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jueves, 26 de agosto de 2010

DERECHOS HUMANOS: Una visión epistemológica y ética

“El Estado no puede tornarse en una red de instituciones que logren el bien común, si las personas que trabajan en él no toman conciencia de sus acciones. Pero esto exige una sociedad civil vigilante, que también haya alzado sus criterios éticos, respetando al diferente, al inmigrante, al excluido, al pobre.”
Jorge Mario Rodríguez
  Jorge Mario Rodríguez, doctor en Filosofía, presentará su libro sobre la visión ética de los derechos humanos.


Usualmente, escuchamos en la calle (o, incluso, en los formadores de opinión en los medios de comunicación), que los derechos humanos sólo sirven para proteger al delincuente, y se despotrica contra el Procurador de Derechos Humanos por defender a todos, incluido al criminal, menos a uno mismo. De acuerdo con Jorge Mario Rodríguez, necesitamos un cambio de visión en este tema, porque lo hemos venido enfocando mal. 

Jorge Mario Rodríguez es filósofo de academia y de carrera. Obtuvo su Licenciatura en Filosofía en la Universidad de San Carlos de Guatemala; posteriormente, obtuvo su Maestría en Filosofía en la Ohio University, de Estados Unidos, y, finalmente, obtuvo su doctorado en esta misma disciplina en la York University, de Canadá. Su tesis doctoral, titulada The Ethical Dimensions of Human Rights lo ha encaminado a navegar por el tema de los derechos humanos, desde una óptica ética. 

lunes, 24 de mayo de 2010

…Y dejen que los muertos entierren a sus muertos


La felicidad es la finalidad más final del ser humano. Quizá lo intuí siendo muy pequeño, al prometerme que, cuando fuera feliz, me suicidaría. ¿Para qué seguir viviendo, si la felicidad es la finalidad del ser humano?

Sin embargo, no cumplí mi promesa.

Ahora bien, el motivo de mi reflexión ahora es tratar de entender por qué la felicidad no es (o más bien, por qué la felicidad ha dejado de ser motivación para una) finalidad del ser humano.

Si preguntamos a cualquier persona si, en realidad, desea ser feliz, creería yo que sin sesgos dirían que “pues, sí, si no hay algo más”. El problema es que la felicidad es un tema con tanta discordia. Quiero decir, que el concepto de felicidad no es el mismo.

Las religiones, creería yo, se han preocupado por el tema de la felicidad, y parte de las doctrinas sirven o intentan servir para llegar a ser feliz. De hecho, la concepción más new age -una mezcla entre el conservadurismo religioso y las tendencias liberadoras de hoy día-, que más me gusta referir es que la condición natural del ser humano es ser feliz. Se encontraba en el Edén -visto desde la perspectiva judaicocristiano- y por su pecado fue expulsado.

Es decir, dejó de ser feliz cuando pecó; o, dicho de una forma más conciliadora, el único pecado en esta vida es NO SER FELIZ.

(Déjenme que me enrede un poco más.)

Sucede, pues, que las religiones, sobre todo las judaico-cristiana-occidentales, intentan definir las reglas para llevar una vida de santidad, la cual es sinónimo, desde estas teorías, a felicidad.

De esa cuenta, las codificaciones de leyes (que se bifurcan de la codificación político-religiosa del judaísmo) tienen la misma intención. Constituciones, Cartas Magnas, e incluso las Declaraciones de Derechos Humanos, se basan en la premisa de que toda persona tiene derecho a LLEGAR A SER FELIZ, siempre y cuando DEJE SER FELIZ A LOS OTROS.

Léase:
  • No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti. (enfoque religioso general)
  • Ama al prójimo como a ti mismo. (enfoque judeocristiano)
  • Trata a los demás como quieras que te traten. (enfoque confuciano)
  • El respeto al derecho ajeno es la paz. (enfoque mexicanista)
  • Propiedad privada. (enfoque neoliberal)
  • Actúa según como creas que es permisible actuar para todo el mundo. (enfoque kantiano)
  • No desearás a la mujer de tu prójimo (ni a tu prójimo). (enfoque feminista-gay-lésbico)

Todas estas reglas intentan establecer un estado de bienestar-santidad que conducen a la felicidad personal (incluso colectivo). Sin embargo, no hay una regla general, porque la felicidad personal depende también de la felicidad del otro, como la otra regla de oro para la satisfacción personal, ésta de Abraham Lincoln:

  • No puedes enriquecer al pobre, robándole al rico.

