Simplemente son. Y si no gustan, no te leen; y si no te leen te desanimás.

El País de España incorpora desde este año los blogs que son editados por El Boomeran(g), una página de blogs de escritores consagrados, como Saramago, por ejemplo.

El blog básicamente es una vía de expresión que surge justo en el momento en que cada vez están más cerrados los medios de comunicación masivos o las editoriales literarias. ¿Qué tan válido será que Saramago tenga un blog, si puede tener cualquier espacio que desee? ¿Qué subjetividad pueden desarrollar los blogs que son incorporados a un periódico?

El blog está matando a la estrellita mediática de los periódicos. A ese reportero estrella que no acepta que una investigación fue hecha gracias a que le filtraron datos. O a ese director de periódico que espera todo el día en su oficina, viendo CNN o el partido del FC Barcelona, y que sólo sale por la noche para decir qué noticia va en portada. O a ese c0lumnista que no se da cuenta que el voceador es más importante que él, porque sin el voceador no hay periódico, pero que sin él sí hay y habrá periódicos.

Mientras dejo de pensar muladas, les dejo un link, de uno de los éxitos de finales de los setenta.

martes, 1 de julio de 2008

Teoría de los meses

He desarrollado una teoría conforme a los meses del año, y que no está muy lejos de lo que creerán los torpes mercadólogos que intentan pintarnos el año como si cada quincena debemos gastárnola en una celebración, así que hago aquí mi diferenciación:
ENERO
Para los comerciantes: útiles escolares, primer mes del año (baje de peso), empiece bien el año, haga ejercicio, métase al gimnasio, compre una agenda...

Para mí: todo es nuevo, aunque sean las mismas cosas viejas... lo que pasa es que hay un cambio de actitud.

FEBRERO
Para los comerciantes: mes del cariño, agasaje a su pareja (hombre-mujer, mujer-hombre, hombre-hombre, mujer-mujer, mmf, ffm, tríos de otro tipo, orgías, y misceláneos).

Para mí: el empuje del nuevo año todavía perdura. La resaca del año nuevo apenas se está quitando, por lo que todavía se puede empezar de nuevo. Lo del día del cariño... lo siento, aún no hay dinero para celebrarlo.
MARZO
Para los comerciantes: llegó el verano, aún es tiempo de bajar esas libritas de más, váyase a Xetulul, a Miami, La Habana por 500 dólares todo incluido menos los almuerzos.

Para mí: buena oportunidad para pensar en una ciudad que se queda solitaria, aunque el calor no da mucha comodidad.

ABRIL
Para los comerciantes: sigue el verano, las cervezas bien frías, el ron, etc.

Para mí: es un buen ranazo, ya pasó la tercera parte del año, y nuestros entusiastas propósitos de principios de año, se convirtieron en "lo dejo para mañana".

MAYO
Para los comerciantes: el mes de las madres, buena oportunidad para vender electrodomésticos que no necesitamos.
Para mí: la lluvia nos sorprende en nuestra tristeza y nos acompaña en nuestras lágrimas... un año más, sin que se mire por dónde pueda cambiar.

JUNIO
Para los comerciantes: el día del padre, del maestro, la Eurocopa, televisores con plasma a bajo precio, la selección, por tres taparroscas y 80 quetzales llévese su camisola oficial.

Para mí: (suspiro, sin palabras)



JULIO
Para los comerciantes: el anhelado Bono 14, que sirve para reactivar la economía de los comerciantes. No sé cómo (ni sé con qué pretexto), después del Bono terminamos más endeudados, si nos cayó el doble de lo que siempre recibimos.

Para mí: medio año. Rotundamente medio año. Si no hemos hecho nada, tal vez lo sintamos como un año perdido. Algunos se consuelan con el llamado Lucky Seven (7 del 7). Es una buena oportunidad de reactivar nuestro empuje. Para quienes escriben, deben consolarse con el hecho de que el clima nublado nos favorece, porque un clima soleado nos invita a irnos a la playa con unos paquetones fríos de cerveza, mientras que la lluvia y el cielo gris nos invita a contemplar la hoja en blanco de la compu, mientras sostenemos en nuestra garra derecha un güisqui con tres hielos, y animarnos, por fin, a empezar.

Dado el primer día de julio... tal vez los primeros días del resto de los meses escriba sobre los meses que faltan.

sábado, 28 de junio de 2008

Un bonito mapa


Cuando miraba las primeras veces el mapa, me imaginaba que el punto grande sobre Guatemala, era yo mismo, ingresando decenas de veces al día al diarioparanoico. Cuando vi uno en El Salvador, lo consideré normal.

Poco a poco, me fui asustando de que la hilera de puntos se fuera desperdigando por América, como si fuera una columna vertebral, y luego por sus ramificaciones. Los comentarios en portugués, provenientes de Brasil, me llenaron de temor, de verdad.

Me imagino quiénes son esos chilenos, o venezolanos, o mexicanos, o canadienses; incluso los estadounidenses. Me ilusiono con ese pequeño punto de Cuba. De España, podríamos considerarlo, si se quiere, normal. ¿Pero de Canarias? Después, Europa, no sería mucha sorpresa; ¿pero quién en los Balcanes? ¿Y en Ucrania (creo)? ¿China, India, Japón, Australia?

Bueno, todo cabe en lo posible, incluso un teclazo mal dado en el Pacífico Sur.

Pero de eso a pensar que es posible en Galápagos y en esos islotes frente a Madagascar. Y el que realmente me intriga es ese punto en medio del Pacífico; ¿Gilligan?

Disculpen la pedantería. (deberían ver éste)