Es decir, la felicidad (y la libertad, así como la ambición, el progreso, la verdad, la justicia, etc.) tiene limitantes cuando se topa con los demás.Y así, vamos en este mundo, topándonos con los demás, como si fuesen nuestros enemigos, anhelando felicidad. Y la felicidad se topa de narices con la felicidad de otros.

Sin embargo, LA FELICIDAD ES UN BUEN GANCHO COMERCIAL. Sectas religiosas, equipos deportivos, estaciones de radio, incluso países, utilizan el concepto de “querer ser feliz” para enganchar a la gente.

Se nos hacen conocidos conceptos como: “Viva feliz con casa propia”. U “Obtenga el cuerpo que siempre soñó y sea feliz”. “Aprenda a tocar guitarra y sea el alma de las fiestas”. “El auto soñado”. “La cerveza que te pone a la par de las mujeres bellas”. “El cigarro que te hace ganador”. “La droga que te hace alucinar lo que quieres ser”. “La medalla de oro”. “El cetro de la Liga de Campeones”. “El karaoke para cantar como el cantante que siempre quisiste ser”. “Alcance sus metas, estudie Administración de Empresas”. “Se busca Ejecutivo de Ventas con salario competitivo, todas las prestaciones de la ley. Ambiente agradable. Seguro Médico. Posibilidades de crecer con la empresa” Etc. Etc. Etc.

Sin embargo, cuando las personas se embarcan en alguno de estos proyectos, se dan cuenta que pueden llegar a ser muy infelices por el enorme esfuerzo que implica alcanzar las metas. Y, cuando tienen la casa de sus sueños, o cuando comprar el auto del año, se dan cuenta, en fin, que no son felices.

¿Se puede alcanzar la felicidad? Si es posible alcanzarla, ¿acaso no chocaría con la felicidad de alguien más?

CREO, PUES, para darle conclusión a este infructuoso tema, que quizá hayamos equivocado el enfoque. La felicidad no es un objetivo final, sino que el estado original de las personas. Nacemos felices, y por ideas que nos confunden creemos que no lo somos, y tratamos toda la vida de querer ser algo que ya lo fuimos, pero por querer alcanzar la felicidad, nos llenamos de casas, carreras, odios, derechos ajenos, sueños de gloria y dinero, creyendo que eso nos hace felices, cuando lo que nos hace felices es desligarnos de todo ello y darnos cuenta que somos felices a pesar de ellos.

Es como el relato mítico del Edén, en que no se dieron cuenta que eran felices, pero buscar algo más. Según los teólogos más novedosos, Adán y Eva no fueron expulsados, sino que ellos mismos salieron.

Es cierto, soy feliz, e incumplí mi promesa, pero fue porque me di cuenta de que la felicidad no es un final, sino un inicio.

Y mi felicidad no podría, así, chocar contra la felicidad de nadie, porque no necesitamos nada para ser felices, sólo el serlo. Ya bien lo decía Jesús: “Dejen a los muertos que entierren a sus muertos”. Y los felices, simplemente que vivan.



Sintonice este su Diario Paranoico, mañana, a la misma hora (quizá un poco más tarde) con el tema Dios también se ha equivocado.

jueves, 12 de noviembre de 2009

existencialismo.com


EXISTENCIA

Pienso, escribo ese pensamiento en mi status de Facebook, y luego existo.


INEXISTENCIA

Cuando abro mi correo electrónico, y sólo encuentro spam.


CERO A LA IZQUIERDA

Cuando abro mi correo electrónico, y no encuentro ni siquiera spam.


¡TE VI!

24.86.178.160 es tu nombre en la red, y aunque me lo niegues, el código html me revela que has visitado mi blog.


A LO ERNESTO CARDENAL

Si tú estás en mi lista de amigos en Facebook,

en mi Facebook no hay nadie más.

Si tú no estás en mi lista de amigos de Facebook,

en mi Facebook no hay nadie.


ALEGRÍA

Que entre los 300 correos diarios que recibo, haya tan sólo uno tuyo.


INTERNACIONALIZACIÓN

Cuando el Clustermap revela que alguien en Amatitlán visitó mi blog.


A LO HEIDEGGER

Cuando nadie visita tu blog, el suicidio (del blog) es la única solución posible. Si decides continuar pese a ello, significa que tu blog vale la pena.


BAJA AUTOESTIMA EN FACEBOOK

Diario Paranoico te ha sugerido ser fan de Diario Paranoico.


AGNÓSTICO

Dios no existe, porque no tiene usuario en la Web.


NIHILISTA

Si Dios no existiera, entonces le crearíamos un usuario.


ANGUSTIA

La angustia es la disposición fundamental que nos advierte que no hay video en YouTube de lo que buscamos.


CONDENA

El hombre está condenado a registrarse en Facebook.


INFIERNO

El Infierno es Hi5. (Dicho por un usuario de Facebook)


LA VERDAD ESENCIAL

La vida es un spam.


viernes, 28 de agosto de 2009

Pequeños adioses

“Estoy de vuelta”, dijo un tipo que nunca fue a ninguna parte.

Joaquín Sabina



Ya regresé. No estaba muerto, sólo distraído, porque sólo cuando se está distraído, la vida pasa sin que te enteres. A veces es gracioso que, por buscarte, te pierdes más, como ese poema que escribiste, y que -¡la mala hora!- quisiste mejorar, y en realidad lo empeoraste.


Algunos, a la distracción, le llaman depresión. Sí, porque sólo deprimido te olvidas de lo bueno de los alrededores.


Y haces de todo para que todo aquello que fue siga siendo como era. “Todo tiempo pasado era mejor”, dirían las viejitas. “Por eso aún estoy en el lugar de siempre, en la misma ciudad y con la misma gente, para que tú al volver no encuentres nada extraño”, diría Juan Gabriel.


Dicen las malas lenguas que Ulises, cuando se reinstaló en Itaca, constantemente salía de viaje, porque necesitaba hallarse. Y lo creo, porque, no sé por qué maldita razón, siempre necesitamos estar en movimiento para ir detrás de algo que consideramos nuestro, pero que jamás hemos tenido.


Es de corazones aventureros largarse lejos, a buscarse; pero es de sabios retornar. Sin embargo, el retorno es traumático, porque todo aquello que añorábamos, seguramente ya no está ahí. La felicidad, según Homero, era un perro viejo tirado sobre excrementos.


Por eso creo que, más que salir en búsqueda de algo, en realidad estamos renunciando a todo. Decimos adiós constantemente, sin saber a qué, pero, más doloroso, sin saber a quién.


Es decir que somos lo que renunciamos. Nuestros adioses nos forman nuestro ánimo.


Como dije, estaba deprimido (distraído). Recuerdo cuando era más joven (porque todo tiempo pasado), para salir de un mal estado de ánimo, pegaba sobre las paredes de mi habitación las cosas que me hacían sentir bien: cartas de amor, sobre todo. Cada día, quitaba uno de estos detalles, que me hacían sentir bien, como para hacerme sentir bien cada día; al terminar la terapia, ya no necesitaría de nada de ello para sentirme bien.


¡Qué fácil era sentirse bien antes! Pero ahora, por más que lo intento, no podía recuperarme. Sólo, hasta que nos hartamos de buscar por otro lado, nos recordamos el punto en que todo se descompuso, como en El ángel exterminador, y regresamos; pero sólo para darnos cuenta de que muchas cosas ya no están, que se han ido.


Vivimos diciendo adioses, y no nos damos cuenta.


Y, por si ya no nos vemos (o leemos), adiós a vos también ;D




FOTO: antondiego.blogspot.es

lunes, 4 de mayo de 2009

La vida es una gráfica senoidal

Después de largos años de estudio, y del notable –pero frustrante- proceso de prueba y error, por fin he logrado descifrar una de mis tradicionales reflexiones.



Y es que, toda mi vida he intentado vincular esta vida con mis cálculos precisos y certeros. Ni bien me encierro en mi más interno y oscuro interior, las gráficas tridimensionales empiezan a fluir desde el punto preciso 0. Pese a ello, jamás había estado tan cerca de algo tan grande.


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Anteriormente, había ganado cierta reputación, incluso en la Academia de Patafísica, al demostrar mi teoría sobre que los personajes, llamados invariablemente P (P1, P2,…, Pn, Pn+1), de una novela, a la cual denominaremos N, podrían entenderse y pronosticar su comportamiento a través de una simple tabla del modelo de la Teoría de los Juegos, en donde “n” debía ser un número cuadrado exacto menos uno, a fin de que se pudiera cumplir.


Gran escándalo –e incluso asombro- provoqué en la Academia, cuando fui retado a demostrarlo en una novela X, en ese mismo instante. Alguien, tal vez más sagaz que yo, propuso La colmena, a lo que yo invariablemente admití y cumplí. Alguien, quizá con envidia, al ver demostrada mi teoría, refirió “Dios no juega a los dados”, a lo que yo respondí: “Ésa es una excusa de los mediocres”, y todos rieron de buena gana.



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Sin embargo, también tuve sonados fracasos, sobre todo mi teoría sobre la posibilidad de enriquecer el ajedrez eliminando el alfil de la diagonal blanca. Me parecía (y aún me parece), que su movimiento de izquierda a derecha no era tan certero, y hasta me pareció pusilánime, por lo que, por referir palabras equivocadas, fui acusado de homofóbico, y mi reputación cayó en lo bajo.

El camarada Menard propuso, posteriormente, una teoría similar, en la que discutía la posibilidad de eliminar a un peón de torre, y ganó reputación al concluir descartando esta transformación.


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Después de muchos cálculos, he llegado a la conclusión. He optado por realizar agudas observaciones en los puntos álgidos de la vida cotidiana, a los cuales les he asignado un valor numérico, quizá –si se quiere- arbitrario, pero con la objetividad de la Matemática. Después de lograr varios cientos de millones de datos, que fueron ingresados, pacientemente a mi computadora, he logrado extrapolar la gráfica que define la función de la vida.

Sé que algunos considerarán este ejercicio como ocioso, debido a que suponen que la vida tiene un factor sorpresa. Sin embargo, este factor también adquiere un valor numérico, variable (por supuesto), y se integra en la siguiente gráfica.


V = A sin (2π fx + φ)

Donde V es el valor variable que adquiere la Vida, A es el valor otorgado a la arbitrariedad del momento, el cual es un número variable entre 1 y 5, y que se calcula según la coyuntura; fx es la frecuencia en la que incide (o reincide, si se quiere) el patrón x, y φ es el valor variable, que se constituye en el factor sorpresa, un número que se encuentra entre el 0.00001 y el 1.000000

También puede ser calculado como


V = A sin (2π/T + φ),

si no se cuenta con el factor x, y sí con la T, que es el período de oscilación entre tiempo y espacio.

El período T en esta gráfica, es el menor conjunto de valores de X que corresponde a un ciclo completo de valores de la función; en este sentido, toda función de una variable que repite sus valores en un ciclo completo es una función periódica.

Si el valor T tiende a uno, el período se reduce a 2π.

La arbitrariedad A es el máximo alejamiento en valor absoluto de la curva medida desde el eje X. Y el factor sorpresa φ, refiere que la fase da una idea del desplazamiento horizontal. Si dos gráficas tienen la misma frecuencia e igual polaridad, se dice que están en fase, y ocurre lo que comúnmente denominamos enamoramiento. Si dos gráficas tienen la misma frecuencia, pero distinta fase, pueden coincidir en polaridad, pero tarde o temprano tiende a un desfase, o lo que comúnmente denominamos divorcio, ya que una de las gráficas entra en un período de adelanto o atraso, con respecto a la otra.

Sin embargo, no tiene sentido comparar la fase de dos funciones con distinta frecuencia, puesto que éstas entran en fase y en desfase periódicamente.

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Ahora bien, analizando en su ejemplo más sencillo, esta función analizada en solitario es caracterizada por sus altibajos. La vida, pues, como se observa tiende a desarrollarse en períodos contrastantes. Mientras se permanece en estado de quietud, en otro momento tendría que acelerarse la variable A, y tender al movimiento. De la misma manera, se cambia de la tristeza a la alegría, del descanso al trabajo, de la lucidez a la estupidez, de la riqueza a la pobreza, y del aburrimiento a la felicidad.


Científicos en otros puntos de la historia, han intentado descifrar esta misma gráfica. Sin embargo, han fallado en su intento por su humano deseo de intentar, artificialmente, que esta gráfica permanezca en su punto más alto siempre. Es decir, que tienda a ser una línea recta en su eje Y, sin variación en el X, o bien un plano que tienda al infinito, si se observa en tres dimensiones.


Pero esto tiende siempre a terminar mal. Los griegos (me parece) le llamaba a esto “romper el flujo trágico”, con lo cual realizaron cientos de obras dramáticas vigentes hasta hoy.


La gráfica que mejor refleja la vida es una gráfica senoidal. Quien no esté de acuerdo, es porque quiere una vida rectilínea. Quien quiera mantenerse en su punto más alto, altera los factores naturales de la vida, por lo que ¡ay de aquel!, porque la justicia terrenal no alcanzará para medirlo (pero Alá sabe más).



Foto: la gráfica resultante de los valores arbitrarios que asigné a los momentos T, en un espacio S definido, a lo largo de mi vida.



PS: mi camarada Cristina me hizo la observación que, en realidad, la vida no tiende a una gráfica senoidal, sino circular, a lo cual yo rechacé por mi necedad. Pero, podría considerar que tiene razón.

martes, 31 de marzo de 2009

¿Por qué escribir?


Quien conozca mi teoría de los meses, sabrá que abril es un mes de decadencia; tras el empuje del inicio del año, abril es de decepción... que nuestros propósitos de nuevo año, simplemente quedaron escritos en las primeras páginas de la agenda, pero ésta después luce con sus páginas en blanco, porque no hemos escrito nada en ellas.


Abril es, además, para mí, un mes de reflexión... y después de mi luna cinéfila, me instalo en mi luna filosófica. Sí, sí, ya sé que aún debe la reseña de una de las películas de mi Top Ten, pero lo estoy haciendo con calma porque Almodóvar es un director del cual hay mucho que decir.


Bueno, a principios del año me preguntaba qué motiva a los blogers a escribir. El escribir es un ejercicio poco rentable, no sólo para el literato, sino en general. Como dice Payeras, qué terrible es vivir en una sociedad llena de faltas ortográficas, en los tiempos modernos, pero sobre todo en Guatemala, hemos perdido la capacidad de expresarnos por escrito. Expresarse por escrito significa que previamente se debió reflexionar sobre el tema.


Por ello, es valiosísimo el recurso blogger, porque da oportunidad a que más personas tengan oportunidad de escribir, publicarlo y sentirse satisfechos porque algunos lo lean y reaccionen ante ello.


Y como bien lo decía en un post anterior, cada vez los periódicos van perdiendo originalidad, y hasta ya empieza a alimentarse de los blogs, como ocurrió con el buen amigo Joan Black, que con base a un post suyo hicieron un reportaje de dos páginas y muy interesante.


Bueno, voy al punto antes de seguir divagando exponencialmente. ¿Por qué escribimos? O mejor dicho, porque no somos equipo de fut, ¿por qué escribo?


Bueno, pue, mi'jo, tráigame un trago de cusha y pida sus vacaciones.


Cuando era más joven, pero infeliz, no sabía que en Guatemala había opciones. Y como si viviese a principios del siglo XX, creía que la universidad sólo ofrecía un par de carreras: o médico o abogado, como le habrá ocurrido a Asturias.


Y, sin pensarlo mucho, como creía que al haber obtenido mejores notas siempre en Matemática, mi destino natural era la Ingeniería. Años después, recordé esa prueba de aptitudes que hice en el colegio, la cual tuve que repetir porque cuando preguntaban: “Qué preferirías ser:

a) albañil,

b) vendedor,

c) capitán de barco”,


yo prefería esta última; y lo escribía en verdad, pero la psicóloga que interpretó la prueba creyó que lo hice por bromear.


Entonces me repitieron la prueba, y para “llenar las expectativas” escribía las respuestas esperadas, como la b) vendedor. Cabe decir que hoy día me gustaría ser, más bien, albañil, porque me gusta hacer cosas a punta de ve...., digo con esfuerzo físico, y no pelándomela frente a un escritorio.


En dicha prueba, cuando preguntaban al final “¿CUÁLES SON TUS TRES OPCIONES PARA LA UNIVERSIDAD?”, yo escribí en este orden:

1) Letras;

2) Biología;

3) Ingeniería.


Al principio pensé que las Letras no eran opción, que eso sólo lo estudian los de las clases altas, porque no tienen qué hacer. Entonces pensé en la biología, pero me arrepentí en cuanto empecé a ver que había tanto animal pizado que se subdividían en un montón de familias, que yo no sé..., mejor nel... en todo caso, estudiar algo sobre genética, pero creo que no era viable en ese momento ir a Italia a estudiar Ingeniería Genética, como intenté averiguar.


Así que no me quedó más remedio que la Ingeniería.


Pero en mi lóbrega y yerta fantasía, no era feliz, hasta que ¡por fin! me di cuenta que necesitaba escribir. Claro, el destino -que es uno quien se lo forja- me forzó a ello, también, y de repente me encuentro hoy, ganándome la vida escribiendo.


Quizá me había concebido escribiendo novelas, cuentos o poemas. Tal vez. Pero creo que tampoco se deben forzar las cosas. Y, más que me guste escribir, me es fácil. Recuerdo esa frase de Dalí, cuando le preguntaron si pintar era fácil, y él dijo: “o es fácil, o es imposible”, replicando un frase que anteriormente la había dicho Oscar Wilde, cuando le preguntaron si era fácil escribir. De cualquier manera, ambos tienen razón. Y si me hubiese sido fácil construir puentes, pues tendría que hacerlo; igual, si me es fácil encerar pisos, mi obligación moral, conmigo mismo, y por mi felicidad, sería hacerlo.


Porque si por algo estamos en este mundo, es para contribuir, y yo contribuyo escribiendo. Quizá los escritores de la generación anterior, que actualmente rondan entre los 50 y 70 años, concibieron que escribir era la forma de darse prestigio, de creerse intelectuales e imprescindibles en una sociedad analfabeta. Por eso, hay tantos gazapos, pero sobre todo tanto odio en sus letras.


Pero, bueno, ya estoy disvariando otra vez, y me sigo haciendo la rana al no decir por qué escribo.


No sé quién lo dijo -porque alguien lo dijo, pero ha sido tan parafraseado que ya se le perdió su autoría-: “Yo escribo para que me lean”. Y, no lo sé, hay cierta envidia e inmoralidad en ello. Incluso, desde un punto de vista epistemológico o metafísico, el texto o la literatura existen, incluso sin que alguien lo leyese.


Además, pienso que si Pessoa o Kafka hubiesen pensado así, quizá no hubieran escrito nada. De hecho, debe de haber millones de personas que escriben para sí mismos, y sus textos han quedado en el olvido, sin importar si hubiesen sido obras de arte.


¿Por qué escribir? Es muy fácil; porque cada mañana, al despertar, pienso en escribir. A veces me aturdo y pienso que preferiría ser albañil y carpintero, que aunque tenga la mente bloqueada ya sabría que hacer después de cada procedimiento.


Me gusta más la interpretación de García Márquez, cuando le preguntaban que por qué escribía: “Escribo para que mis amigos me quieran más”. Creo que es una buena respuesta.

lunes, 23 de febrero de 2009

La vida no vale nada


Por casualidad, me senté en una banca mientras cargaba a mi bebé, cuando tuve que recoger mis piernas para que pasara el cortejo fúnebre. Sí, estaba en Capillas Señoriales de la Avenida Reforma, mientras saludábamos a unos amigos que estaban velando a su abuelita.


Como no soy supersticioso, no creí que nada le pasaría a mi bebé; sin embargo, la apreté con fuerza, porque supuse que estaba viendo transcurrir el paso de la vida profunda: mientras unos mueren, otros nacen… y mientras tanto, a otros, no les importa este evento casi cósmico.


Porque de algo sí estoy seguro, cuando nacimos y cuando morimos, el mundo sigue dando vueltas; a algunos seres queridos les importará, pero normalmente nuestro período de vida no afectará mucho la trayectoria del universo.


Y es curioso que reflexione sobre eso, especialmente este domingo, cuando inicia un nuevo año solar, según el calendario maya… Ese calendario que –al contrario del gregoriano- tiene armonía con el universo; está basado en observaciones de la vida profunda, del ciclo de los planetas y la periodicidad de la naturaleza, por lo que no es arbitrario, sino que tiene conjugación con los tiempos.


Y entre tanto pensar y pensar, me di cuenta que la vida no vale nada, y aunque no es una reflexión original, porque ya antes lo había dicho José Alfredo Jiménez y Pablo Milanés, me di cuenta de que nuestra visión de la vida es al revés.


Sí, porque pensamos que nuestra vida vale mucho, y seguramente que sí. Pero ese “valer mucho” tratamos de cuantificarlo con dinero. Cada año, al menos una vez, nos engañan haciéndonos creer que la vida vale demasiado, como para no escatimar esfuerzos económicos.


Lo dicen los doctores al tener un familiar enfermo, al recordarnos que la salud no tiene precio, y es mejor quedarnos pobres pero con un familiar vivo, que con ahorros pero con familiares muertos. Sin embargo, la gente muere igual, sin importar si gastaste todo lo posible.


Lo dicen las aseguradoras, al venderte cada año un papel que asegura que hiciste algo para evitar tu miedo.


Lo dicen los colegios, los supermercados, las tarjetas de crédito y todo aquel que quiere hacerte sacar dinero fácil.


Y saben qué… la vida no vale nada. Lo supe al ver la gente llorando en el cortejo fúnebre. Y, porque a la hora de la muerte, ni todo el dinero del mundo te comprará más vida. No es que la vida no merezca todo el oro del mundo. Simplemente, la vida no puede ser cuantificada según las reglas del mercado.


El nuevo año, según el calendario solar maya, estará dedicado al aire. Recién, la semana pasada, vivimos los cinco días finales del calendario, que erróneamente se ha calificado como los “días de mala suerte”, cuando en realidad son días de resguardo, de repensar tu vida, y reencausarla si fuese necesario.


En casi todas las cosmovisiones, un nuevo ciclo está precedido de un período de resguardo, de quedarte quitecito en tu casa, sobrio y pensar para qué hemos venido a este mundo.


Y pensando en muchos casos, quizá no sepamos la respuesta, sobre todo por gente que no entendemos para qué está… en otros casos, no sabemos por qué nacen los niños al mundo y mueren pequeños. Pero de algo estoy seguro, todos tenemos una misión en la vida y, cuando la cumplimos, ¡puf! desaparecemos, sin que merezcamos una explicación.


Les deseo, pues, un feliz año nuevo, según el calendario solar. Que sea un tiempo de reflexión, y que estos días de resguardo hayan servido para reflexionar sobre nuestras vidas. Les dejo la canción de José Alfredo, en donde se hinchó el hocico de razón.


No vale nada la vida

La vida no vale nada

Comienza siempre llorando

Y así llorando se acaba

Por esto es que en este mundo

La vida no vale nada

Bonito León Guanajuato

La feria con su jugada

Allá se apuesta la vida

Y se respeta al que gana

Allá en mi León Guanajuato

La vida no vale nada.


En la foto, mi bebé, vista en septiembre a través del ultrasonido 4D. Ahora está por cumplir tres meses de vida.